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miércoles, 26 de enero de 2011

Cuatro “Werther” en CD y dos en DVD

No es Werther una de las óperas que más me apasiona (ni siquiera es la que más de Massenet: Manon), pero he disfrutado tanto con la escucha (y la visión) de la reciente grabación en DVD de Decca, con Jonas Kaufmann, Sophie Koch y Michel Plasson (comentada en este blog el 28 de diciembre), que se me ha ocurrido repasar las restantes grabaciones de mi discoteca. He aquí un somero comentario comparativo entre ellas. (Las calificaciones, de 1 a 10, son a Werther, a Charlotte y al director musical. En los DVDs, la cuarta nota es al director escénico).

CD:

-Nicolai Gedda, Victoria de los Ángeles/Orquesta de París/Georges Prêtre (EMI 1969)

-Plácido Domingo, Elena Obraztsova/Orquesta Sinfónica de Radio Colonia/Riccardo Chailly (Deutsche Grammophon 1979)

-Alfredo Kraus, Tatiana Troyanos/Orquesta Filarmónica de Londres/Michel Plasson (EMI 1979)

-José Carreras, Frederica von Stade/Orquesta de la Royal Opera House, Covent Garden/Sir Colin Davis (Philips 1981)

DVD:

-Marcelo Álvarez, Elina Garanca/Orquesta de la Ópera Estatal de Viena/Philippe Jordan/Andrei Serban (TDK/Arthaus 2005)

-Jonas Kaufmann, Sophie Koch/Orquesta de la Ópera Nacional de París/Michel Plasson/Benoît Jacquot (Decca 2010)

-Nicolai Gedda logra un admirable equilibrio entre belleza de canto y expresión; en esto seguramente no tiene rival, y además su voz, ya oscurecida, estaba en un momento ideal para este personaje, al que dota de un romanticismo soñador y ardiente (lo eusebiesco y lo florestanesco de Schumann) que arrastra y emociona. Victoria, por desgracia, estaba bastante mal de voz: el esmalte del centro ya la belleza del grave los conservaba, pero a poco que subiera, se iba a pique. Aunque dice muchas frases con gran encanto y hermosura, carece del debido dramatismo y resulta demasiado ingenua y candorosa, incluso ñoña en algún momento. Ligerísima, aniñada, Mady Mesplé (Sophie) y excelente Roger Soyer (Albert). Espléndida la orquesta, con algunos solistas increíbles, y bella e intensa la dirección de Prêtre, muy atento a todos los diversos valores de la partitura. La toma de sonido ha quedado muy sobrepasada. (9/6/8)

-Domingo me ha gustado mucho más de lo que recordaba; además, ahora estoy convencido de que Werther no es para un tenor totalmente lírico; es el intérprete más apasionado y atormentado de todos, y apenas pasa apuros en el registro agudo o apianando: realmente arrebatadora su concepción, bastante atípica entonces. A Obraztsova le sobra voz y temperamento por todas partes; aunque controla loablemente sus medios, creo que no se halla del todo cómoda aquí, y el timbre no es lo bastante cálido (ese timbre ideal para Azucena o Amneris); aun así, alcanza momentos de sobrecogedor dramatismo. Franz Grundheber fue una elección desafortunada para el lírico e irrelevante Albert; el formidable Wozzeck o impactante Amfortas está aquí fuera de tiesto. Perfecta, en cambio, Arleen Auger (Sophie), y un lujo asiático Kurt Moll como el mejor Bailli imaginable. No muy fina la orquesta. En consonancia con Plácido, el joven Chailly traía ideas nuevas para Werther –más germánico que francés–, pero no supo plasmarlas con todo el acierto esperable, en una versión con notorios altibajos y que descuida los momentos de atmósfera más distendida. (8/7/6)

