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viernes, 24 de marzo de 2017

Lo más destacado de Barenboim




Contesto a IDO, que me pedía una selección de los discos que considero más importantes de Daniel Barenboim.

Estimado IDO: no tiene por qué gustarle a todo el mundo -y a usted en particular- del mismo modo que a mí, por descontado, pues seguramente mi forma de ver la música se identifica especialmente con cómo él la suele hacer. Pero creo que nadie sensato podrá negar la gran valía de muchas de sus grabaciones, y estoy hablando de numerosas obras fundamentales de la historia de la música. Son muchos, muchos, sus discos que me parecen extraordinarios, pero citaré algunos de los más sobresalientes.

Pianista: El clave bien temperado de Bach (Warner), las Sonatas completas de Mozart (EMI), las de Beethoven (EMI, DG, Blu-ray EuroArts, DVD EMI) y las de Schubert (DG), cualquiera de sus grabaciones de los Conciertos de Mozart (English Chamber -EMI- y Filarmónica de Berlín, Warner), los 5 Conciertos de Beethoven (con Klemperer o dirigiéndose él mismo, con la Filarmónica de Berlín -EMI- y la Staatskapelle Berlin, estos últimos también en DVD/Blu-ray Medici), los de Chopin (Nelsons, DG y DVD/Blu-ray Arthaus), los de Liszt (Boulez, DG y DVD/Blu-ray Accentus), los de Brahms (Barbirolli en EMI, Dudamel en DG, Celibidache en DVD EuroArts), sin olvidar los Nocturnos (DG), las Sonatas y los Preludios de Chopin (EMI), y de Liszt, Suiza (DG) y, sobre todo, los 2 DVDs de EuroArts con ese primer Año de peregrinación, la Sonata en Si menor, la Sonata Dante, los Sonetos de Petrarca y las paráfrasis y transcripciones de Verdi y Wagner. 

Pianista de cámara: las Sonatas para violín (Perlman, DG) y los Tríos (Znaider, Zlotnikov, EMI) de Mozart, las Sonatas para violín (Zukerman) y violonchelo (Du Pré) los Tríos de Beethoven (con ambos solistas, EMI) o las Sonatas de Brahms (Du Pré, Zukerman, Vengerov), sin olvidar su Trío de trompa (Perlman, Clevenger, Blu-ray EuroArts).

Pianista de lied: todos los Lieder de Brahms (Fischer-Dieskau, Norman) y de Wolf (Dieskau), Lieder de Liszt (Dieskau), Dúos de Schumann y Brahms (Janet Baker y Dieskau) y de Wolf (Ludwig, Dieskau), Canciones de Tchaikovsky y Rimsky-Korsakov (Netrebko, DG). 

Director sinfónico: las 9 Sinfonías de Beethoven (Staatskapelle Berlin, Warner; West-Eastern Divan Orchestra, DVDs y CDs -dos versiones diferentes- Decca), las 4 de Schumann (Staatskapelle, Warner), las dos Sinfonías de Liszt (Filarmónica de Berlín, Warner), las Sinfonías de Bruckner (Sinfónica de Chicago, DG; Filarmónica de Berlín, Warner y Staatskapelle, DG y DVD/Blu-ray Accentus), Cuarta (Chicago, Warner) y "Patética" de Tchaikovsky (Diván, DVD/Blu-ray C Major), Cascanueces y El lago de los cisnes (DVDs Arthaus), las 2 Sinfonías (Staatskapelle, Decca) o Falstaff (Filarmónica de Berlín, DVD/Blu-ray EuroArts) de Elgar, varios Strauss -sobre todo la Vida de héroe (Staatskapelle, DG)- y de Schoenberg Noche transfigurada, 5 Piezas op. 16 (Chicago, Warner) y Variaciones op. 31 (Divan, DVD/Blu-ray C Major).

