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lunes, 28 de marzo de 2016

Dos recientes publicaciones de Grigory Sokolov



El Primer Concierto de Chopin reeditado por Sony

Grabada en público en Múnich en noviembre de 1977, esta interpretación fue publicada por el sello Eurodisc en 1978 y había estado prácticamente desaparecida y olvidada hasta que, con muy buen criterio, Sony acaba de reeditarla, con espléndido sonido. Grigory Sokolov (San Petersburgo, 1950) es un pianista excepcional. Pero de ahí a considerarlo "el más grande pianista vivo", como algunos lo etiquetan, creo que hay un buen trecho. Ya nos suena conocido eso de el más grande en boca de ciertos esnobs: es lo que decían de Carlos Kleiber, por ejemplo: para que alguien fuese el más grande tenía que ser raro, esquivo, con alguna destacada extravagancia y, sobre todo, tener un repertorio pequeño. Estos esnobs nunca hubieran considerado el más grande a Furtwängler, a Menuhin o a Oistrakh, a Rubinstein, Arrau o Barenboim: era demasiado obvio. Pero lo siento: no se puede ser el más grande sin dominar a fondo lo más básico e importante del repertorio. 

Centrémonos en este Primer Concierto de Chopin: difícilmente se podrá hallar en toda la discografía una ejecución más perfecta y admirable, e incluso una interpretación tan honda, seria y hermosa, que desgrana la escritura pianística con despaciosidad pero sin que suene trabajosa o forzada: lejos de tomarse la obra como menor -como a veces se la califica- quiere, y consigue, encumbrarla abordándola como si se tratase de un concierto de Schumann o de Brahms. También la dirección del a menudo gris maestro polaco Witold Rowicki (1914-1989) está en esa línea de encumbramiento de la partitura, intentando con éxito dotarla de grandiosidad -incluso de cierto punto grandilocuente- que también puede admitir esta Opus 11 chopiniana. Aquí Sokolov rehúye casi por completo la extravagancia y resulta, para mí, más grande que de ordinario en él. Impresionante, disco de obligado conocimiento.

Doble CD de DG con Schubert, Beethoven, Rameau y Brahms

También Deutsche Grammophon ha lanzado al mercado parte de dos recitales en público, ambos con magnífico sonido: uno en Varsovia el 12 de mayo de 2013 con la primera serie de los Impromptus (D 899) más las Tres Piezas D 946 de Schubert, y otro en Salzburgo (23 de agosto del mismo año) con la monumental Sonata "Hammerklavier" más cinco breves propinas de Rameau y una de Brahms. Estupendamente grabadas, estas interpretaciones muestran al enorme pianista que es Sokolov, con hallazgos admirables y una extraordinaria belleza de sonido y en el fraseo, pero en mi opinión algunos de los Impromptus resultan un tanto alambicados o innecesaria, incluso inconvenientemente, rebuscados, con lo que pierden naturalidad, frescura y fluidez (no olvidemos la definición de impromptu). Y, por ejemplo, la angustiosa sección central del Cuarto la encuentro algo inexpresiva: no logra -o no intenta- transmitir el profundo dolor que encierra sin que a la música se le mueva un pelo (o sea, lo contrario que suele hacer el numerero Mahler); no en vano, como decía Arrau, Schubert es el más difícil de interpretar de los grandes compositores. Reservas que prácticamente no tengo con respecto a las D 946: maravillosa la segunda. 

En la monumental Sonata 29 de Beethoven no faltan precisamente motivos para el asombro, ante todo por la enorme claridad y limpieza de ejecución lograda en la aterradora fuga final: se pueden contar con los dedos de una mano los pianistas que la han tocado tan prodigiosamente. Pero la enorme lentitud con que aborda los movimientos impares no siempre está bien sostenida, resintiéndose el discurso y las tensiones que se deben generar en el Allegro inicial y peligrando el legato en el sublime Adagio sostenuto, que suena a menudo forzadamente estirado y casi, en ciertos momentos, hecho un poco a trompicones, con silencios poco justificados (compárese con la primera grabación de Barenboim, EMI 1969, que, como escribió Álvaro Marías, es uno de los mayores hitos de toda la literatura pianística en la historia del disco: rotundamente de acuerdo). 

