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martes, 31 de enero de 2017

PRIMEROS "GURRELIEDER" ESCENIFICADOS



La idea de escenificar esta especie de gigantesca cantata para solistas, coro y orquesta me resultaba a priori tan interesante como complicada y arriesgada; es al parecer la primera vez que se hace. Pues bien, vistos los resultados de este DVD/Blu-ray del sello Opus Arte, creo que ha merecido la pena. No siempre entiendo la acción que propone el conocido Pierre Audi (n. 1957), pero no cabe duda de que buena parte del tiempo funciona y de que el director de escena libanés formado en Oxford (¿volverá a ser posible esto después del Brexit?) logra imágenes de gran fuerza. Apoyado, desde luego, en cantantes -coro incluido- que actúan realmente muy bien y con gran convicción. Al margen de la escena, lo que he podido disfrutar es la extraordinaria calidad musical de la interpretación. Marc Albrecht (Hannover, 1964), hijo del no muy conocido director George Alexander Albrecht, es desde 2012, y tras su paso por la Orquesta Filarmónica de Estrasburgo, director musical de la Orquesta Filarmónica y de la Ópera Neerlandesa; conocía su sintonía -como la de su padre- con la música del siglo XX, y aquí demuestra su competencia técnica y su honda comprensión del diverso lenguaje schoenbergiano, tanto el de las primeras páginas de la enorme partitura, claramente en la línea post-romántica, como en las ásperas y crudas -antirrománticas- escenas siguientes. Los Coro de la Ópera Holandesa y del Forum de Essen, muy bien conjuntados, responden de modo admirable, y lo mismo puede decirse de la Orquesta, en un cometido no menos expuesto. Realmente, el joven director alemán puede equipararse, poco más o menos, a sus colegas más ilustres al frente de conjuntos corales y orquestales de primera línea internacional: Boulez (Sony 1975), Ozawa (Philips 1979), Chailly (Decca 1990), Mehta (Sony 1992), Sinopoli (Teldec 1996) o Rattle (EMI 2002).

Y no menos puede afirmarse del elenco vocal reunido por la Ópera Neerlandesa: me parece que ni un solo reparto vocal ha sido globalmente superior a este, hasta la fecha. Como Waldemar, el tenor Burkhard Fritz, aun sin una voz del suficiente squillo, canta con una técnica y un sentido musical ejemplares, transmitiendo con intensidad y sin excesos la angustia y la rebeldía del atormentado personaje (entre tenores excelentes como Jess Thomas -Boulez-, Jerusalem -Chailly-, Thomas Moser -Sinopoli, Rattle- o Heppner -Levine-, sigue pareciéndome James McCracken, con Ozawa, el más impresionante). La soprano Emily Magee (Tove), en un momento de plenitud dramática sin merma de su plateado timbre, puede codearse con Norman -Ozawa-, Marton -Mehta-, Voigt -Sinopoli, Levine- o Mattila -Rattle-, entre sus competidoras más destacadas. En cuanto a Anna Larsson como Paloma del bosque, su potencia puede impactar tanto como las cualidades de cualquiera de sus colegas (Minton -Boulez-, Troyanos -Ozawa-, Fassbaender -Chailly-, Quivar -Mehta-, Larmore -Sinopoli-, Von Otter -Rattle- o W.Meier -Levine-), si bien Janet Baker (con Ferencsik, EMI 1974) sigue en mi opinión imbatible. No recuerdo haber escuchado antes al barítono-bajo Markus Marquardt (Campesino), pero no desmerece frente a Nimsgern -Boulez-, Weikl -Sinopoli- o Quasthoff -Rattle-. Y en cuanto a Klaus el loco de Wolfgang Ablinger-Sperrhacke, me ha gustado tanto como el que más, es decir Philip Langridge (con Rattle). Muy convincente, también, finalmente, la Narradora de la actriz luxemburguesa Sunnyi Melles, quien sin embargo no me hace olvidar a Günter Reich (Boulez), Werner Klemperer (Ozawa), Hotter (Chailly, Mehta), Brandauer (Sinopoli) o el mismo Quasthoff (Rattle); tal vez se pueda deber a que encuentro preferible una voz masculina (o que estoy más acostumbrado a ella)... (Nota personal: mientras veía los saludos de los intérpretes al final de la representación y pensaba en lo acertada que había sido la elección del elenco, me encuentro en los títulos de crédito con que el responsable del mismo es Jesús Iglesias Noriega, excompañero mío en el Teatro Real y que ahora es algo así como consejero artístico en la Ópera Neerlandesa: ¡mi enhorabuena, Jesús!).

Ya existía una versión en DVD (D.G. 2012) de los Gurrelieder, dirigida por Josep Pons, pero se trata de la filmación de un concierto, no escenificado: pese a su esforzado trabajo, no alcanza a las citadas ni por su elenco ni por sus contingentes coral y orquestal, considerablemente más modestos.


