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viernes, 29 de abril de 2016

Los dos conciertos de Blomstedt con la Philharmonia para Ibermúsica



Beethoven

Con una sorprendente vitalidad, Herbert Blomstedt, el director sueco-estadounidense próximo a cumplir los 89 años, ha venido a Madrid en gira al frente de la Philharmonia londinense. Quien fue director de la Filarmónica de Oslo, de la Sinfónica de la Radio Danesa, de la gran Staatskapelle Dresden entre 1975 y 1985, y más recientemente de la Sinfónica de San Francisco (que quizá alcanzó con él su edad de oro, edad que prosigue con Tilson Thomas), ha destacado siempre como intérprete de varios de los grandes clásicos del siglo XX, en particular de Sibelius y Nielsen, de Bartók o Hindemith, en mi opinión más que de los grandes clásicos y románticos, a los que sin embargo también ha cultivado con asiduidad.

Pese a los más que notables resultados de sus dos conciertos, me parece una pena que no haya traído en los programas alguno de los grandes compositores nórdicos en los que es destacadísimo especialista; Nielsen, poco escuchado entre nosotros, habría sido ideal.
El primer día, 27 de abril, dirigió las Sinfonías "Pastoral" y Séptima de Beethoven.

Repitiendo las impresiones que ya me produjeron sus grabaciones de ambas en Dresde, la Sexta fue para mí casi sin cesar demasiado presurosa (41' pese a las repeticiones). Fue una versión muy cuidada, delicada, de enfoque en los dos primeros movimientos bastante camerístico -pese al amplio dispositivo orquestal-, que no cayó en delicuescencias ni mucho menos en frivolidades, pero un tanto libre en los enlaces de ciertas transiciones a la vez que un poco rígida en el fraseo, al que faltó vuelo y poesía. El sonido rústico, algo rudo, de las trompas, puede ser adecuado, aunque quizá resultó algo excesivo en ciertos momentos. Lo que lo fue, y en grado sumo, fue la brutalidad del timbalero en la tormenta (timbales arcaicos, que tampoco tienen que quedar mal, si no se les golpea con esa saña). El finale, que puede tener mucho de espiritual, no fue tal, sino por el contrario una celebración de todo punto terrenal.

La Séptima es para mí la versión más lograda de su ciclo grabado en Dresde (Edel, 1975-1980), y también fue similar aquí. Los tempi fueron muy sensatos, incluso en el Allegretto, que hizo más bien Andante (como a mí más me gusta). Solo le achaco una cierta gangosidad al comienzo del trío del scherzo y, de nuevo, rudeza y violencia pasadas de rosca en trompas y trompetas, y no digamos en los timbales (¿será que Blomstedt ha perdido algo de oído, lo que sería normal a su edad? El caso es que no lo parece, pues las cuerdas estuvieron magistralmente graduadas y equilibradas entre sus diferentes grupos...) En resumen, una notable Sexta y una espléndida Séptima, pese a las reservas apuntadas.


Mozart y Bruckner


El día siguiente hizo una vital y casi exaltada Sinfonía 39 de Mozart en la que lo que me gustó menos fue la rápida y casi brutal introducción, de nuevo con unas trompetas excesivas y un timbalero descontrolado. Aunque en el Andante hubo introspección y hondura, evitó toda anticipación de romanticismo (sin embargo, yo creo que haberla, háyla). Todo el resto de la obra fue impecable, de libro. Ahora bien: gran oficio y seriedad musical, pero ni asomo de genialidad (escúchese el sublime trío del minueto en la grabación de Karl Böhm con la Filarmónica de Viena, DG 1979, para que se sepa a qué me refiero. O la impresionante introducción que Barenboim hizo hace unos meses en Granada, la vez anterior que escuché la 39 en concierto).

Creo que la más lograda de las cuatro sinfonías que dirigió fue la Cuarta "Romántica" de Bruckner, esa "trompetería de la que nadie se acordará de aquí a diez años", como profetizó aquel crítico a raíz de su estreno (recordemos, en 1874, dos años antes de que Brahms presentase su Primera Sinfonía). Interpretación rigurosa, no muy personal pero realmente admirable, con solo algún exceso que otro, pero por suerte solo momentáneos -cómo no- en los timbales, magistralmente planteada, construida y resuelta. Me hubiese gustado algún mayor énfasis en las trompas justo al final del primer movimiento y algo más de tensión en el tremendo primer clímax al comienzo del cuarto.

