Opiniones de aquí y allá sobre música clásica, muchas veces a contracorriente, para que conozcan lo que opino algunos más que los amigos con los que me comunico directamente.
domingo, 8 de marzo de 2015
¿Está muerto Sibelius? El último (¿?) dislate de Norman Lebrecht
Bueno, quizá no sea el último dislate, puesto que el artículo titulado "Sibelius está muerto" fue publicado en la revista Scherzo en el mes de febrero, y ya habrá tenido tiempo el crítico musical británico de añadir alguno más a su larga lista. "El Mariñas [el gran cotilla del corazón] de la música clásica", que posee uno de los bancos de fotos musicales más nutridos, ha escrito en ese articulito una vehemente defensa de Carl Nielsen (lo que, por supuesto, me parecería muy bien), pero resulta que para hacerlo no ha tenido mejor idea que compararlo a Sibelius, nacido el mismo año de 1865, para arrastrar a este por el fango. "La cronología puede ser cruel con los compositores, sobre todo con los perdedores", escribe. No es la cronología lo cruel, en este caso lo es usted, solo usted. Porque, mal que le pese, Sibelius sigue bien vivo, en grabaciones y conciertos.
Sin embargo su breve panfleto tiene un montón de puntos débiles, muy fácilmente rebatibles. Por ejemplo, presenta a Nielsen como un santo varón (puede que sea cierto) frente a un malvado y casi degenerado Sibelius (un poco exagerado ¿no?). "Sus sinfonías (las del finlandés) son tan ordenadas como el plató de una película de Bergman" ¡Pobre Ingmar, qué culpas tendría el autor de maravillas como Fresas silvestres (indebidamente traducido por salvajes) para caer en manos del furioso británico! Afirma también que Nielsen es "más expresivo, más accesible y más fácil de apreciar": sin menospreciar al danés, me temo que ese es el deseo (o el delirio) de Lebrecht, pero no la realidad, que es, de hecho, la contraria. Luego, más abajo, se contradice flagrantemente: "¿cómo acercarse a este danés difícilmente accesible?", escribe.
Con evidente exceso habla de las "obras maestras para instrumentos de viento" de Nielsen. ¿Cuáles? Si refiere al Quinteto op. 43 ("es único, sin par en cuanto a sus colores oscuros y sus reconfortantes temas"), vaya, tiene un pase aunque creo que no es para tanto. Pero ¿cuáles son las otras obras del plural? Si hace referencia a los estupendos Concierto para clarinete y para flauta, no me parece muy exacto calificarlos como "obras para viento". En caso contrario, ignoro a qué otras "obras maestras" se refiere.
Pero centrémonos en lo que opina de Sibelius: su Primera Sinfonía es "blanda, ligera a lo Tchaikovsky, regresiva". No solo no es cierto que sea como él dice, sino que además, ¿qué le habrá hecho ahora el pobre Tchaikovsky? En su recorrido devastador por cada una de sus restantes sinfonías, Lebrecht "se olvida" de citar la Cuarta, obra audaz, originalísima difícilmente objetable (¡qué casualidad!). Según Lebrecht, las dos últimas sinfonías de Sibelius "llevan el sello de un truculento individualismo". Pero, además de parecerse bien poco entre ellas, son partituras excelentes; la Séptima, una auténtica genialidad. Tampoco "se acuerda" de citar el asombroso poema sinfónico Tapiola o la sobrecogedora música incidental de Pelleas y Melisande, mira por dónde.
"Hay en sus texturas [de Nielsen] una tensión un poco dura que Sibelius hubiera alisado, una percepción de la tormenta existencial que apenas se percibe en el finlandés". Pues buena parte de la obra de Sibelius no tiene sus texturas precisamente alisadas, y desde luego que su tormenta existencial se cuela por doquier en su música, lo vea Lebrecht o sea ciego a ello.
Aplaude a Bernstein por haber dado a conocer a Nielsen al gran público. Pues bien: el genial director norteamericano pudo apuntarse, sí, ese tanto, aunque no en solitario, pero da la casualidad de que el autor de Candide se ocupó desde el podio no poco de Nielsen, ¡¡pero mucho más de Sibelius!! Y empleándose a fondo, hasta el punto de haber sido, junto a -o después de- Barbirolli, el más grande intérprete del sinfonista finés.
"La edad de Sibelius ha terminado" -afirma terminante- pues "ningún compositor del siglo XXI cree que tenga un papel como modelo". ¿Algún gran compositor del siglo XXI tiene como modelo a Mozart, a Schubert, a Chopin, a Brahms, a Richard Strauss? No. ¿Significa eso que la edad de esos enormes músicos haya terminado? ¡Menudo sofista!