DISCOGRAFÍA DE LOS "GURRELIEDER" DE SCHOENBERG  (*DVD/Blu-ray)

1965    DG      Schachtschneider/Borkh/Töpper/Engen/Fehenberger/H.H.Fiedler
                        Kubelik/Coro y Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara

1974    EMI     Young/Arroyo/Baker/Odd Wolstad/Niels Möller/Patzak
                        Ferencsik/Coro y Orquesta Sinfónica de la Radio Estatal Danesa

1975 Sony       J.Thomas/Napier/Minton/Nimsgern/Kenneth Bowen/Günter Reich
                        Boulez/Coros y Orquesta Sinfónica de la BBC

1979 Philips    McCracken/Norman/Troyanos/David Arnold/Kim Scown/W.Klemperer
                        Ozawa/Coro del Festival de Tanglewood/Orquesta Sinfónica de Boston

1990 Decca     Jerusalem/Susan Dunn/Fassbaender/H.Becht/Peter Haage/Hotter
                        Chailly/Coros de Berlín y Düsseldorf/Orquesta Sinfónica de Radio Berlín

1992 Sony       Gary Lakes/Marton/Quivar/John Cheek/Jon Garrison/Hotter
                        Mehta/New York Choral Artists/Orquesta Filarmónica de Nueva York

1995 DG         Jerusalem, Sweet, Lipovsek, Welker, Langridge, Sukowa
                        Abbado/Coros de Viena y Bratislava/Orquesta Filarmónica de Viena

1996 Teldec    T.Moser/Voigt/Larmore/Weikl/Riegel/Brandauer
                        Sinopoli/Coros de Dresde, Leipzig y Praga/Staatskapelle Dresden

2002 EMI        T.Moser/Mattila/Von Otter/Quasthoff/Langridge/Quasthoff
                        Rattle/Coros de Berlín y Leipzig/Orquesta Filarmónica de Berlín

2004 Oehms    Heppner/Voigt/W.Meier/Eike Wim Schulte/Matthew Polenzani/E.Haefliger
                        Levine/Coros de Múnich y Bamberg/Orquesta Filarmónica de Múnich

*2011  DG      Nikolai Schukoff/Melanie Diener/C.Hellekant/José A. López/F.Vas/B.Sukowa
                        Josep Pons/Coros de Barcelona/Orquestas Jóvenes de Cataluña y España

*2016 OpusA  B.Fritz/Magee/Larsson/Markus Marquardt/Ablinger-Sperrhacke/Sunnyi Melles
                        Marc Albrecht/Coros de Ámsterdam y Essen/Orquesta Filarmónica Neerlandesa

martes, 24 de enero de 2017

La Obra de Cámara completa de Brahms: un Blu-ray de EuroArts "obligatorio"



En una época en la que se publican tantas tonterías -discos de cellistas jóvenes y guapas, de pianistas jóvenes y guapos, de violinistas u organistas extravagantes, quienes, en el mejor de los casos, son notables, cuando no abiertamente detestables- uno se reconcilia con la industria disco-videográfica cuando se encuentra con publicaciones como este Blu-ray de 986 minutos de duración (o sea, casi 16 horas y media), que demuestra que alguien se ha ocupado de buscar todo lo que existiese filmado de estas 25 obras maestras, que ha encontrado que todas lo estaban (¡quién lo hubiera creído!) y que ha gestionado todos los permisos (labor que puede ser latosísima) para ofrecer esta recopilación, que tiene un nivel interpretativo medio muy alto. De todo esto, solo estaba anteriormente en DVD una parte mínima: me parece que solo los 3 Tríos para piano, violín y cello y el Trío con clarinete; del resto, una parte pequeña salió en su día en vídeo VHS y laser disc, soportes ya hoy antediluvianos, y alguna que otra cosa pudo haberse visto en las televisiones alemanas o francesas que ofrecen música clásica; el resto, ni eso... Pues bien, han hallado hasta el Scherzo F.A.E. para violín y piano, por David Oistrakh y Frieda Bauer (de 1962, lo único en blanco y negro), una interpretación por cierto, espléndida, en la que a la pobre pianista casi no se la ve.

Las 7 Sonatas
Las 3 Sonatas para violín y piano, grabadas en el Chicago Symphony Hall el año 1991, fueron publicadas en CD y laser disc por Sony y recibieron unas críticas enormemente laudatorias, en mi opinión en exceso, pues, tanto en la (Allegro molto moderato) como en la (Allegretto grazioso, quasi andante), los finales resultan algo expeditivos. La es, en cambio, extraordinaria: una visión muy dramática, amarga y hasta rabiosa. El sonido Itzhak Perlman es glorioso, e intensísimo su lirismo, mientras que el de Daniel Barenboim no me parece todo lo brahmsiano que suele (¿será, en parte, debido a la toma de sonido? En todo caso, aquí suena mucho mejor que en el CD). El de Buenos Aires me convence más en su anterior grabación con Zukerman (DG 1975) y, sobre todo, en la posterior de la Tercera con Vengerov (Teldec 1999). Un gran acierto me parece la filmación, a cargo del conocido productor de vídeos de conciertos clásico János Darvas, con mucho el más habitual en esta publicación del sello EuroArts. 

Las 2 Sonatas para cello y piano me parecen lo más flojo de toda la recopilación: aunque Miklós Perényi posee un sonido bello -no muy grande-, musicalidad cierta y un buen fraseo, creo que él y el pianista Zoltán Kocsis -de sonido seco y duro, poco Brahms- cometen un grave error por el tempo, desquiciadamente rápido (5'30" frente a los más de 6'30" de media), del finale de la y, en menor medida, del de la . Filmadas en el Castillo de Faber-Castell (sí, como los lápices) de Stein, cerca de Núremberg en 1990, puede que los programadores no hayan encontrado otra opción mejor (yo no conozco ninguna), pero no deja de ser un borrón en la colección. Desconocía las 2 Sonatas para clarinete y piano grabadas en 1996 por Metropolitan Múnich (como las de cello) a cargo de Wenzel Fuchs (solista de la Filarmónica de Berlín) y Elena Bashkirova: la 1ª merece, para mí, el primer 10 de la serie. El sonido y la capacidad de matización de Fuchs son ilimitados, y la prestación de la esposa de Barenboim, sensacional (superior, sí, a la de su esposo en su grabación con el virtuoso Gervase De Peyer, de sonido poco adecuado). A un nivel musical casi tan portentoso se halla la .

