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lunes, 24 de diciembre de 2012

Impresionante mejora de la “Tetralogía” de Wagner/Barenboim & Kupfer en el blu-ray

 

Cada vez que la veo y la escucho me gusta más. Ahora, al ser remasterizada (“de las cintas originales en alta definición”) y editada en Blu-ray (en 4 discos, uno por título), la extraordinaria calidad técnica ayuda a apreciarla mejor aún. La imagen ha cobrado mucha más nitidez que en el DVD, si bien en las escenas más oscuras no desaparecen esas características estelas cuando hay un movimiento rápido. La gama cromática también es más sutil que en la edición anterior, y los negros, más negros.
Pero lo que me ha llenado de alegría es que el sonido ha mejorado ostensiblemente: si antes era bueno, mucho mejor que el de Boulez y Levine, aunque algo menos que el de Mehta, ahora suena mejor aún que esta última Tetralogía valenciana: la densidad, la pegada, la limpieza y la naturalidad son enormes y permiten disfrutar extraordinariamente de una parte orquestal formidable. A través de los CDs, de los laser discs y de los DVDs, hasta ahora, no sabíamos lo formidablemente bien que podía sonar este Anillo del nibelungo: sólo los Blu-rays le han hecho plena justicia. La acústica de Bayreuth es, además, la ideal para Wagner: la orquesta puede sonar fortísimo sin que ahogue a las voces.
Porque cuando, en otros teatros, la orquesta no suena todo lo fuerte que debería para no taparlas, no es lo mismo: la cualidad sonora y tímbrica de un fff no es lo mismo que en ff o en f, y la pérdida es inevitable.
De este Anillo bayreuthiano de 1991 y 1992 he escrito ya varias veces, y no voy a hacerlo de nuevo, más que para recordar cosas que me parecen básicas y puntualizar algunas otras.
Se trata de una obra maestra musical y escénica. Creo que sólo Solti en su mítica grabación (de audio) para Decca ha llegado tan alto, habiendo contado además con una Filarmónica de Viena al menos tan sensacional como la Orquesta de Bayreuth aquí, lo que no puede decirse de ninguna otra formación orquestal, ni siquiera de la Filarmónica de Berlín con Karajan. El Coro del Festival wagneriano es aún mejor que el de la Ópera Estatal de Viena de la grabación soltiana.
La dirección de Barenboim, que se parece bastante a la de Solti en cuanto a la tensión que consigue y a su recurso a la aspereza y a la rudeza sonora en multitud de momentos (lo que me parece necesario si no se quiere desvirtuar esta música), es también a la vez de una sutileza extrema (no se trata de descontrol, sino que es querido y buscado así), con un análisis de los leitmotive verdaderamente revelador y un sentido tímbrico portentoso para la creación de ambientes. Entre las grabaciones filmadas, ninguna otra batuta se le acerca, ni de lejos, y entre las grabaciones de audio, sólo habían llegado tan alto Knappertsbusch (en público, varios años, en Bayreuth) y Solti.
La concepción y la realización escénica de Harry Kupfer –que, ¡asombro!, no ha envejecido en absoluto– me parece quizá no menos extraordinaria, confiriendo a los personajes una complejidad y una veracidad psicológica aplastantes: su aportación a la comprensión de los mismos no la encuentro inferior a la famosa de Chéreau (muy deficientemente dirigida en lo musical por Boulez), y su conexión directa con la música, incluso en multitud de detalles, es sorprendente. Es cierto que la de Kupfer no podría haber sido sin existir antes la de Chéreau, pero creo que el regista alemán ha llegado aún más lejos en cuanto a caracterización psicológica.
Finalmente, quiero señalar que el elenco vocal, aun no siendo en conjunto tan impresionante como el de Solti, tiene una ventaja sobre él: Barenboim ha modelado la interpretación de los cantantes según su criterio, logrando que todos sean una piña con él, lo que se nota muy mucho: ¡la pasión, la incandescencia de la batuta, marca de la casa, lo inunda todo! Hasta John Tomlinson, criticado severamente por mí hace tiempo, me entusiasma ahora, pese a sus deficiencias vocales (sobre todo al final de La Walkyria), pues su interpretación es una vehemencia incomparable. Y no digamos Anne Evans, Brunilda que se ha crecido con el tiempo por su encarnación fieramente humana y creíble.
La única relativa decepción notable, mayormente en lo vocal, es la Sieglinde de Nadine Secunde (¡lástima que por entonces no cantase aún este papel Waltraud Meier, que en este Anillo sólo aparece como inconmensurable Waltraute!)
Poder contar con este impresionante monumento –una de las cumbres de la historia de la música– en una interpretación tan admirable, en tan estupendas condiciones técnicas y para colmo a un precio tan asequible, es algo que no debe dejarse pasar. Por cierto, que a España no ha llegado aún: ¿en qué piensan los de Warner? ¿No saben que tiene además cuidados subtítulos en castellano, de Luis Gago?








