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lunes, 7 de junio de 2021

Algunos discos de la semana pasada: Nézet, Ma, Ax, Andsnes

 

Yannick al piano

Deutsche Grammophon ha publicado el viernes pasado un recital de piano por el director Yannick Nézet-Séguin. Titulado “Solo piano sessions”, el disco, con un programa muy variado y ambicioso: Scarlatti, Bach, Haydn, Mozart, Schubert, Chopin, Brahms, Rachmaninov, Debussy, Shostakovich, Berio y Eric Champagne -un canadiense nacido en 1980-, me ha dejado un sabor agridulce, a decir verdad más agrio que dulce. Las intenciones musicales, e incluso estilísticas y sonoras, son casi siempre muy acertadas, pero… las notas de varias de las piezas parecen autónomas, con escasa conexión con las que las preceden y de las que les siguen; de este problema se salvan bastante bien la Sonata 33 (Hob. XVI: 20) de Haydn, el Adagio K 540 de Mozart e incluso el Primer Impromptu de Schubert. O sea: un gran músico que no es un buen pianista.

 

Ma y Ax vuelven a Beethoven

En 1994, Yo-Yo Ma y Emanuel Ax grabaron para Sony la obra completa para violonchelo y piano de Beethoven. Un doble CD que nunca he conseguido escuchar. Pues bien, 27 años más tarde, estos mismos intérpretes -que han tocado y grabado juntos en multitud de ocasiones- han vuelto a grabar las mismas obras. El chelista chino-norteamericano nacido en París en 1955 es un músico y un instrumentista como un castillo, que ha dominado el panorama de su instrumento desde mediados de los años 70 del pasado siglo, recogiendo con modestia el cetro dejado por la absolutamente genial pero malograda Jacqueline Du Pré y compartiendo el "trono" con el longevo Rostropovich. Ma se halla aún hoy en muy buen estado desde el punto de vista de la ejecución, y conservando un muy bello sonido. Las cinco Sonatas y las tres series de Variaciones están, todas ellas, abordadas con un sentido musical intachable. Pero, aun así, creo que no se hallan entre lo mejor que nos ha dejado Ma en disco hasta ahora. Parte del ¿problema? podría deberse a que Emanuel Ax (ruso-norteamericano, 1949), que es un magnífico instrumentista, no es -a qué engañarse- un beethoveniano de primer orden: su sonoridad es un fiel reflejo de ello. Queda, pues, esta colección en un nivel interpretativo de notable alto o sobresaliente bajo, con la excepción de la Quinta Sonata (Op. 102/2), que me ha parecido excelente. Por fortuna, Ma va a ser -está siendo- reemplazado por dos cellistas jóvenes de talento arrollador: Alisa Weilerstein y Kian Soltani.

 

Andsnes se topa con el “peligroso” Mozart

Sony ha lanzado un álbum doble con obras con piano compuestas por Mozart en 1785: una idea a priori muy interesante, pero que se resiente por las interpretaciones volátiles, poco sólidas del pianista noruego (n. 1970), quien, pese a ser en otros autores un artista de talla, tal vez no ha calibrado el gran peligro que entraña abordar a Mozart, y aquí, para más inri, también como director (disciplina que parece no dominar). Nos encontramos así con una larga serie de incongruencias, según el cambiante aire que hace girar la veleta. Predomina la sosera, lo mecánico (movimientos extremos de los Conciertos 20 y 21), lo canijo (Andante de este último), incluso se adentra en lo decididamente banal  (finale del Concierto 22). Sorprende que la falta de dramatismo que aqueja al Allegro inicial del 20, sí aparezca en el finale del mismo, pero solo en la orquesta…) Además de estos tres Conciertos, se incluye la Fantasía K 475, en una interpretación en la que apenas se atisba el carácter claramente prebeethoveniano de que la dotan algunos grandes del teclado. La insipidez preside también la impresionante -en otras ocasiones: Karl Böhm- Música funeral masónica, K 477. La espléndida Orquesta de Cámara Mahler suena aquí y allá (solo de vez en cuando, no siempre) un tanto historicista, pero sí decididamente sus solistas (violín canijo) en el Cuarteto con piano No. 1, K 478, junto a un piano moderno: esta dramática composición se descafeína en parte debido a esta incongruencia, lastrando una interpretación que es quizá lo más flojo del álbum.