Los 5 Tríos
Acierto mayúsculo en todos ellos: los tres Tríos de piano, violín y cello (Metropolitan 1997) corrieron a cargo de la Bashkirova, Maxim Vengerov y Boris Pergamenschikov, tres solistas de campanillas estrechamente conjuntados en cuanto a musicalidad y empaste sonoro; el creo que merece el segundo 10, y casi casi tanto los dos anteriores. El Trío para piano, clarinete y violonchelo (publicado antes en DVD junto a esos tres por EuroArts) es otra diana a cargo de la misma pianista, el clarinetista Fuchs y el cellista, también espléndido, Dietmar Schwalke, de la Filarmónica de Berlín. El Trío para piano, violín y trompa, filmado en el precioso y recogido Teatro de Ópera del Margrave de Bayreuth en 1991 -y publicado en origen por Sony en VHS y laser disc- constituye la mayor cima de esta recoplicación; tres músicos excepcionales dando lo mejor de sí: Barenboim, Perlman y Dale Clevenger (primer trompa de la Sinfónica de Chicago, de sonido glorioso y regulación dinámica ilimitada) ahondaron al límite en esta magna partitura, poco conocida por su dificultad de ejecución, logrando un incomprensible empaste sonoro entre tres instrumentos tan difíciles de fundir, una interpretación brahmsiana a más no poder que deja en la cuneta a cualquier otra grabación de esta Op. 40 (decepcionantes casi todas, incluso ridículas algunas).

Los 6 Cuartetos
Conocía muy poco del Cuarteto Keller, grupo húngaro que aquí me ha sorprendido muy favorablemente. Grabados en 1994 con magnífico sonido (a cargo de Kees de Visser), sus tres Cuartetos, op. 51/1 y 2 y op. 67, son intensos, vehementes y en algún episodio (Vivace del Tercero) en exceso expeditivos. El nivel técnico de ejecución es muy alto, habiéndome llamado la tención en especial el viola, Zóltan Gál. No entiendo por qué no han asumido los tres Cuartetos con piano filmados por Sony en 1991: solo han escogido el Segundo, op. 26: Emanuel Ax, Isaac Stern (con el sonido un poco perjudicado por la edad, pero tan gran artista como siempre), Jaime Laredo y Yo-Yo Ma logran una interpretación excepcional. Algo menos los encargados de tocar el Primero y el Tercero (1993): la violinista Yuuko Shiokawa no da la talla -sonido algo seco y metálico-, pero por suerte se mantiene musicalmente en la órbita de los otros tres espléndidos solistas, Nobuko Imai, Miklós Perényi (muy cabal aquí) y el piano de András Schiff.

Los 4 Quintetos
Cuatro de los cinco Quintetos de Brahms de esta publicación están a pedir de boca: son los de cuerda interpretados en 1997 por el Cuarteto Takács y Nobuko Imai de primera viola en un precioso hotel antiguo de Badenweiler, sala pequeña con estupenda acústica -preciosa realización, una vez más, de János Darvas-. La belleza y la intensidad emocional de las versiones es enorme (no entiendo por qué los Cuartetos de cuerda que el Takács grabó en audio para Decca no tienen este nivel). Tampoco lo tiene el Quinteto con piano, perjudicado sin duda por el bruto piano, sempre forte e sempre percutente, de Kocsis, que debe de creer que está tocando Bartók, autor al que sí hace justicia. La para mí más bella partitura camerística de Brahms, el Quinteto para clarinete y cuarteto de cuerda, está tan admirable como emocionantemente puesta en sonidos por el antiguo clarinete de la Filarmónica de Berlín -Karl Leister, de sonido ideal para este compositor- y cuatro compañeros suyos de la orquesta: Bernd Gellermann y Bernhard Hartog, violines, Wolfram Christ, viola, y Jörg Baumann, cello (Metropolitan Múnich 1989). Sin duda, una interpretación de primer orden de esta obra capital (de la que Federico Sopeña decía que era, junto al Quinteto con dos cellos de Schubert, lo más extraordinario de toda la música de cámara del siglo XIX posterior a Beethoven. Opinión que comparto). Lástima que la calidad técnica sea en esta ocasión manifiestamente mejorable.

Los 2 Sextetos y los "bonus"
Los dos Sextetos están tocados en 1996 por el llamado Sexteto de Cuerda de Viena, cuyos componentes, la verdad, no me suena haberlos visto en la Filarmónica de la capital austríaca (¿serán de la Sinfónica?). Suenan muy bien (sí, a Brahms) y tocan muy bien pero no tocan fondo en estas obras, en especial en el Op. 18, algo apresurado en sus hermosos e hiperexpresivos dos primeros movimientos; bastante mejor el Op. 36, sin hacer olvidar la grabación de audio de Menuhin, Aronowitz, Gendron y compañía (EMI 1964-65). Pero, la verdad, la valoración global sobre la colección me parece muy positiva, y permite por primera vez no ya escuchar, sino también ver todas estas obras que deberían ser objeto de devoción de todo buen melómano (aunque me temo que distan de serlo).
Como bonus, contamos con dos obras para dos pianos: las Variaciones Haydn y la Sonata op. 34b (transcripción del Quinteto con piano) a cargo de los hermanos Anthony y Joseph Paratore (1989), de sendos documentales: uno con los intérpretes del Segundo Cuarteto con piano y otro con Imai y los componentes del Takács y, finalmente, de un film de Darvas (de casi una hora) titulado "Pero no para mujeres... Dr. Brahms, Johannes Brahms". Confieso que antes de verlos no me reprimo ya, sin esperar más tiempo, para animarles a que se hagan con este blu-ray. Máxime si hacen el cálculo: la hora de música sale a menos de cuatro euros.

