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sábado, 29 de julio de 2017

Los Cuartetos de Beethoven por el Takács: 7 CDs, un DVD vídeo y un Blu ray audio



Una publicación ejemplar
Decca ha sacado a la venta una preciosa caja que es todo un ejemplo a seguir: con un lomo de solo 3,4 cm, incluye un precioso libretillo de 104 páginas pródigo en fotos, toda la información y comentarios a las obras en los consabidos inglés, francés y alemán, así como tres envoltorios con los Cuartetos de primera, de segunda o media y de última época en CD, más un cuarto envoltorio que contiene 1º: un DVD-vídeo en el que los Takács tocan el Cuarteto op.33/3 "El pájaro" de Haydn, el No. 14 "La muerte y la doncella" de Schubert y el Op. 59/1 de Beethoven, más un documental de 29 minutos sobre la trayectoria del grupo húngaro, cuyos componentes discuten y explican antes de cada interpretación cada uno de esos tres cuartetos. Y 2º: un blu-ray de audio con el sonido en alta resolución de todos los Cuartetos de Beethoven contenidos en los 7 CDs. La caja se puede adquirir rebuscando en internet por un precio muy bajo (en las dos principales tiendas de Madrid yo -como tantas otras importantes publicaciones- no lo he visto).
No conocía sino parcialmente estas interpretaciones (las de el período medio son de 2002 y las otras dos de 2004). Ahora puedo resumir que están entre las mejores, con las siguientes precisiones genéricas: tienden a tempi algo ligeros, que dan una cierta sensación de prisa y no de tensión sino de agitación (y eso que no siempre la minutación lo confirma), a una sonoridad que parece perseguir más la transparencia que un sonido beethoveniano robusto y corpóreo, una solvencia técnica de primer orden, buen gusto y musicalidad siempre asegurados, y algo curioso: en conjunto, los que más me han gustado han sido los primeros que grabaron, o sea los del período medio (Opp. 59 1-3, 74 y 95). En los últimos echo a veces en falta mayor empuje y fuerza.
Como creo que todo melómano que se precie debe tener más de una grabación de todos los Cuartetos de Beethoven (¿la cumbre de la historia de la música?... bueno, también están las 32 Sonatas para piano...), yo situaría esta de los Takács a continuación de la del Cuarteto de Tokio (1993) en RCA, que ahora está en una caja de precio tirado. ¡Y siguen siendo los que mejor suenan! Así que me parecen de adquisición ¡obligatoria!. Y también por debajo de la del Melos (DG 1984-86), de la segunda integral del Tokio para Harmonia Mundi (2005-10) e incluso de la del Cuarteto Italiano (Philips 1967-75), la única integral anterior a la era digital que en mi opinión sigue siendo plenamente disfrutable. Las tan prestigiadas grabaciones del Alban Berg (EMI en audio, 1979-84 y en vídeo, 1991) no me parecen en conjunto superiores a las del Takács. Los cuartetos de hasta hace un cuarto de siglo eran técnicamente inferiores a los mejores de la actualidad, esto es algo inocultable. De aquella época, hay que abstenerse absolutamente de la inaceptable versión del Amadeus (DG 1960-63), y en menor medida, pero también, de otras grabaciones que igualmente tuvieron fama en su tiempo: Juilliard (RCA, primera mitad de los años 60), Húngaro (EMI 1966-67), Végh (Discophiles Françaises 1952 y Teldec 1972). De las versiones digitales propongo huir también de la del Emerson, por mucho que sea para el sello amarillo (DG 1997).
El Cuarteto de Jerusalén, seguramente el grupo actual más pujante, solo ha grabado los 6 Cuartetos Op. 18 (H. Mundi 2015), con enorme acierto, y es una lástima que -debido a la crisis discográfica actual- no completen por ahora la serie. En cuanto a los Cuartetos de última época, tuvieron (y tal vez tienen) ardientes defensores las versiones del Cuarteto LaSalle (DG 1973-77), tan lúcidos intérpretes de la mayor parte de la música del siglo XX. Pero yo lamento no compartir esa admiración -ni por el concepto ni por la realización- que el grupo con sede en Cincinnati plasmó en disco de estas geniales composiciones.

miércoles, 26 de julio de 2017

¿Es Plácido Domingo "un fraude"?