Para mi gusto, la excelsitud la alcanza Sokolov en las piezas de Rameau y no menos en un glorioso Intermezzo op. 117/2 de Brahms. Los 36 años transcurridos entre aquel Chopin y estos dos recitales no parece que hayan sido para mejor: el genio del teclado sigue ahí, pero (sobre todo últimamente) se pierde a veces en ciertos manierismos. Realmente, es muy difícil discernir a veces entre lo que son aportaciones legítimas y acertadas de un intérprete-creador y lo que se queda en ocurrencias extemporáneas: son quizá el criterio y el gusto del crítico (puntos de vista muy subjetivos) los que deciden. Y para un mismo crítico hay casos dudosos, frente a otros en los que lo tiene clarísimo.

sábado, 19 de marzo de 2016

Dos nuevos discos con Barenboim



  Segundo recital con Martha Argerich

El incansable e incombustible pianista y director vuelve a aparecer, en ambas facetas, en sendos discos de Deutsche Grammophon y Decca recientemente aparecidos. El primero fue un recital para dos pianos junto a su amiga la también bonaerense Martha Argerich grabado en público en el Teatro Colón de Buenos Aires el 26 de julio de 2015. El precioso e interesante programa consta de los Seis Estudios en forma de canon, op. 56 (1845) de Schumann, en los que mira hacia Bach. Piezas originales para un pianista que escuchamos aquí en la transcripción para dos realizada por Debussy. Se trata de una colección de gran belleza pero prácticamente desconocida; sea muy bienvenida. Sigue En blanc et noir (1915) de ese compositor francés, un tríptico al que ya no se le puede colgar el letrero de impresionista: la primera de sus páginas está dedicada al director de la Sinfónica de Boston, Serge Kussevitzky, la segunda a un amigo teniente muerto en la guerra del 14, y la tercera a Stravinsky. La velada se cerró con la admirable Sonata para dos pianos y percusión (1937) de Béla Bartók en la que a los pianistas se sumaron dos percusionistas de la West-Eastern Divan Orchestra: Pedro Manuel Torrejón González y Lev Loftus. De la primera obra es mi única grabación en disco: no he podido, por tanto, comparar con ninguna otra, pero es palpable la sensibilidad y la ternura de los veinte dedos que le dan vida. La segunda puede equipararse a la magistral de los hermanos Kontarsky (DG 1973), y la tercera no desmerece frente a mi versión preferida hasta ahora: la de Perahia, Solti, Corkhill y Glennie (Sony 198), resultando algo menos incisiva y tal vez algo más introspectiva. La toma de sonido hace justicia a la famosa acústica del Colón: para la ocasión se desplazaron los técnicos del reputadísimo Estudio Teldex de Berlín.

La Primera Sinfonía de Elgar

En el segundo disco, esta vez del sello Decca, Barenboim empuña la batuta para completar el miniciclo sinfónico Elgar, que ha grabado en orden inverso. Con una Staatskapelle Berlín en magnífica forma, Barenboim se aparta un tanto de la tradición británica más tópica (representada sobre todo por Sir Adrian Boult, un admirable intérprete en cualquier caso de estas Sinfonías), pues despoja a Elgar de parte de su pompa y grandilocuencia, incluso de algo de solemnidad, insuflándole mayor pasión, clarificando extraordinariamente las texturas (nada de sonoridades espesas: creo que nunca se han escuchando tantas cosas) y delineando más nítidamente las líneas estructurales y los vectores de tensión. La preparación de los clímax o la coda final tienen algo de brucknerianas, y también pueden -como señala mi amigo José Sánchez Rodríguez- rastrearse ecos de Parsifal. El scherzo es particularmente incisivo y fantástico, pero la joya de la interpretación es para mí el infinitamente hermoso y conmovedor Adagio, una honda experiencia emocional. La grabación, realizada en la Philharmonie de Berlín (sin público) en septiembre de 2015, es absolutamente extraordinaria. ¿Quiénes la firman? Eso es: los Estudios Teldex.

jueves, 17 de marzo de 2016

Mi versión favorita de las principales obras de Berlioz



 
Harold en Italia – Zukerman. Orquesta Sinfónica de Montreal. Dutoit (Decca)

7 Oberturas – Staatskapelle Dresden. C. Davis (RCA)

Romeo y Julieta: páginas orquestales – Orquesta Sinfónica de Chicago. Giulini (EMI)

Sinfonía Fantástica – Orquesta Sinfónica de Chicago. Muti (CSO)

29 Canciones – Pollet, Von Otter, Aler, Allen. Garben (DG)

La condenación de Fausto – Riegel, Von Stade, Van Dam, M. King. Coro y Orquesta Sinfónica de Chicago. Solti (Decca)