miércoles, 18 de enero de 2017

Uno de los mejores álbumes de mi discoteca



"Janet Baker. The great recordings"

Lo es, sin duda, el que hace poco ha editado Warner Classics con todos los fondos EMI (más unos pocos de Virgin y de Erato) conteniendo en 20 CDs las grabaciones de (Dame) Janet Baker, para mí, sin asomo de duda, la mezzosoprano más admirable que he escuchado jamás. La cantante nacida en Hatfield, Yorkshire, el 21 de agosto de 1933, ganadora en 1956 del segundo premio (¿quién diantres obtendría el primero?) en el Concurso Kathleen Ferrier y a continuación discípula en Salzburgo de Lotte Lehmann, se descubrió desde bastante joven -incluso antes de que comenzase a grabar para EMI, pues tiene algunos discos anteriores para Decca- como una artista absolutamente excepcional.

La más grande de las mezzosopranos
Realmente lo tiene todo: un timbre de gran belleza -lírico pero con una voz llena y amplia-, una técnica de fábula -capaz de un legato memorable y de una ilimitada capacidad de regulación dinámica, hasta un inenarrablemente bello pianissimo en el registro agudo- y, sobre todo, más asombroso aún, una musicalidad como muy pocos cantantes en todo el siglo XX: tal vez solo Fischer-Dieskau ha llegado a semejantes estratosféricas alturas.

A pesar de que este álbum no contiene testimonio de algunos de sus papeles operísticos más logrados, como su Penelope de Il ritorno di Ulisse de Monteverdi, su Dido en Dido y Eneas de Purcell, su Giulio Cesare haendeliano y otros del período barroco, su inconmensurable Orfeo del Orfeo ed Euridice haendeliano, su Dorabella del Così fan tutte de Mozart, su Maria Stuarda donizettiana o el rol titular de La violación de Lucrecia de Britten, presenta multitud de lieder en varias lenguas, numerosas partes en obras sacras y profanas de muy diversas épocas, y es tan extraordinaria en todas ellas que su arte parece realmente no conocer límites (bueno, naturalmente que los tiene: nunca abordó -e hizo muy bien- papeles muy dramáticos, por ejemplo de Verdi, Wagner o Strauss).

Comentar aunque fuera brevemente las interpretaciones de esta caja (que se puede encontrar muy, muy barata) sería demasiado aburrido por la constante proliferación de adjetivos laudatorios, así que procuraré ser parco en el recorrido por el ingente repertorio que contiene.

CD 1: "la primera en la frente", como se suele decir: sus tres arias de Monteverdi -el Lamento de Ariadna y las dos arias de Octavia en La coronación de Popea (Leppard, 1969: daré siempre fechas de grabación, no de publicación)- son tan sobrecogedoras que te dejan, ya desde el minuto uno, sin habla. El LP original se completaba con otras dos joyas: la Cantata pastoral de Alessandro Scarlatti y la Salve Regina de su hijo Domenico. Rellenan el CD con dúos de Schütz, Schein y un tal Lilius (s. XVII) junto a Dietrich Fischer-Dieskau y el clave de George Malcolm (1970).

Los 20 CDs
 
CD 2: Dowland, Campion, Purcell, Monro, Boyce y Arne con el clavecinista Martin Isepp (1967), dúos de Henry y William Lawes (preciosos los dos de este) así como Haendel, con Dieskau y Malcolm (1970, en público como los del CD anterior). Sigue un recital con dúos de Purcell, Mendelssohn (¡maravillosos unos y otros!), Fanny Mendelssohn y Cornelius con Dieskau y Barenboim (en público, 1969): ¡sin palabras!

CD 3: en lugar de extraer las arias como han hecho en las obras más extensas, con muy buen criterio han puesto íntegras las dos Cantatas de Bach: BWV 82 "Ich habe genug" y 169 "Gott soll allein mein Herze haben", dirigidas admirablemente en 1966 por Menuhin. De Baker decir que solo Dieskau ha ahondado hasta tal punto en la 82. Han añadido arias de Bach dirigidas por Gönnenwein (1967) Willcocks (1970) y Marriner (1975).

CD 4: un aria de Stölzel y once de Bach, con Marriner (1975), Sir Philip Ledger (1977) y un tal Otto Klemperer (1967: las tres de la Gran Misa en Si menor; la última, "Agnus Dei", es una de las cosas más sublimes que haya escuchado jamás a una voz humana).

CD 5: dos arias de El Mesías con Mackerras (1966), dos cantatas de Haendel con Leppard (1967): Ah! crudel nel pianto mio y Armida abbandonata, absolutamente memorables.

CD 6: arreglos de Canciones folklóricas escocesas: 19 realizados por Haydn y 5 por Beethoven, con Menuhin al violín (¡!) y Malcolm al clave (1975). Se añaden los restantes dúos de Schumann (6) y Brahms (4), páginas ma-ra-vi-llo-sas grabadas en público el año 1969 junto a Dieskau y Barenboim. Goce superlativo.

CDs 7 y 8: los 31 lieder de Schubert (uno de ellos, Die Vögel, D 691, publicado por vez primera) grabados en 1967-1971 junto al inmenso Gerald Moore: uno de los recitales Schubert más admirables existentes en disco. Se completan con otros doce junto al también excelente Geoffrey Parsons (1980).

