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lunes, 30 de enero de 2012

Más citas del libro de Furtwängler

Creatividad en la interpretación

“Los ensayos deben cumplir su cometido como preparación; esto es, en el momento del concierto no debe haber ya más improvisación de la absolutamente necesaria. Pero –y esto hay que subrayarlo de modo especial- tampoco menos. Según parece, un conocido director ha dicho: hay que ensayar hasta que el director ya no parezca necesario. Es un craso error que tiene su origen en una mala interpretación no sólo de los argumentos en pro y en contra de muchos o pocos ensayos, sino también de la esencia y el propósito de la interpretación musical. En el fondo, la ansiedad de los directores por determinarlo todo de antemano hasta los mínimos detalles procede de su miedo a tener que confiar demasiado en la inspiración del momento. Mediante preparativos minuciosos intentan relegar esta inspiración a segundo plano tanto como les es posible y a la postre sustituirla y volverla superflua”.

“Del modo de tratar el llamado rubato se puede deducir si los impulsos que lo provocan están de acuerdo o no con el verdadero sentido de la obra, si son genuinos o no. Pues, tan pronto como ese rubato entra en escena, intencionada y calculadamente, enseguida y casi automáticamente se torna exagerado”.

“Se ha perdido el sentido de la diferenciación entre un gesto expresivo inspirado por la obra y dirigido a la orquesta y un gesto vacío destinado a impresionar al auditorio”.

“En una buena interpretación el aspecto técnico no se puede separar, ni por un momento, del espiritual, aunque pueda ser en sí efectivo. Cierto que puede producir efecto, pero no se justifica, porque distrae de lo esencial. Por supuesto, los únicos que pueden saberlo y sentirlo son quienes ya conocen de antes la obra de referencia en una interpretación más acorde con su naturaleza íntima. Por esta razón resultan tan peligrosas las interpretaciones de grandes obras vivas del pasado basadas en un virtuosismo técnico: estropean completamente el gusto”. (Continuará)

sábado, 28 de enero de 2012

Tilson Thomas dirige la Sinfónica de Londres en Ibermúsica

El primer concierto para Ibermúsica de la London Symphony con Michael Tilson Thomas (viernes 27 a las 22,30 h.) no ha sido todo lo satisfactorio que esperaba, en parte por el programa escogido: tres Preludios de Debussy orquestados –creo que con no mucho acierto: más solventes que convincentes– por Colin Matthews, la Fantasía para piano y orquesta del mismo compositor, una obra juvenil anodina y divagante, y la Sinfonía Fantástica de Berlioz. Tilson Thomas es un gran intérprete de la mayor parte de la música del siglo XX, y en los Preludios dio buena muestra de ello; menos margen para brillar hay en la Fantasía, que ni siquiera está muy bien orquestada por un aún inexperto Debussy, en la que Nelson Freire no sobrepasó la corrección (tampoco se puede sacar petróleo de su parte, justo es reconocerlo). Lástima el programa de la primera parte, desaprovechando la visita de una gran orquesta.

La Fantástica, ya se sabe, es una obra que exige virtuosismo y efectismo más que otras cualidades de la orquesta (es mucho más difícil redondear, empastar bien la sonoridad de una Sinfonía de Bruckner que sacar adelante con brillo la famosa partitura berliociana), y Tilson se dejó llevar un poco por el exhibicionismo, sobre todo en el “Aquelarre”, en el que hizo sonar al conjunto demasiado fuerte, forzando el sonido del conjunto, que no pudo librarse además de un par de desajustes apreciables. Antes, “Ensueños y pasiones” fue más suave y menos enfurecido de la cuenta, demasiado decadente y dulzón el “Vals”, de todo punto irreprochable la “Escena campestre” y rápida y ¡juguetona! la “Marcha al cadalso” (y no al “suplicio”), casi frívola. Hubo humor en los dos últimos movimientos, pero no negro ni sarcásctico, lo cual no me convence.