Arturo Reverter y su opinión acerca del cantante
Todo el que haya seguido lo que escribe mi colega Arturo Reverter sabrá que detesta a Plácido Domingo desde tiempo inmemorial. Hace ya un siglo que escribió en la revista "Ritmo" un artículo sobre las principales voces españolas en el que ya le atribuía más defectos que virtudes. Tras leer aquello, le interpelé: "Arturo, quien lea esto podrá pensar que Pedro Lavirgen no es inferior a Domingo". "Es que no lo es", me vino a contestar, lo que me dejó de piedra. Con todos mis respetos al notable tenor cordobés, nadie desconoce el lugar de uno y otro en la historia del canto. Pocos dudarán, sobre todo fuera de España, que el madrileño ha sido el tenor más importante del último tercio del siglo XX.
Como ya he comentado en alguna otra ocasión, Reverter –el sabio por antonomasia de lo canoro en nuestro país, según algunos– profetizó, ya a comienzos de los años 70 (hace, pues, cuarenta y tantos años) que, si se atrevía con el papel del Otello verdiano que había anunciado, Plácido no duraría más de un par de años. Que tendría que dejar irremisiblemente de cantar. La profecía, como todos sabemos, se ha revelado como una de las más lúcidas de las últimas décadas: no diré si bien o mal, porque eso es subjetivo, pero resulta que Plácido ha cantado el rol del moro más veces que ningún otro tenor que hasta ahora. ¡Y sigue cantando! Desde entonces, cada vez que este crítico busca ejemplificar defectos canoros en alguien, su candidato favorito es Plácido Domingo.
El día 25 de julio Reverter ha publicado, en "Pleamar de Cultura", una página en la que pone verde a Plácido por su interpretación –en versión de concierto– en el Teatro Real del rol protagonista del Macbeth verdiano. El texto lo titula "¿Una superchería?", pero podría haberle quitado los signos de interrogación, porque debajo escribe, sin interrogaciones, que "se trata de un fraude". Permítanme que les explique por qué no estoy en absoluto de acuerdo.
De entrada, nuestro crítico afirma que el papel de Macbeth es para un barítono (¡evidente!) y que Plácido es un tenor. Pero resulta que no es, sino que ha sido un tenor. Desde hace ya como una década canta (casi solo) de barítono. ¿Es ahora un barítono? Ya se sabe que las clasificaciones no son exactas, pero ya septuagenario, Domingo (nació en Madrid el 21 de enero de 1941) está más cerca de ser un barítono (aunque el color vocal no lo sea del todo) que de un tenor.
Parece mentira que Reverter no tenga en cuenta que las voces, unas más que otras, evolucionan; por la propia naturaleza, y también porque ciertos cantantes van abordando poco a poco papeles diferentes, que requieren voces más graves o dramáticas. Cuando esta evolución se hace voluntariamente y con cabeza y con tiento (de lo contrario los instrumentos se deterioran, a veces hasta la desaparición) se puede ir abordando un repertorio cada vez más grave (de tesitura) o más dramático (de carácter). Esto puede apreciarse en multitud de cantantes destacados, a veces en una trayectoria de sorprendente evolución. Algunos tenores comenzaron de ligeros o lírico-ligeros cantando Mozart o Rossini (Thomas Moser, Robert Gambill y otros) y veinte años después estaban cantando Florestán o Tannhäuser, papeles totalmente dramáticos. El mismo Plácido cantó en su juventud papeles tenoriles muy líricos que después no volvería a abordar: esto le ha ocurrido a multitud de voces, decenas de las cuales son muy apreciadas por Reverter.
Domingo no es el primer tenor que se pasa a barítono: un caso clarísimo es el del cantante chileno Ramón Vinay, que, de cantar Don José de Carmen (encarnado también por voces líricas, como Nicolai Gedda) llegó a abordar barítonos dramáticos, como Iago de Otello o hasta Telramund de Lohengrin, un rol de barítono-bajo. ¿Creen ustedes que Reverter lo ha criticado por eso? Muchos otros cantantes de gran mérito han cambiado de tesitura, yendo de una aguda a otra grave, ¡e incluso viceversa! ¿Le parece a Reverter un fraude que Maria Callas, Victoria de los Ángeles, Grace Bumbry, Shirley Verrett, Waltraud Meier o Violeta Urmana hayan encarnado papeles de soprano, de mezzosoprano y hasta de contralto? Carmen, más tarde Norma, Medea, de nuevo Lady Macbeth, Charlotte, o Venus, vuelta a Isolde, luego Dalila, Kundry, etc. Parece que el único que comete fraude y que "da gato por liebre" (eso afirma en este artículo) es Domingo. De la interpretación propiamente dicha, de la caracterización que Domingo hizo del psicológicamente complejo personaje, Reverter escribió poco o nada: en ese aspecto es más difícil denostar al cantante madrileño; del estilo verdiano, en el que nadie en el mundo le hace hoy sombra, ni una palabra.
La relación de Reverter con el asunto Domingo me parece muy triste: lleva cuarenta años dándolo por acabado, jamás lo ha elogiado sin reservas, no digamos con entusiasmo. Entre tanto, prácticamente todos los más grandes directores de orquesta de su tiempo –Böhm, Karajan, Giulini, Bernstein, Solti, Jochum, Kubelik, Sawallisch, Leinsdorf, Prêtre, Carlos Kleiber, Maazel, Abbado, Mehta, Muti, Levine, Ozawa, Sinopoli, Barenboim, Chailly, Chung, Pappano, Thielemann, Nagano, Salonen... – han contado una y otra vez con él. Sí, también con el barítono Domingo los que cronológicamente han podido. Y lo han elogiado vivamente. Parece que todos ellos están equivocados.