CD 9: otros dos lieder schubertianos con Moore y dos más con Parsons de los mismos años (ignoro por qué los han separado), 16 de Mendelssohn (varias joyas entre ellos) con Parsons (1980) y Amor y vida de mujer de Schumann con un Barenboim en general menos inspirado de lo esperable (1975).

CD 10: no ocurre así con la otra cara del LP original, que contenía el excelso Liederkreis op.39: aquí el pianista de Buenos Aires sí está a la altura que puede exigírsele. Más otro lied (Der Nussbaum) de Schumann con Moore (1972) y el contenido de un LP Brahms de 1977 con André Previn al piano (espléndido casi siempre): 8 lieder más los dos Cantos sacros op. 91 (estos junto al viola Cecil Aronowitz) y los colosales Cuatro Cantos Serios op. 121, cima liederística de su autor: ni siquiera su gran antecesora Kathleen Ferrier ahondó en ellos hasta tal punto.

CD 11: los 12 lieder de Liszt que grabase en 1979-80 con Parsons, un recital sensacional. Siguen cuatro de Hugo Wolf y dos de Mahler con Moore (1967-68).

CD 12: 8 lieder de Richard Strauss, varios de ellos excelsos, con Moore (1967, 1972), una incomparable Canción de la paloma del bosque de los Gurrelieder de Schoenberg de la obra completa con Ferencsik (1974) y el precioso ciclo de Respighi La Sensitiva, dirigiendo -muy bien- Richard Hickox (1990: la voz había perdido frescura y presentaba ya cierto filo; el arte seguía intacto).

CD 13: la Rapsodia para contralto de Brahms, los Wesendonck-Lieder de Wagner y 4 lieder con orquesta de Strauss con la Filarmónica de Londres y Boult (1975): inenarrable ella y desigual la batuta (floja en la Rapsodia). Para las Sea Pictures de Elgar (1965) y un aria de El sueño de Geroncio (1964), siempre con un colosal Barbirolli (London Symphony y Hallé), realmente no hay palabras. ¡Un diez se queda corto!

CD 14: ¿os lo podéis creer?: ¡el mejor disco del álbum! Los tres ciclos de Mahler -Kindertotenlieder, Rückert y Eines fahrenden Gesellen- más otro Rückert repetido (Ich bin der Welt) con un inmenso Barbirolli (Hallé, 1967 y New Philharmonia, 1969). El CD se completa con el Urlicht de la Sinfonía Resurrección (1986) con Rattle (lo mejor de la desigual versión).

CD 15: programa Berlioz, con el bellísimo ciclo Las noches de estío (Barbirolli/New Philharmonia,1969: a distancia por delante de cualquier otra versión) más la impresionante cantata La muerte de Cleopatra y dos grandes escenas de Los Troyanos: asombrosa Baker, una vez más, junto a una inesperadamente sensacional batuta de Sir Alexander Gibson (LSO, 1970).

CD 16: Shéhérazade de Ravel con Barbirolli/New Philharmonia (1967: está visto que la pareja Baker/Barbirolli fue siempre explosivamente genial), el hermoso Poema del amor y del mar de Chausson y cuatro bellas canciones de Duparc con un atmosférico a más no poder e inspiradísimo Previn en el podio de la London Symphony (1977): otras dianas difícilmente superables. El aria de Maragarita de La condenación de Fausto de Berlioz con Prêtre y la Orquesta de París, también estelar (1969), cierra el disco.

CD 17: mélodies (dos de Duparc, ocho de Fauré, seis de Debussy -las de Bilitis y otras tres-, una de Hahn, de Massenet, de Chabrier y de Gounod) con un Moore (1969) que se encuentra en su salsa también con los autores franceses -al igual que Baker, por cierto-. se añaden tres canciones de Berlioz con Hickox (1990).

CD 18: llegamos al mundo inglés de la canción: Parry, Stanford, Vaughan Williams, Quilter, Ireland, Gurney, Warlock, W. Busch, Britten, Burns, Sullivan, Hughes, Bax, Howells, Finzi (todos con Moore, 1967, 72 y 73), más "Out in the Lawn" de la Sinfonía Primaveral de Britten (Previn, 1978) y tres escenas de la ópera de Walton Troilus and Cressida, con Lawrence Foster, en vivo en el Covent Garden (1976). Completamente en su elemento.

CD 19: Mendelssohn: el más conocido de sus lieder, Auf Flügeln des Gesanges (Moore, 1972), las dos arias de mezzo del oratorio Elías en la mejor interpretación aún existente en disco (Frühbeck, New Philharmonia, 1968), el Salmo 42 íntegro y el aria de concierto Infelice, ambos con Hickox. Estos mismos intérpretes añaden una Rapsodia de contralto brahmsiana (también de 1989), bastante mejor dirigida que la de Boult.  