No voy a echar a pelear a Nielsen con Sibelius, pero sí quiero dar los nombres de algunos directores que se han ocupado de la música de este último, en disco: desde Furtwängler y Kussevitzky a Oramo y Storgards, pasando por Ashkenazy, Barbirolli, Barenboim, Beecham, Bélohlávek, Bernstein, Blomstedt, Boult, Celibidache, Andrew y Colin Davis, Ehrling, Fedoseev, Flor, Frühbeck, Gibson, Herrmann, Horenstein, Jansons, Järvi, Kajanus, Kamu, Karajan, Kletzki, Kubelik, Leinsdorf, Levine, Maazel, Marriner, Mehta, Mitropoulos, Monteux, Muti, Oramo, Ormandy, Ozawa, Previn, Rattle, Rosbaud, Rozhdestvensky, Salonen, Sanderling, Saraste, Sargent, Schippers, Segerstam, Sinopoli, Stokowski, Szell, Temirkanov, Toscanini, Vänskä... Por no hablar de los violinistas (no falta uno solo de los más grandes) que han abordado su Concierto. ¡Qué ilusos todos ellos! ¿Por qué dirigen, tocan y graban una música que está muerta?...*
Finalmente, la arrogancia le puede a nuestro crítico: "estoy a punto de escandalizar a cinco millones de finlandeses", dice. ¡Ah! ¿Cree que lo van a leer cinco millones de compatriotas de Sibelius? A mí, que no soy finlandés, no me ha escandalizado (lo hace quien puede, no todo el que lo intenta): simplemente me ha afirmado en mi largamente mantenida opinión de que es un gran capullo. (Mi buen amigo Miguel Ángel de las Heras, que fue quien me dio a leer el dichoso articulito, me dice que está tan de acuerdo con lo que escribo, que quiere sumarme expresamente a él, firmándolo también).
*como curiosidad: aunque Klemperer no grabó nada de Sibelius, dirigió las Sinfonías 1, 2, 4 y 5, así como El cisne de Tuonela.
miércoles, 4 de marzo de 2015
Dos blu-rays de C Major con música de Richard Strauss: Thielemann y Nelsons
El primero, grabado en la Semperoper de Dresde en junio de 2014, contiene un programa la mar de interesante: Ernster Gesang (Canto serio) para orquesta de Wolfgang Rihm, una estupenda página (de unos 13') compuesta para la ocasión y que constituye un homenaje a Brahms (en referencia concreta a sus geniales Cuatro cantos serios), seguida de los Últimos Lieder de Strauss. Y no digo los "cuatro", porque aquí son cinco, puesto que entre el primero (Frühling) y el segundo (September) de los habituales Cuatro Últimos se ha intercalado Malven, que desde hace años se sabe que fue el ultimísimo compuesto por su autor, concretamente en noviembre de 1948 y dedicado a la gran soprano Maria Jeritza. Este lied, escrito para voz y piano y aquí orquestado por Rihm, es precioso, por supuesto, pero no estoy muy seguro de que encaje debidamente con los otros habituales cuatro. En todo caso, llama la atención cómo la gran Anja Harteros deja pasar el primero, Frühling, sin pena ni gloria, para mejorar mucho en September y dejanos boquiabertos en Beim Schlafengehen (¡qué belleza de canto y de expresión!) y sobrecogernos en Im Abendrot, en el que se transfigura, logrando una belleza vocal suprema y una transmisión íntima y emocionante a más no poder del conmovedor texto de Eichendorff. Creo no exagerar diciendo que jamás he escuchado cantar así este lied sublime. Tres coincidencias con la reciente grabación de los Cuatro por Anna Netrebko y Barenboim: la soprano rusa pasa un poco de largo por el primero, para remontar muchísimo en los dos últimos, y cómo también, ni Barenboim ni Thielemann me convencen en una introducción apresurada y algo insípida de Im Abendrot; sí aciertan en su inefable conclusión, más el argentino que el alemán, que no pasa en conjunto del notable en estos lieder.
La Sinfonía Alpina ya la había grabado Thielemann en dvd, con la Filarmónica de Viena, tan solo tres años antes (Opus Arte), con resultados que distaron de entusiasmarme. Ahora ha mejorado, sin duda, pero no a lo largo de toda la obra, sino sobre todo en el final (desde la "Puesta del sol"), que borda sin la menor reserva. Pero sigo teniéndolas en varios pasajes: por ejemplo, la "Salida del sol" carece del esperado fulgor, en la "Entrada al bosque" me molestan ciertos portamentos, "En los pastos de la montaña" me resulta un poquito banal y la "Visión" tampoco levanta el vuelo. Soberbia la Staatskapelle de Dresde, con la única reserva de unas trompetas algo apuradas en "En la cima" (!). Y magnífica la grabación, superior a la de Opus Arte.
El segundo blu-ray recoge la filmación de un triunfal concierto habido el día de navidad de 2013. En él se confirma por enésima vez la excepcional talla del más grande de los directores jóvenes (n. 1978), el letón Andris Nelsons, flamante director ya de la Sinfónica de Boston, y que había dado numerosas pruebas de ser uno de los más grandes intérpretes de Strauss (su Vida de héroe con la Filarmónica de Berlín, como puede comprobarse en la transmisión del Digital Concert Hall, es asombrosa, alucinante, bastante diferente pero tal vez al nivel estratosférico de Barenboim en su reciente grabación para DG). El Zaratustra de este blu-ray, superior incluso al de su soberbia grabación con la Orquesta de Birmingham (Orfeo 2014), es más apasionado y visionario que opulento, y cuenta con un (anónimo: el cuadernillo no lo cita) excelente violín solista, además de con una orquesta excelsa, abiertamente superior a la del referido CD. Creo que solo Maazel con la Filarmónica de Viena (DG) me gusta un poquito más aún, lo mismo que la fabulosa versión (no publicada en disco) de Dudamel con la Filarmónica de Berlín en abril de 2012, superior aún a la de su toma por DG.