-Alfredo Kraus es para muchos la encarnación misma de Werther. Yo, que también lo pensé, ya no estoy tan seguro... es, de entrada, excesivamente lírico en lo vocal, y su maravillosa línea de canto no basta para convencer en un personaje elegante y aristocrático, sí, pero también valiente, arrojado y fatalista, aspectos que Kraus no atiende lo suficiente; por el contrario, en ciertos instantes resulta levemente plañidero. Con un vibrato que me molesta un poco, la Troyanos es por lo demás una Charlotte impecable y convincente. Muy buenos Matteo Manuguerra (Albert), Christine Barbaux (Sophie) y Jules Bastin (Bailli), y soberbia la Filarmónica de Londres. En la línea de Prêtre, la dirección de Plasson es típicamente francesa por su tímbrica y su elegancia, pero no descuida el dramatismo de la obra, creciéndose en los dos últimos actos (aun así, queda lejos de su última grabación en DVD, con Kaufmann). (8,5/7,5/8)

-Menos interés tiene la versión con Carreras, que luce un timbre aún hermosísimo y un temperamento juvenil y ardiente, si bien defrauda en el aria, “Pourquoi me réveiller”, con evidentes tiranteces. En la estela de Victoria, la Von Stade hace una Charlotte blanda, demasiado dulce y frágil, carente de carácter. Muy buenos Thomas Allen (Albert) e Isobel Buchanan (Sophie), y muy flojo Robert Lloyd (Bailli). Espléndida la orquesta, si bien Colin Davis no pasará a la historia por este trabajo, correcto y esmerado, pero algo gris y descomprometido. (7,5/6/6)

-Marcelo Álvarez está –aislados apuros aparte– casi impecable: el timbre, lírico, es bello, y notable la línea de canto, pero carece de garra y de personalidad; en definitiva, no incordia pero dista de entusiasmar. Magnífica, en cambio –la mejor Charlotte hasta ese momento- Elina Garanca, de voz y canto admirables, que hace una tan sentida como honda y emotiva encarnación del personaje. De los restantes papeles sólo se salva Ileana Tonca como Sophie. Por debajo de las expectativas la orquesta, con notorios altibajos y falta de convicción la batuta de Philippe Jordan. Endeble, ridícula y poco creíble la escena. (7/9/6/4)

-No hace falta que vuelva a comentar la última versión, pero sí voy a puntuar sus cuatro elementos principales: 7,5/9,5/9/8.

sábado, 22 de enero de 2011

Más escuchas a ciegas: Alessandrini, Heras, Nelsons, Maazel, Fricsay, Nézet-Séguin…

Bach: Conciertos BWV 1044, 1052, 1054 y 1057

El clave solista es un virtuoso, pero sus ejecuciones (más que interpretaciones) son inflexibles... salvo cuando se empeña en ritardandos o acelerones repentinos e inmotivados. El Concierto triple no debe tocarse con flauta dulce (ésta suena como de chavalillo en clase de música), sino travesera. Interpretación: 4

Solución: Concerto Italiano/Rinaldo Alessandrini (Opus 111, 1996)

Debussy: Iberia. Falla: Noches

Admirable Iberia, de un gran sentido del color pero de perfiles tirando más a incisivos que a difuminados. Gran claridad. Excelente (8).

Noches: dirección bastante en estilo, pero variable, con momentos estupendos, que se ve perjudicada por un piano demasiado veloz y hasta atropellado, no siempre muy nítido. (piano: 5; dir: 7)

Solución: Saleem Abboud-Ashkar, piano/Orquesta Sinfónica de Radio Berlín/Pablo Heras-Casado (en público, 2010)

Dallapiccola: Piccola Musica Notturna. Mendelssohn: Sinfonía Escocesa

Preciosa la breve partitura de Dallapiccola, un compositor creo que injustamente muy olvidado. Me parece que está estupendamente dirigida, pero no conozco otras versiones.