viernes, 21 de julio de 2017

Barbirolli, Boult, Britten y Barenboim dirigen "El sueño de Gerontius" de Elgar



Hace tiempo me costaba comprender el mayor oratorio de Elgar, The Dream of Gerontius, pero más recientemente me ha empezado a interesar vivamente; tal vez no es una música fácil la suya, lo cierto es que pasé de no conectar a hacerlo con intensidad. Hoy es una obra que me fascina, si bien admito que no todo el tiempo mantiene el mismo nivel de lo que podríamos llamar inspiración. Ahora, con la aparición en el álbum Decca por Barenboim (quien lo había dirigido en 2012 en Berlín con la Filarmónica), me he vuelto a repasar las grabaciones de que dispongo, que son cuatro. No conozco algunas que probablemente son importantes: Sargent (1946), Rattle (1987) o Andrew Davis (1999 en vídeo, 2014 en audio). Tras hacerlo en público, Barenboim lo ha grabado en la Philharmonie berlinesa los días 16, 17, 19 y 20 de septiembre de 2016. Continúa, pues, con su  nuevo "proyecto Elgar", compositor al que en los años 70 dedicó numerosas grabaciones para CBS (hoy Sony) con la London Philharmonic y la English Chamber Orchestra. Ahora es con la Staatskapelle Berlin y para Decca: las 2 Sinfonías y el Concierto para cello con Alisa Weilerstein, además de sus recientes filmaciones de este último y del gran poema sinfónico Falstaff, obras ambas con la Filarmónica de Berlín. No sabemos si este segundo impulso Elgar tendrá continuidad (no estaría mal que volviese al menos a las Variaciones Enigma, de las que con frecuencia ofrece en concierto como propina la famosa variación Nimrod).

Barbirolli
La portentosa clarividencia y el profundo entendimiento de Elgar desbordan la grabación de Sir John Barbirolli (EMI 1965), de conmovedora espiritualidad, con los Coros Hallé, Filarmónico de Sheffield y Ambrosian, la Orquesta Hallé de Manchester y un importante trío solista en el que, junto al espléndido tenor Richard Lewis (Gerontius) y al correcto bajo-barítono Kim Borg (Sacerdote; el Ángel de la Agonía), destaca la mezzo Janet Baker (el Ángel), de todo punto incomparable. Lástima que la grabación no responda a los graves retos que exige esta partitura para -además del trío solista- gran coro, nutrida orquesta y órgano, y que en contados momentos alcanza unos tremendos picos dinámicos.

