lunes, 24 de agosto de 2020

Un concierto memorable y un disco abominable


Despedida de Haitink en Salzburgo: Beethoven 4º con Ax y Bruckner 7ª

Esta del 28 de agosto de 2019 en Salzburgo no ha sido la única despedida de Bernard Haitink (Amsterdam, 4 de marzo de 1929): ya se había despedido en Lucerna el año anterior, 2018. Y en unas declaraciones afirmó que se retiraría definitivamente el 6 de septiembre de 2019 en Lucerna, dirigiendo a la Filarmónica de Viena. Quizá se haya querido despedir de diferentes orquestas y de diversos lugares a los que ha estado cordialmente vinculado: su ciudad natal, Londres, Berlín, Viena, Chicago…
Bueno, uno de estos conciertos finales (tal vez el penúltimo) fue ese referido de Salzburgo, dentro del festival del año pasado. Ofreció el Cuarto Concierto de Beethoven y la Séptima Sinfonía de Bruckner, obras especialmente amadas que ha dirigido en multitud de ocasiones. Filmado por Unitel con extraordinaria calidad tanto de de sonido como de imagen, permite disfrutar al completo de las grandes cualidades del enorme director en un momento de plenitud artística (¡qué cruel es el deterioro físico en una persona tan lúcida!). Emmanuel Ax (n. 1949) ha tocado muchas veces bajo su batuta, pero creo que en pocas habrá estado tan volcado y tan inspirado. Ambos ofrecieron una lectura muy clásica y extraordinariamente hermosa y equilibrada del quizá más bello de los conciertos pianísticos de su autor. Sin prisas, deleitándose en sus melodías, con un discurrir natural y fluido, sin el menor exceso. ¡Y sin la menor intención de demostrar velocidad y virtuosismo: loados sean! Para mí que no es, en general, Beethoven uno de los compositores en los que más ha destacado Haitink (mucho más en Brahms o en Mahler), en esta ocasión no le encuentro el más mínimo reparo en este Op. 58. Y en cuanto a Ax, creo sencillamente que es lo más admirable que le he escuchado hasta ahora.

Bruckner sí es, desde luego, uno de los tres o cuatro autores con los que mejor ha conectado el director holandés. La versión de ese día fue -es marca habitual de la casa- especialmente serena -lo contrario de muy conflictiva o escarpada-, de extraordinaria belleza y de una lógica absoluta. Ni qué decir tiene que la maravillosa Filarmónica de Viena, con una sonoridad especialmente transparente, casi camerística antes que muy robusta, contribuyó en gran medida al disfrute de esta excelsa Sinfonía. No hay que dejarse engañar por la inexpresividad del semblante de Haitink: lo que transmitió al auditorio y a quienes lo vemos por la pantalla en casa estaba cargado de honda y tranquila emoción. Un concierto inolvidable.

Otro mundo (¿otro Beethoven?)

El día anterior había escuchado, con tanta paciencia como esfuerzo, otra versión del Cuarto Concierto de Beethoven, que difícilmente podría ser más diferente. Un disco de Harmonia Mundi recién aparecido a cargo de Kristian Bezuidenhout al fortepiano y la Orquesta Barroca de Friburgo dirigida (mejor: azuzada) por Pablo Heras Casado. Situado en el disco entre una bruta y vacía Obertura de Coriolano (mucho ruido y no sé si alguna nuez) y una expeditiva, militar, de Prometeo, el sublime Op. 58 queda reducido a una caricatura. Ornamentación añadida, carreritas mecánicas para que sepamos que tiene buena técnica… Frivolidad a raudales, ausencia total de poesía en una obra que rebosa de ella… y una dirección (me da grima llamarla así) de brutalidades variadas, en plena sintonía con el solista, convierten la experiencia en una pesadilla (para mí, claro; para quienes encuentran en una recreación como esta la verdad históricamente informada es justo lo contrario). Lo siento, ya lo he discutido incluso con amigos a los que también les ha horrorizado esta versión: soy menos comprensivo que ellos; para mí que ni al pianista ni al director les gusta esta obra, de lo contrario no la desfigurarían de este modo: cuando una obra se respeta y se admira no se perpetra con ella algo como esto. Intentaré explicarme: si se es un intérprete menor, no se consigue sino una interpretación menor, gris, aburrida, etc.: no se le puede pedir más. No es este el caso. Es una aberración, que además intentan justificar en investigaciones y no sé qué más (¿de dónde sacan que Beethoven reornamentaba sus composiciones, o toleraba que otros lo hicieran?). El Arte, con mayúsculas, no es arqueología. 