miércoles, 19 de diciembre de 2012

La Scala abre la temporada con un formidable “Lohengrin”

 

La apertura de la temporada 2012-2013 venía precedida de polémica, pues no se hacía con una ópera de Verdi, sino de Wagner, y por ello se habían producido protestas. Como 2013 es el 2º centenario del nacimiento de ambos, se ha optado por comenzar esta sesión con Wagner, y hacerlo la próxima con Verdi, en concreto con La Traviata. Pero, como han subrayado la prensa italiana y española (y otras, supongo), nada más terminar la primera función (el 7 de diciembre, día de San Ambrosio, como siempre) la polémica quedó zanjada ante la formidable altura de la interpretación.
Y eso que se partía con un peligrosa deserción de última hora: la soprano alemana Anja Harteros, magnífica voz y magnífica intérprete de Elsa (como se comprueba en el DVD dirigido por Nagano), suspendía su actuación debido a una gripe y su sustituta, Ann Petersen, volvía a caerse del cartel. Así que hubo que recurrir, in extremis, a Annette Dasch, que ha sido la última Elsa en Bayreuth. Tras ver y escuchar la representación, retransmitida por Arte en alta definición, hay que convenir que la Dasch ha sido lo menos bueno del reparto: su voz y su canto son convincentes, lo mismo que su encarnación del personaje, pero tal vez sea una de esas cantantes irreprochables que no llegan a subyugar. Lo que hay que señalar a su favor es que, habiendo comenzado a ensayar una producción que no conocía a las ocho de la mañana del día del estreno, actuó con una seguridad y una convicción impresionantes. Debió de ser por ello, sobre todo, por lo que recibió cálidas, merecidísimas ovaciones.

   
Jonas Kaufmann                                               René Pape

El resto del elenco fue, uno a uno, francamente extraordinario, desde el Heraldo del sólido y robusto Zeljko Lucic (Rigoletto en el DVD con Flórez, Damrau y Luisi) hasta el protagonista, un Jonas Kaufmann del que afirmo que es lo más admirable que le he escuchado hasta ahora ¡que ya es decir! He leído y oído muchas veces que su técnica es muy deficiente; pues bien, en primer lugar me pregunto cómo es que, siendo así, llegó al final en plenitud vocal absoluta, después de haber cantado con entrega total un papel larguísimo y durísimo, aterrador. Me temo que va a haber que revisar los fundamentos de esa ortodoxia única de la técnica vocal, a menudo fundamentalista. ¡Que apiana de un modo poco canónico, que emite así o asá! Me importa un bledo: no se puede negar que es un artista como la copa de un pino, de los pies a la cabeza, un músico extraordinario, un cantante arrojado y valiente, que lo da todo, un intérprete de la mayor sutileza y de una credibilidad aplastante. Y paso de los de inflexibles monsergas ultraortodoxas, poseedores de la verdad única e inmutable del CANTO.
Para mí no es sólo que esté al nivel de los más grandes lohengrines (Windgassen, Sándor Konya, Jess Thomas, James King, René Kollo, Domingo, Jerusalem o Seiffert), es que es, en conjunto, quien más me convence. ¡Qué forma de cantar, de decir, de expresar sus dos últimas grandes parrafadas! Y, por cierto, sin el habitual corte, abierto por primera vez en una grabación de la ópera en la de Barenboim (Teldec, 1998). Las ovaciones que recogió en Milán fueron atronadoras, sólo comparables a las obtenidas por Barenboim.
Evelyn Herlitzius es una soprano cuasi dramática de voz un tanto agria (lo que no es inconveniente para el rol de la rematadamente malvada Ortrud), que dibujó un personaje sin ambages en su perversidad, en su hipócrita doblez, en la salvaje alegría ante la desgracia ajena con que triunfa al final.
Telramund estuvo encarnado con completa propiedad vocal y de carácter por Tomas Tomasson, cantante islandés al que hace años escuché como bajo no muy estimulante, y que ahora es un estupendo barítono-bajo, muy adecuado para ciertos malos wagnerianos (Klingsor, Beckmesser, Gunther, quizá Alberich).
Lo de René Pape como Rey Enrique es aparte: la voz es magnífica; la técnica, sin fisuras; la interpretación, impresionante. No se limita a dotar de majestad al personaje (como es habitual), sino que su pasión y su tremenda intensidad le confieren una veracidad inexistente en otros ilustres predecesores suyos. Baste decir que repite aquí, de nuevo, la maravilla, reveladora, de su referida grabación con Daniel Barenboim.
Éste, de lejos el mayor wagneriano de nuestro tiempo, sobrepasa su fantástica labor en el registro discográfico, con un sentido del drama más acuciante, un lirismo de intensidad casi insoportable (¡qué aparición de Elsa de camino hacia su boda!) y, sobre todo, una pasión verdaderamente volcánica. Lo que logra de la Orquesta de La Scala –que nunca fue especialmente wagneriana– es de llamar la atención: si ya en su debut escalígero con Tristán admiró por lo conseguido, ya ha llegado bastante más lejos.
El director de escena, Claus Guth, fue el único que recogió algunos –pocos– silbidos, pero, en mi opinión, sin razón. Puede haber aspectos discutibles en algunas de sus soluciones, pero creo que no se le puede acusar de falta de respeto al libreto, ni mucho menos de arbitrariedad, capricho o extravagancia. Creo que, sin duda, sirve a la historia que cuenta y a la música misma.
No sé si estará previsto publicar esta versión en DVD/Blu-ray, pero, de hacerse, ¡ojalá!, dejará muy atrás a las existentes.