El juvenil poema sinfónico Macbeth (1886-91) cuenta con pocos defensores entre las grandes batutas: aquí Nelsons demuestra creer en él tanto como Maazel, alzándose hasta el altísimo nivel de las dos grabaciones de éste (DG en Viena y RCA con la Radio Bávara): es una partitura que reclama mayor atención. Till Eulenspiegel era ya lo mejor del citado CD; aquí, con un conjunto aún más extraordinario, lo borda hasta el punto de convertirse en una de las interpretaciones más perfectas e interesantes de la discografía: una recreación asombrosa por su diáfana realización y por atender a todas las vertientes expresivas imaginables en este genial poema sonoro, sin caer en exageraciones. (Para mí, el Till más genial que he escuchado es el que Barenboim hizo en público con la Filarmónica de Berlín el 13 de junio de 2009, en retransmisión del referido Digital Concert Hall). La toma de sonido, siendo espléndida, no es quizá tan buena como la del blu-ray anterior.
martes, 24 de febrero de 2015
Richard Strauss: discografía de sus principales obras orquestales (y II)
*grabación en vídeo
Muerte y transfiguración
1926 DG Strauss/StaatskapelleBerlin 21’24 6/4
1942 Teldec Mengelberg/OConcertgebouw 23’43 7,5/5
1947 CSO Defauw/OSinfChicago 22'00 6/6
1950 EMI Furtwängler/OFilViena 24’40 10/6
1953 EMI Karajan/OPhilharmonia 26’33 7,5/6,5
1960 Decca Reiner/OFilViena 24’15 6/6,5
1962 EMI Klemperer/OPhilharmonia 22’25 8,5/7,5
1963 DG Böhm/OFilViena 23'57 9/7
1972 DG Böhm/Staatskapelle Dresden 22’12 9/7,5
1972 EMI Kempe/StaatskapelleDresden 22’24 8,5/7
1973 DG Karajan/OFilBerlín 27’03 9/8
*1977 Decca Solti/OSinfChicago 22'32 9/8
1980 EMI Previn/OFilViena 26’29 8/8
1980 Sony Maazel/OCleveland 22’50 8/8
1983 Philips Haitink/OConcertgebouw 26’50 9/9
1983 DG Karajan/OFilBerlín 25'24 9/8,5
1983 DG Abbado/OSinfLondres 26’19 8/7,5
1983 DG Karajan/OFilBerlín 25’24 9/8,5
*1983-87 Sony Karajan/OFilBerlín 25'05 9/8
1986 Altus Celibidache/OFilMúnich 29’38 10/8
1992 Decca Dohnányi/OFilViena 25’04 8/9
1999 RCA Maazel/OSinfRBávara 24’21 9/9
Sinfonía Alpina
1958 DG Böhm/StaatskapelleDresden 52’00 8/6
1966 RCA Kempe/ORoyalPhilharmonic 48’49 7/7
1972 EMI Kempe/StaatskapelleDresden 49’45 8/7
1976 Decca Mehta/OFilLosAngeles 48’05 7,5/7,5
1980 Decca Solti/OSinfRadioBávara/Solti 44’19 7/8
1981 DG Karajan/OFilBerlín 50’51 9,5/8
1983 EMI Previn/OFiladelfia 48’54 8/8
*1983-87 Sony Karajan/OFilBerlín 50'24 9/7
1985 Philips Haitink/OConcertgebouw 49’32 8,5/8
1993 Erato Barenboim/OSinfChicago 49’31 9,5/8
1994 DG Sinopoli/StaatskapelleDresden 50'17 9/9
1997 Philips Ozawa/OFilViena 50’30 8/9
*1998 Arthaus Sinopoli/StaatskapelleDresden 53'10 9/8
1999 RCA Maazel/OSinfRBávara 50’29 9,5/9
2001 DG Thielemann/OFilViena 52’56 7,5/8
*2006 Arthaus Nagano/DeutschesSymphBerlin 51'20 9/9
2007 Sony Luisi/StaatskapelleDresden 50’10 8,5/10
2011 Orfeo Nelsons/OSinfCBirmingham 51’28 9,5/8,5
*2011 OpusArte Thielemann/OFilViena 51'54 7,5/8
*2014 C Major Thielemann/SttatskapelleDresden 53'00 8,5/9
Sinfonía Doméstica
1944 DG Furtwängler/OFilBerlín 5'19+11'40+12'36+12'58=42'33 8/4
1944 DG Strauss/OFilViena 5'02+6'17+18'58+12'56=43'13 7,5/4
1957 RCA Reiner/OSinfChicago 5’20+12’31+12’13+13’32=43’36 7/5
1969 Decca Mehta/OFilLosAngeles 5’23+13’10+12’44+14’31=45’48 8/8
1973 EMI Kempe/StaatskapelleDresden 5’12+12’10+13’03+13’34=43’59 8/7,5
1973 EMI Karajan/OFilBerlín 5’17+11’55+12’55+13’38=43’45 9,5/8
1984 DG Maazel/OFilViena 5’15+12’40+12’16+14’27=44’38 10/9,5
1987 Sony Mehta/OFilBerlín 5’10+12’54+12’52+14’43=45’52 10/8
1996 DG Previn/OFilViena 5’11+11’48+12’06+13’22=42’27 9,5/9,5
1999 RCA Maazel/OSinfRBávara 6‘00+13’58+14’56+14’58=49’52 9,5/8,5
Till Eulenspiegel