Director de ópera: Don Giovanni (sobre todo el de La Scala, DVD/Blu-ray DG), Fidelio (Warner), Tristán (cualquiera: Warner en CD, los dos en DVD de Bayreuth -DG- y el de La Scala, Blu-ray Erato), la Tetralogía El anillo del nibelungo (Bayreuth -Warner- y Scala, este último solo en imágenes de Arthaus) y, en realidad, cualquiera de las diez grandes óperas de Wagner. De Verdi, Simon Boccanegra y el Requiem de La Scala, Manon de Massenet (DVD/Blu-ray DG), La novia del zar de Rimsky (DVD/Blu-ray BelAir), Elektra de Strauss (Warner) o las dos óperas de Alban Berg (Wozzeck en CD y DVD de Warner, Lulu en DVD de DG).

miércoles, 22 de marzo de 2017

A vueltas, de nuevo, con Radio Clásica




Me temo que Radio Clásica está dejada de la mano de dios. La escucho poco, casi solo cuando voy en coche -y muchas de estas veces lo que escucho me impulsa a apagarla, poniéndome en ocasiones de mal humor-. Aun a costa de repetir algo de lo que ya he denunciado en otras ocasiones -si así sucede lo siento, pero tal vez merezca la pena insistir, puesto que dista de haberse enmendado. Sí, sé que nadie me va a hacer caso, pero aun así no quiero dejar de denunciar la situación-.

¿Buena música?
De entrada, al sintonizar Radio Clásica es más que probable que la música que uno se encuentra sea de poca monta: ¡y hay muchísima música de primera calidad, para llenar muchas miles de horas de programación! Pero es que hay algunos autores de programas que están de vuelta de todo, y deben de pensar que el nivel cultural de los oyentes es muy elevado, cuando por término medio es más bajo de lo que podría o debería. Esos autores parece que se han hartado y ya pasan de la Sinfonía "El reloj" de Haydn, de la Sonata para violín y piano de César Franck, de Carnaval de Schumann, de la Quinta Sinfonía de Sibelius, de los Cuatro últimos lieder de Strauss. Pues les digo que la mayoría de los oyentes agradecerían que la programasen esas y otras obras maestras más a menudo. Pero insisten en martillearnos con obras de mediana, baja y hasta ínfima calidad musical. Si se han cansado de la gran música, que se reserven la pequeña para escucharla ellos solitos en su casa.

¿Quiénes son los intérpretes?
Otra cosa que me resulta no ya grave, sino intolerable, es que en multitud de ocasiones (se está volviendo cada vez más frecuente) no se preocupan de anunciar los intérpretes. Y los oyentes tenemos derecho a saber quién ha tocado, cantado o dirigido tal obra, antes y después de que suene. Y si los oyentes tenemos ese derecho, ¡no digamos los propios intérpretes! Es peor que una desconsideración, pues parece fomentarse la falsísima idea de que da igual quién interprete... todos son iguales...

Y mejor no hablar de la calidad de las interpretaciones que se suelen escoger: a veces se llega a pensar que si es buena parece que se han equivocado. Sí, por término medio es algo que no se cuida en absoluto; me temo que en muchos casos ponen la primera versión que encuentran, y puede ser en algunos casos por mero desconocimiento de quienes programan. No hace falta insistir en que, por pura pedagogía, deberían estar desterradas las malas interpretaciones, que tanto daño pueden hacer a una obra, por maravillosa que sea.

Ignorancia, descuido, palabrería, pedantería, adulación...
Falta profesionalidad y rigor en muchos presentadores o autores de varios programas: los hay a ojos vista bastante ignorantes -por ejemplo, en la pronunciación de los títulos y los nombres propios: que sepan que las reglas básicas de pronunciación del alemán, el francés y el italiano se pueden aprender en una hora-. Pero hay ignorancia no solo en esto, sino en muchos otros aspectos musicales: he oído decir, tras la escucha del primer número del Requiem Alemán de Brahms que los intérpretes han sido tal soprano, tal barítono, tal coro, etc. Pero ¿dónde están la soprano y el barítono en ese número? También se ha dicho que la Sonata "Claro de luna" es "la Sonata número dos de Beethoven", en vez de ser, como es, la "número 14, op. 27 número 2". Se cae la cara de vergüenza.

Hay algún otro comentarista que se enrolla en una verborrea sin fin, repitiéndose hasta la saciedad: podría decir lo mismo con la cuarta parte de palabras. A causa de esta manía de repetir y repetir conceptos, le he oído decir algo verdaderamente cómico: "el Cuarteto número 5 de Bartók, también conocido como Quinto Cuarteto"... Algún otro -u otra- es de una cursilería infinita, solo comparable a su ignorancia. Tampoco faltan los pedantes, que solo analizan los detalles, siendo incapaces de que los árboles les dejen ver el bosque. O los que adulan a los invitados hasta dar -otra vez- vergüenza ajena a los sufridos oyentes. En fin, que una radio pública como esta podría hacer y favorecer mucha afición a la mejor música -¡buena falta nos hace!- pero dista años luz de hacerlo de manera inteligente y eficaz.