La orquesta dio la medida de sí misma: si seguramente no está entre las primerísimas, sí entre las diez mejores de Europa, sobre todo gracias a sus solistas, de la madera sobre todo. Hubo, sin embargo, ciertos excesos en las dos tubas y en la percusión. No, no ha sido uno de los mejores conciertos que yo les haya escuchado ni a la centuria londinense ni al director norteamericano.

lunes, 23 de enero de 2012

La “Tercera” y la “Cuarta” de Bruckner por Barenboim en Ibermúsica


El 19 de enero Barenboim ha dirigido, al frente de la Staatskapelle Berlin, la Cuarta Sinfonía “Romántica” de Bruckner, y el 20, la Tercera. Ambos han sido conciertos de Ibermúsica, para homenajear, por el centenario de su nacimiento, a Sergiu Celibidache. Quien, como es bien sabido, fue uno de los más geniales intérpretes de Bruckner de los que hay memoria, si no el que más. Barenboim fue el único pianista que colaboró con Celibidache en los últimos años de la vida de éste, habiendo filmado juntos esas memorables interpretaciones de los Conciertos de Brahms, Schumann y Tchaikovsky. Las referidas y brucknerianas han sido dos grandes interpretaciones del mayor bruckneriano de nuestro tiempo, que, pese a todo, han dejado un cierto sabor agridulce.

El primer día ese sabor fue debido a la desafortunada intervención del primer trompa, Ignacio García, que tuvo una noche tremendamente insegura, con innumerables fallos en una parte famosa por su dificultad... y por su importancia. Creo que pudo llegar a afectar en algún momento a la concentración de Barenboim. En su filmación del año pasado en la Philharmonie de Berlín (donde hizo, con la misma orquesta, las seis últimas Sinfonías), otro trompa, cuyo nombre desconozco (y que no ha venido en esta visita) estuvo brillante y prácticamente impecable. Lástima lo de Madrid.

Por lo demás, la “Romántica”, que comenzó en un pianísimo imperceptible, gozó no sólo del estilo y el sonido genuinamente brucknerianos que Barenboim sabe obtener, sino sobre todo de un sentido unitario portentoso, con transiciones entre las secciones perfectamente motivadas e hilvanadas. Destacaría la inflamada sección de desarrollo del primer mov., un segundo particularmente extraordinario y un comienzo del cuarto en el que alcanzó una tensión tremenda hasta desembocar en el primer clímax. En la coda, el persistente dibujo de los segundos violines fue, para mi gusto, resaltado en exceso. Y nada de ampulosidad en momento alguno; sí grandeza y grandiosidad, desde luego, y sobre todo contemplación y respiración de la naturaleza, ardiente o sosegada. La Sinfonía duró unos 69 minutos. Aparte el trompa solista, el grupo de trompas sonó muy bien, como el resto de la orquesta, en la que destacaría toda la cuerda, con matrícula de honor para las violas (¡en el Andante!) y los cellos.

El mal sabor de boca de la Tercera, la llamada“Wagneriana”, provino sólo de la brevedad del concierto (en Barcelona, la misma fue precedida de un Concierto para piano de Mozart, creo que el 26), que duró unos 59’. (Supongo que fue responsable de ello la tan tardía hora del concierto, que comenzaba a las 22,30 h.) Porque la versión fue formidable, muy en línea de su grabación Teldec con la Filarmónica de Berlín, en la que yo resaltaría el turbulento y apocalíptico desarrollo del primer movimiento, del que me gustó menos la coda, algo precipitada y sin la suficiente contundencia. El 2º mov. empenzó un pelín rápido, para serenarse de inmediato. Y particularmente extraordinario fue el finale, con una coda imperiosa y que descargó toda la enorme tensión acumulada.

Para terminar, un detalle que me llamó la atención: en las notas al programa a la Cuarta, Arturo Reverter, después de deshacerse (con toda justicia y acierto) en elogios ante el Bruckner de Celibidache, escribió: “En esa veta místico-abstracta, conectada con la casi religiosa mirada de un Jochum o la espiritualidad de un van Beinum, sin alejarse en exceso de la monumentalidad de un Klemperer; en ese terreno ya tan complejo gusta de situarse Barenboim, que otorga además a sus exposiciones de [sic] una certera visión dramática que anima las estructuras y espolea el fraseo”. Y yo digo: aunque se ha dado cuenta con unos cuantos lustros de retraso, ¡bienvenida sea esta conversión, tras tantos años de denigrar o al menos menospreciar al Barenboim director!