Boult
Hace poco comenté para "Ritmo", muy elogiosamente, el vídeo que ICA acababa de publicar con una versión filmada en la Catedral de Canterbury en 1968, con buena imagen y precario sonido monoaural. A un admirable Peter Pears y una sublime Baker se sumaba un notable John Shirley-Quirk, apoyados en unos espléndidos Coro y Orquesta Filarmónica de Londres. La batuta de Sir Adrian Boult, reconocidísimo elgariano, es -tanto aquí como en su registro para EMI ocho años posterior- tal vez la más pura, contemplativa y confiadamente religiosa que conozco. El CD de EMI suma al Coro Filarmónico el extraordinario John Alldis y la formidable Orquesta New Philharmonia (¿por qué no contarían, por cierto, con el glorioso Coro correspondiente?). En el trío solista sobresale un formidable Nicolai Gedda, cumple con creces Helen Watts y decepciona claramente Robert Lloyd, de engolada emisión. El sonido es muy bueno para 1976.

Britten
No menos bien grabada que esta última está la versión para Decca (1971) de Benjamin Britten, quien al parecer pretende poner de manifiesto los aspectos más modernos o avanzados de esta partitura de 1900 (Elgar tenía 43 años cuando la completó), así como su brillantez, e interesándose quizá menos por el misticismo de la obra. Si bien el Coro y la Orquesta Sinfónica de Londres responden a pedir de boca, el trío no alcanza al de las versiones más punteras: Yvonne Minton, de bellísima voz, convence plenamente, pero Peter Pears -de timbre, ya se sabe, poco grato- había perdido mucho desde solo tres años antes con Boult y suena un poco estentóreo y forzado en la primera parte, mejorando mucho por lo general en la segunda, en la que suele desenvolverse a media voz -técnica que dominaba a la perfección-. En cuanto a Shirley-Quirk, para mí no supera la corrección. No he logrado aún acceder a la versión de vídeo -filmada en la Catedral de San Pablo londinense- de Andrew Davis (más que buen elgariano, cuya grabación para Sony de las Variaciones Enigma es un portento), sobre la que tengo referencias positivas muy fiables (Miguel Ángel de las Heras) y que cuenta con los conjuntos de la BBC y un trío muy equilibrado: Catherine Wyn-Rogers, Philip Langridge y Alastair Miles.

Barenboim
He leído en varias ocasiones sobre la evidente deuda que Gerontius tiene contraída con la última ópera de Wagner, hasta el punto de que al oratorio se le ha llamado en ocasiones "el Parsifal británico". Aunque esto es una exageración, no cabe duda de que algo o bastante hay de parentesco. Pero nunca había tenido una impresión tan nítida y recurrente de estos lazos como escuchando la interpretación de Barenboim. Lo cual no tiene nada de extraño, por la afinidad y familiaridad del bonaerense con la música de Wagner y en concreto con su tardío "festival escénico sacro". La fuerza dramática, la musicalidad y las bellezas que Barenboim extrae del oratorio realmente atrapan al oyente: creo que ninguno de sus predecesores (los que yo he escuchado, al menos) ha llegado tan hondo y tan lejos. La toma de sonido -sensacional: Estudio Teldex de Berlín- también ayuda escuchar más cosas en la orquesta y al certero empaste de esta con el órgano. Del reparto originalmente previsto se cayó Jonas Kaufmann (fue el período en que estuvo retirado por motivos de salud) en el rol titular; le sustituyó un tenor demasiado lírico, de escuela muy británica, que canta francamente bien pese a poseer un timbre que no encandila: Robin Staples. Me recuerda a Ryland Davies y a John Aler. La mezzo sí es más que notable: Catherine Wyn-Rogers (¡58 años!), que ya estaba en 1999 con A. Davis, encarna al Ángel con gran musicalidad, una línea de canto muy depurada y una especial capacidad para desenvolverse a media voz y en pianissimo. Pero creo que el componente más destacado del trío vocal es Thomas Hampson, que a sus 61 años conserva la voz en soberbio estado -firme, segura, redonda- y que es un músico y un cantante consumado. El conjunto coral resultante de la Ópera Estatal y el RIAS de Berlín puede pelear con las mayores y justamente celebradas formaciones británicas. Y en cuanto a la Staatskapelle Berlin, creo que ninguna otra orquesta me ha gustado tanto, ni siquiera (estoy de acuerdo con Fernando López Vargas-Machuca) la Filarmónica de Berlín. La combinación ideal para El sueño de Gerontius sería para mí -sin dudarlo un momento- Baker/Gedda/Hampson/ Barenboim. Pero esto es ciencia ficción, claro...