jueves, 16 de marzo de 2017

Intérpretes de excepción para una ópera insípida



Europa riconosciuta de Salieri en La Scala, 126 años después

Precisamente con esta ópera, una de las numerosísimas de Antonio Salieri (1750-1825), se inauguró el Teatro de La Scala, que entonces se llamó Nuovo Regio Ducal Teatro di Milano, el 3 de agosto de 1778. Pues bien, la temporada 2004-05 se abría, el 7 de diciembre, con este título, representado por todo lo alto. Tras Les Danaïdes y Falstaff, esta es la tercera ópera de Salieri que conozco. Y, francamente, se me han quitado las ganas de conocer alguna más. Pero, claro, al tener noticia de que Erato publicaba en DVD Europa riconosciuta con un reparto espectacular, no me pude resistir a hacerme con ella. No es exactamente que me arrepienta, pero ¡ya vale de Salieri! Oficio no le faltaba, claro. Pero lo que solemos llamar inspiración, ¡toda! En estos 133 minutos de ópera, apenas hay diez minutos de música que de verdad merezca pasar a la posteridad: un aria de Semele y, mejor aún, otra de Asterio, ambas en el acto II. Es una música totalmente convencional, que repite constantemente fórmulas manidas y que carece de vida y de credibilidad; sigue sobre todo a Gluck, pero carece por entero de su sentido dramático y de su hondura. Es música aparente, pero vacía. Y sucumbe de lleno al exhibicionismo vocal, con agobiante presencia de acrobacias y, más aún, de sobreagudos, algunos tan mal colocados y tan excesivos que incluso estos grandísimos cantantes se las ven y se las desean con ellos. Ni qué decir tiene que no hay un solo personaje con entidad y creíble, y casi ni una sola melodía que deje huella. En fin... el tiempo, como dice mi buen amigo Miguel Ángel de las Heras, pone a cada uno en su sitio. ¡Y pensar que en su tiempo rivalizó con Mozart!

Bueno, no creo que a Riccardo Muti le subyugue esta ópera; tal vez hayan decidido programarla por ser la que abrió el famoso templo operístico milanés. En todo caso, hay que señalar que el público (entre el que se puede ver a varias celebridades, Sofia Loren entre ellos) reaccionó con entusiasmo ante la calidad del espectáculo. Y aplaudió con especial intensidad las arias de dificultad más peliaguda (¡en todas partes cuecen habas!). El papel de Europa está defendido con enorme brillantez y entrega por la entonces joven Diana Damrau, que, con todo, llega a gritar en algún agudo imposible, incluso para ella. Lo mismo le ocurre a la también extraordinaria lírico-ligera Desirée Rancatore (Semele). Algo más chicha tiene el rol de Asterio, encomendado a la soprano puramente lírica Genia Kühmeier, que igualmente da completamente la talla. También es un papel masculino, Isséo, el que canta la mezzo Daniela Barcellona, especialista justamente en roles rossinianos de hombre. De nuevo hay que decir que su desempeño no merece sino elogios. Y no muchos menos el tenor lírico Giuseppe Sabbatini, una voz que no enamora pero canta la mar de bien; aquí tiene que lidiar para su Egisto con una escritura endemoniada por su profusión de coloratura y trufada de algunos agudos más bien disparatados: es quizá lo mejor que le he escuchado a este cantante. Con una respuesta espléndida de la Orquesta, y más todavía del Coro de La Scala, Muti se entregó de lleno para intentar extraer todo lo posible de esta partitura insulsa. No comprendo que recibiese al final, junto a muchos vítores, algunos bufidos de desaprobación (¿serían por haber programado este título?...). Para mi gusto también la realización escénica de Luca Ronconi, esencialista y esquemática, muy suya, es muy meritoria. Gracias en buena parte a la escenografía y el vestuario del excelente Pier Luigi Pizzi. La guinda la proporciona la coreografía, creo que muy atinada, del bien conocido Heinz Spoerli, en la que se luce lo suyo -sobre una música también muy sosa- el Cuerpo de Ballet del Teatro, con dos solistas estelares: Alessandra Ferri y Roberto Bolle. El DVD (no ha salido en Blu-ray) ofrece buena calidad técnica, pero, como se pueden imaginar, ni rastro de subtítulos en castellano: en España estamos castigados por las discográficas debido a que aquí somos campeones... ¡en piratería!