1929 DG Strauss/StaatskapelleBerlin 14’27 6,5/4
1940 CSO Stock/OSinfChicago 14'22 7/5
1941 Teldec Krauss/OFilViena 14’56 6/5
1944 DG Strauss/OFilViena 15'20 8/5
1950 Decca Krauss/OFilViena 14’58 9/6
1952 EMI Karajan/OPhilharmonia 15’32 7/6,5
1954 EMI Furtwängler/OFilViena 16’16 9/6
1961 EMI Klemperer/OPhilharmonia 15’04 10/7,5
1961 Sony Bernstein/OFilNuevaYork 14’55 7,5/6
1963 DG Böhm/OFilBerlín 15’12 9/7,5
1971 EMI Kempe/StaatskapelleDresden 14’40 9/7
1973 DG Karajan/OFilBerlín 15’31 8/7,5
1976 Decca Solti/OSinfChicago 14’58 10/8
1980 EMI Previn/OFilViena 14’50 6,5/8
1980 Sony Maazel/OCleveland 15’34 8/8
1983 Philips Haitink/OConcertgebouw 14’42 8,5/8,5
1983 DG Abbado/OSinfLondres 14’46 6,5/7,5
1987 DG Karajan/OFilBerlín 15’58 9/9
1989 Sony Tilson Thomas/OSinfLondres 15’23 8/8
1991 Erato Barenboim/OSinfChicago 15’20 9,5/8,5
1993 Decca Dohnányi/OCleveland 15’13 8/9
1999 RCA Maazel/OSinfRBávara 15’48 8,5/9
2013 DG Dudamel/OFilBerlín 15’54 7,5/8,5
2014 Orfeo Nelsons/OSinfCBirmingham 15’28 10/9
*2014 Sony Eschenbach/OFilViena 15'47 9,5/7,5
*2014 C Major Nelsons/OConcertgebouw 16'18 10/9
Vida de héroe
1941 DG Strauss/OEstatalBaviera 3’55+2’43+11’06+7’09+5’42+08’55=39’30 7
1941 Teldec Mengelberg/OConcertgebouw 4’17+3’19+11’10+8’00+4’55+10’37=42’22 6
1941 Naxos Toscanini/OSinfNBC =41’25 6,5/3
1952 Decca Krauss/OFilViena 4’00+3’01+11’58+8’49+8’24+6’38 =42’50 7/5
1954 RCA Reiner/OSinfChicago 4’18+3’04+11’57+8’45+4’39+10’54=43’37 8/7
1957 DG Böhm/StaatskapelleDresden 4’02+3’19+12’46+7’20+7’43+10’33=45’43 8,5
1959 DG Karajan/OFilBerlín 4’14+3’27+13’00+7’15+6’04+11’39=45’39 8/7
1961 EMI Beecham/ORoyalPhilharmonic 4’03+2’46+13’00+8’14+4’38+10’18=42’59 7,5/7
1968 Decca Mehta/OFilLosAngeles 4’08+3’32+13’09+7’00+6’18+11’47=45’54 7,5/7,5
1970 Philips Haitink/OConcertgebouw 4’20+3’33+13’53+7’32+6’11+11’39=47’08 8,5/7,5
1970 EMI Barbirolli/OSinfLondres 5’07+3’55+14’12+9’23+5’37+12’18=50’32 7/7,5
1973 EMI Kempe/StaatskapelleDresden 4’22+3’25+12’29+8’02+4’58+10’56=44’12 7,5/6
1975 EMI Karajan/OFilBerlín 4’18+3’37+12’30+8’18+4’55+11’38=45’19 9/6,5
1977 DG Böhm/OFilViena 4’20+3’09+12’26+7’25+6’22+11’06=44’48 9,5/8
1979 Decca Solti/OFilViena 3’56+3’18+13’23+8’40+8’18+6’28 =44’03 7,5/7,5
1986 DG Karajan/OFilBerlín 4’27+3’36+12’42+7’38+6’17+12’07=46’47 9/9
*1986 Sony Karajan/OFilBerlín 46'27 9/7
1989 Sony Tilson Thomas/OSinfLondres 4’06+3’33+14’09+8’10+5’47+11’27=47’12 7,5/8
1991 Erato Barenboim/OSinfChicago 4’18+3’47+13’14+7’01+6’35+12’09=47’04 9/7,5
1992 DG Sinopoli/StaatskapelleDresden 4’19+3’32+13’43+7’28+6’38+12’25=48’05 9/9,5
1993 Sony C.Kleiber/OFilViena 3’58+2’45+11’19+7’48+3’51+09’10=38’53 7/5
1996 EMI Sawallisch/OFiladelfia 4’32+3’09+13’07+8’13+6’34+14’45=43’49 7,5/9
1999 RCA Maazel/OSinfRadioBávara 4’27+3’57+14’27+7’48+8’35+6’52 =46’06 8,5/9
2000 Decca Ashkenazy/OCleveland 4’04+3’19+12’34+7’47+5’35+10’16=43’35 6/9
2003 DG Thielemann/OFilViena 4’23+3’42+12’33+7’42+6’30+12’16=47’06 8/8,5
2005 EMI Rattle/OFilBerlín 4’16+3’18+14’01+7’21+6’21+12’06=47’24 7,5/9
2007 Sony Luisi/StaatskapelleDresden 4'16+3'26+13'07+7'29+6'33+11'03=45'54 8,5/8
2010 CSO Haitink/OSinfChicago 4’28+3’22+13’22+9’40+5’04+11’33=47’29 9,5/10
2011 BIS Nézet-Séguin/OFilRotterdam 4’20+3’03+14’17+7’26+6’42+11’08=46’58 7/9,5
2014 DG Barenboim/StaatskapelleBerlin 4’24+3’32+12’35+8’43+6’05+11’05=46’23 10/10
El burgués gentilhombre
1956 RCA Reiner/OSinfChicago
3'49+1'26+1'43+4'39+4'53+3'13+10'08 (incompleta: faltan Minueto de Lully y Courante) 8/7
1968 Decca Maazel/OFilViena, Gulda, Boskovsky
4'02+1'33+1'49+5'27+2'08+3'04+4'16+3'10+10'03=35'32 10/8
1971 EMI Kempe/StaatskDresden
3'54+1'39+1'35+5'04+2'15+2'14+4'16+3'02+09'35=33'34 7/7
