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martes, 29 de marzo de 2011

Las Sinfonías de Schubert ampliadas, actualizadas (y algo mejor maquetadas)

Calificaciones a las interpretaciones de nueve ciclos de las Sinfonías de Schubert y a otras trece versiones aisladas

I. CICLOS

1) Karl Böhm/Orquesta Filarmónica de Berlín (D.G. 1963-1973)

1ª: 7. 2ª: 8. 3ª: 7. 4ª: 8,5. 5ª: 8. 6ª: 7. 8ª: 8,5. 9ª: 7

2) István Kertéz/Orquesta Filarmónica de Viena (Decca 1964-1972)

1ª: 7. 2ª: 7. 3ª: 7,5. 4ª: 7,5. 5ª: 7. 6ª: 7,5. 8ª: 9,5. 9ª: 6

3) Wolfgang Sawallisch/Staatskapelle Dresden (Philips 1967-1972)

1ª: 8. 2ª: 6. 3ª: 8. 4ª: 6. 5ª: 6. 6ª: 7. 8ª: 7. 9ª: 7

4) Herbert von Karajan/Orquesta Filarmónica de Berlín (EMI 1976-1978)

1ª: 7. 2ª: 8. 3ª: 7. 4ª: 8,5. 5ª: 8. 6ª: 7. 8ª: 8,5. 9ª: 7

5) Sir Neville Marriner/Academy of St Martin in the Fields (Philips 1981-1984)

1ª: 8. 2ª: 8. 3ª: 9. 4ª: 6. 5ª: 8. 6ª: 8,5. 8ª: 7. 9ª: 6,5

6) Daniel Barenboim/Orquesta Filarmónica de Berlín (Sony 1984-1988)

1ª: 9. 2ª: 9,5. 3ª: 9. 4ª: 10. 5ª: 8,5. 6ª: 9. 8ª: 8. 9ª: 10

7) Riccardo Muti/Orquesta Filarmónica de Viena (EMI 1987-1993)

1ª: 8,5. 2ª: 9. 3ª: 8. 4ª: 8. 5ª: 7,5. 6ª: 7. 8ª: 8. 9ª: 8

8) Claudio Abbado/Orquesta de Cámara de Europa (D.G. 1988)

1ª: 8,5. 2ª: 9. 3ª: 8. 4ª: 6. 5ª: 6,5. 6ª: 7,5. 8ª: 8. 9ª: 7,5

9) Sir Colin Davis/Staatskapelle Dresden (RCA1996)

1ª: 9,5. 2ª: 8,5. 3ª: 9,5. 4ª: 8. 5ª: 8,5. 6ª: 9,5. 8ª: 8,5. 9ª: 8

Algunas versiones aisladas excepcionales:

Giulini/OSChicago DG 78: 9,5

Klemperer/Philharmonia EMI 64: 9

Böhm/OFViena DG 80: 10

Solti/OFViena Decca 85: 9

Klemperer/OFViena DG 68: 10

Krips/OFViena Decca 72: 9

Giulini/OSChicago DG 78: 9,5

Böhm/OFViena DG 80: 10

C. Davis/OSBoston Philips 84: 9

Furtwängler/OFViena EMI 50: 10

Furtwängler/OFBerlín DG 52: 10

Klemperer/Philharmonia EMI 61: 9

Giulini/OSChicago DG 78: 9,5

Acabo de añadir el ciclo de Kertész, que en líneas generales me ha gustado regular, pero que contiene una audaz, radical, hiperdramática, sobrecogedora Octava, a la que le he puesto un 9,5.

Como se verá, los ciclos de Barenboim (recién reprocesado, con sonido bastante mejor que antes) y Colin Davis (sin duda, el ciclo mejor grabado) acaparan las, para mí, interpretaciones más satisfactorias. Pero ni uno ni otro llegan a lo más alto en las Sinfonías Sexta y Octava.

No he incluido versiones en DVD, entre las que habría que destacar la Sexta de Sir Georg Solti con la Sinfónica de Chicago (Medici Arts, filmada en 1979), a la que podría calificar con un 10 (convirtiéndose así en mi favorita), y la “Inacabada” de Günter Wand con la NDR Sinfonieorchester (TDK, filmada en el 8 de julio de 2001. Es la que viene acoplada con la Novena de Bruckner; la que viene precediendo a la Novena de Schubert, de 1995 y con la misma orquesta, no es tan extraordinaria). Pues bien, esa de 2001 es merecedora para mí de otro 10, situándose al nivel de solamente la de Klemperer con la Filarmónica de Viena o la de Böhm con la misma orquesta.