viernes, 14 de julio de 2017

Daniel Barenboim: "A Retrospective". Caja de 43 CDs y 3 DVDs de Sony



Mozart, Beethoven, Berlioz, Elgar... hasta Schoenberg y Berg

Por menos de cien euros puede conseguirse esta preciosa caja que reúne, en una presentación ejemplar, todas las grabaciones del músico hechas para los sellos CBS/Sony y RCA. Han rescatado varias interpretaciones que nunca habían salido en CD, otras que tampoco lo habían hecho en DVD, y muchas otras que hoy eran casi inencontrables. Han respetado los contenidos de los LPs originales y en los sobres de cartón han impreso sus portadas -muchas de ellas diseños preciosos- y sus contraportadas (en las que solo se pueden leer los comentarios con vista de lince... o una lupa). Un estupendo y cuidadísimo libreto de 110 páginas contiene un artículo e información muy completa sobre las grabaciones: lugar y fecha, productores, ingenieros, etc. Y al final viene un índice alfabético para encontrar más fácilmente en qué CD está tal o cual obra.

Voy a hacer un repaso rápido por los discos, que han sido ordenados por orden cronológico de publicación, desde 1968 hasta 2014, si bien después de 1990 Barenboim grabó para estos sellos solo su segundo Concierto de Año Nuevo. El CD 1 contiene el Concierto de cámara de Alban Berg registrado con Boulez en 1967; creo que el de DG, también con el mismo director, doce años posterior, es aún más logrado. El resto del LP original, en el que no interviene Barenboim, lo han mantenido: las 3 Piezas para orquesta op. 6 y los Altenberg-Lieder. Los CDs 2, 8 y 11 (1970, 72 y 73) llevan los 5 Conciertos y las piezas para violín y orquesta de Mozart con Pinchas Zukerman y la English Chamber: interpretaciones inéditas hasta hoy. Son las versiones más serias y hondas que conozco -increíbles todos los movimientos lentos-, si bien Zukerman tocando y dirigiendo se inclinó más por el lado digamos lúdico de estas obras en 1982-83 (igualmente para Sony). El CD 3 contiene una de las dos únicas grabaciones de Barenboim dirigiendo a la Filarmónica de Nueva York: una intensa, ardiente Cuarta de Tchaikovsky de 1971 que, en cualquier caso, mejoraría en Chicago 26 años después. Sigue (CD 4) una de las para mí dos más geniales interpretaciones de este álbum: una Sinfonía concertante para violín y viola de Mozart con Stern, Zukerman y la ECO (1971): no tengo palabras para calificar esta interpretación, con todos sus componentes en estado de gracia; nada que se le acerque se ha vuelto a escuchar. Muy hermosa la equivalente página de Carl Stamitz, tocada asimismo de ensueño. En 1972 y 1973 (CDs 5 y 7) registró las dos Sinfonías de Elgar con la Filarmónica de Londres (en orden inverso, como las de 2014 y 2016 para Decca, con la Staatskapelle Berlin). Siguen estando entre las mejores interpretaciones existentes de estas obras, más británicas aquellas y más personales y audaces las recientes. Impresionante, gloriosa, la versión de, según el propio Elgar, su obra cumbre: el gran poema sinfónico Falstaff (LPO, 1973), que completa el CD 6 con una soberbia Obertura Cockaigne. Ello no obsta para que en Falstaff haya llegado Barenboim aún más lejos, hasta la cima absoluta, en el DVD/Blu-ray (EuroArts 2014) con la Filarmónica de Berlín (como curiosidad: había sido con él con quien la famosa orquesta había tocado la obra por primera vez). Más Elgar, pero esta vez fallido: el CD 9, con las 5 Marchas de Pompa y circunstancia, me parece uno de los peores logros de Barenboim director: el empeño en restarles grandilociuencia no funciona. El disco se rellena con la Marcha imperial y con las cinco piezas de La Corona de India (LPO, 1973-74).