CD 20: otras Noches de estío de Berlioz de nuevo con Hickox, siempre con la City of London Sinfonia (1990) en las que Baker aún se conserva bastante bien de voz, pero que no hacen sombra a las de 21 años antes. Y 17 canciones sacras con certeros acompañamientos de Sir Philip Ledger al órgano (1981): desde el Ave Maria de Bach/Gounod a un espiritual negro (Were you there?) pasando por títulos de Parry, Liddle, Walford Davies, Vaughan Williams, Sanderson, E. Martin, Brahe, Warlock, D. Ford, Cleghorn y Plumstead (¡a algunos los conocerán en sus casas!), más un sublimemente cantado Pie Jesu del Requiem de Duruflé. Confieso que, escuchadas todas seguidas, estas religiosidades varias han llegado a estomagarme un poco. Pero no es culpa de la divina Baker.

miércoles, 11 de enero de 2017

En la muerte de Georges Prêtre



De la opereta a la ópera

Uno de los más respetados y admirados directores de orquesta franceses de los últimos sesenta años, Georges Prêtre (Waziers, 14-8-1924 - Navès, 4-1-2017) es, sin embargo, relativamente desconocido en España. Ello se debe por una parte a que no dirigió mucho en nuestro país y por otra a que su discografía no ha conocido la debida divulgación entre nosotros. A los veinte años obtuvo en el Conservatorio de París un primer premio... como trompetista. Discípulo en la clase de armonía de Maurice Duruflé, cuando se decantó por la dirección estudió con Pierre Dervaux y André Cluytens. Pero no le fue fácil encontrar trabajo empuñando la batuta, de modo que hubo de conformarse con dirigir operetas, escondido bajo el seudónimo de Georges Dhérain. En 1946 consiguió dirigir ópera en la de Marsella, teatro al que siguieron los de Lille, Casablanca y Toulouse. Entre 1956 y 1959 fue director musical de la Ópera Cómica de la capital francesa. A partir de ese momento comenzó su carrera internacional, que le llevó a las Óperas de Chicago, Londres (Covent Garden), Nueva York (Metropolitan), Milán (Scala) o Viena, en cuya Ópera Estatal debutaría (1962), por invitación de Herbert von Karajan, con Capriccio de Richard Strauss. Estas apariciones fueron en buena parte posibles gracias a la recomendación de dos grandes músicos: del compositor Francis Poulenc, del que había estrenado en 1959 su ópera más admirada, La voix humaine, y de la soprano Maria Callas. Uno y otra declararon públicamente que Prêtre era "su director favorito". Junto a la famosa cantante griega grabó un disco de arias francesas en 1960, y cuatro años más tarde, las óperas Carmen y Tosca. En unas y otras se puede apreciar la maestría de Prêtre, su completa sintonía con la ópera francesa, sí, y también con Puccini.

El repertorio sinfónico

Pero Prêtre se fue interesando cada vez más por el repertorio sinfónico, lo que le llevó a la dirección asociada de la Royal Philharmonic Orchestra londinense (1962-1970). Su aventura al frente de la Ópera Nacional de París duró en cambio escasamente una temporada, la de 1970-71. A partir de ese momento fue escuchado no menos fuera que dentro de su país, subiéndose al podio de las más renombradas orquestas, como la Philharmonia londinense, las Filarmónicas de Berlín y Viena y, por descontado, los principales conjuntos sinfónicos de Francia. En 1986 fue nombrado principal director invitado de la Sinfónica de Viena, institución que le designaría director honorario vitalicio.

En 2008 apareció al frente de la Orquesta Filarmónica de la capital austríaca para dirigir el mundialmente divulgado "Concierto de Año Nuevo". Para entonces, era un músico bastante olvidado por el melómano medio, hasta el punto de que algunos ni siquiera sabían si seguía vivo. Pero el más anciano de cuantos habían dirigido hasta entonces el primer día del año ese acontecimiento mediático resultó ser un revelador intérprete de la música de los Strauss, a los que aportó una especial elegancia, una inesperada sutileza tímbrica, una extraordinaria delicadeza. Tras su enorme éxito, fue invitado al mismo evento dos años más tarde. Publicados en audio y en vídeo, estos conciertos están entre los últimos documentos publicados de Prêtre; tal vez el último ha sido su filmación en 2011 de un programa con las Fuentes y los Pinos de Roma de Respighi y la Sinfonía de César Franck en Milán con la Filarmónica de La Scala, tres obras en las que demostró una maestría suprema, con una serenidad, una entrañable joie de vivre y, también, una gran brillantez. La propina que ofreció, la Barcarola de Los cuentos de Hoffmann de Offenbach, es de una belleza melódica y una dulzura incomparables.

Prêtre en disco

En sus numerosas grabaciones de música de muy variados compositores franceses, desde que era joven, se aprecian una identificación difícil de superar, sean Berlioz, Gounod (Fausto con Domingo, Freni, Ghiaurov, Allen y la Ópera de París, 1979), Bizet (Los pescadores de perlas, con Cotrubas y Vanzo, 1978), Massenet (un maravillosamente gobernado Werther con Gedda, Victoria de los Ángeles, Soyer, Mesplé y la Orquesta de París, 1969), Offenbach (su filmación de Los Cuentos de Hoffmann en el Covent Garden, con Domingo, Serra, Baltsa, Cotrubas, Evans, Nimsgern y Ghiuselev, 1981), Saint-Saëns (Sansón y Dalila con Vickers, Gorr, Blanc, Diakov y la Ópera de París, 1962), Gustave Charpentier (Louise con Cotrubas, Domingo, Bacquier, Berbié y la New Philharmonia,1976) o Poulenc (La voz humana con Denise Duval en 1959 y Julia Migenes en 1990). Y, fuera del campo operístico, Berlioz (su Condenación de Fausto con Baker, Gedda, Bacquier y la Orquesta de París, 1970), Gounod (la Misa de Santa Cecilia con Barbara Hendricks, 1984), Saint-Saëns (las Sinfonías con la Sinfónica de Viena y Marie-Claire Alain, 1991, o El carnaval de los animales con Ciccolini y Weissenberg, 1967), Roussel (Baco y Ariadna y El festín de la araña con la Nacional de Francia, 1986), Milhaud (obras orquestales con la Filarmónica de Montecarlo, 1971 y 1983), Poulenc (partituras diversas con las Orquestas Philharmonia, de París y del Conservatorio, 1962-68 y 1980), D'Indy, Dukas, Satie, Marcel Landowski... Sorprende, sin embargo, la llamativa ausencia, casi completa, de grabaciones de música de Debussy y Ravel (con la excepción de un maravilloso Shéhérazade de este último junto a Victoria de los Ángeles en 1962), quizá reservadas por las grandes compañías discográficas a maestros más conocidos o mediáticos, franceses o no.

