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miércoles, 29 de octubre de 2014

Andris Nelsons, magnífico intérprete de Brahms

 
          

Hace unos meses un amigo me pasó una Cuarta Sinfonía de Brahms que Nelsons dirigió a la Filarmónica de Berlín en diciembre de 2013. Aunque se desinfla un poquito, sólo un poquito, en el finale (¡nadie es perfecto!), la interpretación en su conjunto está entre las mejores que he escuchado en años, con un primer movimiento absolutamente excelso, que recuerda al mejor Giulini. Pues bien, el 29 de agosto de este año 2014, Nelsons dirigió en Lucerna, con la Orquesta del Festival, otro programa monográfico Brahms (que tendría que haber estado a cargo, al parecer, de Claudio Abbado) que también ha llegado a mis manos.

Comenzaba con la Serenata No. 2, op. 16, una obra de 1859 (revisada en 1875) como se sabe preciosa pero relativamente menor dentro de la producción brahmsiana. Pues bien, el director letón ha sabido sacar petróleo de ella, ofreciendo una lectura amplia, sosegada, serena y maravillosamente expuesta y cantada (de nuevo el recuerdo de Giulini, pese a no haberle escuchado nunca esa obra). No recuerdo una sola versión que me haya gustado tanto (ni a Abbado ni a Haitink ni a Boult). Extraordinaria la intervención del oboísta español Lucas Macías, solista de la Orquesta del Concertgebouw.

La Rapsodia para contralto que siguió contó con la mezzo italiana (más que contralto) Sara Mingardo, que es como se sabe una cantante admirable por su musicalidad y su expresividad, aparte de por su impecable línea. Aunque es una voz demasiado lírica para esa parte, su interpretación, muy interiorizada –como la dirección– fue tan bella como sugerente y emotiva. Con una concepción sombría e inquietante, las bellísimas palabras de Goethe cobraron un hondo significado. Espléndido el Coro masculino de la Radio Bávara. Otro gran logro, en suma.

La velada culminó (en los dos sentidos) con la Segunda Sinfonía. Versión de gran vuelo, despaciosa y paladeada, de hondo y conmovedor lirismo pero no por ello carente de turbulencias y de momentos escarpados de gran dramatismo. Tras la introducción, la enunciación del primer tema fue excelsa, como lo fue la reaparición en la coda, verdaderamente mágica. Introspectivo, serenamente amargo el movimiento lento, con un clímax contenidamente desgarrador. Particularmente delicado e intimista el tercero, y brillante y luminoso, sin el menor exceso en la coda, el finale.

Sensacional actuación de la orquesta, que le suena mucho más brahmsiana, mucho más opulenta y corpórea que a Abbado, quien en sus últimos años solía preferir una sonoridades más livianas en pos, por encima de todo, de la transparencia instrumental. Pero, pese a esa sonoridad robusta, a Nelsons no se le puede achacar, en absoluto, falta de claridad. Todo lo contrario: la versión es diáfana. Una verdadera maravilla, acaso la más bella Segunda de Brahms que ya haya oído desde las que grabase Giulini con las Filarmónicas de Los Ángeles y Viena (D.G. 1981 y 1992).

Y no hay que olvidar otra muestra del gran Brahms de Nelsons: su grabación de los dos Conciertos para piano (D.G. 2013) con Hélène Grimaud: si el Primero, con la Radio Bávara, es estupendo, el Segundo, con la Filarmónica de Viena, me parece sencillamente extraordinario. Igulamente, el Concierto de violín que hizo con Guy Braunstein y la Filarmónica de Berlín fue también admirable. (¡Qué contraste con los Brahms de dos directores muy en boga, que no le llegan en este autor a Nelsons a la suela del zapato: Thielemann y Chailly!)




sábado, 25 de octubre de 2014

Pablo Heras-Casado dirige “L’elisir d’amore” con Villazón a cargo de la escena



           


Deutsche Grammophon ha publicado recientemente en DVD y Blu-ray una representación de El elixir de amor de Donizetti que ha tenido lugar hace poco (el libretillo no aclara la fecha) en el Festival de Baden-Baden. Es una versión difícil de calificar de un plumazo. El Blu-ray ha atraído mi atención como comprador ante todo por escuchar a Pablo Heras Casado, el joven y tan talentoso director granadino que aquí, al frente de una espléndida orquesta de instrumentos originales, el Balthasar-Neumann Ensemble (que, para mí, por suerte, apenas suena a arqueología) realiza una labor muy encomiable, con vivacidad, vitalidad (mayor de lo habitual, sólo con algún aislado exceso), cabal sentido musical y del estilo belcantista y estupendo control en la concertación (un detalle gracioso: cuando Nemorino prueba el elixir-vino y se le sube a la cabeza, la orquesta también suena piripi por unos momentos). Es, me parece, lo mejor de la versión. Y si el conjunto orquestal es sobresaliente, más aún lo es el coro (que además pronuncia la mar de bien el italiano y se mueve en escena con soltura).