Sí, que nadie se lleve las manos a la cabeza: Heras Casado es capaz de importantes logros en música del siglo XX y, a la vez, de horrores diversos en Beethoven, en Schubert, en Mendelssohn o en Schumann. La Freiburger Barockorchester es muy buena, una de las mejores con instrumentos de época (¿de qué época, por cierto, de la de Corelli, Bach, Haydn, Beethoven, Schumann…? ¿De todas esas épocas a la vez? ¿En qué quedamos? ¿Es idónea para música de dos siglos? ¿Por qué no lo es, entonces, la Filarmónica de Viena?). 
 
Otra cosa: el sonido de la grabación es muy bueno -lo son los equipos, los micrófonos, etc.- Pero tiene toda la pinta de estar muy trucada: parece haberse usado mucho el potenciómetro. Escúchense, por ejemplo, las cuerdas graves al comienzo del Andante con moto: ni la Filarmónica de Berlín… 

viernes, 21 de agosto de 2020

La "Sinfonía de los Salmos", un Stravinsky imperecedero


Por si algún lector quiere conocer mi opinión al respecto, confieso que Stravinsky no está entre mis compositores favoritos, ni siquiera entre los del siglo XX: hay unos cuantos que me interesan mucho más. Sin embargo, unas pocas obras suyas siempre me han entusiasmado, entre ellas los tres ballets de su primera época, la Historia del soldado y, por encima quizá de todas ellas, la Sinfonía de los Salmos (1930). Conforme él mismo explicó en una carta, "no he hecho una sinfonía con salmos cantados, sino que, por así decirlo, sinfonizo el canto de salmos". Con una curiosa orquestación que excluye violines y violas, consiste en 5 flautas, 5 oboes, 4 fagotes, 4 trompas, 5 trompetas, 3 trombones, tuba, arpa, dos pianos, timbales, bombo, cellos y contrabajos. El coro mixto es a 4 voces y Stravinsky recomendó que las agudas fuesen infantiles (indicación que sin embargo no suele respetarse). La escritura coral contiene claros ecos de Bach y, más aún, de la arcaica liturgia bizantina, pero la obra suena al tiempo decididamente moderna: una contradicción sabiamente resuelta que confiere a la partitura una gran originalidad y una fuerte impronta. La estructura es también inusual: a un muy breve primer movimiento sobre dos versículos del Salmo 39 ("Escucha, Señor, mi plegaria") siguen en el segundo tres versos del siguiente Salmo ("Confiado esperé en el Señor y Él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor"). El tercer y último movimiento, tan dilatado como los dos anteriores juntos, es el famoso Salmo 150 completo ("Aleluya"), que adquiere un carácter nada grandioso (como, por ejemplo, en Bruckner), sino íntimo y casi tímido, pero hondamente conmovedor (esto último constituye una rareza dentro de su producción), lo que Stravinsky consigue sin el menor rastro de romanticismo o de delectación melódica, sino con milagrosa sencillez. Estamos hablando de una de las composiciones sacras más admirables del siglo XX. Aunque la obra fue encargada por Sergei Kussevitzky para el cincuentenario de la Orquesta Sinfónica de Boston, Ernest Ansermet se adelantó seis días al estreno oficial, ofreciendo la primera audición el 13 de diciembre de ese año en Bruselas.

GRABACIONES SELECCIONADAS:

Coro del English Bach Festival. Orquesta Sinfónica de Londres. Leonard Bernstein (1972). DVD ICA ICAD 5124 (+La consagración de la primavera. Capriccio para piano y orquesta).

Interpretación, filmada en el Royal Albert Hall londinense el 8 de abril de 1972, difícil de calificar: fascinante como tantas propuestas del director de Lawrence, pero tal vez discutible por su heterodoxia, ya que incide sobre todo en los aspectos expresivos, incluso expresionistas, que -pese a que le pesase al autor- también puede desprender la partitura. Interpretación que encandila por su intensidad, su teatralidad, incluso su efectismo, pero que surge sin duda de una sincera convicción. El Salmo 40, muy introspectivo, alcanza momentos casi aterradores, y el 150 es particularmente tremendista, sin descuidar la íntima y honda unción. El coro, notable (pero de pronunciación no muy esmerada), pese a ser enorme, no suena descompensado con respecto al soberbio contingente orquestal. La toma sonora es bastante buena, mejor que la imagen, que ha sufrido deterioro en algún punto; en estos casos, el realizador Humphrey Burton ha optado por mostrar la partitura o imágenes fijas del director.


Coro y Orquesta Filarmónica de Múnich. Sergiu Celibidache (1984). EMI 5578512 (+FAURÉ: Requiem).