lunes, 24 de agosto de 2020

Un concierto memorable y un disco abominable


Despedida de Haitink en Salzburgo: Beethoven 4º con Ax y Bruckner 7ª

Esta del 28 de agosto de 2019 en Salzburgo no ha sido la única despedida de Bernard Haitink (Amsterdam, 4 de marzo de 1929): ya se había despedido en Lucerna el año anterior, 2018. Y en unas declaraciones afirmó que se retiraría definitivamente el 6 de septiembre de 2019 en Lucerna, dirigiendo a la Filarmónica de Viena. Quizá se haya querido despedir de diferentes orquestas y de diversos lugares a los que ha estado cordialmente vinculado: su ciudad natal, Londres, Berlín, Viena, Chicago…
Bueno, uno de estos conciertos finales (tal vez el penúltimo) fue ese referido de Salzburgo, dentro del festival del año pasado. Ofreció el Cuarto Concierto de Beethoven y la Séptima Sinfonía de Bruckner, obras especialmente amadas que ha dirigido en multitud de ocasiones. Filmado por Unitel con extraordinaria calidad tanto de de sonido como de imagen, permite disfrutar al completo de las grandes cualidades del enorme director en un momento de plenitud artística (¡qué cruel es el deterioro físico en una persona tan lúcida!). Emmanuel Ax (n. 1949) ha tocado muchas veces bajo su batuta, pero creo que en pocas habrá estado tan volcado y tan inspirado. Ambos ofrecieron una lectura muy clásica y extraordinariamente hermosa y equilibrada del quizá más bello de los conciertos pianísticos de su autor. Sin prisas, deleitándose en sus melodías, con un discurrir natural y fluido, sin el menor exceso. ¡Y sin la menor intención de demostrar velocidad y virtuosismo: loados sean! Para mí que no es, en general, Beethoven uno de los compositores en los que más ha destacado Haitink (mucho más en Brahms o en Mahler), en esta ocasión no le encuentro el más mínimo reparo en este Op. 58. Y en cuanto a Ax, creo sencillamente que es lo más admirable que le he escuchado hasta ahora.

Bruckner sí es, desde luego, uno de los tres o cuatro autores con los que mejor ha conectado el director holandés. La versión de ese día fue -es marca habitual de la casa- especialmente serena -lo contrario de muy conflictiva o escarpada-, de extraordinaria belleza y de una lógica absoluta. Ni qué decir tiene que la maravillosa Filarmónica de Viena, con una sonoridad especialmente transparente, casi camerística antes que muy robusta, contribuyó en gran medida al disfrute de esta excelsa Sinfonía. No hay que dejarse engañar por la inexpresividad del semblante de Haitink: lo que transmitió al auditorio y a quienes lo vemos por la pantalla en casa estaba cargado de honda y tranquila emoción. Un concierto inolvidable.

Otro mundo (¿otro Beethoven?)

El día anterior había escuchado, con tanta paciencia como esfuerzo, otra versión del Cuarto Concierto de Beethoven, que difícilmente podría ser más diferente. Un disco de Harmonia Mundi recién aparecido a cargo de Kristian Bezuidenhout al fortepiano y la Orquesta Barroca de Friburgo dirigida (mejor: azuzada) por Pablo Heras Casado. Situado en el disco entre una bruta y vacía Obertura de Coriolano (mucho ruido y no sé si alguna nuez) y una expeditiva, militar, de Prometeo, el sublime Op. 58 queda reducido a una caricatura. Ornamentación añadida, carreritas mecánicas para que sepamos que tiene buena técnica… Frivolidad a raudales, ausencia total de poesía en una obra que rebosa de ella… y una dirección (me da grima llamarla así) de brutalidades variadas, en plena sintonía con el solista, convierten la experiencia en una pesadilla (para mí, claro; para quienes encuentran en una recreación como esta la verdad históricamente informada es justo lo contrario). Lo siento, ya lo he discutido incluso con amigos a los que también les ha horrorizado esta versión: soy menos comprensivo que ellos; para mí que ni al pianista ni al director les gusta esta obra, de lo contrario no la desfigurarían de este modo: cuando una obra se respeta y se admira no se perpetra con ella algo como esto. Intentaré explicarme: si se es un intérprete menor, no se consigue sino una interpretación menor, gris, aburrida, etc.: no se le puede pedir más. No es este el caso. Es una aberración, que además intentan justificar en investigaciones y no sé qué más (¿de dónde sacan que Beethoven reornamentaba sus composiciones, o toleraba que otros lo hicieran?). El Arte, con mayúsculas, no es arqueología. 

Sí, que nadie se lleve las manos a la cabeza: Heras Casado es capaz de importantes logros en música del siglo XX y, a la vez, de horrores diversos en Beethoven, en Schubert, en Mendelssohn o en Schumann. La Freiburger Barockorchester es muy buena, una de las mejores con instrumentos de época (¿de qué época, por cierto, de la de Corelli, Bach, Haydn, Beethoven, Schumann…? ¿De todas esas épocas a la vez? ¿En qué quedamos? ¿Es idónea para música de dos siglos? ¿Por qué no lo es, entonces, la Filarmónica de Viena?). 
 
Otra cosa: el sonido de la grabación es muy bueno -lo son los equipos, los micrófonos, etc.- Pero tiene toda la pinta de estar muy trucada: parece haberse usado mucho el potenciómetro. Escúchense, por ejemplo, las cuerdas graves al comienzo del Andante con moto: ni la Filarmónica de Berlín…