La orquesta, en excelente forma, es una maravilla: la cuerda es una gloria, las maderas soberbias -destacaría al flauta Samuel Coles, mucho más sonoro que el venerable oboísta Gordon Hunt, que parece haber perdido volumen aunque no musicalidad- y sólido y brillante el metal, con una jovencísima primera trompa, Katy Woolley, que tuvo (pese a un leve tropiezo en el Andante) una actuación de una seguridad, belleza y perfección memorables: sin duda, uno de los mejores instrumentistas de trompa hoy.  

martes, 26 de abril de 2016

Concierto y recital en Buenos Aires con Argerich y Barenboim



El concierto
EuroArts lanza -esta vez solo en 2 DVDs, no hay de momento versión en Blu-ray- dos actuaciones triunfales en el Teatro Colón de la capital argentina el 3 y el 5 de agosto de 2014. Se presentaban juntos por segundo año consecutivo dos astros musicales nacidos precisamente en esa ciudad, en 1941 ella y el año siguiente él. Aunque los inenarrables éxitos obtenidos están bien justificados, no cabe duda de que ya al salir a escena los dos músicos habían sido acogidos con enorme calor. 

El primer día fue el concierto orquestal, con la actuación de la West-Eastern Divan Orchestra, comenzando con una Obertura de Las bodas de Fígaro chispeante y apasionada a la vez, en la que llaman la atención la precisión y nitidez de las cuerdas. El Primer Concierto de Beethoven es quizá el que Barenboim ha tocado y dirigido a la vez en más ocasiones, pero esta vez solo dirigía. En complicidad con ella -que suele enfocar la música de modo bastante disímil a él- le brindó una introducción orquestal menos solemne y más vitalista y efervescente que de costumbre, continuando en la misma tónica a lo largo del movimiento y del rondó. Cuando Argerich no resulta demasiado personal, incluso hasta rozar lo caprichoso, o no sucumbe al virtuosismo desenfrenado (peligros inexistentes aquí) es irresistible, por su vitalidad, su desenvoltura, su frescura y espontaneidad, su pícaro humor en el Allegro scherzando final. Pero en el Largo sorprende ella al acercarse a los presupuestos habituales de su amigo, ahondando sobremanera en el trasfondo introspectivo de la música. La magnífica forma en que ella se mantiene, a sus 73 años, se advierte también en la propina que ofrece: Traumes-Wirren, de las Piezas fantásticas op. 12 de Schumann. 

La segunda parte la componían las cuatro partituras orquestales españolas de Ravel: la Rapsodia española puede que no alcance el extremo grado de sutileza tímbrica y atmosférica de su sensacional grabación con la Sinfónica de Chicago (Erato 1992); aun así, su depuración sonora y su capacidad de sugerir ambientes y perfumes siguen siendo resaltables, como su bullicioso final. La Alborada del gracioso constituye toda una creación: sarcasmo, negrura y fuegos de artificio a manos llenas hacen de esta versión una referencia absoluta. A destacar el sensacional solo de fagot de una chica cuyo nombre no he podido averiguar.

Dicha con especial naturalidad, la Pavana para una infanta difunta también alcanzó una interpretación admirable, muy bella y enormemente sentida. Soberbio el solo de trompa, a cargo de Jorge Monte de Fez, al que recientemente hemos visto en la Filarmónica de Berlín.
El Bolero es una obra cuyas interpretaciones muy, muy rara vez me satisfacen por completo, y esta no es una excepción. A un tempo para mi gusto demasiado veloz (14'05"), casi todos los solistas se desenvuelven con gran seguridad y los percusionistas logran ser implacablemente firmes, pero creo que a su tramo final le falta algo de contundencia y esplendor. (De las versiones que le he escuchado a Barenboim, la mejor sigue siendo para mi gusto su primera grabación, con la Orquesta de París. DG 1982. Aun así, mi favorita sigue siendo la de Martinon con esa orquesta). 