La Escocesa, obra difícil donde las haya (casi no existen versiones que me entusiasmen) está francamente bien, por encima de la media de las versiones al uso en disco. Tierna, humana, muy mendelssohniana, creo que se pasa en algún momento en dulzura. (8)

Solución: Orquesta Sinfónica de Radio Berlín/Pablo Heras-Casado (en público, 2010)

Dvorák: Sinfonía del Nuevo Mundo. Wagner: Obertura de Rienzi

Tras una obertura de Rienzi muy militar (¡qué caja más desagradable!), con una buena introducción pero a ratos casi charanguera (6), la Nuevo Mundo mejora, pero resulta carente de unidad y concepto claros, y muestra serios altibajos. Parece que pretende ser original, pero nada nuevo aporta. La planificación polifónica es caprichosa: hay cosas que casi no se oyen, y otras que destacan en exceso en detrimento de otras voces (7).

Solución: Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham/Andris Nelsons (en público, Proms 2010)

Mahler: Sinfonía 7

Espléndida versión, admirablemente analizada, de extraordinaria claridad, lo que confiere al entramado temático una lógica infrecuente (la influencia de Klemperer creo que no es ajena). Me ha gustado sobre todo el primer mivomiento (con momentos de intensa súplica), mientras el que menos ha sido el último (a ratos algo despendolado). Espléndida la orquesta, sobre todo por algunos solistas. Por encima del término medio de las versiones discográficas de los grandes directores. (8)

Solución: Orquesta Filarmónica de Nueva York/Lorin Maazel (en público, 2007)

Prokofiev: Sinfonía Clásica. Ravel: Bolero

Flojísima Sinfonía Clásica, sin gracia, chispa ni elegancia, algo burdamente tocada y con un finale bastante desquiciado (4). Para el rapidísimo Bolero (¡¡13’24”!!) no tengo palabras: es, sin duda alguna, el peor que he escuchado jamás, incluyendo las versiones en público con orquestas locales madrileñas. La orquesta es un puro espanto: ¡qué solos, uno tras otro! El de trombón es de no dar crédito (1).

Solución: Orquesta Sinfónica RIAS, Berlín/Ferenc Fricsay (D. G., años 50)

Tchaikovsky: Cascanueces

Muy buena versión, a la que sólo le achacaría algunas exageraciones en determinadas acentuaciones y el innecesario e inconveniente accelerando al final del Vals de las flores. Muy bien la orquesta (8)

Solución: Orquesta Filarmónica de Rotterdam/Yannick Nézet-Séguin (2010)

sábado, 15 de enero de 2011

Arrollador Liszt de Kissin, con reservas en la “Sonata en Si menor”

El recital Liszt de Evgeny Kissin para Ibermúsica (13 de enero) ha dejado constancia, una vez más, de la enorme estatura del pianista moscovita, y para mí, también, de un cierto desencuentro suyo con la Sonata en Si menor.

Kissin estaba obviamente muy resfriado, lo que pudo influir en que en Ricordanza, que abría el programa, no acabase de tocar fondo. La obra que siguió, la Sonata, fue en mi opinión demasiado crispada en sus secciones más turbulentas; las más sosegadas fueron expuestas con admirable poso, pero las transiciones entre unas y otras resultaron un tanto bruscas y no del todo lógicas y fluidas. La versión careció de la debida grandeza y elocuencia, y la tensión no fue máxima debido, en parte, a la parquedad en el rubato, recurso que me parece muy conveniente aplicar en músicas tan románticas y conflictivas, o sea de tensiones tan acusadas. (Como curiosidad: tras la breve introducción, en el primer ataque fortísimo, Kissin dio un estrepitoso traspié, dando un racimo de notas falsas que nadie –ni los que oyeran la obra por primera vez– pudo dejar de notar: me imagino los tachones que anotaría Beckmesser en su tabla. De haber sido otro pianista que yo me sé, la anécdota habría sido elevada a titular). Zimerman (DG), Barenboim II (Erato) y Gilels (RCA), por este orden, siguen siendo mis referentes para la interpretación de esta obra capital.

