¡Por fin un buen libro sobre Hugo Wolf en
español!
El mayor autor de lieder de la historia
-después, naturalmente, de Schubert- tiene, por fin, un libro que le hace
justicia en nuestra lengua: Las canciones completas de Hugo Wolf, por
Richard Stokes (editorial Acantilado), con prólogo de Ian Bostridge, traducción
de Luis Gago y dedicatoria, merecidísima, al magnífico pianista del lied
Graham Johnson (n. 1950).
El libro, muy cuidadosamente traducido, dedica solo
nueve páginas a la vida del compositor, veinte a la cronología de sus lieder,
¡678 a los textos bilingües agrupados por poetas!, 77 a cartas, 18 a apéndices
varios, y las restantes, hasta alcanzar las 1040 páginas, a notas, bibliografía
e índices. La edición, en papel muy fino, es absolutamente impecable. Una
publicación por completo recomendable, que me parece particularmente necesaria
al tratar de uno de los grandes, grandes, músicos especialmente poco conocido
en España.
Las estupideces de un joven actor
sobrevalorado
“No trabajaría en ópera o ballet: hay que mantenerlos
con vida porque no le importan a nadie” (Thimothée Chalamet). A una afirmación como
esta, propia de un ignorante malintencionado, hay que prestarle tanta atención
como, por ejemplo, lo que pueda opinar Belén Esteban sobre Friedrich Schiller
(“¡¿mande?! ¿Quién coño es ese?”)
Algo más sobre el Concierto de Año Nuevo
2026
Vuelto a ver y a escuchar en blu-ray, no tengo mucho
más que añadir a lo que escribí el 3 de enero. Quizá, para mi gusto, algo
saturado de color, la filmación me parece ejemplar, y espléndido el sonido de
Sony. La frescura y la (aparente) espontaneidad de Yannick Nézet-Séguin,
que dirigió de memoria, son un buen tanto a su favor, pese a que no mantuvo un
nivel de excelencia constante y a que la Filarmónica de Viena no suena tan
suntuosa como con Karajan o Barenboim, ni tan plateada como con Carlos
Kleiber, Maazel o Prêtre. Y nada de la sosera de Thielemann o
Welser-Möst. Creo que ahora lo he disfrutado más al librarme de los
irritantes comentarios de Martín Llade.
Lo que sí llama la atención, una vez más, es cómo los
diferentes directores, y Yannick también, por supuesto, se atienen, se adhieren
en gran medida a la tradición, con los rubatos y los guiños que vienen desde al
menos Willi Boskovsky. Quizá unos y otros comprenden que no es música
para experimentar con ella (en algunas piezas lo hizo, más bien tímidamente, Harnoncourt,
y no, no resulta…)
El pasado 1º de enero hubo, de nuevo, varias piezas de
escaso valor, dándole, pues, demasiado importancia a la novedad. Los Cantos
de sirenas de Josephine Weinlich creo que valen bien poco, mientras que sí
mereció la pena Rainbow Waltz de Florence Price, muy bien orquestado por
Wolfgang Dörner (quien, al parecer, no pudo hacer gran cosa con la pieza de
Weinlich). El 10 pleno lo alcanzó Nézet, para mi gusto, en la cuadrilla de El
Murciélago de Johann Strauss hijo, en la obertura de La bella Galatea de Suppé y en la Marcha
Radetzky.
Cuando la retransmisión de TVE1 no me di muy bien cuenta
de qué había pasado con el -tan criticado por algunos- beso del director a su
marido; ahora lo he visto bien: un violinista de la orquesta se retiró para dejar
el puesto al susodicho esposo, y durante la Radetzky, Yannick se le
acercó y le dio un (casto, fugaz) beso. No veo el por qué del escándalo…
Durante el intermedio puede verse un estupendo
documental sobre la Colección Albertina en el que, como es costumbre, músicos
de la Filarmónica vienesa tocan fragmentos de piezas camerísticas -Ravel,
Kreisler, Poulenc, Mozart, Haydn- con un nivel instrumental y de conocimiento
admirables. Destacaría la preciosa Marcha miniatura vienesa de Fritz
Kreisler maravillosamente tocada por el violinista Yamen Saadi, con Herbert
Rüdisser al piano. Saadi, ahora co-concertino en la Ópera y la Filarmónica, fue
durante años “el niño” de la Orquesta del West-Eastern Divan, el más joven de
la plantilla.