La infancia de CristoBaker, Tappy, Allen, Bastin, Rouleau. Coro John Alldis. Orquesta Sinfónica de Londres. C. Davis (Philips)

Lelio – Carreras, Allen. Coro John Alldis. Orquesta Sinfónica de Londres. C. Davis (Philips)

La muerte de Cleopatra – Norman. Orquesta de París. Barenboim (DG)

Las noches de estíoBaker. Orquesta New Philharmonia. Barbirolli (EMI)

Requiem (Gran Misa de Difuntos)Tear. Coro y Orquesta Filarmónica de Londres. Previn (EMI)

Romeo y Julieta – Minton, Araiza, Bastin. Coro y Orquesta de París. Barenboim (DG)

Te DeumAraiza. Coros. Orquesta Juvenil de la Comunidad Europea. Abbado (DG)

Tristia – Coro y Orquesta de Cleveland. Boulez (DG)

Beatriz y BenedictoMinton, Domingo, Cotrubas, Denize, Soyer, Fischer-Dieskau, Macurdy. Coro y Orquesta de París. Barenboim (DG)

Benvenuto Cellini – Gedda, Eda-Pierre, Bastin, Massard, Soyer, Berbié, Lloyd. Coro del Covent Garden. Orquesta Sinfónica de la BBC. C. Davis (Philips) 

Los Troyanos – Heppner, DeYoung, P. Lang, Mingardo. Coro y Orquesta Sinfónica de Londres. C. Davis (LSO Live)

lunes, 14 de marzo de 2016

Vladimir Jurowski con la London Philharmonic en Ibermúsica



Rachmaninov con Angelich y Tchaikovsky

Ayer, domingo 13, actuaron de nuevo quienes ya son asiduos en el ciclo de Ibermúsica: la Orquesta Filarmónica de Londres y su director titular, Vladimir Jurowski. Este irregular director dio ayer la de cal. Su labor en el Tercer Concierto de Rachmaninov fue ejemplar, ante todo por la claridad obtenida en la parte orquestal y el modo en que siguió, atendió y arropó a un solista, Nicholas Angelich, que no estaba a su altura. Dotado de unos medios poderosos, el pianista norteamericano no es un artista del mismo calibre, pues tiende a exhibir velocidad antes que a paladear las hermosas melodías de la obra, por no hablar de las oportunidades de elevarse que le brinda. Varias de las transiciones dejaron ver en sus manos ciertos deshilvanes en las costuras, por no hablar de ciertos emborronamientos. Solo en la coda final se dejó arrastrar Jurowski por un énfasis algo exagerado y un notorio efectismo. Angelich ofreció de propina el primer número de las Escenas de niños de Schumann, con delicadeza e imaginación, hasta rozar el capricho en el fraseo. 

Una partitura mucho menos interesante ocupaba la segunda parte: la menos lograda de las Sinfonías de Tchaikovsky, la Tercera. Jurowski, que me había irritado en otra ocasión con una inexpresiva y descomprometida (!) "Patética", hizo ayer todo lo posible por salvar la llamada Sinfonía "Polaca", hasta el punto de que quizá nunca la he escuchado tan satisfactoriamente defendida. No es que consiguiese hacerla grande -eso es casi imposible, o sin casi- pero sí mantuvo el interés por cómo destacó sus cualidades y, hasta cierto punto, disimuló sus deficiencias. Entre aquellas, sobre todo la orquestación. El ímpetu y la brillantez marcaron el movimiento inicial, tras la sombría introducción. En el segundo acentuó su aire danzable. Pese a sus esfuerzos, el "Andante elegiaco" siguió siendo un episodio que repite fórmulas y que peca de algo imperdonable en Tchaikosky: la falta de sinceridad. Muy mendelssohniano el scherzo y brillantísimo, hasta tal vez el exceso, el finale: un fragmento que, como el segundo, parecen formar parte de un ballet más que de una sinfonía. La actuación de la orquesta -precisión, belleza de sonido, brillo, entusiasmo- es de las mejores que le recuerdo en años. Aunque, como tantos otros conjuntos, ha perdido parte de su personalidad sonora, no deja de ser una centuria de primer orden. Una rutilante, irresistible Danza española de El lago de los cisnes cerró la velada.

sábado, 12 de marzo de 2016

Asher Fisch dirige una importante "Forza del destino" en Blu-ray



Harteros, Kaufmann, Tézier, Kowaljow, Girolami y Krasteva

Un reparto prácticamente redondo y una dirección orquestal de primer orden avalan la nueva publicación Sony de La forza del destino de Verdi en DVD y Blu-ray, registrada en Múnich el 22 de diciembre de 2013. La toma de sonido y la imagen responden al más alto estándar actual. En cambio brillan por su ausencia los subtítulos en castellano. (Un pequeño despiste en el libretillo: la numeración de los tracks en los dos DVDs los han pasado sin revisar a la versión en un solo Blu-ray, en el cual el Acto III vuelve a figurar como corte 1, cuando debe ser el 15: los peligros del corta y pega...)