El CD 10 agrupa el Concertone para dos violines de Mozart y la algo insípida Sinfonía concertante para violín y viola de Ignaz Pleyel, con Stern, Zukerman (violín y viola) y la ECO (1973): un lujo de intérpretes para dos curiosidades. El CD 12 es también singular: el Concierto de Aranjuez y el de guitarra de Villa-Lobos con el gran virtuoso John Williams y la ECO (1974), que los japoneses han editado en SACD. La obra de Rodrigo creo que nunca ha sido ejecutada por el solista con tal perfección (el del DVD con Williams/Filarmónica de Berlín/Barenboim -"Noche latinoamericana", Arthaus 2010- no tan pletórico, está aún más logrado en un Adagio inesperadamente sobrecogedor). El CD 13 (1973-74) insiste en Elgar, uno de los amores del Barenboim veinte y treintañero, que vuelve a reverdecer recientemente. Aquí se agrupan nueve piezas para orquesta pequeña: la Serenata para cuerda, Chanson de matin, Chanson de nuit, Elegía, Salut d'amour, Romanza para fagot (con Martin Gatt), Rosemary, Carissima y Sospiri. Con un nivel interpretativo muy alto, excepcional en Elegía y Sospiri, la English Chamber está en su salsa. El gran Isaac Stern, pese a una cierta inseguridad, tuvo el 16 de mayo de 1975 al grabar el Concierto de Beethoven uno de sus días más inspirados, si bien Barenboim -al frente aquí por segunda y última vez en disco de la Filarmónica de Nueva York- no se eleva al nivel de sus otros dos registros, con Zukerman y la Sinfónica de Chicago (DG 1977) y con Perlman y la Filarmónica de Berlín (EMI 1989) -cuatro si añadimos la transcripción beethoveniana para piano, con él mismo como solista (DG, ECO 1973)-. La versión con Zukerman sigue siendo para mí la cumbre de la discografía.

En dos días de marzo y tres de abril de 1975 grabaron los cinco Conciertos de Beethoven Arthur Rubinstein (¡88 años cumplidos!) y Barenboim, con la London Philharmonic. El mítico pianista polaco, que no había destacado especialmente en Beethoven, se superó con creces a sí mismo (el ciclo con Krips, de 1957, es notable, y endeble el de Leinsdorf, de 1964-68). En cuanto a Barenboim, que los había hecho tocando con Klemperer, era la primera vez que los dirigía en disco (después lo haría dos veces más, también tocando). Con resultados siempre sobresalientes. Uno de los primeros acercamientos discográficos de Barenboim a la música francesa fue llevado a cabo en 1976, al año siguiente de llegar a la titularidad de la Orquesta de París. Fue preludio de logros mayores que llegarían después; el programa contiene dos obras que no ha vuelto a grabar y en las que acertó de lleno: España de Chabrier y Escalas de Jacques Ibert. En cuanto al Preludio a la siesta de un fauno y la segunda suite de Dafnis y Cloe, los mejoraría pocos años después para DG con la misma orquesta. Vuelta a Elgar en el CD 19 (1976) con la que sigue siendo la interpretación discográfica más admirable hasta ahora de su gran Concierto para violín (Zukerman, LPO), junto a la de Znaider/Colin Davis (RCA 2009). Y el último Elgar para Sony (CD 20): las Variaciones Enigma (LPO, 1976), con ciertos altibajos pero momentos altísimos en las variaciones 5, 7, 9, 11 y 12. El disco lo completa una toma en público de 1970 con la Orquesta de Filadelfia (primera y última grabación con el famoso conjunto) y la poco después incurablemente enferma Jacqueline Du Pré en su Concierto por antonomasia, el del mismo Elgar. Menos ortodoxa que su genial versión con Barbirolli (1965, ¡para algunos el mejor disco de la historia!) o la de vídeo (1967) con Barenboim y la New Philharmonia, es si cabe más excitante: exaltada, inmensamente apasionada, arrolladora. Imponente y vibrante interpretación en 1976 del Te Deum de Berlioz, con los Coros y la Orquesta de París (CD 21), que puede codearse con las de C. Davis y Abbado. Otro tanto ocurre con el hasta ahora inédito Harold en Italia, con la misma orquesta y el concurso de un sensacional Zukerman (CD 22, 1976). El solo de viola volvería a bordarlo bajo la batuta de Dutoit: siguen siendo mis dos versiones favoritas, junto con la videográfica de Tabea Zimmermann y Eschenbach.

