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jueves, 7 de septiembre de 2023

Los "otros" compositores (XXIII): de Henze a Holst

 

HANS WERNER HENZE (1926-2012)

Es sin duda uno de los compositores alemanes más importantes de la segunda mitad del siglo XX. En su juventud, impulsado por René Leibowitz, cultivó el serialismo, pero al abandonarlo fue muy criticado por círculos vanguardistas de su país. Desengañado, en 1953 se estableció en Italia, donde vivió el resto de su vida.

Compases para preguntas ensimismadas (1970). Concierto para violín No. 2 (1971). Apolo y Jacinto* (1949)

Hirofumi Fukai, viola/Brenton Langhein, violín/Anna Reynolds, mezzosoprano*/John Constable, clavecín* (Decca 1973, 1974. 75’)

Concierto para oboe y arpa. Fantasía para cuerdas (1966). Sonata para cuerdas (1958)

Heinz Holliger/Ursula Holliger/Collegium Musicum Zúrich/PaulSacher (Deutsche G. 1969. 60’)

Concierto para violín No. 1 (1947). Concierto para contrabajo (1966). Oda al viento del oeste* (1953)

Wolfgang Schneiderhan/Gary Karr/Siegfried Palm, cello*/Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara/English Chamber Orchestra/Hans Werner Henze (Deutsche G. 1969, 1970. 76’)

Sinfonía No. 7 (1984). Barcarola in memoriam Paul Dessau (1979)

Orquesta Sinfónica de Ciudad de Birmingham/Sir Simon Rattle (EMI/Warner 1993. 60’)

Sinfonía No. 9 (1997)

Coro de Radio Berlín/Orquesta Filarmónica de Berlín/Ingo Metzmacher (EMI/Warner 1998. 56’)

Sinfonías Nos. 6 y 10 (1969, 2000)

Orquesta Sinfónica de Radio Berlín/Marek Janowski (Wergo 2011, 2014. 79’)

La balsa de Medusa (1968)

Edda Moser/Dietrich Fischer-Dieskau/Coros & Orquesta Sinfónica de la Radio del Norte de Alemania/Hans Werner Henze (Deutsche G. 1969. 75’)

El Cimarrón (1970)

William Pearson, barítono/Karlheinz Zoeller, flauta/Leo Brouwer, guitarra/Stomu Yamashita, percusión/Hans Werner Henze (Deutsche G. 1971. 76’)

Requiem (1990)

Ueli Wiget, piano/Hakan Hardenberger, trompeta/Ensemble Modern/Ingo Metzmacher (Sony 1994. 63’)

The Bassarids (1966)

Karan Armstrong/Celina Lindsley/Ortrun Wenkel/Kenneth Riegel/Andreas Schmidt/Coros & Orquesta Sinfónica de Radio Berlín/Gerd Albrecht (Schwann 1991. 120’)

L’Upupa (2003) en imágenes

Matthias Goerne/Laura Aikin/John Mark Ainsley/Alfred Muff/Hanna Schwarz/Orquesta Filarmónica de Viena/Markus Stenz/Dieter Dorn (DVD EuroArts 2004)

 

FERDINAND HÉROLD (1791-1833)

Parisino radicado mucho tiempo en Nápoles, donde se dedicó a la enseñanza, es autor del que se considera el primer ballet decimonónico de amplio formato. Una página de deliciosa comicidad.

La fille mal gardée (1828) en imágenes

Ballet de Basilea/Orquesta Sinfónica de Viena/John Lanchbery (coreografía: Heinz Spoerli) (DVD Deutsche G. 1987)

 

BERNARD HERRMANN (1911-1975)

Este compositor estadounidense fue también un activo, espléndido y muy personal director de orquesta, divulgador de muchas nuevas músicas, particularmente inglesas durante su residencia en Londres. Hoy se le recuerda sobre todo por su abundante producción de partituras para películas, género en el que es sin duda uno de los autores más sobresalientes.

Música de grandes filmes clásicos

Orquestas Filarmónica de Londres y National Philharmonic/Bernard Herrmann (Decca 1970, 1974, 1975. 140’)

Orquesta Filarmónica de Los Ángeles/Esa-Pekka Salonen (Sony 1996. 77’)

 

GUSTAV HOLST (1874-1934) 

Este británico, de origen familiar sueco, es conocido fuera de su país exclusivamente por su suntuosa suite sinfónica Los planetas, que ha sido muy inspiradora, y hasta imitada, en la música de numerosos filmes.

Los planetas (1916)

Coro de Radio Berlín/Orquesta Filarmónica de Berlín/Sir Colin Davis (Philips 1989. 49’)

St Paul’s Suite (1913). A Fugal Concerto, para flauta y oboe (1923). Brook Green Suite (1933). A Somerset Rhapsody (1907). The Perfect Fool: ballet (1923)

English Chamber Orchestra/Yehudi Menuhin (EMI/Warner 1994. 48’)

 

domingo, 18 de septiembre de 2022

Tres pianistas: Igor Levit, Alexandre Kantorow, Bernd Glemser

 

“Tristan”, nuevo álbum de Levit

Sony vuelve a lanzar otra grabación de su pianista estrella, Igor Levit, sigo pensando que bastante sobrevalorado. Este doble CD propone un programa extraordinariamente curioso. Comienza con el hiperfamoso Tercer Sueño de amor de Franz Liszt. En una versión algo rápida y escasamente poética, por cierto. Duraciones de las versiones que más me gustan: Rubinstein: 4’32”; Barenboim: 4’35”; Arrau: 4’57” (Levit: 3’54”).