Markevitch, precisamente director fundador de la Orquesta Sinfónica de RTVE que frecuentaría Celibidache, llevó a cabo en Moscú el año 1963 la primera grabación de música sacra en Rusia (Philips 1964), una austera versión que ha quedado hoy desfasada, al frente además de los conjuntos de la Academia Estatal Rusa que dejan bastante que desear. La del propio Stravinsky (Sony 1964) rezuma su conocida insipidez y demuestra una vez más que el autor no es siempre su mejor intérprete. Atractivamente áspera e incisiva es la de Simon Preston (Decca 1975) y, por el contrario, en exceso refinada y pulida la de Karajan (DG 1979). Todas estas son ampliamente rebasadas por la genial recreación de Celibidache (en público, 31-I-1984), de una desnudez y una hondura sobrecogedoras. No sé qué habría pensado el autor, tan poco comprensivo (por decirlo suavemente) con otros directores, tras escuchar recreaciones que, como la de Bernstein o esta, dejan tan atrás a la suya: de lo insulso a lo excelso.


Coro y Orquesta de París. Daniel Barenboim (1988). Erato ECD 75494 (+SCRIABIN: Sinfonía n. 3 "Poema Divino").

Esta versión, acoplada originalmente con una decepcionante versión de Le sacre du printemps (trece años después Barenboim se desquitaría con su magnífico logro de Chicago), está ahora más adecuadamente emparejada en serie media con el Poema Divino de Scriabin. La interpretación de la Sinfonía, que compagina con acierto la incisividad -y hasta áspera rudeza- con la consoladora contemplación religiosa, sobresale en particular por la atmósfera mística que logra en el movimiento final, el más lento de las quince grabaciones consultadas -la sensación temporal queda como suspendida- y el más extático y conmovedor, Celibidache incluido. Vuelvo a concluir que, en esta obra, las interpretaciones que más elevan la música de Stravinsky son las que más se alejan de su versión batuta en mano (¿o sería ensayada y preparada, como algunas otras, por su mano derecha, Robert Kraft? Este sí fue un director capaz pero lógicamente seguidor entonces al pie de la letra de los postulados del compositor).


Glen Ellyn Children Chorus. Coro y Orquesta Sinfónica de Chicago. Sir Georg Solti (1999). Decca 4588982 (+Sinfonías en Do y en tres movimientos).

Interesante acoplamiento con las dos otras Sinfonías de su autor, este disco, uno de los mayores aciertos del último Solti, fue grabado seis meses escasos antes de su muerte. La toma, técnicamente la mejor de todas, es la única de estas cuatro que cuenta con coro infantil, además del adulto. Voces de excepcional calidad, que asombran casi tanto como los instrumentos (la introducción del segundo movimiento, a cargo de las maderas, es de no dar crédito) en la versión más insólitamente perfecta. Pero no por ello carece de vida y de humanidad, cualidades que se echan de menos a menudo. Si la de Celibidache es la interpretación fonográfica más genial y de mayor alcance, esta de Solti es quizá la más acabada, el modelo más indiscutible. Fue precedida por la también impecable de Tilson Thomas (Sony 1993) y por la extrañamente tímida de Boulez (DG 1999). Las últimas aportaciones a considerar son la impecable, algo demasiado pulida, de Rattle (EMI 2008) y la de Nelsons (Orfeo 2009), que pasa un poco de largo por el Salmo 39 y remonta ostensiblemente después. 


Sinfonía de los Salmos
1963 Philips      Markevitch/Coro&OAcademiaEstatalRusa        3’10+4’52+11’19=19’21  8/6
1964 Sony         Stravinsky/CantoresFestivalToronto/OSinfCBC       3’22+6’15+11’56=21’33  7/8
1965 Sony         Bernstein/CoroFestBachInglaterra/OSinfLondres    3’36+8’10+12’29=24’15  8/7,5
*1967 EuroArts Markevitch/Coro&OFilRadioFrancia                  3’22+5’04+11’43=20’09  7,5/5
*1972 ICA      Bernstein/CoroEnglishBachFestival/OSinfLondres    3’34+7’57+12’43=24’14  9,5/7
1975 Decca     Preston/CoroCatedralCristoOxford/EnsPhilipJones    3’29+6’40+11’17=21’26  8,5/8
1979 DG           Karajan/CoroÓperaAlemanaBerlín/OFilBerlín          3’32+6’33+11’25=21’30  7/8
1984 EMI         Celibidache/Coro&OFilMúnich                           3’52+7’27+12’10=23’29  10/8
1988 Erato        Barenboim/Coro&OdeParís                                  3’13+6’10+13’26=22’49  9/9
1989 CSO         Levine/Coro&OSinfChicago                               3’24+6’23+11’43=21’30  6/7
1993 Sony        TilsonThomas/C&OSinfLondres                         3’09+6’45+12’06=22’00  8,5/9
1999 Decca       Solti/Coro&OSinfChicago                                   3’20+6’39+11’04=21’03  9/9,5
1999 DG           Boulez/CoroRadioBerlín/OFilBerlín                     3’12+6’08+10’39=19’59  8/9
2008 EMI         Rattle/CoroRadioBerlín/OFilBerlín                       3’24+6’36+12’43=22’43  8,5/9
2009 Orfeo       Nelsons/CoroyOSinfCiudadBirmingham              2’54+6’49+11’18=21’01  8,5/9