También tenía su morbo saber qué haría Rolando Villazón como director de escena. Situando la acción en un plató de Hollywood en el que se rueda un spaghetti western –lo que podría ser uno más entre tantos hallazgos a los que nos quieren acostumbrar en los últimos tiempos– todo se desarrolla con cierta fluidez, salpicado de ocurrencias que aquí y allá pueden tener su gracia, pero que también a veces resultan irritantes por la reiteración o porque me temo que pretenden hacer gracia a toda costa sin conseguirlo siempre, ni mucho menos. Mientras Dulcamara es un jefe indio, Nemorino es (o pretende ser) nada menos que Cantinflas. Pero las más de las veces la actuación del tenor es más patética que otra cosa, pues imitar al célebre cómico mexicano no es fácil... En conjunto, la escena me parece más bien una patochada que otra cosa. Pero bueno, habrá gente a la que le divierta mucho, como le ha ocurrido a algunos críticos. Opino que sería mejor para todos que Villazón no intentase más dedicarse a estos menesteres.

¿Y los cantantes? Nada del otro mundo en conjunto: Miah Persson es aquí una soprano lírico-ligera notable, no sobresaliente, pues aunque se desenvuelve con propiedad y buen gusto en el papel de Adina, sin caer en ñoñerías ni resabios excesivos, posee un timbre no muy privilegiado, y algunos de sus sonidos no son muy agradables. Villazón, tras su retiro por deterioro de las cuerdas vocales, no suele mostrarse tan seguro y tan pletórico como antes (con la excepción, quizá, del concierto junto a Hampson y Nézet-Séguin comentado aquí), emitiendo los agudos con mucha menor proyección y brillo. No es, como se sabe, por su línea de canto un belcantista puro, pero sí posee buen gusto, musicalidad y sobre todo es muy comunicativo. Pero basta recordar cuánto mejor estuvo en su día (Viena, abril de 2005) junto a una maravillosa joven Netrebko, e incluso en Barcelona dos meses después al lado de una algo pizpireta María Bayo. También Ildebrando D’Arcangelo estuvo mejor y más en su sitio como Dulcamara –es decir, estupendo– en aquellas funciones vienesas magistralmente dirigidas en lo escénico, de forma totalmente tradicional, por el tantas veces rancio Otto Schenk.

Fatal Roman Trekel como Belcore: el espléndido barítono-bajo alemán está completamente fuera de onda en este papel, apareciendo incluso en mal estado vocal (que esperemos no sea definitivo). Admirable, en cambio, como Giannetta Regula Mühlemann. La calidad técnica del Blu-ray es excelente, lo mismo que la realización, y esta vez disponemos de subtítulos en castellano.

Recomendable, pues, sólo a medias. Por suerte, disponemos (sólo en DVD) de la magnífica interpretación Virgin citada, en la que sólo desentona un poco el Belcore de Leo Nucci (no muy estilista del belcanto que digamos), con una orquesta extraordinaria (la de la Ópera de Viena, o sea más o menos la Filarmónica) e incluso muy bien dirigida en lo musical por el casi desconocido Alfred Eschwé (Viena, 1949).





martes, 21 de octubre de 2014

Collector’s Edition: PIANO. Blu-ray de 945 minutos

 

Dado que son filmaciones antiguas, de escasa definición, pueden agruparse todas ellas en un solo Blu-ray, que como se sabe ofrece mucha más capacidad de datos que un DVD. Por cierto, este Blu-ray de Idéale Audience agrupa el contenido de un puñado de DVDs, varios de ellos anteriormente editados por EMI.

Tras el volumen dedicado a instrumentistas de cuerda (Violín y Cello), el de Piano ofrece no menos interés, lo mismo que el tercer volumen, ya editado y dedicado a Directores. Ofrece la posibilidad de ver a varios de los principales pianistas de los años comprendidos entre 1954 y 1978. Faltan algunos muy importantes, pero todos los presentes lo son, o al menos fueron muy reputados.

Haré un somero repaso de ellos siguiendo el orden en que vienen en el Blu-ray: el primero es el canadiense Glenn Gould (1932-1982), del que se presenta –es el único caso– un interesante documental de Bruno Monsaingeon ya conocido, “The Alchemist”, que se asoma a la extraña personalidad del especialista en Bach y que concluye con la Sexta Partita de ese compositor, registrada en 1974. Interpretación tan desigual como siempre me pareció Gould: a una estupenda Toccata le sigue un una maravillosa Allemande que precede a una floja Courante y a un Air insensatamente rápida. Y así sucesivamente.