sábado, 11 de marzo de 2017

Inauguración de la Sala Pierre Boulez de Berlín



Boulez, Mozart, Schubert, Berg y Widmann

Los días 4 y 5 de marzo ha tenido lugar la inauguración de la Sala Pierre Boulez de Berlín (muy próxima a la Konzerthaus y a la Staatsoper Unter den Linden): una sala de cámara grande, de tamaño intermedio entre las habituales de cámara y las sinfónicas; de hecho, en ella se van a interpretar próximamente las ocho Sinfonías de Schubert, las dos últimas de las cuales requieren, como se sabe, conjuntos orquestales no pequeños. El edificio es histórico por fuera, pero su interior, en forma más o menos ovalada, ha sido rehecho completamente siguiendo un proyecto de Frank Gehry, quien por cierto no ha cobrado por este trabajo (parece que fue Daniel Barenboim quien convenció al gran arquitecto, amigo suyo, para hacerlo). La sala, a juzgar por la transmisión de la cadena de televisión francoalemana Arte, posee una acústica magnífica (la calidad de la imagen y del sonido, a cargo este -cómo no- de los ingenieros del Estudio Teldex, es altísima. Aprovecho para dar las gracias a mi querido y bendito amigo Fernando Gil Olalla, que tantas grabaciones de conciertos excelentes me consigue).

El concierto inaugural, que con su pausa alcanzó casi las tres horas y media de duración, constó del siguiente programa: comenzó con la fanfarria para dos grupos de metal de 3 y 4 instrumentos Initiale (1987) de Boulez (soberbia pieza de unos cinco minutos que, por cierto, no incluye la "Integral Boulez" publicada en caja de 13 CDs por Deutsche Grammophon), grupos que fueron situados a cierta distancia uno de otro y en lo más alto de la sala. El Pierre Boulez Ensemble, encargado de tocarlo, bajo la dirección de Barenboim, se nutre de instrumentistas de las dos orquestas del argentino: la Staatskapelle Berlin y la West-Eastern Divan Orchestra.

Siguió el extenso lied de Schubert Der Hirt auf dem Felsen a cargo de la soprano Anna Prohaska, dotada de una voz no especialmente seductora, pero que canta la página con admirable línea y conmovedora expresividad. Barenboim al piano y Jörg Widmann al clarinete fueron acompañantes de gran lujo.   

A continuación Barenboim, su hijo Michael (violín), Yulia Deyneka (viola de la Staatskapelle Berlin) y Kian Soltani (cellista iraní-austríaco de la Orquesta del Diván) dieron vida al Cuarteto con piano en Mi bemol mayor, K 493 de Mozart, una versión excelente, con un piano elástico, fluido, hondo y también lúdico, y tres instrumentistas de arco en estrecha sintonía. (Ignoro, me cuesta explicarme cómo un crítico musical tan excelente y bien informado como Luis Gago escribía el 6 de marzo en "El País", en una crónica por lo demás modélica, que "fue lo menos conseguido y lo más desangelado del concierto". Solo se me ocurre pensar que está negativamente influido por su conocido entusiasmo a favor de las interpretaciones historicistas, habiendo perdido por ello el gusto para las que no lo son). Pues dudo que haya todavía hoy un solo pianista tan lúcido y extraordinario para Mozart como el de Buenos Aires.
Barenboim utilizó, tanto para Schubert como para Mozart, el nuevo piano que lleva su nombre, y a fe mía que suena estupendamente en ambos compositores.

Aun así, lo mejor de la velada fue quizá el Concierto de cámara de Alban Berg, obra difícil de escuchar y asimilar y que el pianista jordano Karim Said, el violinista Michael Barenboim y los 13 solistas de las dos referidas orquestas interpretaron bajo la batuta de su director de un modo que la tornó más comprensible y más llena de vida que nunca la haya escuchado. Para confirmar lo que digo, la comparación con dos clásicos de la discografía -la versión para Sony (1968) de nada menos que Barenboim, Saschko Gavrilow y Boulez y la de Deutsche Grammophon (1978) con Zukerman junto al mismo pianista y la misma batuta- no me parecen tan lúcidas ni, en definitiva, tan logradas. En lo alto de la sala y en completa oscuridad, Widmann tocó con asombroso despliegue de medios y recursos su Fantasie (2006) para clarinete solo. Widmann (Múnich, 1973) es no solo uno de los mejores clarinetistas de nuestro tiempo, sino -al decir de los más expertos- uno de los más destacados compositores actuales.   