1979 Sony Barenboim/EnglishChamberOrch, Frankl, J.L.García Asensio
3'54+1'36+1'44+5'39+2'26+2'07+4'25+3'12+11'20=36'30 9/8,5
1992 DG OrpheusChamberOrch
3'42+1'34+1'40+4'41+2'03+2'08+4'02+3'07+10'04=33'01 7/9
1995 Decca Dutoit/OSinfMontreal, Bertsch, Juillet
3'47+1'45+1'47+5'16+2'08+2'18+4'19+3'40+11'14=36'25 8/9
martes, 17 de febrero de 2015
Una orquesta excelsa, la Concertgebouw, y un Richard Strauss antológico
El segundo y último concierto para Ibermúsica de la Royal Concertgebouw Orchestra Amsterdam, con su director titular Mariss Jansons, tuvo lugar ayer 16 de febrero en el Auditorio Nacional. Creo que escuchaba por primera vez en público la deliciosa, pero por vergüenza no muy conocida Suite de El burgués gentilhombre de Richard Strauss, partitura independizada de la versión original de la ópera Ariadna en Naxos. Treinta excepcionales músicos de la orquesta holandesa hicieron de ella una lectura no solo primorosa, sino realmente maravillosa, sabiamente guiados por una batuta que mostraba un grado de madurez y de depuración extraordinarios. En efecto, Jansons dotó a la partitura de toda la frescura, el desparpajo, la ironía, la ternura, de toda la belleza pura y simple que encierra. Tengo que remitirme a la versión discográfica -dificilísima de encontrar, pues solo está incluida en el álbum de 6 CDs 4709542- de Maazel con la Filarmónica de Viena (Decca 1967), que cuenta con dos sensacionales solistas de la orquesta, el violinista Willi Boskovsky (increíble en la "Entrada y danza de los sastres") y el cellista Emanuel Brabec (otro tanto en la pieza final, "La cena"), además de con el pianista Friedrich Gulda, inimitable en "El maestro de esgrima".
Pues bien, en mi opinión Jansons dirigió tan extraordinariamente bien como el director franconorteamericano muerto el pasado 13 de julio. Y los solistas de la Orquesta del Concertgebouw apenas tuvieron que envidiar a los de la gloriosa Filarmónica de Viena: nada el trompeta solista, el trombón, el oboe (Lucas Macías) o el cello (Tatiana Vasilieva) y casi nada el violín o el piano. El grupo orquestal de cámara sonó con tal belleza de sonido, tal precisión (pese a un ocasional desajuste en el Preludio del Acto II: bueno es que nos recuerden que la perfección no existe) y tal diafanidad que sentimos con claridad que la Concertgebouw es una orquesta muy especial, creo que una de las cuatro mejores del mundo (Viena, Berlín y Chicago serían las otras tres). Y no está de más que me sume de lleno a la opinión (emitida ayer en el descanso por mi amigo José Sánchez Rodríguez) de que Strauss sí compuso una música neoclásica maravillosa, mucho más que Stravinsky...
Tengo claro que la Cuarta Sinfonía de Mahler, pese a la admirable, asombrosa ejecución y pese a que Jansons ofreció una versión muy personal y muy interesante, no es una obra tan hermosa como El burgués gentilhombre. Jansons hizo, en efecto, una lectura que a la vez que resultaba para mi gusto un pelín demasiado dulce (sobre todo por su tratamiento de las melodías más líricas de los violines y de no pocos portamentos) también enseñaba aquí y allá los dientes con dureza y explícito sarcasmo (p. ej. clarinetes terriblemente incisivos): se movió con naturalidad entre ambos extremos y no creo que se le pueda regatear una lógica incontestable. Sería interminable citar las intervenciones de instrumentistas que nos dejaron boquiabiertos, desde el violín a las trompetas, al oboe, a la trompa solista y al grupo de ellas... y, por supuesto, a un conjunto armónico, de increíble empaste, transparente y cuyos componentes que se escuchan entre sí como en un modélico grupo de cámara.
