Lúcidas consideraciones de uno de los más
atinados y penetrantes biógrafos del autor de Fidelio
“Los intereses explícitamente humanistas, los
sentimientos y las tendencias iluministas necesitaban hallar un medio de
expresión [en la Viena de las tres últimas décadas del siglo XVIII], y lo
hallaron en el campo de la música instrumental vienesa, el arte más inmediato,
más abstracto y menos expuesto a la censura. Podemos considerar las obras
maestras del estilo clásico superior como una forma musical en la cual se
volcaron los impulsos de la Ilustración: una música de sesgo meditativo que rehúsa
ceder a la superficialidad y las apariencias, una música que es clásica
porque evita los extremos de lo trivial y lo grandilocuente.
Al mismo tiempo esta música expresaba un ideal
utópico: la creación de un mundo autónomo que simbolizaba los valores
superiores de la racionalidad, la inventiva y la belleza. En las obras más
grandes de Haydn, de Mozart y del joven Beethoven se resumen algunos de los
elementos contradictorios de la vida vienesa: la alegría se ve socavada por un
sentimiento de pérdida, la gracia cortesana está alterada por elementos bruscos
y disonantes, y la meditación profunda se mezcla con la fantasía”.
“El esteticismo rococó, el estilo galante y las
fórmulas clásicas tempranas excesivamente manidas tenían un componente
considerable y evidente de elementos narcotizadores y no podían satisfacer las
necesidades de los miembros más liberados y esclarecidos de la sociedad. En el
curso de pocos años la música vienesa experimentó una sorprendente
transformación a través de la cristalización del estilo clásico superior y los
comienzos de su desempeño como arte nacional. Mozart, que tanto se había
esforzado para destacarse en Viena, de pronto, póstumamente, se convirtió en su
hijo favorito, y tanto su persona como su obra fueron exaltadas como la
expresión del espíritu vienés. Haydn se vio elevado a las alturas de la
consagración por la ciudad que antes había tendido a ignorarlo durante varias
décadas.
Al principio, Beethoven eligió conscientemente para sí
el papel de sucesor de estos dos maestros y asimiló sus géneros, sus estilos y
su tradición y los llevó a la culminación. Pero el papel de Beethoven en la
vida musical vienesa sería muy diferente del que habían representado sus
predecesores. A pesar, o quizás a causa de su iconoclastia y su rebeldía, Viena
hallaría en Beethoven a su hacedor de mitos, al creador de su nueva historia
sagrada, al hombre dispuesto a suministrarle un modelo de heroísmo tanto como
de belleza durante una época de revolución y destrucción, y presentar la imagen
de un período futuro de reconciliación y libertad”.
“Como se ha señalado en numerosas ocasiones, cada una
de las obras de Beethoven desde aproximadamente 1802 en adelante tiene un
carácter marcadamente individual. Aunque sus predecesores quizá no creaban
series de obras con un mismo molde, a menudo tendían -para usar una imagen de
Romain Rolland- ‘a hornear muchas tortas preparadas con la misma masa’. En el
caso de Beethoven hay un aparente rechazo a abordar de nuevo un problema que a
su juicio ya había resuelto satisfactoriamente. Más bien tiende a buscar diferentes
soluciones para cada problema”.
“Con la desaparición del Iluminismo y sus
características estéticas, Beethoven quedó en libertad de buscar y hallar
influencias nuevas -no figuraban en la herencia que él mismo había superado-,
de crear estructuras más flexibles y nuevas trayectorias tonales mediante una parcial
adaptación de algunas técnicas, formas y procedimientos barrocos y prebarrocos
que habían sido más o menos ignorados por el Clasicismo.
Precisamente esta tendencia aporta la corriente
retrospectiva de las obras tardías de Beethoven, y es la que paradójicamente
les confiere un enfoque mental al mismo tiempo arcaico y prospectivo. Y así el
Beethoven tardío se caracteriza por por una exploración muy concertada del
contrapunto y las texturas polifónicas, un interés serio en Bach y Haendel […].
Con, entre otros elementos, un cierto sesgo hacia el recitativo instrumental,
una riqueza preclásica de la ornamentación utilizada con fines expresivos y una
acentuada preocupación por el desarrollo monotemático y los procedimientos de
la variación. Estos elementos constituyen no un retorno a un pasado idealizado
al estilo de muchos románticos alemanes, sino más bien la expresión de nuevas
esferas de la experiencia psíquica y social, esferas que eran inaccesibles para
los procedimientos dramáticos y dialécticos de la forma sonata y el estilo obbligato”.
Maynard Solomon: “Beethoven”. Edición española: Javier
Vergara Editor. Traducción de Aníbal Leal. Buenos Aires, 1985.
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