El enorme Arturo Benedetti Michelangeli (1920-1995) está representado por un excelso minirrecital de 1965 con dos Sonatas de Scarlatti, dos Mazurcas de Chopin y el Homenaje a Rameau de Debussy: cinco piezas que en estas recreaciones valen su peso en oro. Por si fuera poco, se añade el Libro I completo de los Preludios de Debussy (1978) en interpretaciones que podrán haber sido igualadas (Arrau, Zimerman), pero desde luego que no superadas: un portento que demuestra la estrecha sintonía entre el pianista de Brescia y el compositor francés.

György (o Georges) Cziffra (1921-1994) fue un virtuoso y un atleta del piano, e incluso, a veces, un músico notable. Aquí ofrece un poco de todo: una banal Polonesa “Heroica” de Chopin, dos epidérmicos Liszt (Estudio trascendente No. 10, Rapsodia húngara 6), un espléndido Primer Scherzo y un correcto Tercer Impromptu de Chopin, tres piezas más de Liszt de las que sólo destaca Gnomenreigen, y finalmente las Variaciones sinfónicas de Franck muy bien fraseadas (¡y es una obra mucho más musical que de exhibición!) y dirigidas por su talentoso hijo (de nombre también György) muerto trágicamente en 1981 a los 38 años. Las tomas son de entre 1961 y 1965. Se ofrece a modo de bonus una impactante Obertura de Tannhäuser transcrita por Liszt a cargo del ucranio Benno Moseiwitsch (1890-1963) en 1954.

El muy sobrevalorado Wilhelm Kempff (1895-1991) toca en 1961 unas insulsas Arabesca y Mariposas de Schumann. En esta última pieza se le escapa, por fin, una preciosa frase en el No. 7 (“Semplice”). Más de lo mismo en unas rutinarias Davidsbündlertänze de 1963. Se completa el programa con tres Sonatas de Beethoven (¡esas obras que todavía algunos se empeñan en decir que nadie las ha tocado mejor!): una epidérmica “Tempestad”, una endeblísima “Claro de luna” (ambas de 1968) y una rutinaria No. 27 (1970), que por fin termina con una frase tocada con sensibilidad. ¡Como “El poeta del piano” le definen en algunos diccionarios!

El italofrancés Aldo Ciccolini (n. 1925) masacra Cádiz de Albéniz y nos regala la horrenda Danza de Olaf de Pick-Mangiagalli tras unas Noches en los jardines de España (1960) que comienzan bien para dispararse en las dos últimas partes, con la irrelevante batuta de Roberto Benzi. Notables cuatro de las Romanzas sin palabras de Mendelssohn, corrientito el Segundo Impromptu de Schubert, flojo en La maja y el ruiseñor y algo más entonado en el Allegro de concierto de Granados, por fin triunfa en los Funerales de Liszt y en tres Piezas pintorescas de Chabrier. Y convierte, de la mano del más bien bruto Georges Sébastian el sublime Cuarto Concierto de Beethoven (1962) en pieza de mera exhibición de velocidad.

Tremendamente variable el que fuera prometedor niño prodigio Samson François (1924-1970): varias frases de cal y otras varias de arena en el Primer Concierto de Chopin (1962) dirigido por un brusco Stanislaw Skrowaczewski (que volvería a grabarlo, siempre mal, con Rubinstein y con Weissenberg), un Concierto en Sol de Ravel (1964) con John Pritchard plagado de desajustes; no mucho mejor el Concierto para la mano izquierda, del mismo año pero dirigido por Louis Frémaux. Algo chapucero, pero interpretado con grandeza, pasión y elocuencia el Concierto de Grieg, de nuevo con Frémaux, en 1967. Entre las piezas que completan el programa, de todo: horribles el Vals op. 70/1 de Chopin y la Toccata de Debussy, correctas su L’isle joyeuse y la Forlane de Ravel, y admirable La plus que lente.

Con Claudio Arrau (1903-1991) tocamos el cielo. Queda bien claro que fue el pianista más grande de su tiempo, acaso el mayor del siglo XX. ¡Y eso que era chileno! (¿Pero cómo lo van a aceptar los alemanes, los franceses o los ingleses?...) En todo caso, en esta publicación han acertado reuniendo tres memorables interpretaciones suyas: un Concierto de Schumann (1963) maravillosamente tocado (nadie lo ha hecho de forma tan poética como él: ahí están sus grabaciones con Galliera, Dohnányi y Colin Davis) y muy bien dirigido por el apenas conocido George Hurst al frente de la Filarmónica de Londres. Carnaval del mismo autor (1961) es sencillamente increíble: más vivo y espontáneo que su grabación oficial, es no menos inspirado y maravilloso. E impresionante la Sonata 32 (París 1970), bastante superior a otra publicada en DVD (EuroArts: Bonn 1977) y para mí el mejor Beethoven de última época que le haya escuchado a este enorme artista. Se añade como bonus una espléndida “Appassionata” (1956), único vídeo conservado del gran beethoveniano que fue el londinense Solomon (1902-1988).

