La obra orquestal cumbre del siglo XX
Yo lo he dicho y escrito en multitud de ocasiones,
desde hace mucho tiempo. Pero ahora resulta que el otro día, consultando la
estupenda Guía de la música sinfónica* dirigida por François-René
Tranchefort, me encuentro con que este reconocido musicólogo francés lo afirma
tajantemente, como no dejando lugar a dudas: “Esta partitura [Música para
instrumentos de cuerda, percusión y celesta] es la cima de la música
orquestal de Béla Bartók y, sin duda, de toda la música del siglo XX”.
Otros dos testimonios muy elocuentes: “Esta obra maestra es la sublimación
genial del folklore húngaro” (Eduard Reeser). “Quizá sea aquí donde Bartók ha dado
la más alta expresión de su genio” (Olivier Messiaen).
Sin embargo, la opinión más extendida -reflejada en
numerosas encuestas- es que ese puesto correspondería a La consagración de
la primavera de Igor Stravinsky. Puede que esta partitura haya sido
más rompedora (el enorme escándalo de su estreno le ha ayudado), y desde
luego más influyente. Pero la originalidad, la audacia, la profundidad, la
perfección estructural y el calado de la obra de Bartók, de 1936, son -en mi
opinión- mayores. Por otra parte, la producción del húngaro es más abundante en
obras maestras que la del ruso, que a menudo se pierde en sus ingeniosos
juegos, originales y tantas veces lúdicos, cualidades mucho menos
trascendentes que las de los Cuartetos o los Conciertos del
húngaro, por poner solo unos pocos ejemplos. Bartók fue mucho más discreto que
Stravinsky, quien supo venderse a sí mismo muy hábilmente, y que siempre
estaba en los focos junto a otros grandes artistas creadores de su tiempo,
destacando entre ellos Pablo Picasso.
*Alianza Editorial Diccionarios. Segunda edición,
Madrid 1995. Un libro muy recomendable, pero que está muy descuidadamente
traducido al castellano.
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Cuatro lúcidas sentencias de Aaron Copland
(con las que estoy plenamente de acuerdo)
“¿Quiere decir algo la música? Mi respuesta será: Sí.
Y ¿se puede expresar con palabras lo que dice la música? Mi respuesta a eso
será: ¡No!*”
“Si una composición musical es una gran obra de arte,
no espere el oyente que le diga exactamente lo mismo cada vez que vuelva a
escucharla”.
“El atractivo del sonido es una fuerza poderosa
y primitiva, pero no debemos permitirle que usurpe una porción exagerada de
nuestro interés. El plano sensual es importante en música, muy importante, pero
no constituye todo el asunto […] No vaya a creerse que el valor de la música
está en razón directa de su atractivo sonoro, ni que la música escrita por el
compositor más grande sea la de sonoridades más deliciosas. Si ello fuera así Ravel
sería un creador más grande que Beethoven”.
“Existen muchos pianistas** que se pasan la vida
tocando grandes obras y, sin embargo, su comprensión de la música es, en
general, bastante pobre”.
*Quizá sí se puede de una manera muy general y aproximativa;
palabras que se quedan siempre muy cortas frente a lo que la música nos dice.
**Yo habría precisado: pianistas virtuosos.
La verdad es que es buena pregunta. Puede defenderse perfectamente que la consagración de Stravinsky sea la obra orquestal cumbre del siglo XX, no solo por su valor intrínseco, sino porque cambió la historia de la música de manera irreversible. Pocas partituras alteraron de forma tan radical la percepción del ritmo, de la violencia sonora y de la energía orquestal. Su concepción rítmica sigue resultando moderna más de un siglo después, con esa fuerza telúrica, casi primitiva. cierto es que la obra escandalizó, sí, pero también sedujo; y su influencia sobre compositores, coreógrafos, directores y hasta músicas populares del siglo XX es difícilmente comparable.
ResponderEliminarEn ese sentido, la obra de Bartok posee una arquitectura casi milagrosa, con un rigor formal, densidad contrapuntística, invención tímbrica y una integración del folklore que transfigura el lenguaje musical del siglo xx.
