jueves, 15 de enero de 2026

Beethoven y el Clasicismo musical, según Maynard Solomon · VENDO

 

Lúcidas consideraciones de uno de los más atinados y penetrantes biógrafos del autor de Fidelio

“Los intereses explícitamente humanistas, los sentimientos y las tendencias iluministas necesitaban hallar un medio de expresión [en la Viena de las tres últimas décadas del siglo XVIII], y lo hallaron en el campo de la música instrumental vienesa, el arte más inmediato, más abstracto y menos expuesto a la censura. Podemos considerar las obras maestras del estilo clásico superior como una forma musical en la cual se volcaron los impulsos de la Ilustración: una música de sesgo meditativo que rehúsa ceder a la superficialidad y las apariencias, una música que es clásica porque evita los extremos de lo trivial y lo grandilocuente.

Al mismo tiempo esta música expresaba un ideal utópico: la creación de un mundo autónomo que simbolizaba los valores superiores de la racionalidad, la inventiva y la belleza. En las obras más grandes de Haydn, de Mozart y del joven Beethoven se resumen algunos de los elementos contradictorios de la vida vienesa: la alegría se ve socavada por un sentimiento de pérdida, la gracia cortesana está alterada por elementos bruscos y disonantes, y la meditación profunda se mezcla con la fantasía”.

“El esteticismo rococó, el estilo galante y las fórmulas clásicas tempranas excesivamente manidas tenían un componente considerable y evidente de elementos narcotizadores y no podían satisfacer las necesidades de los miembros más liberados y esclarecidos de la sociedad. En el curso de pocos años la música vienesa experimentó una sorprendente transformación a través de la cristalización del estilo clásico superior y los comienzos de su desempeño como arte nacional. Mozart, que tanto se había esforzado para destacarse en Viena, de pronto, póstumamente, se convirtió en su hijo favorito, y tanto su persona como su obra fueron exaltadas como la expresión del espíritu vienés. Haydn se vio elevado a las alturas de la consagración por la ciudad que antes había tendido a ignorarlo durante varias décadas.

Al principio, Beethoven eligió conscientemente para sí el papel de sucesor de estos dos maestros y asimiló sus géneros, sus estilos y su tradición y los llevó a la culminación. Pero el papel de Beethoven en la vida musical vienesa sería muy diferente del que habían representado sus predecesores. A pesar, o quizás a causa de su iconoclastia y su rebeldía, Viena hallaría en Beethoven a su hacedor de mitos, al creador de su nueva historia sagrada, al hombre dispuesto a suministrarle un modelo de heroísmo tanto como de belleza durante una época de revolución y destrucción, y presentar la imagen de un período futuro de reconciliación y libertad”.

“Como se ha señalado en numerosas ocasiones, cada una de las obras de Beethoven desde aproximadamente 1802 en adelante tiene un carácter marcadamente individual. Aunque sus predecesores quizá no creaban series de obras con un mismo molde, a menudo tendían -para usar una imagen de Romain Rolland- ‘a hornear muchas tortas preparadas con la misma masa’. En el caso de Beethoven hay un aparente rechazo a abordar de nuevo un problema que a su juicio ya había resuelto satisfactoriamente. Más bien tiende a buscar diferentes soluciones para cada problema”.

“Con la desaparición del Iluminismo y sus características estéticas, Beethoven quedó en libertad de buscar y hallar influencias nuevas -no figuraban en la herencia que él mismo había superado-, de crear estructuras más flexibles y nuevas trayectorias tonales mediante una parcial adaptación de algunas técnicas, formas y procedimientos barrocos y prebarrocos que habían sido más o menos ignorados por el Clasicismo.

Precisamente esta tendencia aporta la corriente retrospectiva de las obras tardías de Beethoven, y es la que paradójicamente les confiere un enfoque mental al mismo tiempo arcaico y prospectivo. Y así el Beethoven tardío se caracteriza por por una exploración muy concertada del contrapunto y las texturas polifónicas, un interés serio en Bach y Haendel […]. Con, entre otros elementos, un cierto sesgo hacia el recitativo instrumental, una riqueza preclásica de la ornamentación utilizada con fines expresivos y una acentuada preocupación por el desarrollo monotemático y los procedimientos de la variación. Estos elementos constituyen no un retorno a un pasado idealizado al estilo de muchos románticos alemanes, sino más bien la expresión de nuevas esferas de la experiencia psíquica y social, esferas que eran inaccesibles para los procedimientos dramáticos y dialécticos de la forma sonata y el estilo obbligato”.

Maynard Solomon: “Beethoven”. Edición española: Javier Vergara Editor. Traducción de Aníbal Leal. Buenos Aires, 1985.

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