Más “Inacabadas” en DVD: la de Böhm con la Filarmónica de Viena filmada en Japón el año 1975 (NHK Classical) posee escasa calidad técnica, aunque la versión es al menos de un 9. Y en cuanto a la de Barenboim con la Filarmónica de Berlín en la Basílica de San Lorenzo de El Escorial (Concierto de Europa de 1992, TDK/Arthaus), es quizá la mejor de las que le haya escuchado, pero sigue sin acabar de entusiasmar (otro 9).

(Aprovecho para pedir perdón por la confusa maqueta anterior)

sábado, 26 de marzo de 2011

Respuesta al (no del todo) Anónimo de las 13,25 h. del 26-III-2011

Mire usted, soy un poco menos imbécil de lo que usted cree. Creía, por lo que se ve, que yo iba a colaborar con usted en divulgar su desprecio hacia mí y hacia mis opiniones. Pues ya no va a contar más con mi ayuda. Como su trayectoria en denigrarme es larga (y en parte conocida por mí, pero hace mucho que dejó de interesarme lo que dijera o dejara de decir de mí), paso olímpicamente de usted. Es lo que creo que se debe hacer con personajes como usted (no hay demasiados, por suerte).

Usted, que me merece una opinión que no debo poner por escrito, escriba contra mí lo que y cuanto le dé la gana, pero dando la cara. Si no lo hace, podrá contar con la colaboración de otros, pero no con la mía. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Su e-mail de hace un rato no merece ser publicado, porque sin dar la más mínima razón o argumento, me falta al respeto. Así que, insisto, no cuente más conmigo.

Ahora bien: le reconozco que ha conseguido algo: que de aquí en adelante no publique en mi blog ninguna comunicación anónima más. Supongo que se sentirá muy satisfecho por tal logro.

Seguiré dando mis opiniones a la gente que las tenga en cuenta, o al menos las respete y respete a quien las escribe. No gano nada con esto, pero tampoco quiero perder, prestándome, ayudando a mi propia denigración.

¡Gergiev, ¿el más grande?!…

Con varios días de retraso ha llegado a mis manos un artículo a página completa de la edición del 13 de marzo del diario “El Mundo”, un artículo encabezado por una foto de Gergiev dirigiendo, escrito por Rubén Amón y cuyo titular reza: “Valery Gergiev, el rey de la batuta”. Me quedé estupefacto. Espero que dicho simplista y lapidario título no haya sido idea del excelente periodista y buen melómano que firma el artículo, porque convierte a un maestro resultón, efectista y rutinario en nada menos que el más grande director de orquesta de nuestro tiempo.

A la derecha de la página aparece una columna. En lo alto de ella pone: “Los Top 5”, y debajo, cinco recuadros. En el primero van los Compositores, que, por orden, son: Beethoven, Mozart, Schumann, Bach y Brahms.

En el 2º, las Obras: El Mesías, la Séptima Sinfonía de Beethoven, la Primera de Mahler, el Segundo Concierto de Chopin y la Sinfonía “Pastoral” de Beethoven.

En el 3º, las Orquestas: la Sinfónica de San Francisco, la Sinfónica de Chicago, la Filarmónica de Nueva York, la Sinfónica de Milán (¿?) y, ya en quinto lugar, la Filarmónica de Berlín.

En el 4º, los Directores: Valery Gergiev, Michael Tilson Thomas, Mariss Jansons, Ivan Fischer y Herbert Blomstedt.

Y en el 5ª recuadro, las Óperas: La bohème, Las bodas de Fígaro, Carmen, Tosca y La traviata.

Intentando reponerme de la impresión, y angustiado por los aficionados que pudieran tomarse esto en serio como una lista de lo mejor en cada apartado, leo el texto completo y me encuentro con que no se trata de un hit parade de calidad (que es, lo que sin duda parece), sino, al parecer (no queda nada claro), de una lista de los directores y las orquestas que más trabajan y de las obras más veces interpretadas.