Otro disco del mismo año y también en París: Stern entusiasma en el Tercer Concierto de Saint-Saëns (si bien Barenboim volvería a superarlo junto a un inalcanzable Perlman), y convence también por completo en el hermoso Poema de Chausson y en la preciosa Berceuse de Fauré. Vuelta en el CD 24 (1976) a Berlioz, con la "Caza real y tormenta" de Los Troyanos y las tres grandes páginas orquestales de Romeo y Julieta (inéditas en CD), solo tres años antes de que grabase la obra completa para DG. Por cierto, me gustan más estas tomas que las posteriores. Ese mismo 1976 llevaron al disco Neil Black y Barenboim, con la ECO, una antológica versión del bellísimo y otoñal Concierto para oboe de Richard Strauss -su primer acercamiento fonográfico al compositor muniqués-. Solo ligeramente puede hablarse de progreso a propósito de la grabación, 25 años después, con Alex Klein y la Sinfónica de Chicago (Teldec). Dos años más tarde completó el programa con otra estupenda interpretación de El burgués gentilhombre -nunca antes en CD-, que solo cede ante la genial de Maazel con la Filarmónica de Viena (Decca 1967). Último Elgar para Sony (CD 26: 1976): soberbio In the South y admirables Sea Pictures con la gran mezzo Yvonne Minton (tal vez solo Baker y Barbirolli les superen). En 1979 grabó Barenboim la segunda de sus cinco series de los dos Conciertos para piano de Brahms, tras Barbirolli y Kubelik y antes de Celibidache y Dudamel. Nadie ha tocado con tamaña profundidad musical estos Conciertos, pero es cierto que de Zubin Mehta (con la Filarmónica de Nueva York) no puede decirse algo equivalente, pese a su enorme profesionalidad. Ahora bien, escuchar el Allegro appassionato del Segundo es una experiencia única. Pelleas und Melisande de Schoenberg (CD 29: Orquesta de París, 1977) no es algo por lo que Barenboim será recordado (nada que ver con Barbirolli, Karajan o Boulez); recientemente parece haberse, en conciertos, sacado esa espina.

La primera grabación digital llegó en 1984 (CD 30) con la Sinfonía Fantástica de Berlioz al frente de la Filarmónica de Berlín, el más destacado de sus cuatro registros de esta obra y una de las referencias discográficas existentes. Fue su primer disco dirigiendo a la mítica orquesta alemana. El disco ha sido -extrañamente- completado con la sensacional, reveladora, Burlesca de R. Strauss que grabase en 1985 con Mehta y esta misma formación. Entre 1984 y 1986 grabó el de Buenos Aires, también con la orquesta berlinesa, las 8 Sinfonías de Schubert más tres piezas de Rosamunda (CDs 31, 32, 34, 35 y 36). Con un planteamiento muy robusto para las primeras Sinfonías, las cimas de la serie son la Segunda, la Cuarta "Trágica" y una colosal Novena "Grande". El sonido, un tanto espeso en su primera edición, ha sido considerablemente mejorado en su reprocesado. El CD 35 se completa (¡el programador del repertorio ha caído en la cuenta!) con una apasionada Obertura de Oberon de Weber que Barenboim dirigió en el concierto del 60º aniversario de la Filarmónica de Israel, el 26-XII-1996 (el resto de la velada fue bajo la batuta de Mehta). Versión estratosférica la de Pierrot lunaire de Schoenberg de 1977 (CD 33), con un elenco impresionante: la voz de Yvonne Minton y los solistas instrumentales Michel Debost, Antony Pay, Zukerman, Lynn Harrell y Barenboim. Dirige el insustituible Boulez. 