Pero el programa no acabó ahí, sino que tocaron completa la Suite nº 1 de Carmen: en la Aragonaise se lució lo suyo la oboísta Cristina Gómez Godoy. En el Intermezzo, dirigido con una melodiosidad y voluptuosidad sin precedentes, la actuación del flautista Guy Eshed no tiene ni ha tenido rival: ¿cómo es posible? Este joven, que lleva tocando muchos años en la Orquesta del Diván y es solista en la del Maggio Musicale Fiorentino, podría aspirar sin duda a pertenecer a una de las mejores orquestas del mundo. También los fagotes en Les Dragons d'Alcala dan una lección antológica. Como hace tantas veces, Barenboim dejó solos a los músicos en un brillantísimo Les Toréadors

Enmedio de un entusiasmo delirante, aún tocaron el precioso tango favorito de Barenboim: El firulete, de Mariano Mores (que acaba de morir el 13 de abril a los 98 años) y Rodolfo M. Taboada (1913-1987), orquestado para viento y percusión con enorme acierto por José Carli (n. 1931): es quizá la versión más jugosa entre las no sé cuántas escuchadas al director bonaerense.

El recital
Ya comenté en este blog el recital en la Philharmonie de Berlín el 19-4-2014, publicado por Deutsche Grammophon en CD y por EuroArts en DVD y Blu-ray, cuyo programa fue repetido en el Colón bonaerense cuatro meses después. Las diferencias entre uno y otro no son grandes, si bien me inclino ligeramente por este último, sobre todo en lo que se refiere a la interpretación de las maravillosas Variaciones D 813 para piano a cuatro manos de Schubert, aún más hondas y bellas aquí. En cuanto a la Sonata para dos pianos K 448 de Mozart que abría el programa y La consagración de la primavera (¡magnífico arreglo del propio Stravinsky para dos pianos!) que lo cierra, las diferencias son menores. 

La novedad de este segundo DVD de la caja es que han añadido las propinas, que ocuparon otra media hora de música: nada menos que el Andante y variaciones op. 46 de Schumann, para dos pianos, dos cellos (Linor Katz y Kian Soltani) y trompa (Jorge Monte de Fez), una curiosa y preciosa página de unos 18'; el Vals de la Suite No. 2 de Rachmaninov (lo primero de este autor que, salvo error, toca Barenboim; a la batuta ha hecho al menos la Rapsodia Paganini, con Lang Lang), el jugoso Bailecito de Carlos Guastavino y la trepidante y deliciosa Brazileira de Scaramouche de Darius Milhaud. La amplia repercusión que este recital tuvo en la prensa internacional está perfectamente justificada, ante todo por su altísima calidad artística. 

La grabación del sonido corrió a cargo de componentes del Estudio Teldex de Berlín; en todo caso, el recital suena aún mejor que el concierto: cuando los DVDs están bien hechos y cuidados, como es este caso, la nitidez de la imagen no queda tan lejos como suele de la del blu-ray. De todos modos, de publicarse también en el formato de alta resolución, estoy seguro de que se oiría y, sobre todo, se vería aún algo mejor.

miércoles, 20 de abril de 2016

Álbum Sibelius con Ormandy y Filadelfia en Sony



Una de esas cajas blancas a precio muy bajo que Sony edita con regularidad recoge en 8 CDs todo (bueno, como luego se verá, se han olvidado de una cosa, no menor), todo el Sibelius grabado por Eugene Ormandy (1899-1985) para CBS/Sony (y tal vez también para RCA), desde 1957 hasta 1980. La enorme discografía del director húngaro, cuyo nombre de nacimiento es Jenö Blau, es más bien poco conocida por estos pagos, y buena parte de ella tiene fama mala o regular, debido a que -como quien dice- lo grabó todo y a que los prensados de los LPs de aquellos años solían ser muy descuidados en España. Yo recordaba vagamente una Segunda Sinfonía del finés (la de 1957) que escuché en LP y me había gustado bien poco. Ahora, que suena mucho mejor en estos CDs remasterizados, no me parece tan floja... Por lo que conozco de este director, que fue titular único de la Orquesta de Filadelfia entre 1938 y 1979 (!), a la que elevó al más alto rango, es Sibelius uno de los compositores que mejor ha comprendido y servido. Había oído decir que los mejores Sibelius de Ormandy eran los primeros que grabó; a mí me ha parecido justamente lo contrario, en casi todos los casos. Las cuatro Leyendas de Lemminkainen que grabó para EMI en 1979 quedan, claro está, fuera de esta caja. Son, por cierto, creo, la interpretación más lograda de esta minitetralogía. 