Todo ello según una encuesta hecha sobre 11.7204 [sic] espectáculos por la “reputada página www.bachtrack.com

Así que nada, no se asusten, tranquilícense todos: ¡no es que Schumann sea mejor que Bach, sino que ese año, casualmente centenario de Schumann, se interpretaron en esos 117.204 espectáculos más obras de Schumann que de Bach! (claro que interpretar La Pasión según San Mateo puede que sea más que la Obertura de Genoveva y las Escenas de niños juntas...)

Tranquilos: ¡no es que el 2º Concierto de Chopin sea mejor que la Sinfonía “Heroica”, sino que el menos bueno de los dos Conciertos del polaco en el año de su centenario ha sido tocado más veces! ¡Ni que La bohème sea mejor que Tristán e Isolda! ¡¡Ni que la Primera Sinfonía de Mahler sea la tercera obra más genial que existe!! (¡¡Menos mal!!)

Y no es que la Sinfónica de San Francisco sea mejor que la Filarmónica de Viena o la Concertgebouw (¡que no aparecen entre las cinco primeras!), sino que ha debido de dar más conciertos, siempre entre los contabilizados por esa estraña encuesta...

¡Qué alivio! Menos mal que Gergiev no es el mejor director del mundo (¡aviados estábamos!), ni esos otros cuatro que le siguen los siguientes más destacados...

Pero todo esto es lo que parece que había entendido la persona que me pasó ese artículo, ayudado sin duda por el confuso título. Y me temo que no habrá sido la única...

miércoles, 23 de marzo de 2011

¿Qué pasa con el Blu Ray?

¿Qué está pasando con el Blu-Ray, que está siendo ignorado, o casi, por algunas de las editoras más importantes de música clásica? ¿Por qué? Precisamente le está pasando a algunas de las más poderosas, mientras que otras más pequeñas se están empleando a fondo, y son las que se están llevando el gato al agua. Me recuerda esto a la aparición del compact disc, en el que compañías tan fuertes como EMI no creyeron al principio; cuando se engacharon a fondo, otras habían vendido muchísimo, mientras que ellas casi nada...

En películas el Blu-Ray está cobrando cada vez más fuerza, pero ¿qué pasa con los amantes de la música clásica, que siempre han estado en vanguardia adhiriéndose a los soportes de mayor calidad técnica, dado que la calidad del sonido y de la imagen suele ser mucho más importante para ellos que para los aficionados a otros tipos de música? Pues bien, muchos de estos melómanos que se apuntaron siempre a la última están ahora ignorando el Blu-Ray. Algunos nos desgañitamos explicando la extraordinaria superioridad técnica de éste: definición de imagen muy superior (en una pantalla grandecita la diferencia es espectacular), e incluso, a menudo también en la calidad del sonido.

¿Por qué le están dando la espalda? Se me ocurre pensar que, en muchos casos, porque ni siquiera se han molestado en compararlo con el DVD. Muchos, estoy, seguro (lo compruebo de vez en cuando) ignoran lo que se están perdiendo.

Ignorancia que está muy extendida, también en otros aspectos: hay muchas personas que ni siquiera saben que los reproductores de Blu-Ray leen todo tipo de DVDs y, por supuesto, de CDs. Por ello a menudo te sueltan algo así: “¡Ya está bien de aparatos; no pienso comprarme otro más. Tengo ya muchos DVDs y, ahora, otro chisme más para poder ver los Blu-Ray esos...!”

También se suele ignorar que determinadas publicaciones salen más baratas en Blu-Ray que en DVD, porque caben en menos discos: véanse los Conciertos para piano de Beethoven por Barenboim o la Tetralogía de Zubin Mehta en Valencia, por poner sólo dos ejemplos. ¡No deja de tener gracia que un producto mucho mejor salga a menudo más barato!