La escena, debida al irregular Martin Kusej, me parece que contiene no pocos aciertos (en particular el Acto I, la escena en que Fray Melitón reparte la sopa y el cuadro final de la ópera), pero que se desmadra aquí y allá en los actos centrales; la ópera en sí es, admitámoslo, un desmadre melodramático casi demencial; en todo caso, hay bastantes soluciones que no entiendo. Pero, en conjunto, me lo he pasado bien y no me he aburrido lo más mínimo. 

El poco conocido director musical, el israelí Asher Fisch (n. 1958), hace un trabajo que no exagero tildando de magnífico, con tremenda garra (bueno, en la obertura no es capaz de batir a la enorme competencia), un sonido verdiano de pura cepa, una pasión ardiente y un lirismo de gran intensidad, obteniendo además un soberbio rendimiento, por encima de lo habitual, de los siempre espléndidos conjuntos coral y orquestal de la Ópera de Baviera. Un director ya no joven, poco conocido hasta ahora, que es un verdiano de raza: hay que prestarle atención. 

Se ha reunido un elenco de bandera, que va de lo notable a lo excepcional. El omnipresente Jonas Kaufmann lo es por algo, por algo bastante: pese a que aquí y allá no suena muy italiano, pronuncia con absoluta perfección, es una voz idónea, robusta, con un centro y un grave llenos y un agudo con bastante squillo, que no obstante sufre en algunos momentos en un papel, el de Alvaro, que es de los más exigentes de Verdi. Su arrojo es tremendo, de principio a fin, sin reservarse lo más mínimo en su agotadora tarea. Acostumbrados a los Del Monaco y Corelli, algunos apianamientos y esfumaturas no gustarán a algunos, pero hay que tener presente que ser verdiano no significa cantar todo el tiempo a todo volumen. Y cuando Kaufmann apiana y demás, hay que reconocer que el texto siempre se presta a ello. Le da buena réplica como Don Carlo di Vargas un cantante no tan refinado como él, pero dotado de una voz sólida y resistente, ya de barítono cuasi dramático, que canta bien y con muy acertadas intenciones: hablo del francés Ludovic Tézier. (No es poco que ahora mismo haya al menos dos o tres buenos barítonos verdianos, junto a Carlos Álvarez y, quizá, Simon Keenlyside. No siempre los ha habido, hagamos memoria). 

La maravilla número uno del reparto es sin duda la Leonora de Anja Harteros en, tal vez, la mejor interpretación verdiana que le haya escuchado: la voz le ha ensanchado y se le ha agrandado aún un poco más, sin que haya perdido un ápice de su bello esmalte y su brillo esplendoroso; incluso los momentos de escritura más dramática, como "Son giunta" y el subsiguiente dúo con el Padre Guardiano los resuelve con suficiencia, al tiempo que nos seduce por completo en los más líricos, con un control del volumen magistral y una línea de canto que no lo es menos, además de encarnar a la sufriente Leonora con una convición desarmante. Sensacional y conmovedor su "Pace, pace, mio Dio". Por favor, que grabe todo lo que pueda.

Más que correcto Vitalij Kowaljow como Marqués de Calatrava y como Padre Guardiano, si bien él no es un bajo-bajo, como se pide, sino un bajo cantante, que además suele brillar, creo, más en Wagner que en Verdi. No conocía a Renato Girolami, que hace un Melitone muy acertado, sin el menor exceso bufo. Es además, como debe ser, más bien un bajo que un barítono. Pese a sus cambios de color -que tampoco me parecen graves en un papel como el de la gitana Preziosilla- domina la tesitura hasta los extremos la mezzosoprano Nadia Krasteva. Incluso los papeles menores están bien servidos.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Mis versiones favoritas de las principales obras de Sibelius