El siguiente capítulo aporta, además de un encendido, potente, sensacional Primer Concierto de Tchaikovsky por Emil Gilels (Odessa 1916-Moscú 1985) y André Cluytens de 1959, dos obras exclusivamente sinfónicas a cargo del gran director belga, en versiones también excelentes pese a la precariedad por entonces de la Orquesta Nacional de RTF: Segunda Suite de Dafnis y Cloe y Cuadros de una exposición (1960). De propina, Gilels se marcó una alucinante Tercera Sonata de Prokofiev.

El hoy bastante olvidado pianista norteamericano Byron Janis (n.1928) fue un brillante virtuoso desde sus 15 años y durante unos tres lustros, retirándose intermitentemente a causa de una severa artritis que clausuró su carrera de concertista antes de cumplir los 50. Aquí se ofrece un correcto Tercer Concierto de Prokofiev con Paul Paray (1963) y una insípida, fallida Rapsodia sobre un tema de Paganini dirigida por Louis de Froment (1968). Creo que Janis fue mucho más un virtuoso que un artista.

Pese a ser en color y datar de 1970, la toma de sonido es algo decepcionante en lo que se ofrece del moravo Alfred Brendel (n. 1931): una apreciable Sonata 29 “Hammerklavier”, monumental obra que nunca se le dio del todo bien, como ocurre aquí. Mucho mejor sabor de boca dejan las Bagatelas op. 126 Nos. 2 y 3, también de Beethoven, piezas que por el contrario siempre se le dieron maravillosamente bien.

viernes, 17 de octubre de 2014

Grabaciones, con puntuación, de las Sonatas para piano de Schubert

 
(*DVD)
Esta lista no trata de ser exhaustiva. Se limita a puntuar las versiones que tengo en mi discoteca, a la que no han accedido versiones que no me parecían especialmente fiables (aunque en algunos casos puede que lo sean) y otras a las que, por diversos motivos, no haya tenido acceso. Serán bienvenidas, por supuesto, además de discrepancias (o confirmaciones) de los lectores del blog, versiones ausentes que éstos puedan considerar importantes.

D 537 La m (No. 4):
1970 (DG) Kempff: 7. 1981 (DG) Michelangeli: 9. *1981 (EuroArts) Michelangeli: 9. 1982 (Philips) Brendel: 8. 1994 (Decca) A.Schiff: 9,5. 2002 (Philips) Uchida: 9. 2003 (HMundi) Planès: 8. 2014 (DG) Barenboim: 10
 
D 568 Mi b M (7):
1970 (DG) Kempff: 6. 1994 (Decca) A.Schiff: 6,5. 1993 (Teldec) Leonskaja: 8,5. 2001 (Philips) Uchida: 8. 2014 (DG) Barenboim: 10
 
D 575 Si M (9):
1970 (DG) Kempff: 6. 1979 (JVC) S.Richter: 9. 1979 (Philips) S.Richter: 8,5. 1993 (Decca) A.Schiff: 7,5. 1999 (Philips) Uchida: 9. 2003 (HMundi) Planès: 8. 2014 (DG) Barenboim: 9,5

D 664 La M (13):
1967 (DG) Kempff: 7. 1975 (Decca) Cherkassky: 5. 1979 (JVC) S.Richter: 10. 1981 (Philips) Arrau: 9. 1982 (Philips) Brendel: 8,5. 1992 (Erato) Bashkirov: 7. 1993 (Teldec) Leonskaja: 8,5. 1993 (Decca) A.Schiff: 6,5. 2002 (Philips) Uchida: 7,5. 2003 (MDG) Leonskaja: 9. 1994 (Decca) Lupu: 8. 2014 (DG) Barenboim: 9

D 784 La m (14):
1965? (RCA) Gilels: 9. 1966 (Decca) Ashkenazy: 6. 1968 (DG) Kempff: 6. 1968 (Philips) Haebler: 7. 1971 (Decca) Lupu: 8. 1972 (Philips) Brendel: 8. *1978 (EuroArts) Brendel: 8,5. 1979 (JVC) S.Richter: 9,5. 1989 (DG) Pires: 7,5. 1993 (Denon) Dalberto: 7,5. 1993 (Decca) A.Schiff: 8. 1995 (Sony) Kissin: 10. 2000 (Philips) Uchida: 8,5. 2003 (HMundi) Planès: 8,5. 2014 (DG) Barenboim: 10
 