En toda la segunda parte Kissin pareció desmentir al Kissin de la Sonata: unos elocuentes, introspectivos, sentidos e impresionantes Funerales (al nivel de Zimerman, DG, o Arrau, Philips), un Valle de Obermann casi tan hondo y emocionante como el de Barenboim (DG) y un tríptico Venezia e Napoli literalmente incomparable (por encima del aquí excelente Lazar Berman, DG). Las dos propinas (arreglos de Liszt) fueron igual de memorables.

En suma, casi una hora inolvidable de recital de un pianista de técnica casi ilimitada (pero no infalible, ¡gracias a dios!) y de sonido de gama dinámica casi igual de ilimitada.

viernes, 14 de enero de 2011

Algo decepcionante visita de la Concertgebouw, con Joshua Bell y Bychkov

Semyon Bychkov ha montado un programa un tanto decepcionante con una de las mejores orquestas del mundo, la Concertgebouw: el Primer Concierto para violín de Bruch y la Undécima Sinfonía de Shostakovich (Ibermúsica, 10 de enero).

En la famosa obra de Max Bruch la orquesta no tiene un papel muy relevante; la dirección fue atenta, sobre todo en el finale, pero careció del vigor y la pasión de Abbado, Karajan o Mehta (en sus respectivas grabaciones con Mintz, Mutter y Zukerman: mis tres violinistas favoritos en esta obra), precisamente, quizá, los tres directores que más partido han le sabido sacar en disco.

Joshua Bell, que en mi opinión no llega a estar en la élite de los violinistas actuales, es además poco idóneo para esa partitura: no alcanza la suficiente brillantez técnica ni posee un sonido lo bastante cálido y corpóreo; a veces sonaba a Mendelssohn, otras a Saint-Saëns...

No hay demasiada sustancia, la verdad, en la Sinfonía No. 11 de Shostakovich. Pero, en todo caso, puede extraerse algo más trasfondo de ella (así, Rostropovich en su grabación con la Sinfónica Nacional de Washington para Teldec y, según Fernando López Vargas-Machuca, también Rhozdestvensky) de lo que desentrañó Bychkov, que fue bastante poco aparte de la epidermis, brillantísima y “aparente”, pero a fin de cuentas bastante “numerera” y banal.

Aun sin lograr toda la debida claridad en todos los momentos, la orquesta dio mucho de sí, luciéndose como conjunto y muchos de sus solistas (los increíbles fagotes, el corno inglés, los percusionistas...)

Una ocasión, pues, en parte perdida, porque el formidable conjunto amsterdanés no se prodiga por aquí todo lo que desearíamos, y porque hay músicas que Bychkov interpreta mucho mejor (Mahler o Richard Strauss, por ejemplo, que sepamos).

martes, 11 de enero de 2011

“Die Walküre” por Barenboim en La Scala

La Walkyria de la inauguración de la presente temporada de La Scala de Milán (el 7 de diciembre de 2010) ha proseguido el nivel de excelencia de El oro del Rin del pasado año, aun con características algo diferentes. Ya que me salí del cine, puesto que la transmisión era infame, ahora la he podido ver y escuchar en la grabación que me han pasado de la cadena de televisión francesa Mezzo. La imagen es muy buena, pero el sonido, notable en general, sufre de la tan frecuente compresión dinámica, que se nota y mucho en los mayores fortísimos. Aun así, creo que es posible juzgarla con bastante seguridad.