El programa concluyó con la interpretación de una de las partituras más importantes y fascinantes de Boulez, Sur Incises, en su segunda versión (1998), muy ampliada (casi 40 minutos desde los 12 de la versión inicial, dos años anterior, compuesta para festejar el 90º cumpleaños del director Paul Sacher), para tres pianos, tres arpas y tres percusionistas. A todas luces la clarividencia de la batuta y la competencia de los solistas fueron del más alto nivel.
Sí, el mayor logro de los intérpretes de la velada fue convencer a los oyentes (entre los que se contaban numerosas personalidades del mundo de la música, de las instituciones alemanas y de otros ámbitos) que ciertas piezas de música contemporánea de vanguardia pueden ser tan asimilables y situarse sin menoscabo junto a títulos inmortales de Mozart o de Schubert.

Actuaciones de Barenboim entre el 4 de marzo y el 28 de abril

La actividad de este hombre es maratoniana. En su official site puede verse lo que ha tocado y dirigido y lo que va a hacer de aquí al 28 de abril. En 55 días he aquí los conciertos que ofrece: tras los dos días inaugurales de la Sala Pierre Boulez con el enorme programa que he comentado, el día 8 han hecho Radu Lupu y él un programa Schubert a cuatro manos, con la Sonata D 617, la Fantasía D 940 y el Divertimento sobre temas franceses, D 823. Los días 10 y 12, Viaje de invierno junto al barítono Christian Gerhaher. El día siguiente, una obra estreno de Widmann encargada por el propio Barenboim más la Serenata "Gran Partita" de Mozart con el Boulez Ensemble. El día 15 un recital de piano (programa no anunciado) en Wuppertal.

Los días 18, 19, 22, 23, 26, 27, 30 y 31 hará, también en la Sala Boulez, dos series con todas las Sonatas para piano completadas de Schubert. El 7 de abril, concierto en la Philharmonie de Berlín en el que dirigirá a la Orquesta Filarmónica de Viena las Sinfonías "Haffner" y "Júpiter" de Mozart y, entre una y otra, la Sinfonía de cámara No. 1 de Schoenberg. Los días 15 y 18 hará sendos recitales junto a Martha Argerich en los que tocarán a cuatro manos (o dos pianos) las Variaciones Haydn de Brahms, las 5 Piezas para orquesta op. 16 de Schoenberg transcritas por Webern, y, de Franz Liszt, el Concierto Patético y Reminiscencias de Don Juan.

El día 22 dirigirá a la Staatskapelle Berlin las tres primeras Sinfonías de Schubert (comienzo de un ciclo de las ocho en tres días), y a continuación una gira por Escandinavia con la West-Eastern Divan Orchestra: el día 25 en Aarhus dirigirá la Sinfonía No. 40 de Mozart, el 27 en Helsinki la No. 39 y el 28 en Estocolmo la No. 41, seguidas en las tres ocasiones por Don Quijote de Richard Strauss, poema sinfónico en el que actuarán como solistas un joven miembro de la Orquesta del Diván -el ya citado joven cellista Kian Soltani- y la también referida violista de la Staatskapelle Yulia Deyneka.

martes, 7 de marzo de 2017

El controvertido Glenn Gould



Las opiniones de Brendel y Rosen

Con motivo de la publicación de un libro sobre el pianista canadiense Glenn Gould (Toronto, 1932-1982) escrito por el conocido realizador de documentales sobre músicos Bruno Monsaingeon (No, no soy en absoluto excéntrico, edit. Acantilado, 2017), Luis Gago escribía el pasado sábado día 4 en "Babelia", de El País, un interesante artículo en el que traía a colación dos interesantes citas de dos grandes pianistas que han sido a la vez agudos comentaristas musicales. La primera es de Alfred Brendel, quien afirmaba: "Glenn Gould no estaba interesado en descifrar una obra desde dentro, sino que lo que quería era, de la forma más inesperada posible, iluminarla desde fuera. Llegó hasta el extremo de dificultar la comprensión de un compositor, y maltratarlo, a fin de ser original a toda costa [...] Gould era para mí un clásico ejemplo de lo que no debería ser un intérprete; como excéntrico que era, parecía decidido a oponerse a los deseos del compositor o a ir en contra del carácter de la pieza". Palabras con las que estoy plenamente de acuerdo.