Con el cambio de la soprano anunciada en un principio, la más bien ligera Genia Kühmeier, por la lírica Dorothea Röschmann, cuya intervención fue no ya ejemplar sino todo un lujo, creo que salimos ganando (ahora bien: ¿qué diantres pinta "La vida celestial" después del "Poco adagio"? Nunca lo he entendido, siempre me ha chirriado).
viernes, 13 de febrero de 2015
Riccardo Chailly en Ibermúsica. ¿Habrá temporada 2015-2016?
Ayer, día 12, ofreció Riccardo Chailly su segundo (y último) concierto para Ibermúsica de esta temporada 2014-2015, al frente de la reputada Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig. Tal vez ya conocen mis reservas sobre las recientes actuaciones de este hombre. Ayer me dejó claro, una vez más, que es un gran director (técnicamente hablando), pero que como Músico ha venido muy a menos en los últimos años (salvo raras excepciones).
El Concierto para violín de Tchaikovsky dio pie al lituano Julian Rachlin (n. 1974) para dejar bien claro su virtuosismo (que no le libró de algún embarullamiento ni de unas cuantas notas desafinadas: notas muy peligrosas, desde luego) y de que posee un sonido magnífico, no muy grande pero sí muy bello, sobre todo en el centro y el grave (toca con un Stradivarius de 1704), pero su interpretación no me convenció gran cosa, sobre todo por estar volcada hacia el exhibicionismo, con una velocidad grande, hasta rozar la insensatez, y pasando bastante de largo por los momentos más cantabiles, y no sólo en la apresurada Canzonetta. En realidad Chailly y él parece que tirasen mutuamente uno del otro, en una carrera desbocada. Chailly dirigió con precisión, pero sin flexibilidad y muy volcado hacia el exhibicionismo: casi todo sonó demasiado fuerte, fuesen solos o tutti, machacones éstos y sin el menor asomo de ese rubato que tanto juego da en los del primer movimiento. En 33'25" se merendaron el Concierto, cuyo finale hicieron, por supuesto, sin el más mínimo corte, y con algún atisbo de frivolidad.
La Segunda Sinfonía de Rachmaninov siguió en la misma línea: fue una realización muy eficiente y competente, de nuevo crispada casi sin cesar, que careció de algo fundamental: emotividad, que prácticamente no hizo su aparición en momento alguno. Una obra como ésta, despojada de ello, de esa belleza sensual envolvente, de esa cantabilidad excelsa, de esa ensoñación y de esa ternura transida de melancolía, pierde sus mejores cualidades. Chailly entendió que la claridad expositiva consiste en que sonara todo, que pudiésemos escucharlo todo, pero casi sin p o pp alguno: esto no me vale. La lectura (que no vivencia) estuvo presidida por el efectismo, cayendo muy a menudo en el estruendo, hasta el punto de que la estupenda orquesta sonase estridente, desencajada. Y no hubo casi remansos: el Chailly actual parece ser alérgico a la serenidad, a la contemplación, a la delectación en la melodía. Ayer escuché el scherzo y el finale más rápidos que conozco (he cotejado diez versiones) y el segundo Adagio más veloz. Lo siento, pero ayer apenas pude disfrutar de una obra que adoro. Esta mañana me he desquitado escuchando, como desagravio, la maravillosa, excelsa, interpretación de André Previn con la Royal Philharmonic (Telarc 1985), que contiene todas las infinitas bellezas de las que la de Chailly careció. Una pena. Ah, y cada vez disfruto menos si una orquesta espléndida no está bien interpretada.
Últimamente se oían insistentes rumores acerca de que tal vez no hubiera temporada 2015-2016 de Ibemúsica. Por suerte, en el programa viene una programación (sin obras) en la que aparecen Mehta, Nelsons, Gergiev, Eschenbach, Jurowski, Noseda, Afkham, Perahia, Jansen o Blomstedt, entre otros. Sin embargo, leyendo la entrevista a Alfonso Aijón que hoy publica El País queda un regusto de amarga incertidumbre, porque podría no tener lugar si los abonados no respondemos lo suficiente y si no se hallan patrocinadores. Veremos. ¡Esperemos que pueda tener lugar!
martes, 3 de febrero de 2015
El Concierto de Año Nuevo en Viena 2015: Mehta se acerca a Maazel
No pude ver el concierto en directo, porque andaba de viaje, conduciendo. Y en el coche tampoco pude escucharlo entero. Aun así, lo que pude seguir (casi todo descontada la primera media hora) me gustó mucho, hasta muchísimo. Ahora acabo de ver el blu-ray que acaba de lanzar Sony y ya puedo dar mi opinión con más conocimiento de causa.