Como es normal, Prêtre ha sido encasillado -quizá en exceso- en música francesa, pero sus incursiones en músicas de otras latitudes suelen culminar en grandes aciertos, sean las referidas Tosca, los Respighi, una espléndida Lucia di Lammermoor de Donizetti (Moffo, Bergonzi, Sereni y Flagello) o una magnífica Traviata -Caballé, Bergonzi y Milnes, 1967- en la que Prêtre nada cede frente a las batutas más estelares de Kleiber, Solti, Muti o Maazel. Así como las grabadas y filmadas Cavalleria rusticana y Pagliacci con Obraztsova, Domingo, Stratas y Pons en La Scala, 1984. También una imponente Turandot retransmitida en 2001 desde La Scala con Alessandra Marc, Martinucci y Gallardo-Domâs, que al parecer no está comercializada (¡debería!). Por no hablar de los citados Conciertos de Año Nuevo. También grabó música de autores tan diversos como Tchaikovsky, Borodin, Dvorák, Gershwin, Shostakovich o Alban Berg.

jueves, 5 de enero de 2017

El álbum de Sony "Zubin Mehta dirige Richard Strauss"



Caja blanca, muy barata, de 8 CDs

Otro de los inapreciables álbumes blancos de Sony, de muy bajo precio, es este que contiene toda la música grabada para ese sello por el director hindú de uno de sus compositores favoritos, el autor de Salomé (incluida, por cierto, también en esta caja de 8 CDs). Varios de estos discos o no han estado o ha sido muy raro verlos sueltos en nuestro país. Lástima que no se haya podido incluir lo que Mehta grabó también para Decca y DG, pero Sony y Universal son grupos rivales. A excepción de un encendido y arrebatado Don Juan de 1965 con la Filarmónica de Los Ángeles, todas las grabaciones del álbum son digitales, con un nivel de grabación notable o más que eso. No es el caso de Así hablaba Zaratustra con la Filarmónica de Nueva York, de 1980, uno de los primeros discos digitales del sello y de sonido aún no muy logrado; tampoco la interpretación, correcta, se acerca a las mejores de la discografía (mi favorita sigue siendo la de Maazel con la Filarmónica de Viena, DG 1983, también bastante mejor grabada).

Los dos Conciertos de trompa fueron a parar a dos discos diferentes: un excelente -juvenil y ardoroso- Primero, con un gran Gerd Seifert, completaba una versión sobresaliente de la Sinfonía Alpina (1989), en todo caso más atenta al sonido que a su trasfondo. (Aquí es obligado recordar la interpretación, sensacional hasta lo inimaginable, ofrecida en Madrid para Ibermúsica por Maazel con la Sinfónica de la Radio Bávara solo unos meses antes de su muerte. Ninguna grabación se le acerca). También con la Filarmónica de Berlín es el disco con el otro Concierto de trompa, el Segundo, con un igualmente admirable Norbert Hauptmann aunque quizá algo menos logrado por la batuta; la obra central del disco, Vida de héroe (1995), conoce una suntuosa interpretación que tampoco toca fondo (aquí es obligado recomendar el portento logrado por Barenboim con la Staatskapelle Berlin, DG 2015).

La Sinfonía Doméstica (1987), de nuevo con la Filarmónica de Berlín, es la especialidad máxima de Mehta en Strauss (una interpretación de hace pocos años con la misma orquesta ha llegado más lejos aún); el complemento es igualmente sensacional: una poliédrica, llena de humor y también de lirismo Burlesca, con un genial Barenboim como solista (es lástima que Arrau, que pensaba grabarla, no llegase a hacerlo: hubiese sido muy estimulante poder comparar a los dos enormes pianistas hispanoamericanos).

El 5º CD agrupa dos partituras bastante conocidas -la Secuencia No. 1 de Valses de El caballero de la rosa y la Fantasía sinfónica sobre La mujer sin sombra- junto a dos rarezas: dos fragmentos sinfónicos de El amor de Danae y cuatro interludios sinfónicos de Intermezzo. Las dos primeras no pasan de una corrección extraordinariamente competente, mientras para la tercera no tengo referencias comparativas y algo parecido para la cuarta, pues en la ópera completa no siempre los interludios son idénticos (solo conozco la grabación de Sawallisch con la Radio Bávara, EMI 1980, creo que de nivel parejo). Este disco, también con la principal orquesta alemana, fue publicado en 1993.

Los dos discos siguientes contienen Salomé (1991, de nuevo Filarmónica de Berlín) en una suntuosa recreación orquestal, voluptuosa y de un colorido fascinante, y con un espléndido reparto: Marton, Weikl, Fassbaender, Zednik y Keith Lewis, hasta el punto de tratarse de una de las cimas de la discografía, con una toma de sonido particularmente extraordinaria. El último disco, de muy escasa duración, se compone de escenas vocales de Salomé (la final), Guntram, Ariadna en Naxos, Arabella y La Elena Egipcíaca a cargo de la portentosa voz de soprano dramática Jane Eaglen en un momento de máximo esplendor (1997), quien destaca más por eso mismo, su caudal vocal, que por la penetración psicológica de sus personajes, que sobresale, creo, en la primera y la tercera de esas óperas. El desempeño de Mehta al frente de la Filarmónica de Israel muestra su conocida adaptabilidad, camaleónica, a los más variados desempeños.