Sinfonía 1 - Orquesta Filarmónica de Viena/Bernstein (DG; DVD/Blu-ray C Major)
Sinfonía 2 - Orquesta Filarmónica de Viena/Bernstein (DG; DVD/Blu-ray C Major)
Sinfonía 3 - Orquesta Hallé/Barbirolli (EMI)
Sinfonía 4 - Orquesta Philharmonia/Ashkenazy (Decca)
Sinfonía 5 - Orquesta Filarmónica de Viena/Bernstein (DG; DVD/Blu-ray C Major)
Sinfonía 6 - Orquesta Hallé/Barbirolli (EMI)
Sinfonía 7 - Orquesta Hallé/Barbirolli (EMI)
Concierto para violín - Zukerman/Orquesta Filarmónica de Londres/Barenboim (DG)
El Bardo - Orquesta Sinfónica de Bournemouth/Berglund (EMI)
Cabalgada nocturna y amanecer - Orquesta Sinfónica de Londres/C.Davis (RCA)
Finlandia - Orquesta Filarmónica de Londres/Herrmann (Decca)
La Hija de Pohjola - Orquesta Hallé/Barbirolli (EMI)
Karelia - Orquesta Hallé/Barbirolli (EMI)
Lemminkainen y las doncellas de Saari - Orquesta de Filadelfia/Ormandy (EMI)        
El cisne de Tuonela - Orquesta Sinfónica de Londres/C.Davis (RCA)
Lemminkainen en Tuonela - Orquesta de Filadelfia/Ormandy (EMI)
El retorno de Lemminkainen - Orquesta Hallé/Barbirolli (EMI)
Luonnotar - Söderström/Orquesta Philharmonia/Ashkenazy (Decca)
Las Oceánidas - Orquesta Sinfónica de Londres/C.Davis (RCA)
Pelleas y Melisande - Orquesta Filarmónica de Berlín/Karajan (DG)
En Saga - Orquesta Sinfónica de Berlín/K.Sanderling (Edel)
Scaramouche - Goldstein, Ruottinen/Orquesta Filarmónica de Turku/Segerstam (Naxos)
Tapiola - Orquesta Filarmónica de Berlín/Karajan (DG 1984)
Vals triste - Orquesta Hallé/Barbirolli (EMI)
Cuarteto "Voces íntimas" - Cuarteto Kocian (Praga)
Las obras para piano completas - Heinonen (Finlandia)
Las canciones completas - Söderström, Krause/Ashkenazy, Gage, Bonell (Decca)
Canciones para coro masculino - Coro de la Universidad de Helsinki/Hyökki (Finlandia)
Kullervo - Rörholm, Hynninen. Coro de la Universidad de Helsinki. Orquesta Filarmónica de Los Angeles/Salonen (Sony)

miércoles, 2 de marzo de 2016

Enrique Pérez Adrián y sus versiones de "Noche transfigurada"



 
Conozco a EPA desde hace muchos, muchos años, y ya desde el principio me pareció un tipo muy radical y capaz de dar grandes bandazos. Por ejemplo, por entonces su director favorito era Solti, hasta extremos que me parecían a menudo indefendibles, pero años después pasó a detestarlo a más no poder. Aunque no sigo sus críticas más que de vez en cuando, creo que rara vez lo cita, como si no existiese. En cuanto a Barenboim, yo fui uno de los primeros críticos en España que lo puse por las nubes en su faceta como director (antes también me había entusiasmado como pianista), mientras que él, EPA, ha sido uno de los que más tarde lo ha tenido en consideración como maestro orquestal. Y sigue resistiéndose a aceptarlo como grande empuñando la batuta; de vez en cuando lo pone bien, y enseguida parece arrepentirse de ello, volviendo a las andadas, es decir a fustigarlo con saña. No hace falta recordar que algunas de las primeras grabaciones de Barenboim -aparte del sensacional programa Mozart que yo le escuché en el Teatro Real con la English Chamber Orchestra hacia 1967 o 1968- demuestran un talento musical arrollador: ahí están su Tercera Misa y su primer Te Deum de Bruckner, sus Sinfonías y Conciertos para piano de Mozart (tocando y dirigiendo), su Idilio de Sigfrido de Wagner, su Divertimento y Música para cuerda, percusión y celesta de Bartók... o su Noche transfigurada de Schoenberg: interpretaciones todas ellas de primer orden, que revelan a un Músico, con mayúscula, absolutamente excepcional. No hacía falta ser muy listo para darse cuenta de ello, pero él se obstinó ciegamente en considerarlo un "pianista metido a dirigir", opinión de la que no ha conseguido salir nunca (a muchos, críticos lumbreras incluidos, les ha pasado lo mismo, pero terminaron hace años o décadas admitiendo que era también un gran director). Las orquestas que ha dirigido reiteradamente, por no hablar de las que ha sido titular (París o ¡Chicago!) se dieron cuenta mucho antes que estos lumbreras.  