El comienzo no fue lo mejor: parece como si Mehta hubiera tardado un poco en entrar en sintonía con lo que se traía entre manos. La obertura de Suppé Mañana, tarde y noche en Viena fue estupenda (9), pero no resiste la comparación con la asombrosa, brillantísima versión de Riccardo Muti en el concierto del 1 de enero de 2000. Al vals Leyendas de Oriente, op. 444 de Johann Strauss hijo, le ocurre lo mismo frente a la que hizo Barenboim el primer día de 2009: esta fue mucho más perfumada y más libre y flexible que la del director hindú (8). La polca francesa Wiener Leben (La vida vienesa) no es una de las partituras más afortunadas de Josef Strauss; Mehta hizo lo que pudo con ella, sin que pareciera gustarle gran cosa, lo que se entiende (8,5). De Wo man lacht und lebt (Donde se ríe y se vive) de Eduard (primera ejecución, como la anterior, en un concierto de año nuevo) puede decirse algo similar (8,5). Con el precioso vals de Josef Golondrinas de aldea de Austria (que fue la primera pieza que escuché en el coche) Mehta llegó a lo más alto (10): su magistral manejo del rubato, la maleabilidad de sus tempi, siempre naturales, me recordó al mejor Lorin Maazel -quien más veces lo dirigió (11) aparte Boskovsky (25)- una de las sólidas referencias en todo el historial del concierto vienés (junto a Boskovsky, Karajan, Carlos Kleiber y Barenboim. Y al lado de ellos, naturalmente, aciertos más o menos aislados de Muti, de Abbado, del mismo Mehta, de Prêtre y hasta de Harnoncourt; pero nunca de Welser-Möst, el verdadero farolillo rojo).
La polca rápida Vom Donaustrande (Desde las orillas del Danubio) no pudo evitar sonar un poco charanguera (7,5). Maravilloso el Perpetuum mobile, con extraordinarias intervenciones del fagot o de la piccolo (10), y no menos formidable el vals Aceleraciones, en el que, pese a los fuertes acelerones, la batuta se desenvolvió con una magistral libertad y acierto: alguno de los rubatos fue muy, muy acusado, pero ¡tan bien colocado y realizado que no hay objeciones posibles! (10). La Polca Electromagnética, también de Johann hijo, vuelve a mostrar el absoluto dominio de la agógica por parte del maestro hindú (10). De la polca rápida Mit Dampf (A vapor) de Eduard la batuta parece extraer todo lo posible, con gracejo y mucha marcha (10). El vals de Johann II An der Elbe (Junto al Elba), primera vez allí, no es precisamente una joya; Mehta hizo lo que pudo (9). [Está bien que se añada repertorio nuevo en cada edición, aun a sabiendas de que varias de estas novedades valen bien poco; el único que se libró de tener que incluir páginas endebles fue quizá Karajan, en su único y sensacional concierto, el de 1987]
También es flojo el Galop del champán del sueco Hans Christian Lumbye, pero Mehta hizo lo imposible por transmitir a su través el mayor desparpajo (9,5). La Polca de los estudiantes (casi se puede adivinar su título) de Johann hijo (9,5) y la Marcha de la libertad del padre, ambas más bien flojitas, se tocaban por primera vez, y de nuevo Mehta las exprimió a base de bien (9). Admirable de todo punto la Polca de Ana, delicada y de sutilísima agógica (9,5), pero que quizá no alcanzase los excelsos precedentes de Kna, Fricsay o Böhm. Sensacional versión del extraordinario vals de machista título Vino, mujeres y canciones, interpretado con su larguísima y algo insulsa introducción al completo: se me hace inimaginable una recreación superior (10). Enorme chispa, increíble desparpajo los desplegados en la sin embargo más bien simple polca rápida de Eduard Mit Chic (10). El Danubio azul es siempre una difícil prueba, en la que es muy raro destacar de veras; pues bien, Mehta ya lo ha conseguido dos veces: en 2007 y ahora, con una lectura muy pausada y paladeada que desemboca en un clímax magníficamente preparado gracias sobre todo a unos arriesgados y certeros rubatos (10). La Marcha Radetzky tampoco fue una versión más, sino que jugó hábilmente con la dinámica (9,5).
La Filarmónica de Viena, maravillosa como casi siempre, le suena más liviana, menos sinfónica de concierto que a Karajan o a Barenboim, pero más llena y plena que a un Kleiber o a un Ozawa. También en estas intenciones me ha recordado Mehta al gran y llorado Maazel. Mehta, pues, ha ido mejorando su entendimiento con estas músicas de modo ostensible, desde unos comienzos muy desiguales y titubeantes allá por 1990, hasta una maestría y una sintonía excepcionales en esta su quinta aparición vienesa del 1º de enero: un nivel medio muy alto, sin librarse de ciertas desigualdades, pero sin caer nunca bajo. La toma de sonido es espléndida, pero he de señalar que la imagen carece (¡en el blu-ray!) de toda la nitidez que es hoy exigible: no hay más que comparar con el concierto del año anterior, editado bajo el mismo sello, Sony.
domingo, 1 de febrero de 2015
Vladimir Jurowski y la LPO: enorme chasco, gran cabreo
Wagner, Shostakovich y Tchaikovsky
Anoche, 31 de enero (¡ay, a las 22,30!) fui a uno de los conciertos que más me han decepcionado en mucho tiempo, en relación con lo que me esperaba. Era para Ibermúsica, con la cellista Sol Gabetta y la Filarmónica de Londres dirigida por su titular, Vladimir Jurowski. No hubo en las dos horas de concierto ni unos minutos en los que disfrutase: casi todo el tiempo tuve la sensación, como mínimo, de perder el tiempo, cuando no me sentía de veras irritado.