Aunque las Sinfonías 1ª, 2ª y vienen en dos grabaciones cada una, faltan sin embargo la y la , que al parecer Ormandy no llegó a grabar. Otras piezas también vienen repetidas, entre ellas el Concierto para violín. No voy a entrar en demasiados detalles, pero sí quiero sintetizar que Ormandy demuestra un indiscutible conocimiento del sonido y el lenguaje sibeliano, y desde luego su Orquesta, desde las tomas más antiguas hasta las más recientes, se luce lo suyo, con un nivel siempre altísimo: muy brillante, sí, como la fama que le acompaña, pero también cálida (¡qué cuerdas!) y transparente, con unas maderas casi siempre maravillosas. Creo que no se puede poner en duda lo que le oí decir a Frühbeck en una ocasión: "el maestro será más o menos discutido por según qué interpretaciones, pero el solo hecho de mantener así de formidable, durante tantos años, a su orquesta, tiene un mérito enorme". La verdad, quizá fue durante años la más extraordinaria de América, hasta el momento en que su compatriota Solti aupó a la de Chicago a lo más alto.

Las interpretaciones que menos me han gustado son los dos Vals triste (1961 y 1973) o las Finlandia de 1959 (versión con coro, el del Tabernáculo Mormón) y 1968, En Saga de 1963 (la de 1978 es bastante mejor), la Segunda Sinfonía de 1958 y, sobre todo, el Concierto con Isaac Stern (1970), una versión caliente y vistosa, pero rápida hasta el atropello. 

Y las que más, la Primera Sinfonía grabada en 1978 (no publicada hasta 1984: de todas las sinfonías del álbum, creo que la más lograda), la Cuarta (1978), la Segunda de 1972, la Quinta (1975) y la última Séptima (1975), la segunda Suite Karelia (1975), Las Oceánidas y Tapiola (1976) y, por encima de todo, las dos grabaciones de El cisne de Tuonela (1960 y 1973), interpretaciones bellísimas y muy conmovedoras. En cuanto al Concierto de 1980, con una tal Dylana Jenson, está mucho mejor dirigido que el de Stern, y la violinista, muy lírica y de sonido precioso pero más bien pequeño, es más que notable. La incomprensible ausencia es la del Concierto con David Oistrakh (publicado por CBS en 1974): no es quizá uno de los grandes logros del enorme violinista de Odessa, y la dirección tampoco enamora, pero no se entiende su ausencia (¿habrá sido un olvido puro y duro? ¡Qué raro!) 
Las tomas de sonido son, casi todas, francamente buenas para los años de los que datan. Así que este álbum, pese a sus altibajos, me parece bastante recomendable.

martes, 12 de abril de 2016

Las Sinfonías y los Conciertos de Brahms por Mehta en Nueva York



 
Las Sinfonías

Sony acaba de reeditar un álbum de 8 CDs, precioso por su presentación, con estas obras, a las que se suman las Variaciones Haydn y la Obertura Académica. Los Conciertos estuvieron todos en un álbum triple que desde hace tiempo es inencontrable, pero las Sinfonías han corrido una suerte mucho más tortuosa: la Primera, grabada en 1982, no fue publicada hasta cinco años después ¡y solo en cassette! La Segunda y la Cuarta habían sido registradas tres años antes. La única digital es la Tercera, más las Variaciones, grabadas en 1981 y publicadas tres años más tarde. Un ciclo, pues, accidentado y sin duda desigual. 

Los Conciertos tuvieron más suerte: el de violín fue grabado en octubre de 1978 y puesto a la venta solo cinco meses después, los dos de piano fueron registrados el 3 y el 5 de febrero de 1979 y no vieron la luz hasta dos años y dos meses más tarde, y el Doble, más la Obertura Académica, grabados en abril y agosto de 1980, salieron a la venta, según el libreto, en febrero de ese mismo año ¡¡¡antes de haber sido grabados!!! Se supone que debió de ser en febrero de 1981. 

