Su País
En Digital Concert Hall acabo de escuchar a Kirill Petrenko dos interpretaciones de
sendas obras muy significativas: Mi País de Smetana y El oro del Rin
de Wagner.
El ciclo de seis poemas sinfónicos tuvo lugar en la Sala Smetana (¡muy
propio!) de Praga el 12 de mayo de 2024. Ninguna de las seis partes se vio
libre de ciertas carrerillas, al menos en alguna de sus secciones; también se
acusa cierta propensión al efectismo -aunque el carácter épico de estos poemas patrióticos
no siempre ha sido muy perceptible-, así como a destacar quizá en exceso
ciertos motivos que deberían aparecer -sí, es importante que se escuchen-, pero
en segundo plano: no se es más claro por hacer sonar a niveles similares todo
lo escrito en la partitura. Pero quizá el defecto recurrente más apreciable en
su desempeño como director es el problema con las transiciones entre pasajes,
que suelen ser poco fluidas, un tanto abruptas, con perceptibles costuras.
Furtwängler dijo algo así como que el arte de la dirección orquestal reside
ante todo en el dominio de las transiciones. Pues bien, el director titular de la
Orquesta Filarmónica de Berlín no posee precisamente ese arte. Como también se
pudo apreciar en su Oro del Rin.
Oro “lírico”
Esta carencia se apreció igualmente en muchos momentos de su Rheingold
del 10 de abril de 2026 en la Philharmonie de Berlín. En versión de concierto,
por supuesto, aunque algunos cantantes no dejasen de gesticular y hasta de desplazarse: versión
atenuada de lo que harían en el escenario de un teatro.
En el largo elenco de voces hubo un poco de todo, si bien fue norma casi
general el recurso a voces más líricas de la cuenta. Christian Gerhaher
es un cantante excepcional y un gran intérprete, pero su voz, puramente
baritonal (lírica) no es adecuada, ni mucho menos, para Wotan, que requiere un
bajo-barítono o un bajo propiamente dicho. Quizá esta circunstancia le llevó a
sobreactuar un poco (a veces, bastante). Lo menos acertado del reparto fue, en
mi opinión, el Alberich de Leigh Melrose, un barítono atenorado para un
papel que exige una voz no menos grave y dramática que la de Wotan (aunque se
diferencia de esa en que conviene que sea de carácter). Circunstacia por
la cual el grado de sobreactuación del cantante fue disparado, disparatado. Catriona
Morison hizo con mucho acierto de Fricka, aunque su voz no es de mezzo,
sino prácticamente de soprano, más lírica que dramática.
Me gustó mucho, sin embargo, Brenton Ryan como Loge. Es un tenor
lírico, pero de voz no muy pequeña, tipo vocal que me parece el más idóneo para
este personaje, que, sin embargo, han grabado -no entiendo bien por qué-
tenores más dramáticos, como Wolfgang Windgassen, Ludwig Suthaus, Set Svanholm
o Siegfried Jerusalem. Otros directores han optado por tenores líricos con
cierto squillo, como Gerhard Stolze, Peter Schreier, Heinz Zednik,
Graham Clark o Stephan Rügamer. Decisión que encuentro más pertinente, tanto
por el carácter del personaje como por motivos estrictamente vocales.
También me parecieron bien los dos gigantes -Le Bu como Fasolt y Patrick
Guetti como Fafner, este último quizá un poco bisoño-, la soprano lírica
ancha Sarah Brady como Freia o Jasmin White, una joven
contralto-contralto como Erda. También estuvieron en su sitio los restantes
cantantes, los papeles más breves.
La labor de Petrenko tampoco me convenció gran cosa: ya desde el mismo
Preludio, no bien graduado el crescendo, hasta la Entrada de los dioses
en el Walhalla, en la que -pese a que este director suele tender al estruendo efectista-,
se quedó algo corto. Sus tempi fueron especialmente rápidos y con frecuente sensación de nerviosismo: 137’ frente a los 150’ (Milán) o 155’ (Roma) de
Furtwängler, los 158’ de Knappertsbusch (1956 y 1958), los 146’ de Solti y de
Karajan, los 149’ (1993) o 153’ (2010) de Barenboim.
Voces raras en Wagner
De todas maneras, si me he sorprendido de algunas de las decisiones
vocales de este Rheingold, no son nada comparadas con el hecho de que Klaus
Florian Vogt, que no debería haber pasado del David de Los maestros
cantores, haya encarnado en principalísimos escenarios a Sigfrido y a
Tristán. Algo que muchos consideramos totalmente incomprensible.
Un caso opuesto: escuchando ayer mismo a Georg Hann como Daland en El holandés errante de Clemens Krauss, busqué a este cantante en Wikipedia, y lo etiqueta como bajo-barítono. Pues bien, este señor (1897-1950), en todo lo (poco) que le he escuchado* siempre me ha parecido uno de los pocos bajos-bajos, incluso bajo profundo, que recuerdo. ¡Qué descontrol!
*Los dos grandes oratorios de Haydn, Der Freischütz, un recital
del sello Phonographe (1938-1943) y quizá algo más que ahora no recuerdo.
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APÉNDICE
Pablo Heras Casado
creo que le ha arrebatado a François-Xavier Roth y a Jordi Savall la primacía
como mal intérprete de Bruckner: su Tercera Sinfonía, en la
(desafortunada) versión de 1873, que acaba de lanzar Harmonia Mundi al frente
de Anima Eterna Brugge, me ha parecido fatal. Creo que no tiene idea de cómo
es, cómo debe sonar este compositor, y además de caprichosa, su versión resulta
un “caos de chatarras”, como la ha calificado un amigo que la ha escuchado
conmigo: cualquier forte o fortissimo es un engrudo en el que no
se reconoce lo que está ocurriendo, lo que está escrito.