D 845 La m (16):
1965 (DG) Kempff: 5. 1974 (DG) Pollini: 8. 1974 (RTVE) E.Sánchez: 8. 1975 (Philips) Brendel: 8. *1978 (EuroArts) Brendel: 8. 1979 (Decca) Lupu: 10. 1993 (Decca) A.Schiff: 8. 1999 (Philips) Uchida: 9. 2013 (DG) Pires: 9. 2014 (DG ) Barenboim: 9,5

850 Re M (17):
1956 (Praga) S.Richter: 9. 1960 (RCA) Gilels: 9. 1970 (DG) Kempff: 7. 1974 (Philips) Brendel: 8. *1978 (EuroArts) Brendel: 8,5. 1992 (Erato) Bashkirov: 8. 1993 (Decca) A.Schiff: 7,5. 1994 (Teldec) Leonskaja: 8. 2000 (Philips) Uchida: 7,5. 2014 (DG) Barenboim: 10
 
894 Sol M (18):
1965 (DG) Kempff: 7. 1972 (Philips) Brendel: 8,5. 1973 (Decca) Ashkenazy: 9. 1975 (Decca) Lupu: 9. *1978 (EuroArts) Brendel: 9. 1979 (Philips) S.Richter: 9,5. 1989 (Teldec) Leonskaja: 9. 1992 (Philips) Arrau: 7,5. 1993 (Decca) A.Schiff: 7. 1997 (Philips) Uchida: 8. 2014 (DG) Barenboim: 10
 
958 Do m (19):
1958 (AS) S.Richter: 8. 1970 (DG) Kempff: 6. 1972 (Philips) Brendel: 7. 1973 (Olympia) S.Richter: 9,5. *1978 (EuroArts) Brendel: 7,5. 1980 (Philips) Arrau: 8. 1982 (Decca) Lupu: 9,5. 1983 (CanalGrande) Egorov: 8. 1987 (DG) Pollini: 8. 1993 (Decca) A.Schiff: 8. 1996 (HMundi) Planès: 8. 1997 (Teldec) Leonskaja: 8,5. 1998 (Philips) Uchida: 9. 2014 (DG) Barenboim: 10
 
959 La M (20):
1968 (DG) Kempff: 7. 1972 (Philips) Brendel: 7. 1976 (Decca) Lupu: 8. *1978 (EuroArts) Brendel: 8. 1982 (Philips) Arrau: 8. 1987 (DG) Pollini: 8,5. 1993 (Teldec) Leonskaja: 10. 1994 (Decca) A.Schiff: 9. 1998 (Philips) Uchida: 8. 2014 (DG) Barenboim: 10
 

960 Si b M (21):
1951 (Philips) Haskil: 6,5. 1966 (RCA) Rubinstein: 7. 1967 (DG) Kempff: 8. 1970 (RCA) Rubinstein: 7,5. 1972 (Eurodisc) S.Richter: 10. 1972 (Praga) S.Richter: 9,5. 1972 (Philips) Brendel: 7. 1972 (Olympia) S.Richter: 9,5. *1978 (EuroArts) Brendel: 8,5. 1978 (DG) Barenboim: 9. 1981 (Philips) Arrau: 8,5. 1983 (Decca) Larrocha: 7,5. 1987 (DG) Pollini : 7,5. 1987 (Decca) Ashkenazy: 8. 1993 (Erato) Barenboim: 8,5. 1994 (Decca) Lupu: 7. 1994 (Decca) A.Schiff: 7,5. 1995 (EMI) Kovacevich: 6. 1997 (Teldec) Leonskaja: 9. 1998 (Philips) Uchida: 9,5. *1998 (Silverline) Kocsis: 7,5. 2004 (RCA) Kissin: 9,5. 2013 (DG) Pires: 8,5. 2014 (DG) Barenboim: 9,5




























lunes, 13 de octubre de 2014

El “nuevo” (¿¡…!?) Brahms de Chailly

 

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Tras su desastroso ciclo sinfónico de Beethoven, Riccardo Chailly (Milán, 1953) ataca de nuevo. No sé qué le ha ocurrido a este director, que tiene en su haber multitud de grabaciones extraordinarias y magníficas, sobre todo de varios compositores italianos de ópera, de Mahler (¡qué Novena con la Concertgebouw!), incluso de Bruckner, y, desde luego, de numerosos y muy diversos compositores del siglo XX.

Más o menos desde que dejó la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam y asumió la dirección de la Gewandhaus de Leipzig (2005) –en lo que a todas luces constituye, por cierto, un retroceso–, puedo afirmar que no le he escuchado una sola obra que no la hubiese hecho antes mejor o mucho mejor que ahora. Su anterior ciclo sinfónico de Brahms con la maravillosa orquesta holandesa pecaba de sosera y de una palpable falta de idiomatismo o sintonía con el lenguaje y el sonido propios del compositor hamburgués; pero al menos aparentaba sensatez y seriedad. Este nuevo ciclo con la Gewandhaus, que acaba de lanzar su casa discográfica, Decca, por supuesto que no reencuentra ese idioma, pero además multiplica la sosería hasta niveles preocupantes. Será difícil hallar en la abundantísima discografía de directores importantes una Cuarta tan flojísima, por ejemplo.