Veamos por qué. El programa comenzaba con un Preludio del Acto I de Tristán que no se sabía muy bien qué pintaba allí antes de Shostakovich y Tchaikovsky. Ya le había escuchado hace algunos años a este director y esta orquesta un Wagner que no me gustó un pimiento (creo que fue el Acto II de Tristán). Ayer volvió a quedar claro que Jurowski (que por lo menos dirigió bien, eso sí, con partitura como todo el concierto) y Wagner son como el agua y el aceite: no se entienden nada bien. No me pregunten en qué consiste, pero es una sensación clarísima que tengo cuando pasa esto: el discurso no resulta natural ni fluido, sino acartonado, las frases suenan como desconectadas unas de otras, el clímax no está bien preparado, etc.; el sonido tampoco es wagneriano, y no será precisamente culpa de la espléndida orquesta. Pero lo que me irritó a base de bien fue que no era el "Preludio del Acto I", sino las tres cuartas partes del comienzo del mismo, seguidas de un absurdo "final de concierto" en el que desfilaban retazos de la "Muerte de Isolda". O sea, un engendro que no sé a quién se deberá (espero que no a Wagner, aunque todo es posible...) que no es ni el Preludio ni el "Preludio y Muerte de Isolda", sino una forzada mezcla de ambas piezas que, por suerte, no ha hecho fortuna entre otros directores.
Me van a perdonar los shostakovichianos, pero el Segundo Concierto para violonchelo me parece una obra intragable: un Largo mortecino, derrotado y cuentista, seguido de dos Allegrettos insulsos cuando no ratoneros, numereros, vacíos de contenido, en los que el gran oficio del ruso no logra transmitir nada que merezca la pena. O sea, unos 35 minutos de aburrimiento en los que una cellista sobrevalorada (por mucho que posea un sonido espléndido y una técnica de altos vuelos) apenas logró interesarme un minuto en la música que estaba tocando. Por lo menos prácticamente no hubo anoche ramalazo alguno del mal gusto, cursilón y arbitrario, del que otras veces hace gala la solista argentina; sólo algún lloriqueo pasado de rosca en los compases finales. Algunos desajustes (entre el cello y el timbal, luego con el xilófono) fueron lo de menos.
En el descanso me dije: "Bueno, por lo menos la 'Patética' merecerá la pena..." ¡Qué equivocado estaba! La segunda parte me cabreó mucho más. Empezó fuerte y mal (la fagotista metió la pata). Pronto comprobé que el talentoso y capaz director de otras ocasiones estaba allí para armar todo el ruido posible, sin que la genial y agónica partitura de Tchaikovsky le rozara emocionalmente lo más mínimo, y juro que no exagero: o no entiende la obra, o no le gusta ni le interesa lo más mínimo, salvo para epatar con el ruido a los aficionados más obtusos. Ni siquiera debía de estar muy ensayada, pues ya en la introducción, tras unas frases en las que las violas dieron buena cuenta de su gran clase, los violines no fueron precisamente juntos (estas cosas, que volvieron a repetirse varias veces, son poco admisibles en orquestas que se supone son de primera clase, aunque sea primera B).
Toda la sinfonía transcurrió (ya que no discurrió) deprisita, sin espacio para la reflexión y no digamos para la emoción, algo que no apareció anoche en momento alguno, ¡ni por asomo! Pecado imperdonable en la Sinfonía "Patética" (versión en la que no hubo el menor patetismo). Toda "f" era convertida sin contemplaciones por Jurowski en "ff" o "fff", sin reparar en matices ni grados dinámicos intermedios: sólo hubo grandes escalones (casi ningún "p", de ahí salto a "f" y, como he dicho, proliferación de ruidos atronadores, sin la menor consideración: a los trombones y al tuba los azuzó y sonaron casi sin cesar todo lo fuerte que podían, y muy mal por tanto). El segundo movimiento fue aséptico a más no poder, si bien la sección central mejoró algo. El tercero, que empezó ya más fuerte de la cuenta, fue la absolutamente rígida carrera de un autómata, sin la menor inflexión; el tramo final fue cualquier cosa menos Música. Ya sé que este movimiento se suele enfocar mal (como explica bien Pedro González Mira en las notas, añorando la genial visión de Otto Klemperer), pero lo de ayer no fue de recibo. Y el Adagio lamentoso, rapidito también, fue inexpresivo, frío, desprovisto del menor atisbo de sensibilidad o empatía: me cabreó una barbaridad. La orquesta, que supongo (y parece) sigue siendo buena, estuvo anoche de todo menos fina. Como el peor Gergiev, o peor aún.
Gran éxito, claro, de un público que, excepcionalmente, casi llenaba el Auditorio Nacional (el comprensible tirón de la "Patética"). Pero también comprobé que fuimos varios los que salimos huyendo,con cara de indignados. No creo que hubiera propina, pero desde luego no quise darle la menos oportunidad a Jurowski: no le perdono lo que hizo con la genial partitura terminal de su compatriota. Lo siento, pero desde anoche le tengo mucho menos respeto a este director, y mucha más desconfianza.