La segunda cita, de Charles Rosen (autor de, entre otros libros, del magnífico análisis Las 32 Sonatas de Beethoven) era mucho más benévola: "Muchas de las interpretaciones de Gould fueron acertadas y sublimes, otras fueron equivocadas, y ambas interesantes y estimulantes, mientras que algunas otras fueron equivocadas y sencillamente espantosas; me gusta pensar que fueron solo la primera y la segunda de estas categorías las que le dieron su celebridad". Con todo mi respeto a Rosen, no conozco ninguna interpretación sublime del pianista canadiense: algunas pueden gustarme bastante o mucho, pero creo que nunca ha llegado a entusiasmarme. En cuanto a las equivocadas pero interesantes, sí que me parece que las hay, pero, por desgracia, abundan las espantosas, hasta el punto de que quizá a ningún otro pianista importante le he escuchado algo tan atroz. Entre ellas tengo que citar en primer lugar las tres últimas Sonatas de Beethoven, que encabezan para mí todos los rankings de perversión.

¿Por qué Gould es tan famoso y tan apreciado por muchos melómanos? Si lo fuera solo por sus mayores aciertos no me extrañaría demasiado -aunque siempre hay, para mí, otros pianistas mucho más lúcidos y destacados-, pero es que hay no pocos para los que todo -o casi, casi todo- lo grabado por Gould les parece excelso. Y es que creo que, una vez más, es más rentable para alcanzar el máximo aprecio por parte de algunos el ser raro, extravagante, excéntrico (¡claro que Gould lo es!), no solo tocando, sino comportándose de ese modo, además de tener un repertorio no muy amplio -lo que parece también indispensable-. Condiciones necesarias para que ciertos esnobs y pedantes te consideren lo más de lo más. Fue el caso del director Carlos Kleiber y es, entre otros, el caso del pianista Grigory Sokolov. Ambos músicos son muy grandes, sin duda, pero de ningún modo los más grandes en su especialidad en sus respectivos momentos. Para esos esnobs y esos pedantes un artista normal, de comportamiento más o menos normal y que han sido o son enormes en un repertorio extensísimo no tiene especial valor. Por eso mismo un Claudio Arrau, un Arturo Rubinstein, un Leonard Bernstein o un Daniel Barenboim no les impresionan especialmente. Así, además, se distinguen, se separan, de la plebe: ellos son especiales.

viernes, 3 de marzo de 2017

Mis versiones favoritas de las principales óperas de Bellini y Donizetti



Como también hice en Rossini, escojo -si me parecen suficientemente buenas las versiones- algunos títulos no solo en CD, sino también en DVD/Blu-ray

BELLINI

Beatrice di Tenda - Sutherland, Pavarotti, Veasey, Opthof. Coro Ambrosian Opera. Orquesta Sinfónica de Londres. Bonynge (Decca)

I Capuleti e i Montecchi - Sills, Baker, Gedda, Lloyd, Herincx. Coro John Alldis. Orquesta New Philharmonia, Londres. Patanè (EMI); Di Donato, Kulchynska, Bernheim, Lorenzi, Botnarciuc. Coro de la Ópera de Zúrich. Philharmonia de Zúrich. Luisi. Loy (DVD/Blu-ray Accentus)

Norma - Caballé, Cossotto, Domingo, Raimondi. Coro Ambrosian Opera. Orquesta Filarmónica de Londres. Cillario (RCA); Caballé, Veasey, Vickers, Ferrin. Coro y Orquesta del Teatro Regio de Turín. Patanè. Jourdan (DVD Hardy)

I Puritani - Caballé, Kraus, Manuguerra, Ferrin, Hamari. Coro Ambrosian Opera. Orquesta Philharmonia, Londres. Muti (EMI); Machaidze, Flórez, Guagliardo, D'Arcangelo, N. Pirazzini. Coro y Orquesta del Teatro Comunal de Bolonia. M. Mariotti. Alli (DVD/Blu-ray Decca)

La sonnambula - Orgonasova, R. Giménez, Ellero d'Artegna. Coro y Orquesta de Cámara de la Radio Holandesa. Zedda (Naxos); Dessay, Flórez, Pertusi. Coro y Orquesta del Met, Nueva York. Pidò. Zimmermann (DVD Decca)

