Un excelente disco de Ormandy… solo uno
A diferencia de la Iberia de Albéniz comentada hace pocos días, otro disco de los mismos intérpretes, publicado igualmente en 1956 pero bastante mejor grabado que el referido, presenta interpretaciones excelentes. Claro, es que se trata de dos composiciones menores -selecciones de Gayaneh (1942, rev. 1957) de Aram Khachaturian y de Los comediantes (1940) de Dmitri Kabalevsky- y ya se sabe que, mientras más grandes son las composiciones, más comprometida es su interpretación, en general. Y Eugene Ormandy, un director todoterreno muy eficiente pero rara vez verdaderamente grande, se halla como pez en el agua en estas obras sin pretensiones, brillantes, coloristas y, en el caso de la segunda, con no poco humor. En definitiva, estupendas interpretaciones y ejecuciones (la Orquesta de Filadelfia siempre es un lujo) de músicas menores.
Ormandy (Budapest 1899-Filadelfia 1985) es probable que haya sido el director con mayor número de grabaciones hasta la fecha*. Hace poco Sony ha publicado un álbum de 120 CDs realizadas para RCA y CBS (hoy Sony) a lo largo de casi medio siglo. No conozco ni la mitad de esos registros, pero tengo la sensación de que no me pierdo gran cosa. Después de escribir esto he escuchado otros dos discos suyos incluidos en esa enorme caja, y, la verdad, me han satisfecho bien poco: uno de 1958 con cuatro poemas sinfónicos de Sibelius más la horterilla Rapsodia Sueca No. 1 de Hugo Alfvén, y otro, un poco mejor, de 1959, con suites de El caballero de la rosa y La mujer sin sombra de Strauss.
Ormandy puede
que sea el director con más discos -o, en cualquier caso, uno de los que más-,
pero sus méritos como intérprete no lo sitúan entre los más grandes; esos méritos
son principalmente su solidez y su competencia técnica y el haber mantenido o
aumentado la perfección de su orquesta en lo más alto -compartiendo podio con
otras cuatro o cinco en todo el mundo, no más- en los 41 años (1938-1979) en los
que estuvo a su frente. (Quede claro que no estoy diciendo que ese disco Khachaturian/Kabalevsky sea el único disco bueno de Ormandy; me refiero solo a los que le he escuchado últimamente).
*Barenboim no cuenta, porque solo en calidad de director seguramente no ha grabado tantos discos como Ormandy; si sumamos todas sus grabaciones como pianista, es probable que totalice más discos que Ormandy. Y no digamos si añadimos las grabaciones videográficas, en las que Barenboim es, de lejos, el número uno.
Vida de héroe y Burlesca de Strauss por Pappano con Chamayou
No sé muy bien qué ocurre con este disco que Warner acaba de lanzar al mercado, porque me ha dejado un poco descolocado. Vida de héroe está impecablemente bien dirigida, con todo en su sitio, incluido el expuesto solo de violín en “La amada del héroe”; la Orquesta de la Academia Santa Cecilia de Roma no es nada del otro mundo, pero cumple. Creo que lo que me ha distanciado de esta correcta versión es un gran distanciamento de la batuta; Pappano parece que no se implica; como si no fuera con él.
En la dificilísima parte pianística de la Burlesca, Bertrand Chamayou las da todas, con perfecta nitidez, pero me da la impresión de que conecta poco con la obra y se deja llevar en demasía por el virtuosismo vacío. La dirección es tal vez más convincente que en Heldenleben, y muy atinado el timbalero, con un papel muy relevante. Un disco, en suma, que dista de ser malo, pero que para mí va a pasar sin pena ni gloria. En las partes más complejas de Vida de héroe, la toma de sonido no es todo lo nítida que debería.
Pappano, como se sabe inminente director titular de la Orquesta Sinfónica de Londres -sucediendo a un breve Simon Rattle, que huye de su país a causa del Brexit y vuelve a Alemania, concretamente a la Sinfónica de la Radio Bávara-, es para algunos una apuesta un tanto arriesgada. Porque es un reconocido director de ópera, no solo italiana, pero mucho menos experimentado en el ámbito sinfónico. Yo tengo la sensación de que le puede ir bien y de que mantendrá el no siempre igual de alto nivel (¡Gergiev!) del conjunto londinense. El tiempo dirá.