Hay un problema para quienes nos decantamos por el Blu-Ray: que lo que sale en este soporte suele lanzarse uno, dos o tres meses más tarde que el DVD correspondiente. Y no es cuestión de repetirlo en ambos soportes. Por eso oyes cada vez más decir: “Estoy deseando tener esa grabación, pero no me compro el DVD, vayamos a que más adelante salga en Blu-Ray...” ¿Tan difícil es poner en la portada una pegatina –ya se hace en películas– advirtiendo que se halla también disponible –o se va a hallar próximamente– en Blu-Ray, para que sepamos a qué atenernos?

jueves, 17 de marzo de 2011

Grimaud y Thielemann en Ibermúsica

El concierto de Ibermúsica del 16 de marzo contó con una orquesta de solera, la Filarmónica de Múnich, y con dos nombres conspicuos: Hélène Grimaud y Christian Thielemann. Pues bien, los resultados me parecieron en conjunto decepcionantes

Las Variaciones Haydn de Brahms que abrieron el excesivamente largo programa fueron pretenciosamente lentas (¡más de veinte minutos!), solemnes y ampulosas, y también blandas, lánguidas y dulzonas desde la enunciación misma del tema. Una lástima, porque el lenguaje y el sonido eran brahmsianos, pero el discurso fue forzado, poco natural.

Soy un gran admirador de la Grimaud, pero ayer hizo lo peor que le he escuchado hasta la fecha (muy por debajo de su grabación con Vladimir Yurowski y la Staatskapelle de Dresde, D.G.). De entrada debe quedar claro que posee un mecanismo formidable: es capaz de darlas todas (o casi: también tuvo algún fallo) y de tocar a gran velocidad conservando la claridad. Pero ayer el Concierto “Emperador” le sonó poco beethoveniano, ya por el sonido (es curioso: sí posee un magnífico sonido brahmsiano) y también porque optó casi todo el tiempo por aligerar la pulsación, una huida hacia lo fácil. En las frases cantabile del primer mov. y de casi todo el segundo se deleitó con gran belleza... pero aquello sonaba mucho más a Schumann que a Beethoven. Y no reprimió en absoluto su tendencia a correr, dando una lección de... escribir a máquina, y resolviendo mal las transiciones. Tentación, la del virtuosismo por sí mismo, frecuente en este Concierto, pero inadmisible. El tercer mov. lo abordó con levedad (¡cuando es una explosión de fuerza y fuego!) y a una velocidad insensata. Con la respuesta orquestal, Thielemann la frenó en seco. Pero ella continuó sin involucrarse, tocando con un sonido carente de fuerza. Por cierto, estuvo francamente bien dirigido, con sólo algún detalle aislado un tanto rebuscado.

La Séptima de Beethoven, con una orquesta muy voluminosa, estuvo bastante bien (es la que menos me ha disgustado en su reciente integral en DVD con la Filarmónica de Viena, C Major), salvo esos hallazgos algo forzados aquí y allá (pianos súbitos excesivos, cambios de tempo poco fluidos), y un solo, leve y pasajero atisbo de sentimentalismo en el “Allegretto”. Rápido y enérgico el scherzo, el finale habría logrado mayor efecto si hubiera mantenido el tempo con mayor firmeza y hubiese logrado una progresión en el desenfreno.

En la propina, la obertura de Egmont (que alargó la sesión hasta casi dos horas y media) volvió a evidenciar que, pese a conocer la tradición y poseer el sonido beethoveniano, le pierde un poco su empeño en ser original en ciertos detalles: tiene más ocurrencias que ideas. Creo que para ser de verdad grande tiene un pequeño problema: tengo la impresión de que se cree Furtwängler y Karajan al mismo tiempo. Pero, por el momento, queda lejos de aquél y no muy cerca de éste.

La Filarmónica de Múnich, espléndida por su sonoridad global, no está en tan buena forma como en la época del gran Celibidache (¡también me parece que se cree Celi en algún momento!): me irritó el dulcísimo, empalagoso o cantarín oboe (Marie-Luise Modersohn) y tampoco me gustaron demasiado la flauta y las trompas, algo toscas y destempladas. La cuerda es compacta y soberbia, y sensacional el timbalero (Sebastian Förschl).

Thielemann, de gestualidad poco atractiva, nada sugerente, es aún relativamente joven (nació en 1959) y debe madurar; tal vez le resulten una rémora para ello los ditirambos que suele recibir de algunos de sus incondicionales, los que esperaban con impaciencia al nuevo genio alemán de la batuta, alguien que –me temo– no termina de aparecer.

sábado, 12 de marzo de 2011

Calificaciones a las Sinfonías de Schubert

SCHUBERT: Ciclos:

Böhm/Sawallisch/Karajan/Marriner/Barenboim/ Muti/Abbado/C. Davis

OFBerlín/OEDresde/OFBerlín/ASMF/OFBerlín/OFViena/OCEuropa/ OEDresde

DG 63-73/Phi 67-72/EMI 76-78/Phi 81-84/Sony 84-88/EMI 87-93/DG 88/RCA 96

7 / 8 / 7 / 8 / 9 / 8,5 / 8,5 / 9,5

8 / 6 / 8 / 8 / 9,5 / 9 / 9 / 8,5

7 / 8 / 7,5 / 9 / 9 / 8 / 8 / 9,5

8,5 / 6 / 8,5 / 6 / 10 / 8 / 6 / 8

8 / 6 / 6 / 8 / 8,5 / 7,5 / 6,5 / 8,5

7 / 7 / 7,5 / 8,5 / 9 / 7 / 7,5 / 9,5

8,5 / 7 / 8 / 7 / 8 / 8 / 8 / 8,5

7 / 7 / 7,5 / 6,5 / 10 / 8 / 7,5 / 8

Algunas versiones aisladas excepcionales:

Giulini/OSChicago DG 78: 9,5

Klemperer/Philharmonia EMI 64: 9

Böhm/OFViena DG 80: 10

Klemperer/OFViena DG 68: 10

Krips/OFViena Decca h. 70: 9

Böhm/OFViena DG 80: 10

C. Davis/OSBoston Philips 84: 9

Furtwängler/OFBerlín DG 52: 10

Klemperer/Philharmonia EMI 61: 9

Giulini/OSChicago DG 78: 9,5

miércoles, 2 de marzo de 2011

“Medea” de Reimann: la ópera sigue viva

¿Quién dice que la ópera sólo vive de reposiciones de los títulos de siempre? También se siguen componiendo óperas, y no pocas. Incluso algunas que son, con claridad, obras importantes, que seguramente engrosarán en el futuro el repertorio de los teatros operísticos más dinámicos. Por poner sólo dos ejemplos muy recientes: en 2008 subía al escenario del Covent Garden londinense The Minotaur de Harrison Birtwistle (n. 1934), en magnífica interpretación musical (Tomlinson, Reuter, Rice, Langridge, Pappano) y escénica (Stephen Langridge) recogida en DVD y Blu-Ray (Opus Arte). Ya hablé en su día brevemente de lo extraordinaria que me había parecido esta ópera.



Ahora acabo de ver y escuchar en Blu-Ray (Arthaus) otra, más reciente aún, filmada también en su estreno en la Ópera Estatal de Viena el año 2010: Medea, de Aribert Reimann (n. 1936), que también me ha parecido extraordinaria por su potencia dramática sin necesidad de recurrir al efectismo. No soy, ni mucho menos, un experto en música contemporánea, pero creo que el autor de Lear, El castillo (Kafka) y La casa de Bernarda Alba ha vuelto con ésta, su octava ópera, a alumbrar otra obra admirable y sobrecogedora, por, entre otras razones, su tensión teatral o por la certera creación de las atmósferas a través del color orquestal. Y una vez más sobre un asunto no precisamente fácil de poner en música. El libreto, del propio compositor, creo que espléndido (a juzgar por los subtítulos) se basa no en una tragedia de la antigüedad clásica sino en la de Franz Grillparzer.

La interpretación del estreno fue, sin duda, soberbia: dirigió Michael Boder, quizá el director más activo en la interpretación de la música de Reimann, a una orquesta espléndida, y lo mismo fue el elenco, encabezado por una sensacional –cantante, intérprete y actriz– Marlis Petersen. Pero también estuvieron a la altura los restantes: Michaela Selinger como Kreusa, Adrian Eröd como Jasón o Max Emanuel Cencic como Herold, por citar a los principales. Formidable la concepción escénica de Marco Arturo Marelli, sobria pero impresionante, en plena sintonía con la música.

¿Cuándo veremos ésta u otra de las grandes óperas de Reimann en nuestros primeros teatros?... Ya va siendo hora: ni siquiera la basada en el admirado drama de García Lorca se ha dejado ver fuera del Festival de Peralada, único lugar de España donde se ha dado a conocer. Fue en 2001, un año después de su estreno en Múnich, con dirección de Zubin Mehta y Harry Kupfer.

Las óperas de Aribert Reimann:

1964 Ein Traumspiel

1970 Melusina

1978 Lear

1983 Gespenstersonate

1985 Troädes

1992 Das Schloss

2000 Bernardas Alba Haus

2010 Medea