DONIZETTI

Anna Bolena - Sills, Verrett, Plishka, Burrows. Coro John Alldis. Orquesta Sinfónica de Londres. Rudel (Westminster/DG); Netrebko, Garanca, D'Arcangelo, Meli. Coro y Orquesta de la Ópera Estatal de Viena. Pidò (DVD/Blu-ray DG)

Don Pasquale - Bruscantini, Freni, Winbergh, Nucci. Coro Ambrosian Opera. Orquesta Philharmonia, Londres. Muti (EMI); Raimondi, Rey, Flórez, Widmer. Coro y Orquesta de la Ópera de Zúrich. Santi (DVD/Blu-ray Decca)

L'elisir d'amore - Gedda, Freni, Capecchi, Sereni. Coro y Orquesta de la Ópera de Roma. Molinari-Pradelli (EMI); Villazón, Netrebko, D'Arcangelo, Nucci. Coro y Orquesta de la Ópera Estatal de Viena. Eschwé. Schenk (DVD/Blu-ray Erato).

La Favorite - Kasarova, Vargas, Michaels-Moore, Colombara. Coro de la Radio Bávara. Orquesta de la Radio de Múnich. Viotti (RCA)

La fille du régiment - Sutherland, Pavarotti, Malas, Sinclair. Coro y Orquesta del Covent Garden, Londres. Bonynge (Decca); Dessay, Flórez, Corbelli, Palmer. Coro y Orquesta del Covent Garden, Londres. Campanella. Pelly (DVD/Blu-ray Erato)

Lucia di Lammermoor - Sills, Bergonzi, Cappuccilli, Díaz. Coro Ambrosian Opera. Orquesta Sinfónica de Londres. Schippers (Westminster/DG); Sutherland, Kraus, Elvira, Plishka. Coro y Orquesta del Met, Nueva York. Bonynge. Browning (DVD DG)

Lucrezia Borgia - Caballé, Kraus, Verrett, Flagello. Coro y Orquesta de la RCA Italiana. Perlea (RCA); Sutherland, Kraus, Howells, Dean. Coro y Orquesta del Covent Garden, LOndres. Bonynge. Copley (DVD Pioneer)

Maria Stuarda - Sills, E. Farrell, Burrows, L. Quilico. Coro John Alldis. Orquesta Filarmónica de Londres. Ceccato (Westminster/DG); en inglés: Baker, Plowright, Rendall, Tomlinson. Coro y Orquesta de la English National Opera. Mackerras. Copley (Warner)

Poliuto - Carreras, Ricciarelli, Pons, Polgár. Coro de la Wiener Singakademie. Orquesta Sinfónica de Viena. Caetani (Sony)

Roberto Devereux - Sills, Ilosfalvy, Glossop, B. Wolff. Coro Ambrosian Opera. Orquesta Royal Philharmonic. Mackerras (Westminster/DG); Devia, Kunde, Tro, Caria, Mastroni. Coro y Orquesta del Teatro Real. Campanella. Talevi (DVD/Blu-ray BelAir)

Rosmonda d'Inghilterra - Fleming, Ford, Miricioiu, Miles, Montague. Coro Geoffrey Mitchell. Orquesta Philharmonia. D. Parry (Opera Rara)

domingo, 26 de febrero de 2017

El segundo concierto para Ibermúsica de Salonen, con Aimard y la Philharmonia



Beethoven

Es siempre un gran placer escuchar a una Orquesta como la Philharmonia londinense; tras disfrutarla anoche (¡a las 22,30!) yo diría que vuelve a ser mi favorita de las británicas. Carece de fisuras y mantiene, o recupera en parte, la personalidad sonora que le caracterizó en su edad de oro -Klemperer, Muti, Sinopoli-, una para mí muy atractiva sonoridad acerada, incisiva y algo cortante. Ayer se prodigaron sus primeros atriles en intervenciones realmente magistrales, desde el veterano oboe Gordon Hunt al jovencísimo -magnífico- flauta anónimo, principales representantes de un grupo de viento madera extraordinario, desde el concertino Zsolt Tihamér Visontay a la principal cellista, Karen Stephenson, la primera viola Yukiko Ogura o el grupo de trompas liderado ayer por otra mujer, Kira Doherty. Formidable, compacto, flexible, admirable desde cualquier ángulo el grupo de los arcos, con unos poderosos y profundos contrabajos. En fin, creo que la Philharmonia se halla entre las diez mejores orquestas europeas (mientras el Reino Unido siga formando parte de Europa...)

