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viernes, 28 de agosto de 2026

María Dueñas, la reina del "vibrato" y el portamento · Traducciones "inteligentes"

 

Lalo, Korngold o Debussy

La aún joven violinista granadina (23 años) posee un mecanismo sensacional y un sonido que puede ser muy bello. Pero, ¡ay!, su enorme talento no está siendo -para mi modo de ver- bien encauzado, sobre todo últimamente. Lo digo porque en las más recientes interpretaciones que le he escuchado me parece que se está deslizando por una pendiente no muy razonable; ya escribí hace pocos meses que, en mi opinión, precisaría de una voz sensata y cabal que la haga centrarse, desde el punto de vista estrictamente musical. Un director de orquesta o un pianista con la cabeza bien amueblada, por ejemplo.

Su último disco, para DG y titulado “Homenaje a Heifetz”, el enorme virtuoso y muy discutible músico, es quizá lo más decepcionante que le escuchado a Dueñas. La Sinfonía Española de Lalo con que comienza el disco está literalmente sobresaturada de un vibrato plagada de portamentos, hasta resultar cargante; además, afloran en ella bastantes licencias no siempre de buen gusto, relamidas muchas veces. La versión, muy correctamente dirigida por Gustavo Dudamel (al frente de una Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, parece que no en su mejor momento) me resulta muy, muy cargante, estomagante. Me recuerda a la que creo que fue la primera versión que conocí, de Mischa Elman (con la Orquesta de la Ópera de Viena dirigida por Vladimir Golschmann), una grabación de hace tres cuartos de siglo que, posiblemente, ya sonaba algo anticuada en su momento. Hoy por hoy, el virtuosismo sano, el fulgor y el sentido musical y hasta el garbo de la grabación de Itzhak Perlman (con la Orquesta de París y Barenboim, DG 1981) creo que siguen imbatidos.

Más llevadero, no tan enormemente vibrado como la obra de Lalo me ha parecido el Concierto de Korngold, en el que de todos modos hay mucho de decadente, y de caprichoso en no pocos detalles. Gil Shaham con la Sinfónica de Londres y André Previn (DG 1994) me siguen pareciendo modélicos en esta partitura de 1945.

El CD se completa con La doncella de los cabellos de lino, La plus que lente y la segunda de las Canciones de Bilitis de Debussy, en versiones que destilan sacarina a espuertas, y con la empalagosa lectura de otra transcripción: Estrellita, de Manuel Ponce.

 

Las deliciosas traducciones de la Inteligencia Artificial

En mis búsquedas por Presto Classical, esta plataforma me traduce al español todo lo que puede. Debería haber ido anotando algunas de las burradas que me he topado en estas búsquedas, pero aún recuerdo algunas.

La  Philharmonia Orchestra (de Londres) es siempre la Orquesta Filarmónica. Pero otras traducciones tienen más gracia: en los Conciertos para piano de Mozart, los autores de las cadenzas son los cadenzores; el Cuarteto Griller aparece como el Cuarteto de la Parrilla; la última me la topé hace un par de días: la Covent Garden Royal Opera Orchestra se convierte en la Orquesta de la Ópera Real del Jardín del Convento. Y así sucesivamente. ¡Hay que ver qué inteligente es la IA!

lunes, 14 de abril de 2025

La violinista María Dueñas ¿cómo evolucionará?

 

Un  decepcionante Concierto de Mendelssohn

Ayer domingo 13 ofreció la 2 de TVE en su espacio Concierto (a las 8,30 h. de la mañana) una actuación de la violinista granadina María Dueñas (n. 2002), el pasado mes de marzo, con el Concierto en Mi menor de Mendelssohn. La labor de Christoph König al frente de la Orquesta Sinfónica de Radio-Televisión Española me pareció muy meritoria, incluso tratando de frenar -no siempre con éxito- el atropellado tempo del tema inicial del finale, que la violinista atacó a una velocidad bastante insensata. Pero… volvamos a la solista. Su grabación del Concierto de Beethoven (DG 2023) me gustó mucho, aun con alguna reserva, y algo parecido escribí aquí hace poco sobre sus 24 Caprichos (DG 2025) de Paganini, con caprichitos aquí y allá. Dueñas posee un sonido admirable, un mecanismo prácticamente consumado, incluyendo una perfecta afinación, y es capaz de deleitar con una musicalidad de primer orden. Pero, ¿todo son virtudes? Me temo que no.

En Mendelssohn -lo que menos me ha gustado de cuanto le he escuchado- usó y abusó del vibrato y de portamentos: sonó bastante más sentimental de la cuenta, recordándome a (grandes) violinistas del pasado; de un pasado trasnochado, quiero decir.

Por eso quisiera insistir en lo que apunté aquí el 28 de febrero: “Una reflexión personal: Dueñas posee una técnica excepcional y un gran talento… en bruto. Para llegar a ser una artista de primerísimo orden, lúcida y equilibrada, necesitaría de algún músico de gran solidez (pianista, director…) que la encaminara”.

Algún que otro lector se quejó de que pusiese pegas a la joven violinista, mientras que algún otro me dio la razón. Insistí: “La línea que separa las aportaciones personales en el fraseo en una interpretación -que consideramos positivas- de la arbitrariedad y la extravagancia -que tenemos por negativas- es a veces fina, y es cuestión muy personal juzgarlas de un modo u otro. Pero también hay casos muy claros en los que se distinguen unas de otras”.

Resumiendo: el potencial de esta joven es, en mi opinión, formidable. Pero también creo que “tiene un cierto peligro”. Sería una pena que esos caprichitos y una en ocasiones inclinación hacia el sentimentalismo empañaran sus logros.

Tras el Concierto de Mendelssohn, como propinas tocó el Vals triste del húngaro Franz von Vecsey (1893-1935), también muy portamentado, hasta casi el empalago, y una pieza de un autor que no conocía: Applemania, del ruso Aleksei Igudesman (n. 1973), una bastante vacía demostración de virtuosismo desaforado. 

El desbordante éxito con el que la premió el público no la beneficia, en mi modesta opinión.