En su autobiografía, Mehta revela que "se convirtió en director porque deseaba profundamente dirigir las Sinfonías de Brahms y los poemas sinfónicos de Richard Strauss". Pues bien, una cosa son los deseos y otra bien distinta la realización de los mismos. Sabemos que, junto a logros menores, Mehta tiene en disco interpretaciones sensacionales de algunos poemas straussianos, pero lo cierto es que, por mucho que ame las Sinfonías de Brahms, no puede decirse que este ciclo neoyorkino (desconozco el que más tarde registró con la Filarmónica de Israel) esté entre los mejores; es más, junto a una más que notable Tercera (¡curioso: es la Sinfonía menos afortunada en disco, en la que pinchan varios ciclos!), nos encontramos con una de las más flojas Primeras registradas por un director importante. 

¿Qué tienen en común todas estas interpretaciones? Apenas nada; tal vez solo que la Filarmónica de Nueva York, orquesta de sonoridad poco brahmsiana, nos seduce pese a ello por su belleza tímbrica, su limpidez y transparencia, y por poseer algunos solistas excepcionales, en particular el oboe y el trompa principales. Pero ya se sabe: caben diversas posibilidades para el sonido Brahms ideal: dos orquestas tan diferentes como las Filarmónicas de Berlín y Viena lo pueden producir; ambos son muy propios y fascinantes, siendo tan distintos. Ni qué decir que la de Nueva York, sin alcanzarla, está más cerca de la austríaca que de la alemana. 

Pero no encuentro otros puntos en común en estas interpretaciones; escuchándolas a ciegas difícilmente pensaría que son de un mismo director. Aparte la falta de compromiso y hasta de lenguaje que se desprende de esta Primera, la Segunda posee en cambio un primer movimiento hermosamente lírico, para ir decayendo conforme avanza, hasta hallarnos con un finale desmayado y casi gris. Espléndida, como he dicho, la Tercera: no especialmente ardiente ni dramática, los dos movimientos centrales, sobre todo, seducen por su belleza y cantabilidad. La Cuarta, también mayormente lírica, es irreprochable, si bien no deja especial huella.



Los Conciertos

El director hindú es, como se sabe, una de las más hábiles batutas interpretando conciertos, habiéndose plegado con enorme habilidad y adaptabilidad a solistas de toda índole. Pero, claro, de eso a sintonizar a fondo con autores tan diversos y difíciles como Beethoven, Brahms, Tchaikovsky o Bartók hay un buen trecho. Y sin embargo Mehta lo ha logrado en ocasiones en todos ellos... y en muchos otros compositores, por supuesto. Lo cierto es que sin salir de este álbum comprobamos cómo Mehta suele destacar mucho más en las obras concertantes que en las sinfónicas. Solo en el Concierto para violín defrauda un tanto, salvo en un sensacional finale. A sus 58 años Isaac Stern no estaba ya en su mejor momento, habiendo perdido parte de su esplendoroso sonido y de su mecanismo, si bien no su arte, que sigue siendo grande. El Concierto doble, con un magnífico Pinchas Zukerman de lirismo excelso y un solo correcto Lynn Harrell, también constituye un gran acierto del hindú, que sorprende un tanto por su elegante, mucho más que apasionado, Vivace non troppo final. 

Yo no conocía ninguna de estas versiones de las Sinfonías, pero sí los Conciertos, y me ha llamado la atención cómo han mejorado de sonido en los presentes reprocesados: es curioso, los hay que apenas mejoran ciertas grabaciones (algunos hasta las estropean), mientras otros las transforman, para mejor. Es el caso de este Doble y de los de piano, que en la edición anterior sonaban grises, y ahora están mucho más limpios y nítidos; como ocurre tantas veces, al mejorar mucho el sonido, también las interpretaciones parecen mejores (hay, por eso, que tener mucho cuidado al emitir ciertos juicios). A mí siempre me habían parecido los de Mehta los menos extraordinarios de los Conciertos grabados por Barenboim, sin duda el pianista que más y mejor ha entendido estas obras, ya desde Barbirolli hasta Dudamel, pasando por Kubelik, Celibidache y Giulini (con éste solo el Segundo). Pues bien, ahora no lo tengo tan claro: creo preferible la labor de Mehta a la del gran director checo (no así las de los otros). Estas versiones neoyorkinas son profundas y maduras a la vez que contundentes, duras, agrestes, incluso por momentos agresivas. Y hay en ellas un movimiento absolutamente colosal, que jamás ha alcanzado -que yo sepa- tal fuego arrollador: el Allegro appassionato del Segundo Concierto. Escucharlo es una experiencia única que deja una marca indeleble.
 