¿Por qué las ha vuelto a grabar, cuáles son las nuevas aportaciones a estas obras? He aquí la respuesta: hacerlo todo más rápido y algo más liviano en las texturas orquestales y descubrir al mundo musical que estaba equivocado al pensar que Brahms era uno de los más grandes compositores, un hombre capaz de construir estructuras admirables con unas melodías bellísimas y conmovedoras, capaz de generar un dramatismo y una tensión tremendas. Todo eso se diluye en estas versiones, insípidas hasta lo irritante, en las que se salva algún movimiento aislado, como el finale de la Segunda (por cierto, el movimiento más vistoso y exterior del ciclo). Pero en otras ocasiones en que intenta dejar de ser pura rutina, como por ejemplo en el 2º mov. de la Primera, cae en el empalago: violín sumamente dulzón, oboe blandísimo (aquí y casi siempre). (Esto lo estoy viendo últimamente cada vez más, en Chailly y en otros: total inexpresividad o dulzonería pasadísima de rosca).

Curiosidad: se añaden en el álbum como complementos el arranque original de la Cuarta, totalmente desafortunado frente al genial de la versión definitiva; el final alternativo del primer mov. de la misma (prácticamente igual) y el 2º mov. completo de la Primera, muy inferior al modificado, e interpretado con un exceso de melaza verdaderamente empachoso. Poco interés tienen las transcripciones de los Liebeslieder-Walzer y de dos Intermezzi, tocados con un empalago insufrible. Por no estar bien, tampoco lo están las tres Danzas húngaras orquestadas por Brahms. Sí, Chailly ha conseguido ¡casi! igualar el destrozo que hace poco operó sobre las 9 Sinfonías de Beethoven. (¿Habrá nuevas víctimas?... ¡Echémonos a temblar!)

miércoles, 8 de octubre de 2014

Asombroso “Falstaff” de Elgar en el Concierto de Europa 2014

 
       

El Concierto de Europa del 1º de mayo ha tenido lugar este año en la Philharmonie de Berlín. Editado en DVD y Blu-ray por EuroArts, el DVD también suena muy bien, pero la imagen es bastante menos buena que la del Blu-ray. La primera parte estuvo dedicada al personaje shakespeariano de Falstaff en dos visiones tremendamente diferentes: la primera representada por la obertura de Las alegres comadres de Windsor de Otto Nicolai. Barenboim la había grabado en audio para D.G. en 1979 con la Sinfónica de Chicago y la filmó para Arthaus en 1997 con la Staatskapelle Berlin. Ahora hace una versión menos orientada hacia lo puramente sinfónico que aquélla y más depurada que la siguiente. La de 2014 es una verdadera delicia por su espíritu risueño, su fino humor, su vivacidad y su elegancia; es curioso, pero la cuerda de la Filarmónica de Berlín suena un poco como si fuera la de Viena (más adecuada para esta música, y no sólo porque su autor fuera el fundador oficial de la maravillosa Orquesta austríaca).

Falstaff de Elgar, “estudio sinfónico” de 1913 (dos años, pues, posterior a su Segunda Sinfonía), era para su autor su mejor obra. Se trata de un gran poema sinfónico (aquí dura 36 minutos) de complejidad extrema, magníficamente orquestado y que tiene puntos en común con el Till straussiano. Se trata de una obra maestra extraordinaria que sin embargo no es precisamente fácil de escuchar. Barenboim la grabó en 1976 para Sony con la London Philharmonic, una excelente versión que queda eclipsada por ésta: se trata de una de esas raras veces en las que tenemos la sensación de que no se puede hacer mejor, tal es el grado de comprensión hasta en los menores detalles, por el sentido que cobra cada frase, por la multiplicidad de estados de ánimo que describe, por la fluidez, la aparente espontaneidad y la enorme plasticidad con que discurre ante nuestros ojos y oídos. El sentido del humor con que es visto el personaje del gordinflón que se cree un seductor es muy acusado, como también la ternura que merece poco antes de su muerte.

Pese al altísimo standard al que nos tiene acostumbrados la Filarmónica de Berlín, esta ejecución se eleva hasta niveles sencillamente pasmosos. Creo que se trata, de lejos, de la interpretación más asombrosa que haya escuchado (y entre ellas hay maravillas como las de Barbirolli/Hallé, EMI 1964 y, más aún, Solti/London Philharmonic, Decca 1980). Por cierto, llama la atención que la Orquesta Filarmónica de Berlín sólo haya tocado Falstaff de Elgar en dos ocasiones: en 1996 y en 2014, ambas dirigidas por el de Buenos Aires. Quien, por cierto, la dirige, como el resto del programa, ¡de memoria!