Esa-Pekka Salonen, quien pese a sus 58 años sigue manteniendo un aspecto juvenil, es un maestro dominador, de técnica extraordinaria, si bien no deja de ser un intérprete algo desigual. Ayer no me pareció más que muy correcto y competente en el Concierto "Emperador", pero no desde luego un beethoveniano de raza, como suele decirse. A la sonoridad orquestal le faltó cuerpo y rotundidad, así como algo de energía y de fuego a su expresión. Pero (casi) todo estuvo en su sitio, y desmenuzado con notable claridad. Los timbales fueron arcaicos, muy secos, lo que puede no estar mal, pero solieron sonar en exceso y empastar mal con el resto. También eran antiguas las trompetas, que apenas pudieron percibirse en el primer movimiento, si bien estuvieron bien presentes en el tercero. Esta práctica de unos pocos instrumentos originales enmedio de un conjunto de instrumentos modernos me parece, como poco, discutible. Aunque admito que, si los timbales no me hubieran incordiado un poco, en la práctica habría tenido poco que objetar. Me llamó la atención lo francamente bien que estuvo Pierre-Laurent Aimard, experto en el barroco y, sobre todo, en la música del siglo XX, con preferencia por la segunda mitad. No poseyó toda la fuerza debida, se dejó llevar en algún momento (poco, por suerte) por el virtuosismo algo vacuo, y tampoco resolvió siempre con las debidas fluidez y lógica algunos enlaces en las transiciones entre frases. Pero cantó y rubateó las melodías la mar de bien, y, por supuesto, tocó con gran limpieza -no exenta de algún disculpable fallo-. Me esperaba una cierta frialdad que le he achacado en otras ocasiones, pero esta vez no fue así. Tocó de propina dos brevísimas piezas de, al parecer, György Kurtág: la segunda me pareció una auténtica maravilla (anunció "dos miniaturas entre estos dos monumentos", pero no citó al autor...)

...y Richard Strauss
 
El segundo monumento fue nada menos que el impresionante y grandioso poema sinfónico straussiano Así habló Zaratustra, que, también un poco en contra de lo que me esperaba (no me parecía que Strauss fuese uno de los compositores más adecuados al temperamento del director finlandés), me gustó muchísimo. Fue una versión dura, tremenda, poderosísima y algo áspera que me recordó inevitablemente a la sensacional grabación (RCA 1983) de Georges Prêtre con esta misma orquesta (y que no he conocido hasta hace poco, gracias al soplo de un lector). La introducción, misteriosa, inquietante y luego descomunal en su poderío y fuerza telúrica, fue la mejor que he escuchado en mi vida en directo, con unos timbales sañudos en el debido (aunque pocos directores lo hacen) crescendo y rallentando, y un órgano poderoso -nada canijo, como en otras ocasiones- y francamente bien empastado con la orquesta; a lo largo de todas sus intervenciones se le pudo percibir con claridad, lo que se agradece mucho. Más que perderse en delicuescencias sonoras, Salonen fue muy dramático, desasosegante y de intensidad expresiva imponente, con clímax de una fuerza abrumadora. Solo algún reparo: en "De las alegrías y las pasiones" se precipitó para mi gusto un poco, y que las dos tubas sonaron a veces en exceso. En la "Canción de la danza" el primer violín -y las réplicas del segundo- rozaron intencionandamente la caricatura, como la de la "Entrada y danza del sastre" de El burgués gentilhombre.

El concierto, sin propina orquestal, terminó casi a las doce y veinticinco, y eso que, debido a la hora de comienzo de la sesión, se había suprimido -¡lástima, pese a todo!- el Konzertstück para 4 trompas de Schumann, que dura más de veinte minutos: obra que es raro y difícil escuchar en público. En una doble hojita inserta en el programa se anunciaba que en la temporada 2017-18 ¡todos los conciertos comenzarán a las 19,30, ninguno más a las poco civilizadas 22,30! Pero no era ese el anuncio más trascendente: las temporadas de Ibermúsica y Juventudes Musicales se fusionan en una sola. ¿Qué pasará, cómo darán acomodo a los abonados de uno y otro ciclo? Ya se verá...