martes, 18 de agosto de 2020

Barenboim y el Diván en el centenario del Festival de Salzburgo


Wagner

El 16 de agosto la cadena de televisión Arte ha transmitido en directo un concierto con un precioso programa, no precisamente fácil o popular, en el que hemos podido escuchar por primera vez un Cuarteto de Beethoven dirigido por Barenboim, quien tantísimo -más que ningún otro músico- se ha dedicado al genio de Bonn. Con el aforo del Grosses Festspielhaus no al completo, y también sin descanso (a causa del covid-19, claro) el incansable Barenboim (quien tres días después tocará allí las Sonatas “Patética” y “Waldstein” más las Variaciones Diabelli) ha dirigido a una reducida plantilla de la West-Eastern Divan Orchestra en primer lugar el Idilio de Sigfrido de Wagner. En sus comienzos, allá por 1967, grabó un hermosísimo Idilio con la English Chamber (EMI). 32 años después volvió a él con la Sinfónica de Chicago (Teldec): una versión algo decepcionante, con una orquesta demasiado corpulenta. Este año 2020 le hemos podido ver y escuchar dos versiones más: primero con una plantilla reducida al mínimo, con la Staatskapelle Berlin, en el 75º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, en la capital alemana el 8 de mayo (versión en la que para mí sobraron varios portamentos de la concertino), y ahora esta de anteayer que me parece claramente la más bella que le he escuchado: una versión muy intimista, de conmovedora ternura, con 44 músicos, entre ellos unas maderas excelsas. 

Schoenberg

La Sinfonía de cámara No. 1 de Schoenberg que siguió resultó menos ardua que de ordinario, tal fue la clarificación instrumental lograda y, sobre todo, la intensidad expresionista aplicada (un poco en la línea de Sinopoli, antes que en la de Boulez). El solista de la pieza que vino a continuación, Emmanuel Pahud, había intervenido tanto en el Idilio como, alternando flauta y piccolo, en la del iniciador de la Segunda Escuela de Viena.

Boulez

Esa pieza fue la breve Mémoriale (…explosante fixe… Originel: 1985) de Pierre Boulez, para flauta solista, seis instrumentos de cuerda (3 violines, 2 violas y cello) y dos trompas: composición que no domino pero que, evidentemente, estuvo muy bien tocada (me ha gustado algo más que la grabación del autor, con la flautista Sophie Cherrier y miembros del Ensemble Intercontemporain).

... y Beethoven

Pero el punto culminante del concierto ha sido la Gran Fuga, op. 133 de Beethoven, adaptada en 2020 para 34 instrumentos de arco por el propio Barenboim. Muy diferente de la monolítica, adusta, tremebunda e impresionante versión grabada por Otto Klemperer, aquí ha habido mayor riqueza de puntos de vista y de inflexiones y pliegues, mayor flexibilidad y perspectivas quizá inesperadas. La fenomenal transparencia lograda en la alucinante ejecución hace que la intrincada página se siga mejor que en las versiones para cuarteto, comparablemente más abstrusas (ya oigo a más de uno rasgarse las vestiduras). Si alguien sigue sosteniendo que la Orquesta del Diván no es nada del otro jueves no tiene más que escucharles aquí. Están, totalmente, instalados en el Olimpo musical. Además de hallarse entre los instrumentistas Michael Barenboim y Kian Soltani, están, ¡sorpresa!, en los segundos violines el director venezolano Domingo Hindoyan (el esposo de Sonya Yoncheva) y el gran pianista y director Lahav Shani tocando ¡el contrabajo! Ninguna de las grandes versiones en cuarteto que conozco me ha convencido tanto como esta (más rasgaduras…). Nada más terminar, antes de los aplausos, se oye al director dedicar un “¡bravo!” a los músicos. Barenboim dirigió con partitura Schoenberg y Boulez, pero Wagner y Beethoven de memoria. La toma de sonido está a cargo de producor e ingenieros del Estudio Teldex de Berlín, así que quién sabe si esto será publicado comercialmente en soporte físico. Ojalá. (Como decía al principio, a Barenboim no se le había escuchado ningún Cuarteto dirigiendo… pero sí, curiosamente, tocando la transcripción de la Gran Fuga hecha por el propio Beethoven -op. 134- para piano a cuatro manos, junto a Alfred Brendel. Arkadia, 1970. Versión que, por cierto, no me entusiasma…)