Pues bien, un amigo me acaba de enviar la discografía comparada que ha publicado EPA en el "Scherzo" de febrero de 2016 sobre la Noche transfigurada de Schoenberg, para que me escandalizase, como lo merece. EPA pone por las nubes grabaciones antiguas -algo de lo que gusta especialmente, sean buenas o malas, y si son rarísimas y solo las conoce él, tanto mejor-, entre ellas una de Klemperer de 1955 ¡a la que le falta un trozo de música!, una rara de Mitropoulos de 1958, también en público, más otras no menos raras de Stokowski (1960) y de Horenstein (1964), esta pirata y totalmente inencontrable. Todas ellas son, según él, magníficas. Llegamos por fin a una de sonido que pueda disfrutarse y apreciarse de veras: la primera de Boulez (1973) y a continuación la de Karajan (1982): estas le parecen también admirables. Hasta llegar a la última, que según él vale bien poco. ¿Quién la dirigirá? ¡En efecto, han acertado: la de Barenboim, con la Sinfónica de Chicago, Teldec 1993! Es, mira por dónde, la única decepcionante de las siete. Dice que es una "convencional traducción", con "evidente desgana expresiva, acentuada por la lentitud de tempi impuesta por la batuta, y da la impresión de que la obra está leída sin mucho entusiasmo", "que pasa con absoluta indiferencia por encima de Dehmel, Schoenberg y cualquier transfiguración". "Sin duda, [solo] para incondicionales de Barenboim": esto último, y pese a que le leo poco, se lo he leído a EPA una siete mil ochocientas veces. ¡Ya vale, hombre!...

Quienes conozcan esta versión de Barenboim se darán cuenta de que lo que afirma EPA es totalmente falso, pues se trata simple y llanamente de la interpretación discográfica no ya mejor tocada y mejor grabada (que también) de la docena que conozco, sino que la dirección de Barenboim no tiene ninguno de los defectos que le atribuye EPA, sino más bien lo contrario. Es, con casi toda seguridad, la mejor interpretación de la historia del disco, algo que melómanos amigos míos no precisamente muy entusiastas de Barenboim admiten y reconocen. 

Hace años, en una encuesta de "Ritmo" que preguntaba a varios críticos por su disco favorito, yo escogí, entre los casi cuarenta mil que tengo, justamente este, por sus formidables interpretaciones, por el interés del programa que contiene, por la extraordinaria calidad de la toma sonora y hasta por la preciosa y esmeradísima presentación del CD. Invito a que quienes no lo conozcan escuchen este disco y decidan quién tiene razón, si EPA o yo.  

Y finalmente, otra muestra de la ecuanimidad de EPA: afirma, como he dicho, que los tempi de Barenboim son lentos en esta Noche transfigurada. Pero miren cuáles son las duraciones que da EPA de las versiones que comenta: Klemperer, 28' (y le falta un cacho); Mitropoulos, 31'; Stokowski, 28'; Horenstein, 30'; Boulez, 29'; Karajan, 29'; Barenboim, 29' (¿¡es más lenta que la media!? ¡No, al contrario!) Bien: les voy a dar la duración exacta de las grabaciones de estudio que conozco: Barenboim/English Chamber (EMI 1968): 31'17"; Atherton/London Sinfonietta (Decca 73): 29'29"; Boulez/Filarmónica de Nueva York (Sony 74): 28'35"; Karajan/Filarmónica de Berlín (DG 74): 29'46"; Boulez/Ensemble InterContemporain (Sony 1984): 29'16"; Chailly/Sinfónica Alemana de Berlín (Decca 87): 30'02"; Orpheus Chamber (DG 90): 28'37"; Holliger/Cámara de Lausana (Teldec 90): 32'30"; Sinopoli/Philharmonia (DG 95): 32'55"; Barenboim/Sinfónica de Chicago (Teldec 95): 29'21". Es decir, más rápida que la media, le guste o no a EPA. ¡Vaya rigor!  

P.D.: A ver si EPA se entera de que es blu-ray, y no blue-ray, como escribe reiteradamente, sin ir más lejos en su crítica al último álbum Schubert de Harnoncourt, en el mismo número de "Scherzo".