La Quinta Sinfonía de Tchaikovsky que ocupaba la segunda parte es una obra que ya había grabado Barenboim en dos ocasiones: en 1995 con la Sinfónica de Chicago en estudio para Teldec (CD) y en 2004 en público en Ginebra con la West-Eastern Divan Orchestra (CD y DVD Warner): la primera es una correcta versión que no apasiona, mientras la segunda convence bastante más. Pero esta tercera supera con creces a ambas. Lejos de todo tremendismo o exhibición exterior (a las que tanto se presta la brillante partitura), Barenboim modela una versión de libro, uno de sus grandes logros en Tchaikovsky (autor en el que posee más y mayores aciertos de lo que parece a primera vista, desde el Primer Concierto, tocando o dirigiendo, a Cascanueces y El lago de los cisnes, pasando por Romeo y Francesca o Eugenio Oneguin). Impresiona, desde la sobrecogedora introducción, por la profundidad y la veracidad con que ahonda en el particular universo del compositor, desentrañando sus más recónditos sentimientos. La cantabilidad de las hermosísimas melodías es embriagadora, el sentido trágico conmueve, la sensualidad es patente, y aporta momentos de especial magia. La claridad instrumental es llamativa, y formidable la ejecución. El éxito fue abrumador. Con esta versión completa Barenboim la trilogía sinfónica final tchaikovskiana en tres interpretaciones de primer orden: la Cuarta con la Sinfónica de Chicago (Teldec 1997), esta Quinta y la “Patética” con la Orquesta del Diván en Salzburgo 2007 (DVD y Blu-ray C Major).

El concierto se completa con una breve entrevista de diez minutos hecha a Barenboim en el intermedio; hablada en alemán, se acompaña de subtítulos en inglés y francés. La atenta realización, a cargo de Henning Kasten, está en los niveles de las mejores publicaciones actuales, o sea a pedir de boca.




domingo, 5 de octubre de 2014

Rimsky-Korsakov, un compositor muy parcialmente conocido

 
Suites orquestales de tres óperas y La leyenda de la ciudad invisible de Kitej
Scheherazade, el Capricho español y La gran pascua rusa son prácticamente los títulos bien conocidos de Rimsky-Korsakov. Fuera de ellos apenas se oyen o se graban de tarde en tarde las suites de El gallo de oro y El zar Saltán, la Segunda Sinfonía “Antar”, algún aria de aquí y de allá y poco más. Pero de vez en cuando uno descubre verdaderos tesoros casi ocultos de este compositor: la ópera completa El gallo de oro –clarísimo antecedente de El pájaro de fuego de su alumno Stravinsky– es una joya (a propósito, la versión dirigida por Kent Nagano en DVD/Blu-ray, Arthaus, es muy recomendable), o las increíblemente bellas Canciones que hace unos años grabasen Anna Netrebko y Daniel Barenboim (al piano) para D.G.

Pues bien, acabo de comprarme un CD (bueno, es un SACD compatible) y un Blu-ray que han sido nuevos descubrimientos. El primero, del sello Pentatone, contiene las suites orquestales de las óperas La doncella de nieve y La leyenda de la ciudad invisible de Kitej y de la ópera-ballet Mlada (en concreto de su tercer acto, con el título Noche en el Monte Triglav). Ante este disco, editado en 2010, me mostré en su día reticente, pues lo dirige un músico que no goza generalmente de mi aprecio, Mikhail Pletnev. Pues bien, mi amigo Juan Ignacio de la Peña me lo hizo escuchar hace poco sin decirme de qué se trataba, y me encantó, así que me he hecho con él. Al frente de la Orquesta Nacional Rusa, que aquí suena estupendamente, el pianista y director exhibe una gran sensibilidad tímbrica para poner de relieve el extraordinario (y bien conocido) talento de Rimsky como orquestador, así como su inagotable imaginación para sugerir ambientes exóticos del extremo oriente. El disco, grabado en Hilversum, Holanda, suena maravillosamente como SuperAudioCD.


              
                                                                                              Marc Albrecht

El Blu-ray contiene la referida ópera La leyenda de la ciudad invisible de Kitej (1904) completa, una partitura de algo más de tres horas de duración, que, a decir de los conocedores, es uno de los mayores logros de su autor. Penúltima obra escénica de Rimsky, seguida sólo por El gallo de oro y de cariz muy distinto, es una composición no sólo muy bien construida sobre un libreto excelente de Vladimir Belsky, sino de una riqueza –poesía, dramatismo, intimismo y sentido épico, elevación espiritual, etc.– e inspiración musical sorprendente y, por descontado, maravillosamente orquestada. No es una ópera fácil de apreciar, pero merece la pena escucharla más de una vez, revelando a cada audición más bellezas.