¡qué difícil elegir entre una u otra!
Ahora bien, me atrevería a citar otra de similares características e importancia, salvando las lógicas distancias. Turangalila de Messiaen, porque pocas obras del siglo XX contienen una ambición tan desmesurada y al mismo tiempo tan personal. Messiaen no intenta destruir el pasado como las vanguardias más radicales, ni tampoco reformular únicamente el folklore o el ritmo; intenta crear un univesro sonoro propio.
Porque el Wozzeck de Berg no sería sinfónico.....
Encuentro muy sensato todo lo que dices.
EliminarAl parecer, Boulez se refiere a la Consagración como el punto de partida de la música de nuestro tiempo. La originalidad, la perfección en forma y fondo, y también lo profundo y sensual de la obra orquestal y los cuartetos de Bartók serían una cima inalcanzable en la segunda mitad del siglo. Se pueden rastrear sus huellas hasta en la música de maestros como Ligety. Por cierto, y un poco en relación con la entrada anterior: el viernes santo del año que viene se cumplen 300 años de la ejecución primera de la Pasión según San Mateo, de Bach. Cuántas interpretaciones se harán sin instrumentos de la época o estilo históricamente informado?....Mi apuesta es que, desgraciadamente, ninguna.
ResponderEliminarCmparar arte siempre es muy delicado porque cada obra se puede valorar en función de muchos factores y a éstos se les puede dar un valor muy variable según cada oyente. Ya han comentado las virtudes de una y otra obra. A mí no me cabe duda de que Bartok es el mas humano, profundo y transcendente y su Música para cuerda es quizá su obra que se puede tomar como representativa. En cualquier caso su obra, en su conjunto, es seguramente la mas valiosa. Desde su apropiación al folklore hasta el que escribe la fuga en su sonata para violín solo. Lo que no es : el mas popular. No es extraño.
ResponderEliminarDe acuerdo. Y sí, no es popular; si acaso, lo que más se acerca es quizá su Concierto para orquesta.
EliminarCuando yo empezaba a escuchar música clásica, el dicho referido a música moderna e incomprensible era "eso es como Bela Bartok". Más tarde el húngaro pasó a ser sustituido por el bilbaíno: "eso suena como Luis de Pablo".
Es que el hecho de no ser popular es un índice de su trascendencia y profundidad. La ,úsica de Bartok no es banal nunca. Esa intensidad auyenta a los "sonoros"
ResponderEliminarComo siempre, voy ahora a ejercer de “abogado del diablo” y, curiosamente, no para defender a Stravinsky, sino para recordar que, en realidad, La consagración de la primavera no es realmente tan novedosa como habitualmente se dice. Me explico: es cierto que la orquestación es audaz, que se consigue una violencia telúrica incomparable, etc. Pero orquestaciones violentas ya las había habido (Salomé y Electra de Strauss), y también hay mucha influencia en según qué armonías y tratamientos de las secciones más líricas de Strauss y Debussy. Además, muchas de las supuestas novedades rítmicas de La consagración ya están en el ballet anterior del propio Stravinsky. Dicho lo cual, La consagración de la primavera es una obra maestra absoluta y seguramente la composición sinfónica más influyente del siglo XX, (como bien se ha dicho, para mí la otra gran obra maestra del siglo XX es Wozzeck). Así pues, me uno a los partidarios de la Música para cuerdas, percusión y celesta.
ResponderEliminarEl libro ¿Cómo escuchar la música? de Copland, de donde vienen casi todas estas citas, es un clásico de la divulgación musical. Lástima que sus reflexiones sobre la ópera sean tan escasas, (se nota que Copland no era un especialista en ese género; no habla de las diferencias entre recitativos, arias, concertantes, etc., ni se detiene en el tema de los tipos vocales), y que la traducción de Jesús Bal y Gay no haya tenido un reemplazo posterior que haya actualizado algunos términos. Pero quien tenga oportunidad, no debe perdérselo.