El reparto no ha sido tan redondo como en El oro del Rin, sobre el que, me reafirmo, me parece el mejor que haya escuchado hasta la fecha (grabación de Solti incluida). La deserción de René Pape como Wotan ha sido una gran putada. Aun así, hay que saludar a Vitalij Kowaljow como un muy esperanzador gran cantante; ya es una gran voz, de bajo-barítono sólida como ella sola: no tuvo problemas (¡ni siquiera de cansancio!) en los extremos de la tesitura, lo que no es poco decir. ¿Qué le falta para ser un gran Wotan? Rodaje, y una mayor nobleza en el fraseo y la expresión. Puede que todo se ande con el tiempo.

En el relativo “debe” de la versión debe anotarse también el Hunding de Sir John Tomlinson, que ya está mayor: su composición del personaje es magistral (lo mismo que en ocasiones anteriores), pero ha perdido volumen y riqueza armónica en la voz, y ello ha ocurrido en poco tiempo (hace pocos años estaba aún impresionante tanto en el Hunding de Rovello -con los mismos Siegmund, Sieglinde y director que aquí- como en el DVD de Minotaur de Birtwistle).

La actuación de Simon O’Neill como Siegmund fue para mí un tanto decepcionante; tal vez no tuvo su mejor día, porque acusó ciertos problemas en algunas notas (no necesariamente las más agudas) y no cantó tan bien como yo esperaba (comparado con su actuación en Rovello). Aun así, en líneas generales estuvo bastante bien en el acto I, y muy bien en el II.

No estoy en absoluto de acuerdo con quienes han escrito que Waltraud Meier estuvo pálida como Sieglinde; dudo que aún hoy alguien pueda hacerle sombra en este papel. Puede que la voz haya perdido algo de volumen o de brillo arriba (a través de la retransmisión no se puede estar seguro), pero lo que está bien claro es que nadie hasta ahora ha hecho una Sieglinde tan creíble, tan bien cantada y divinamente interpretada, y no digamos actuada; con respecto a la que hizo en el Real yo no he notado merma alguna.

Pero la gran campanada la han dado, en mi opinión, tanto la Fricka de Ekaterina Gubanova -voz bellísima, igual de arriba abajo, cantante magistral e intérprete a pedir de boca- como la Brünnhilde de Nina Stemme, para mí, sencillamente, la mejor Brünnhilde de La Walkyria que yo haya escuchado hasta ahora. Sí, ya sé que la mejor voz (la más restallante, firme y segura, la de más squillo arriba) ha sido la de Nilsson, y que la de Jennifer Wilson en Valencia no ha quedado muy a la zaga. Pero yo tengo sobradas razones para preferir la Stemme a ambas: su voz la encuentro más bella, más cálida, más llena en toda la gama, me parece una cantante más musical (¡realmente divina!), y, sobre todo, ahonda más que estas dos (y que cualquier otra, Behrens y Polaski incluidas) en el alma del personaje. Ha sido una Brünnhilde absolutamente conmovedora, mucho más humana que de ordinario (y, además, no ha tenido problemas en la terrible tesitura aguda, empezando por su aterradora entrada en el acto II).

Buen nivel medio, no del todo igualado, en las walkyrias, que se entonaron plenamente en la segunda mitad de la famosa Cabalgata (por cierto ¿no será mejor “Cabalgada”?)

El gran triunfador de la noche fue, en cualquier caso, Daniel Barenboim, que dirigió, por cierto, de memoria, sin partitura (¡!). Su anterior grabación, en Bayreuth, que sigue siendo espléndida, ha quedado atrás al escuchar ésta, más teatral y, sobre todo, más lírica y apasionada: ambas cualidades parecen llegar aquí al límite de lo imaginable. Lo que me ha chocado un tanto es que ha despojado el último clímax, en la Música del fuego mágico, de la cualidad épica de la que él mismo dotaba su anterior grabación, para convertirlo en un momento más lírico e íntimo (lo que, sinceramente, no me parece lo más conveniente).