La grabación de Opus Arte es muy satisfactoria en lo musical, contando con un elenco sólido y acertado en el que destacan la soprano o mezzo lírica Svetlana Ignatovich (Fevroniya), los tenores Maxim Aksenov –lírico, joven y pujante– como Vsevolod y John Daszak –lírico-spinto, muy prometedor– como Kuterma, el sólido barítono Alexey Markov (Poyarok), y los bajos Vladimir Ognovenko (un Burunday ya algo fatigado) y Vladimir Vaneev, Yuri de voz no muy rotunda pero muy buena línea. La Orquesta Filarmónica de Holanda está estupenda, y ¡magnífico! el Coro de la Ópera Holandesa. La labor del director Marc Albrecht (n. 1964, hijo de Georg Alexander, no de Gerd) me parece sencillamente ejemplar.

Últimamente oigo mucho poner como ejemplo de director de escena arbitrario y extravagante a Dmitri Tcherniakov, y no faltan razones para etiquetarlo así a la vista de varias de sus producciones, pero aquí me parece que da de lleno en el clavo, con una concepción de indudable belleza y elevación poética, plagada de aciertos; sin excentricidades, que yo sepa. Vuelve así el certero autor de la grabación (DVD/Blu-ray C Major) de El jugador de Prokofiev, la primera ópera que le vi. Tanto el sonido como la imagen del Blu-ray son a pedir de boca, pero la edición, que añade veinte minutos de entrevistas, carece de subtítulos en español (los tiene en inglés, francés, alemán, holandés, japonés y coreano) y en el libretillo no figuran los tracks, lo que acarrea una gran incomodidad.





miércoles, 1 de octubre de 2014

El estupendo disco Mendelssohn de Javier Perianes

 


Cuando en 2001 resultó vencedor en el Premio Jaén, el pianista nacido en Nerva (Huelva) en 1978, era ya un músico formado en posesión de una llamativa solidez. Desde entonces su discografía, que se adentra una y otra vez en repertorios nada fáciles ni exhibicionistas, ha ido en un progresivo ascenso en cuanto a madurez y profundidad; este último disco suyo es una prueba más, y de las más elocuentes, de estas referidas cualidades. Pues la música para piano de Mendelssohn, poco transitada por los grandes pianistas –mucho menos de lo que debería– no es precisamente fácil de desentrañar. El precioso programa de este CD puede dar una idea clara (aunque no completa, claro) de la belleza y la personalidad creadora del autor de la obertura Las Hébridas en el campo del piano.

El disco comienza y termina con sendos ciclos de variaciones: el poco conocido y admirable Andante con variazioni op. 82 (1847) y las más divulgadas y extraordinarias Variaciones serias, op. 54 (1841), acaso la pieza pianística más reconocida de su autor. En ambas, Perianes bucea hasta el fondo de sus valores musicales.

Las quince Romanzas sin palabras seleccionadas, todas ellas muy bellas (apenas hay alguna en la serie que no lo sea) son paladeadas con una sencillez, espontaneidad (aparente) y hondura que no tienen que envidiar a la maravillosa interpretación de la colección completa por Barenboim (D.G. 1974), el pianista al que Perianes confiesa admirar más. Sin embargo, éste no comete seguidismo de aquél: si comparamos, por ejemplo, la extraordinariamente bella Canción veneciana del gondolero op. 30/6 en manos de uno y otro comprobaremos que el íntimo anhelo del argentino da paso a una mayor serenidad y un inefable consuelo en el onubense. Y esta u otras diferencias se aprecian en las demás Romanzas, aunque en algunas la semejanza pueda ser mayor.

Lo que siempre encontramos en Perianes es la peculiar ternura e inocencia que desprenden la música de este compositor (del que abundan en el repertorio sólo un puñado de obras, casi todas orquestales). Lo único que nos deja un cierto mal sabor de boca es que no hayan decidido grabar la colección completa de las 48 Romanzas sin palabras (1825-45), que falta hace una buena interpretación moderna.

En la sucesión de éstas se intercalan en el CD dos páginas: el precioso Rondo capriccioso, op. 14 (1824: ¡compuesto a los 15 años!) cuya introducción, andante, está tocada de ensueño para dar paso a un presto que hubiese preferido algo más aéreo o feérico. Y más tarde el primero de los seis Preludios y fugas op. 35 –publicados en 1837: una suerte de homenaje a su idolatrado Bach que, absurdamente, son casi desconocidos– que Perianes desgrana con un legato en verdad magistral. Un disco excepcional, magníficamente grabado en los ya famosos Estudios Teldex de Berlín. (Por cierto: un error de la carpetilla: el corte 17 contiene la Romanza op. 102/1, no op. 120/1).