jueves, 7 de abril de 2016

David Afkham con la Orquesta Juvenil Gustav Mahler en Ibermúsica



 
En un programa larguísimo, alargado aún más por el caos en la recolocación de los atriles entre las dos primeras obras -concluyó ayer a las dos horas y treinta cinco minutos de haber comenzado- consistió el primero de los dos conciertos ofrecidos por el joven director alemán de origen iraní al frente de la sensacional Gustav Mahler Jugendorchester. En mi opinión, fue de más a menos, hasta el punto de gustarme muchísimo la interpretación de la primera pieza -Métaboles de Henri Dutilleux-, mucho la segunda -la Música para cuerda, percusión y celesta de Bartók-, algo menos la tercera -el Primer Concierto para violín del mismo autor- y muy poco la última, la Quinta Sinfonía de Beethoven.  

Dutilleux
Es sorprendente y llamativa la sintonía de tantos directores de las dos o tres últimas generaciones para entender buena parte de la música contemporánea o reciente. Aunque no conozco bien la pieza Métaboles, de 1964, fue muy evidente que Afkham la desentrañó y puso en sonidos con extraordinaria solvencia y lucidez, explicándola con la mayor claridad y resaltando los valores de su magistral orquestación. La orquesta funcionó como un reloj, con un nivel instrumental individual altísimo -es casi imposible destacar a tal o cual solista- y una conjunción sobresaliente (Por cierto, el porcentaje de músicos españoles es muy elevado, lo que debe llenarnos de orgullo). Creo que a la llamada música contemporánea le aguarda un futuro muy prometedor, pues los intérpretes la suelen entender mucho mejor que hace unas pocas décadas.

Dos Bartók
La Música para instrumentos de cuerda percusión y celesta, para mí la obra cumbre orquestal de al menos la primera mitad del siglo XX, recibió una interpretación excelente, con solo alguna mínima reserva. Es claro que Afkham la ama a fondo y la comprende muy acertadamente. El Andante tranquillo fue, con toda intención, desolado y como yerto, lo que no es lo mismo que frío por incapacidad de expresar nada. El ascenso hasta el clímax estuvo formidablemente bien planificado. No demasiado salvaje el Allegro, sino más bien contenido; algún desajuste cerca del final empañó levemente la transparente ejecución de esta terriblemente difícil página. Hondo, misterioso, inquietante y hasta sobrecogedor el Adagio, con solo algún glissando en los violines un poco exagerado, para mi gusto. Vibrante y muy húngaro el final, con accellerandi perfectamente resueltos: sensacional, de no haber sido por el forzado, excesivo rallentando de la última frase, que últimamente tantas veces se oye hacer.
El Primer Concierto para violín del mismo autor se está tocando y grabando mucho últimamente: lo merece, en mi opinión. Pero Frank Peter Zimmermann no me convenció del todo: con una sonoridad un poco parca y escaso en cuanto a personalidad, quiso resolver el intenso de lirismo del Andante sostenuto a base de profusión de portamentos, y tampoco estuvo muy fino en el Allegro giocoso, sobre todo al comienzo. La batuta se mostró en extremo atenta, nítida e intencionada.

...y Beethoven
El nuevo y joven director de la Orquesta Nacional de España es sin duda un director muy dotado, técnicamente dominador y capaz de grandes aciertos, pero ayer me dejó claro que no tiene una idea que yo pueda compartir acerca de la Quinta de Beethoven, si es que hubo alguna idea consciente o solo un pasaporte para ejecutarla con pericia. ¡Ay, Beethoven, qué difícil es! Tal vez influido por alguno de los horrores que algunos directores han descubierto últimamente, no lo sé, lo cierto es que ayer esta obra capital quedó desprovista de pathos, de dramatismo, de tensión casi en todo momento. Rápida, nerviosa, sin respiros, de sonoridad liviana, levantó el vuelo en el último tramo del Allegro con brio para caer en la mera elegancia, con sonido muelle, hasta incorpóreo y etéreo, en el Andante con moto: ¡qué inadecuado! El scherzo fue algo tan inconveniente como lúdico, casi juguetón, con levedad en el vendaval que debe ser el recitativo de cellos y contrabajos. Algo remontó el finale, aunque solo en un par de pasajes en los que la batuta al fin se encendió. Pero la incoherencia de la versión -concluyo irremediablemente que sin una idea consistente detrás- fue demasiado palpable.
(Hoy hacen otro programa la mar de interesante y exigente, al que no puedo acudir: Lontano de Ligeti, el otro Concierto para violín de Bartók -tambien, ay, con F. P. Z.- y... ¡qué miedo me da!, la Sinfonía Heroica).