Esta misma mañana, en "Música a la carta", un señor ha pedido "Asturias" de Albéniz por Narciso Yepes. En esta ocasión era preciso emitir esa grabación. Lo que yo no recordaba es que el famoso guitarrista estuvo algo chapucero en la ejecución. Ese peticionario, por lo que se ve, no conoce las grabaciones de Segovia, Bream, Williams, Pepe y Ángel Romero, etc., bastante mejores. Pero, sin ninguna necesidad, al terminar, el tal Carlos (perdón: no recuerdo su apellido) ha elogiado mucho la interpretación (¡ !)
ResponderEliminarLuego, una señora ha pedido la "Oda a la alegría" de la Novena Sinfonía de Beethoven, y los conductores del programa han tenido la nefasta idea de poner la grabación de Jordi Savall. ¡Qué castigo! En música del siglo XIX deberían abstenerse de él. Pero pareciera que Radio Clásica tiene la "consigna" de proteger y divulgar a este director, haga lo que haga.
No discuto su opinión sobre esa versión de Yepes. Pero habría que ver cuál de las tres versiones que tiene grabadas era esa. Imagino, por lo que comenta, que sería la última. Narciso Yepes tuvo sobre todo en la década de los 50 y 60 una técnica guitarristica colosal, pero que fue cayendo en picado con los años. Los últimos 20 años parecía otro guitarrista.
ResponderEliminarPuede ser eso, porque no han dicho de qué año era la grabación. Aun así, creo que otros guitarristas han tenido, y tienen, una técnica, una destreza superior.
EliminarEvidentemente, en cuestión puramente de mecanismo, la técnica de guitarra ha avanzado muchísimo en los últimos 50 años. Y de hecho sigue evolucionando.
EliminarEn cuanto al Concierto de Año Nuevo y al Rainbow Waltz de Florence Price, hago notar que la orquestación de Wolfgang Dörner ha recibido algunas críticas, porque algunos creen que “dulcificó” la música de Price, haciéndola parecer más salonesca de lo que realmente es. El mismo Yannick ha encargado otra orquestación de esa pieza para hacerla con su Orquesta de Filadelfia, aunque él al menos ha entendido que la versión de Dörner estaba pensada específicamente para enfatizar la herencia vienesa de la pieza, más que otras consideraciones.
ResponderEliminarEn cuanto a lo de este actor según el cual la ópera no interesa a nadie, creo que lo único que tendría que hacer sería examinar el argumento de El oro del Rin, por ejemplo, (¡ni siquiera le hace falta escuchar la música!), y mirar a lo que está pasando en la actualidad internacional. Entonces ya veríamos, lamentablemente, si la ópera es “relevante” o no. Pero claro, seguramente eso es demasiado pedir.
Muy interesante lo que dices, tanto de F.Price como de Chalamet. Que sin duda demuestra ser bobo al hablar de lo que no sabe, ni una palabra.
EliminarMuy buenas. En primer lugar muchas gracias por la recomendación del libro de WOLF, habrá que hacerse con él. Y no le estaba prestando mucha atención al tema de Chamamet hasta que me he enterado que su madre es Nicole Flender, una neoyorquina de ascendencia mitad judía rusa y mitad judía austríaca. Entre otras cosas exbailarina de Broadway, con licenciatura en francés en la Universidad de Yale y ha sido profesora de idiomas y danza. Así que no entiendo como puede decir eso del ballet, a no ser que su madre, profesora de danza, este frustrada con esa modalidad de baile, algo que suele ocurrir con una cierta frecuencia. Por cierto que vi su interpretación de Dylan en la película, y no me pareció para tirar cohetes, bastante plano y con poca profundidad, y, sí, ya se que sacar a flote un personaje como el de Bob, con su tremenda personalidad tiene que ser difícil. El comentario sobre "El oro del Rin" de WAGNER, y su "Gesamtkunstwerk", teoría fundamental para la historia del teatro moderno, me parece muy pertinente. Salud, paz, sonrisas y cordiales saludos... :)
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