Pero, al margen de esta reserva, su labor ha sido devastadoramente bella y arrebatadora. Absolutamente asombrosa la actuación de la en principio poco wagneriana Orquesta de La Scala, transformada aquí de modo inexplicable: la cuerda, sobre todo, es capaz de la mayor delicadeza y de convertirse en un torrente arrollador de ardiente lava, con un sonido genuinamente wagneriano pero de una transparencia reveladora. Esta vez parece que ha habido coincidencia de todos en lo que a la genialidad de la dirección se refiere. Genialidad, sí.

(De la escena, a cargo de Guy Cassiers, no tengo mucho que decir: que me cae bien la sencillez y ausencia de elementos y gastos innecesarios o superfluos; casi ningún decorado tridimensional, sino sobre todo proyecciones bastante bien traídas, aunque no he entendido el significado de algunas de ellas; el fuego mágico queda, eso sí, un poco pequeño y pobre).

domingo, 9 de enero de 2011

Fabio Biondi dirige “Ercole sul Termodonte” de Vivaldi, con Villazón, DiDonato, Basso…

Virgin ha publicado hace pocas semanas la que para mí, por lo que he escuchado, es seguramente la ópera de Vivaldi más recomendable para tenerla en disco; y lo es tanto por la calidad musical de la obra como, puede que más aún, por la calidad de la interpretación: Ercole sul Termodonte (50999 6945450 9, 2 CDs.)

Un poco menos larga que otras suyas (144’), Ercole, RV 710 (1722-23), reconstruida y en edición crítica del propio Fabio Biondi, es relativamente ágil en su incesante y variada sucesión de arias y, dado que la mayor parte de ellas son realmente notables, cuando no espléndidas, la escucha no se hace pesada (lo que puede ocurrir, me parece, incluso en obras maestras de Haendel).

Ésta, la verdad, la he escuchado tres veces sin que me pese, sino todo lo contrario: con gran placer. Ello se debe en parte, sin duda, a la magnífica interpretación. El un tanto irregular Fabio Biondi ha dado aquí, para mí, de lleno en el clavo: se nota cómo y cuánto se ha entregado a dar lo mejor de sí (sin los excesos “fundamentalistas” de otras veces) y sacar todo lo posible de esta partitura. La sencilla y eficacísima orquestación vivaldiana; la gran variedad de situaciones, de la calma a la furia, de la introspección a la extraversión, están perfectamente servidas (espléndida la orquesta, Europa Galante, y notable el Coro de Cámara Santa Cecilia del Borgo San Lorenzo).

Y no digamos por los cantantes.

En estos años en que prácticamente no se graban óperas (sí se filman, por suerte), llama la atención que una compoañía haya reunido un elenco tan impresionante: Rolando Villazón (Ercole) podrá llamar la atención y descolocar a más de uno, pero creo que se deberá más que nada a lo poco acostumbrados que estamos a escuchar voces tenoriles armónicamente tan ricas en óperas barrocas, pero me parece que está admirable, tanto por la expresión como por la línea de canto e incluso por eso tan indefinible como el estilo. Estoy seguro de que con todos los demás cantantes habrá mayor consenso, incluyendo el otro tenor, el estupendo Topi Lehtipuu (Telamonte), y con el otro hombre del reparto, el contratenor Philippe Jaroussky (Alceste).

En cuanto a las féminas, el entusiasmo no es menor: de la mezzo (más bien soprano) Vivica Genaux (Antiope), a la que en mi particular calificación le he puesto un 7,5, a la absolutamente sensacional, increíble mezzo Joyce DiDonato (Ippolita: ¡un 10!), pasando por las sopranos Patrizia Ciofi (Orizia: un 8), Diana Damrau (Martesia: un 8,5) y por la soberbia contralto Romina Basso (Teseo: un 9).(Me olvidaba: a Villazón le pongo un 9 y a los otros dos hombres, un 8).

La grabación es también de 9. Así que está bien claro: recomendación plena, porque se supone que tardará tiempo en salir otra ópera de Vivaldi con este nivel en todos los aspectos.