sábado, 2 de abril de 2016

Mi versión favorita de las principales obras de Franz Liszt



 
Concierto 1 – Arrau. Orquesta Sinfónica de Londres. C. Davis (Philips) 

Concierto 2 – Barenboim. Staatskapelle Berlin. Boulez (DG; DVD/Blu-ray Accentus)

Totentanz – Zimerman. Orquesta Sinfónica de Boston. Ozawa (DG)

De la cuna a la tumba. Prometeo. Sones de fiesta. Vals Mefisto 1 – Orquestas de París y Filarmónica de Londres. Solti (Decca)

Fantasía húngara. Tasso – Cherkassky. Orquesta Filarmónica de Berlín. Karajan (DG)

Mazeppa. Orfeo. Rapsodia húngara 2 – Orquesta Filarmónica de Viena. Sinopoli (DG)

Los Preludios – Orquesta Sinfónica de Chicago. Barenboim (DG)

Rapsodias húngaras 1-6 – Orquesta Filarmónica de Israel. Mehta (Sony)

Sinfonía Dante – Coro de Radio Berlín. Orquesta Filarmónica de Berlín. Barenboim (Teldec)

Sinfonía Fausto – Riegel. Coro del Festival de Tanglewood. Orquesta Sinfónica de Boston. Bernstein (DG) 

Obras para órgano: Fantasía y fuga Ad nos, ad salutarem; Weinen, Klagen, Sorgen, Zagen; Evocación de la Capilla Sixtina; Preludio y fuga BACH; Ave Maria; Orfeo; Prometeo – Trotter (Decca)

Años de peregrinación: Italia. Tercer Año – Berman (DG)

Años de peregrinación: Suiza – Barenboim (DG; DVD EuroArts)

El árbol de navidad – Brendel (Philips)

Armonías poéticas y religiosas – Engerer (Mirare)

Las 6 Consolaciones. Los 3 Sueños de amor. Los 3 Sonetos de Petrarca – Barenboim (DG)

12 Estudios de ejecución trascendental. Estudios de concierto – Arrau (Philips)

6 Estudios de Paganini – Biret (Naxos)

Funerales - Zimerman (DG)

Paráfrasis de Verdi – Arrau (Philips)

Piezas para piano de última época – Brendel (Philips) 

Las 19 Rapsodias húngaras – Jandó (Naxos) 

Rapsodia húngara 12 – Kissin (DVD DG) 

Sonata en Si menor – Barenboim (DVD EuroArts)
Sonata Dante. 6 Cantos polacos. Balada 2 – Arrau (Philips)

Las 9 Sinfonías de Beethoven (transcripciones para piano) – Biret (Naxos)

Transcripciones de lieder de Beethoven – Yung Wook Yoo (Naxos)

Transcripciones de Bellini – Wolfram (Naxos)

Transcripciones de lieder de Schubert – Yablonskaja (Naxos); Kissin (RCA)

Transcripciones de Wagner – Barenboim (DG; DVD EuroArts)

Christus – Sólyom-Nagy, Kincses, Takács, Nagy, Polgár. Coro de la RTV Húngara. Orquesta Nacional Húngara. Dorati (Hungaroton)

La leyenda de Santa Isabel – Marton, Sólyom-Nagy, Farkas, Kováts, Gáti, Gregor. Coros de Budapest. Orquesta Nacional Húngara. Joó (Hungaroton)

44 Lieder – Fischer-Dieskau, Barenboim (DG)

Missa Choralis – Solistas. Alain. Ensemble Vocal Audite Nova. Sourisse (Erato) 

Misa de Gran – Werner, Szönyi, Bartha, Faragó. Coro de Budapest. Orquesta Nacional Húngara. Ferencsik (Hungaroton)

Misa Húngara de Coronación – Kincses, Takács, Gulyás, Polgár. Coro de la RTV Húngara. Orquesta Sinfónica de Budapest. Lehel (Hungaroton)

Via Crucis – Fischer-Dieskau. Reimann. Coro de Cámara RIAS. Gronostay (Koch Schwann)