Sigue Tristan, de Hans-Werner Henze, singular y ambiciosa composición de 1973, articulada en seis partes, para piano, cinta magnética y orquesta, de más de tres cuartos de hora de duración. Solo he escuchado la versión dirigida por el autor, con Homero Francesch de solista (DG 1975) y, sinceramente, no me considero capaz de decir nada con fundamento tras compararlas. Supongo que ambas son más que buenas…

Viene luego el Preludio I de Tristán e Isolda de Richard Wagner transcrito para piano no por Liszt (quien sí adaptó la Muerte de Isolda), sino por Zoltán Kocsis. Quizá es en parte culpa del arreglo de este pianista húngaro, pero lo cierto es que me parece que ese Preludio es poco pianístico, y que, desde luego, a Levit se le cae, se le viene abajo: no consigue -a base de un sabio legato que no acierta a desplegar- darle continuidad, que se pierde al escucharlo. El propio Kocsis (Philips, 1981), con un tempo menos moroso (9’35” en vez de 10’50”) lo defiende mucho mejor. 

Al menos tan desafortunado -quizá aún más- me parece el arreglo para piano del Adagio inicial de la Décima Sinfonía de Gustav Mahler realizado por Ronald Stevenson. Aquí no es que “se pierda” el que lo escucha, es que apenas se reencuentra con la página orquestal que conoce. El letargo que le imprime Levit se hace muy cuesta arriba.

El programa termina con el undécimo de Estudios de ejecución trascendental de Liszt, Harmonies du soir, en mi opinión una de las piezas pianísticas más geniales de su autor. Está muy bien tocada -faltaría más- y es quizá lo mejor del disco, pero ocurre algo que no sé explicar, y es como un excesivo distanciamiento, una extraña frialdad. Lo que, desde luego, no me sucede escuchando a Sviatoslav Richter, a Claudio Arrau o a Evgeny Kissin. 

Se trata, por tanto, “Tristan” de una publicación difícil, poco sustanciosa y -perdón, pero es lo que pienso- un tanto pedante. Quienes escuchen el álbum tienen fácil, creo, el tedio.

 

Alejarse de su padre

He escuchado últimamente algunas grabaciones de Alexandre Kantorow (Clermont-Ferrand, 1997) y, la verdad es que, pese a su juventud, se confirma como un pianista de gran proyección. Liszt, Brahms, Tchaikovsky, Balakirev, Saint-Saëns, Rachmaninov, Bartók… Su dominio técnico (o, mejor, su mecanismo) es imponente, deslumbrante, y tiene una cabeza francamente bien amueblada.

Pero… su padre, el violinista Jean-Jacques Kantorow (Cannes, 1945), no es un gran director, y está malogrando varios de los discos de su hijo. Ya sé que es difícil y desagradable decir esto, pero creo que es así: por muy comprensible que sea que su padre quiera dirigir a su hijo, debería dejar paso -en las grabaciones, al menos- a otros directores mejores que él, sobre todo en repertorios en los que no se encuentra cómodo (en Saint-Saëns se desenvuelve mejor que en Liszt, por ejemplo. Además, la Tapiola Sinfonietta, con la que suelen trabajar, es una orquesta de cámara, insuficiente para estos y otros autores).

 

Y Bernd Glemser 

Hay otro pianista del que bien poco sabía y que me ha dado una muy buena impresión en lo que le he escuchado últimamente. Nacido en Dürbheim, Alemania, en 1962, en 1987 obtuvo el tercer premio en el Concurso de Santander, si bien quedó primero en otras importantes competiciones. 

Graba para Naxos y Oehms y todo me ha dado muy buena impresión: Bach (transcripciones de Busoni, Rachmaninov y otros), Haydn (5 Sonatas en modo menor), Mendelssohn (Romanzas sin palabras y otras piezas), Chopin (Baladas, Scherzi), Schumann (Estudios sinfónicos, Fantasía), Tchaikovsky (los Conciertos), Scriabin (Sonatas), Rachmaninov (los Conciertos y la Rapsodia Paganini), Prokofiev (las Sonatas)… Parece que ahora se dedica sobre todo (o exclusivamente) a la enseñanza. Es un pianista sólido y muy sensato, sin excentricidades o exhibicionismos, que parece querer servir fiel y humildemente las músicas que toca. Y suele conseguirlo. La verdad es que hay muchos pianistas sobresalientes, y me temo que, como concertistas, no hay trabajo para todos ellos: una pena, pues nos perdemos a muchos a los que nos gustaría conocer.