miércoles, 12 de diciembre de 2012

Itzhak Perlman dirige una modélica Sinfonía “Pastoral” de Beethoven

  

Hace varios años le escuché en Madrid a Itzhak Perlman un concierto en el que dirigió a la English Chamber Orchestra una magnífica interpretación del cuarteto La muerte y la doncella de Schubert orquestado por Mahler. Pero desde entonces le había perdido la pista como director. Ahora EuroArts publica en DVD un concierto dado en Tel Aviv en 2010 con un difícil programa monográfico de Beethoven.

La obertura de Egmont está muy bien enfocada, pero la orquesta suena algo débil y poco beethoveniana; el Concierto triple cuenta con tres solistas sólo estimables (demasiado aficionados a los portamentos los dos de arco), entre los que destaca la pianista, hija del enorme violinista (y que tiene bien presente la grabación –CD y DVD de EMI– de su padre, junto a Yo-Yo Ma, Barenboim y la Filarmónica de Berlín, pues incluso aplica los mismos rubatos que el pianista argentino). Llevado con cierta rutina en el primer movimiento, a partir de ahí la interpretación, muy clásica, va cobrando mayor relieve.

De propina, el trío toca una versión del Momento musical No. 3 de Schubert (transcripción que no se especifica de quién es) que, la verdad, se la podían haber ahorrado...

Lo que me ha agradado mucho, casi diría que muchísimo, es la Sinfonía “Pastoral”, una partitura difícil donde las haya. Sin mostrar una especial personalidad, está expuesta con transparencia, naturalidad y sensibilidad excepcionales, privativas de los grandes músicos. Y Perlman lo es, sin duda; aquí, además, demuestra ser una batuta muy a tener en cuenta.

martes, 4 de diciembre de 2012

Redescubriendo “La vida breve” con Gallardo-Domâs y Maazel

 



La primera versión en DVD (y Blu-ray) de la ópera primeriza de Manuel de Falla constituye una aportación de tal calibre a la interpretación de esta obra, desigual pero con no pocos rasgos de genialidad, que me parece casi un redescubrimiento. Con mis respetos a Ernesto Halffter, a Frühbeck, García Navarro y López Cobos, ha sido por fin un maestro de la dirección del calibre de Lorin Maazel –y a pesar de ser muy escasos sus acercamientos conocidos a la música española– quien desentrañe numerosas bellezas hasta ahora ocultas, empezando por una orquestación que con él parece muy superior a lo que creíamos y que le permite describir los ambientes de modo magistral.
Imbuida desde el principio por un acendrado fatalismo, la gran calidad de la orquesta de la Comunidad Valenciana y, sobre todo, la sabiduría de la batuta, hacen que la destacada parte orquestal de la partitura nos lleve de sorpresa en sorpresa (“¡y esto!”, “¡y eso otro!”, “¿dónde estaban antes? ¡Los demás directores lo habían pasado por alto!...”).
La desnuda escena del otras veces convencional o recargado Giancarlo del Monaco me parece que aquí apunta bien derecho a la esencia de la obra, con una luz rojiza muy expresiva, y que halla plena sintonía con la música. (El único inconveniente es que, al ser tanto tiempo muy oscura, la imagen del DVD –e incluso del Blu-ray– sufre un poco).
Ni Victoria de los Ángeles, ni Teresa Berganza, ni otras cantantes que hayamos escuchado en disco o en directo, me parece que haya logrado tal grado de compenetración sufriente con el personaje de Salud como la Gallardo-Domâs. La voz, más ancha que hace unos años, no ha perdido belleza y ha ganado en fuerza y garra. Impresionante. Todos los demás cantantes, empezando por un entregado Jorge de León (Paco), están francamente bien. Lo que encuentro extraño es que se haya recurrido a una cantaora (la notable Esperanza Fernández), y no, como siempre, a un cantaor. Los bailes también están a la altura general de la representación. En definitiva, la versión que estaba “necesitando” La vida breve.