Pero estoy convencido: no faltarán quienes elogiarán esta grabación. Porque, claro,
seguro que afirman que está históricamente bien informada. Pero esta vez
hay un problema adicional: esta versión de 1873 no se estrenó hasta 1977.
¿Realmente se hizo con instrumentos antiguos y con criterios decimonónicos? ¿Habría
que copiarla? No sé quién la dirigió en el estreno. ¿La hizo muy mal y aquí se
la copia?... En cualquier caso: un disco absurdo e innecesario del que hay que
huir. ¡Con lo bien que comenzó su carrera el director granadino!...
Con lo que comentas sobre Kirill Petrenko y su interpretación de Mi patria de Smetana, me has hecho recordar lo que ocurrió ayer en el concierto de apertura de temporada de la Filarmónica de Berlín. En la primera parte, Petrenko dirigió las Variaciones Enigma de Elgar, y pareció querer huir como de la peste de cualquier asomo de grandeza o de emotividad épica. Quiso buscar en muchos pasajes un cierto sentido camerístico y en otras ocasiones, en los momentos más dramáticos, tendió a correr… Y por cierto, la Cuarta Sinfonía de Tchaikovsky que sonó en la segunda parte no fue mucho mejor.
ResponderEliminarRespecto a la Tercera de Bruckner por Heras-Casado, aún la tengo que escuchar. Sí escuché el año pasado la Cuarta, que no me pareció gran cosa. Pero más allá del asunto de los instrumentos de época y las paradojas que provocan, sí voy a defender esta edición de la partitura de la Tercera de Bruckner que usa Pablo Heras-Casado; me parece la versión más coherente en el plano formal, y aunque las citas de Wagner y Liszt quizá no estén siempre bien traídas, hay otros fragmentos que se habrían perdido si sólo se hubieran conservado las reelaboraciones posteriores. Sólo la edición de 1878, en una variante u otra, me parece una alternativa completamente satisfactoria (las dos variantes de la versión de 1889 se diferencian poco entre sí). Claro, que quien mejor ha sabido defender la versión inicial de la Tercera de Bruckner desde presupuestos tradicionales es Herbert Blomstedt, y llegar a ese nivel no está al alcance de cualquiera…
Escuché también el programa Elgar/Tchaikovsky por Kirill Petrenko, y estoy de acuerdo con lo que dices. Elgar un podo decadente, y Tchaikovsky más exterior que con contenido: a veces lo más trágico parecía casi festivo...
EliminarEs curioso: Tranchefort también prefiere la versión de 1873, reconociendo que los grandes directores la suelen rehuir. A mí me convence mucho menos que las escuchadas habitualmente. Y ni siquiera la versión de Blomstedt (a la que le puse solo un 7,5) me parece que la vuelva del todo convincente. Sigo encontrándola un poco deslavazada y algo caótica.
Por cierto, volviendo a Ma Vlast de Smetana: me gusta más traducirla por Mi País, puesto que se refiere a su tierra. De hecho, los alemanes nunca la denominan "Meine Heimat", sino "Mein Vaterland", la tierra de mis padres.
Sí, ya sé que eres más partidario de llamar a Ma Vlast como “Mi país”, pero la traducción habitual de Mi patria la tengo muy establecida, quizá demasiado… Pero hablando de traducciones singulares, tengo una anécdota que creo que puede ser muy interesante.
ResponderEliminarHace diecisiete años, estudié un curso como Erasmus en la Universidad de Paderborn y, gracias a algunos contactos que reuní en la ciudad, una persona me regaló un abono para poder acudir a los conciertos de la orquesta que tocaba allí. Al pasarme el programa general de la temporada, en lugar de enviarme el texto en alemán, esta persona, que había vivido en Argentina en su juventud, tradujo los títulos. Ahora bien: se programaba en aquella temporada la obertura de Der Freischütz de Weber, y este señor no supo bien cómo traducirlo… O bueno, más bien no conocía la traducción española estándar, así que tradujo el título como la obertura de El francotirador… ¡Que, si bien se piensa, es una traducción más literal, más exacta y que seguramente explica mejor el verdadero problema de la obra! Lo cierto es que me hizo mucha gracia y ni me molesté en explicarle la traducción habitual…
Sí, lo de El francotirador ya lo había leído en alguna parte. Y probablemente es más exacto.
EliminarLo difícil es remover un título muy arraigado. ¿Por qué Cabalgata de las walkirias y no Cabalgada? ¿Tiene algo que ver con la de los Reyes Magos?...
En mayo asistí en Viena a una gran interpretación del primer acto de la Valquiria con la Orquesta del Gewandhaus dirigida por Andris Nelsons. Sarah Wegener y Vitalij Kovaljov estuvieron muy bien como Siglinda y Hunding. El papel de Sigmundo lo cantó Klaus Florian Vogt. Mi sensación era como la de oír a Reri Grist o Kathleen Battle cantar Tosca, pero peor. Y mi sorpresa al ver el entusiasmo del público vienés por el tenor fue grande, desde luego, pero mayor aún había sido el que recibió hace tres veranos en Bayreuth cantando el mismo papel. Este verano, si no me equivoco, ha cantado Loge, Sigmundo y Sigfrido. Soy incapaz de entenderlo.
ResponderEliminarEs asombroso e inexplicable.
Eliminar¿Faltan la cantata aniversario de la revolución y la de Seven, there are seven?
ResponderEliminarMe la he saltado, porque no he encontrado ninguna grabación.
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