(Volviendo a lo que dije al principio, que Richard Strauss es uno de los músicos preferidos de Mehta; esto que garantiza que lo tenga que interpretar especialmente bien. Pues bien, también admira mucho a Bruckner; pero una cosa es admirarlo y otra cosa desentrañarlo adecuadamente en sus interpretaciones: hace poco me compré -estaba de saldo- un DVD con la Octava Sinfonía de Bruckner -Arthaus 1987-; en ella deja bien claro que no acierta a ponerlo en sonidos adecuadamente. Hay en esta interpretación muchos desenfoques estilísticos, incluso empastes sonoros fallidos, fraseos extraños al estilo bruckneriano, etc. De todos modos, lo que más me ha llamado la atención en este disco es la baja, muy baja forma en que se hallaban los metales de la Filarmónica de Israel. Años después, Mehta ha logrado centrarse mejor en este compositor -uno de los más difíciles, sobre todo para directores jóvenes, como afirmaba hace poco Dudamel-, incluso con esta misma orquesta israelí, cuya forma ha mejorado bastante desde aquel desdichado concierto en la Alte Oper de Frankfurt. Lo curioso es que uno de los primeros discos de Mehta fue una notable Novena de Bruckner con la Filarmónica de Viena, grabada por Decca en abril de 1965, cuando acababa de cumplir 29 años).

martes, 3 de enero de 2017

Algunas consideraciones sobre el Concierto de Año Nuevo



Gustavo Dudamel lo dirige por vez primera

He leído algunas críticas bastante o muy duras al desempeño de Gustavo Dudamel en Viena este primero de enero de 2017. Creo que son bastante injustas. En primer lugar, hay que recordar que varios directores muy importantes han tardado en cogerle el tranquillo a estas músicas, que son muy especiales, de una idiosincrasia estilística mucho más esquiva de lo que puede parecer: es el caso de Abbado, de Mehta y Muti, y tampoco es que ninguno de ellos llegara con el tiempo siempre a la excelencia en este repertorio, pero al menos mejoraron bastante. Así que ensañarse con una batuta mucho más joven (35 años) que la de esos tres cuando empezaron me parece duro e injusto. Por supuesto que los ha habido que dieron toda la talla desde la primera vez: Karajan, Kleiber, Maazel, Barenboim y Prêtre. El caso de al menos dos de estos es curioso, pues ni Karajan ni Barenboim habían logrado la excelencia en sus grabaciones anteriores de la Familia Strauss, y sin embargo la llegada al concierto del primer día de año y su contacto con la Filarmónica de Viena fueron extraordinariamente benéficos.

A la espera de, cuando salga a la venta, el blu-ray para juzgar mejor (el sonido de la transmisión de TVE1 no fue estupendo y, por otra parte, es mejor volver a ver y escuchar más de una vez estas piezas) parece que Dudamel empezó el concierto tímido y algo envarado, pese a su entrega y entusiasmo, tal vez un poco abrumado por su responsabilidad ante tantas decenas de millones de espectadores... y, más tremendo aún, ante un puñado de críticos que se las saben todas y no dejan pasar ni una (¡críticos, algunos, que han laminado a Dudamel después de haber puesto por las nubes a Jansons!). Pero justo es reconocer que desde la primera pieza de la segunda parte, la Obertura Pique Dame de Suppé, Dudamel se creció, perdió los nervios o lo que fuese; lo cierto es que en esta preciosa página alcanzó la estratosfera. Y después hubo, creo, bastantes piezas más que logradas, entre ellas el apenas citado vals de Ziehrer -en el que empleó el rubato con verdadero acierto, nada forzado-, así como varias polcas. 

No entraré en más detalles hasta que vuelva a verlo y escucharlo, pero sí quiero decir que algunas críticas han llegado a un grado de exageración al señalar los defectos que me han dejado perplejo: un crítico muy de fiar, pero a veces demasiado apasionado, ha escrito que Dudamel llegó a hacer "sonar a la pobre Filarmónica de Viena como una banda de pueblo". Yo vivo en un pueblo (Tres Cantos). Pues bien: ¡¡me pido a la Orquesta Filarmónica de Viena como banda para mi pueblo!! Incluso si sonase siempre tan rematadamente mal (¿?) como el 1-1-17. Otra cosa: me parece inconveniente que el locutor encargado de la retransmisión (por Radio Clásica y TVE1 a la vez) haga comentarios -por fuerza subjetivos y no siempre muy compartibles- sobre las interpretaciones: creo que el hecho mismo está fuera de lugar: bastan sobre la música, y sin necesidad, por cierto, de tantos datos eruditos.

Parte de la decepción de algunos críticos y no críticos sobre este concierto se debe, me parece, a algo que no es culpa de las interpretaciones, sino de la programación: los Strauss, y en particular Johann hijo, compuso muchísimo, y muchas veces cayó en la rutina total, con piezas que merecen ser olvidadas. Sin embargo, los programadores de los conciertos vieneses de año nuevo se empeñan, últimamente cada vez más, en incluir un número demasiado elevado de páginas nunca antes tocadas en ellos, con lo que afloran muchas partituras insulsas. Está bien desempolvar algunas de las olvidadas, pero no a costa de juntar tantas, tantas, en un solo concierto, ¡leñe!