Bach por Perahia
Las 6 Suites inglesas de Bach que Murray Perahia grabó para Sony (1998 y 99) no las conocía hasta ahora, y ya las considero mis favoritas de cuantas versiones conozco, no solo ya en piano, pues en clavecín tampoco he escuchado alguna que me guste tanto. Que recuerde ahora, en clave me gustan mucho Huguette Dreyfus (Archiv 1974) y Gustav Leonhardt (EMI 1985), pero no tanto, y ello al margen de que personalmente prefiero el piano al clavecín, principalmente por dos razones: tras un buen rato de escucha de este último, me resulta casi siempre fatigoso, y, además, que las posibilidades del piano, bien utilizadas, permiten un juego de mayor riqueza (la dinámica, los colores, la mayor o menor duración de las notas…).
Menos austeras que las siempre irreprochables versiones de András Schiff (Decca 1983), las de Perahia son más creativas y ricas en contenido espiritual; además, desde la sensatez no deberían ser consideradas dudosas en lo estilístico. La toma de sonido es, para colmo, admirable. Sinceramente, no creo haberle escuchado al pianista neoyorkino nada que me haya convencido más.
Richard Strauss por Norman y Tennstedt
LPO, la firma discográfica de la London Philharmonic Orchestra, acaba de sacar a la luz una grabación de considerable interés realizada en público el año 1986 por la BBC: un programa Richard Strauss que se iniciaba con 5 Lieder (Cäcilie, Ruhe, meine Seele, Meinem Kinde, Wiegenlied y la inevitable propina: Zueignung), en los que asombra una vez más la imponente vocalidad de Jessye Norman, su afinidad con Strauss y su extraordinario arte canoro e interpretativo (el vivo puede disculpar alguna vacilante afinación momentánea en el segundo de esos lieder). La labor de Klaus Tennstedt en estas páginas fue, sin embargo, demasiado retraída, como prestando a la voz una preponderancia algo excesiva (¿o el cierto desequilibrio es achacable a la toma de sonido, no muy buena? Puede ser, al menos en parte).
Donde Tennstedt no se lució gran cosa fue en la Suite de El burgués gentilhombre, bastante sosa, desprovista del sentido del humor que la empapa a menudo; cuando esto no ocurre, la labor de la batuta mejora. Por otro lado, los breves pero difíciles papeles solistas (al menos un piano muy decepcionante y un violín y una trompeta discretos) tampoco ayudaron al logro final. (Es curioso lo poco conocida y difícil de encontrar que es mi versión predilecta de esta suite: la de Lorin Maazel con la Filarmónica de Viena, en Decca de nada menos que 1968; pese a lo cual suena estupendamente. Friedrich Gulda al piano, Willi Boskovsky al violín y Emanuel Brabec al cello está eminentes. Aprovecho para recordar -ya la comenté en su día- que la única vez que he escuchado esta deliciosa obra en vivo fue otra versión de campanillas: Mariss Jansons con la Concertgebouw, gracias a Ibermúsica).
En la escena final de Salomé Norman estuvo vocalmente superlativa, pero no es, creo, un personaje con el que interpretativamente se sienta muy cómoda, lo mismo que le ocurrirá un lustro más tarde en la grabación de la ópera completa con Seiji Ozawa. Tampoco Tennstedt estuvo aquí todo lo atmosférico ni todo lo áspero que la música parece pedir. En todo caso, se trata este disco, de 76 minutos, de un documento de indudable interés. Lástima que la toma de sonido no fuese más nítida.