Mostrando entradas con la etiqueta Beatrice Rana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Beatrice Rana. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de enero de 2020

Grabaciones de dos importantes pianistas: Arcadi Volodos y Beatrice Rana


Bach, Ravel, Stravinsky...
                                                                                                                
De la italiana Beatrice Rana (n. 1993) se empezó a hablar extensamente en 2017, a raíz de la publicación por Warner de las Variaciones Goldberg de Bach. Sin embargo, ya había grabado dos años antes para el mismo sello el Primer Concierto de Tchaikovsky y el Segundo de Prokofiev, con Pappano y la Academia Santa Cecilia de Roma. Yo le conocía este disco, que sinceramente no me entusiasmó: el Tchaikovsky lo encontré en exceso virtuosista, y el Prokofiev algo más romantizado de la cuenta. Más me gustó la Segunda Sinfonía “The Age of Anxiety” (Warner 2018) de Bernstein, también con Pappano y Santa Cecilia, aunque no me parecía una obra lo suficientemente significativa para poderla juzgar. 

Ahora he conocido las Goldberg y, la verdad, me han parecido sobresalientes. Pero yo no diría que sea un disco para tirar cohetes: Rana tiene tendencia a extremar los contrastes de tempi, haciendo muy, muy lentas el aria y varias de las variaciones (excelente en el caso de la 25), mientras en otras (la 14, la 20 o la 23, cortes 15, 21 y 24) creo que se excede en velocidad, cayendo en el mecanicismo. Hace todas las repeticiones, y en la primera parte ya introduce a veces unas modestas ornamentaciones. Toca siempre muy bien y muy limpiamente, y su juego dinámico, muy moderado, es de gran sensatez. 

Pero es su último disco, con obras de Ravel y Stravinsky, el que más me ha gustado hasta ahora: Miroirs me ha llamado sobre todo la atención por su sutil e imaginativo sentido del color y la evocación de atmósferas, destacando Noctuelles y Une barque sur l’océan. Me parecería una interpretación antológica de no ser porque no me ha convencido tanto en la Alborada del gracioso, un tanto escurridiza (compáresela con la también recentísima grabación, sensacional, de Perianes para HMundi). La Valse (para un solo pianista, no la versión para dos) me ha parecido excelente, lo mismo que las tres piezas de El pájaro de fuego (arregladas por Guido Agosti). En cambio, los Tres Movimientos de Petruchka, estando muy bien, no resisten ni de lejos la comparación con la versión de Kissin (RCA 2005), que también he escuchado. Una pianista a seguir, en todo caso, sin la menor duda. Ah, se me olvidaba: la toma de sonido de este último disco es asombrosa (Estudios Teldex de Berlín, cómo no).

Schubert 
Arcadi Volodos (San Petersburgo, 1972) es un artista para mí algo inesperado. Mientras el Primer Concierto de su compatriota Tchaikovsky (Ozawa/Filarmónica de Berlín, Sony 2003) me defraudó por su exhibicionismo bastante vacío, resulta que, donde menos me lo podía esperar, en Mompou (2013), hizo un disco absolutamente antológico, del que ya hablé en este blog. Ahora conozco este segundo disco suyo dedicado a Schubert (el primero, de 2002, contenía las Sonatas D 157 y 894) y, la verdad, de forma también quizá sorprendente para mí, me ha gustado mucho, casi muchísimo. Nada de exhibicionismo, nada de banalidad, sino lirismo intimista de buena ley, cantabilidad hermosa y serena, con un precioso sonido en extremo cuidado. Por ponerle un pequeño pero a la Sonata No. 20, D 959, es que el segundo movimiento, Andantino, que suele significar (algún compositor aislado entendió lo contrario) “un poco más rápido que Andante”, Volodos lo lleva un poco demasiado lento, lo que quizá no es lo más beneficioso para este genial episodio; y su visionaria sección central no es lo suficientemente agitada, convulsa y desestabilizadora. De todos modos, en conjunto es una espléndida versión, que queda algo por debajo de mis preferidas: Leonskaja (Teldec 1993) y Barenboim (DG 2014). 

El breve disco, de poco más de 55’, se completa con tres minuetos -D 334, 335 y 600/610- tocados con la mayor pulcritud y ensimismamiento, de modo aparentemente insuperable. Por cierto que los dos últimos me parecen piezas realmente maravillosas -apenas conocidas, como tantas joyas ignoradas de Schubert.