Pocos días después de la caída del muro de Berlín, en concreto el 12 de noviembre de 1989, se celebró en la Philharmonie de Berlín un concierto gratuito para ciudadanos de Berlín Este, a cargo de la Filarmónica de la ciudad con nuestro músico de pianista y director. Acaso la más espontánea e inspirada de sus innumerables grabaciones del Primer Concierto de Beethoven precedió a una incandescente y genial Séptima Sinfonía. Esta velada ocupa el CD 37 y el DVD 1; en este se añaden entrevistas y dos propinas mozartianas: el Andante cantabile de la Sonata K 330 y la obertura de Così fan tutte. Una velada inolvidable. Fabulosa toma de sonido (CD 38, 1989) de 12 Lieder de Des Knaben Wunderhorn y del ciclo Lieder eines fahrenden Gesellen, en los que Dietrich Fischer-Dieskau, pese a su edad, imparte una lección irrepetible, y, sorprendentemente, también la del hasta entonces poco mahleriano Barenboim en el podio de la Filarmónica de Berlín. En la Obra completa para violín y piano de Schubert (CDs 39 y 40) -que, dicho sea de paso, contiene al menos dos maravillosas joyas apenas conocidas- un Stern bastante mayor (1987: 67 años), con un sonido que había perdido mucho de su radiante esplendor, desluce el resultado final. Tampoco es precisamente el mejor Schubert del pianista. Grabadas en público en el Chicago Symphony Hall en 1989 (CD 41), las tres Sonatas para violín y piano de Brahms con Itzhak Perlman no son -salvo quizá la Tercera- todo lo que podría esperarse de dos fieras como él y su amigo Barenboim. El 2º DVD contiene la filmación de las mismas y, ¡ojo!, añade una interpretación asombrosa, colosal del Trío para piano, violín y trompa de Brahms filmado en 1990 en Bayreuth con Barenboim, Perlman y el primer trompa de Chicago, Dale Clevenger. Es el punto más alto de toda la caja junto a la mencionada Sinfonía concertante de Mozart. Los CDs 42-43 y el DVD 3 contienen el segundo de los Conciertos de Año Nuevo en Viena dirigidos por Barenboim, el de 2014. Con, por supuesto, la Orquesta Filarmónica de la ciudad. Con ciertos altibajos, varias de sus piezas son interpretaciones inolvidables: Friedenspalmen, Dynamiden, Ohne Sorgen y Carrière-Polka de Josef Strauss o Seid umschlungen, Millionen, Stürmisch in Lieb' und Tanz, la obertura de Waldmeister y Klip-klapp de su hermano Johann.

lunes, 10 de julio de 2017

La Sinfonía "Inacabada" de Schubert completada por Mario Venzago



Un empeño completamente inútil

En el ciclo de las Sinfonías de Schubert que Marriner grabó para Philips, allá por 1983, había una versión de la Sinfonía en Si menor, D 759, cuyos movimientos tercero y cuarto habían sido completados y orquestados por Brian Newbould. Esfuerzo vano, como el del presente disco del sello Sony, en el que la labor de completarla ha recaído sobre Mario Venzago (Zúrich, 1948). Vano, porque la mayoría de los musicólogos y comentaristas están de acuerdo en que los dos movimientos completados por Schubert configuran una obra completa. Y porque las soluciones aportadas por Newbould y Venzago distan de convencer, prolongando la obra original (Allegro moderato; Andante con moto) de forma no solo innecesaria, sino muy inconveniente.

La presente grabación agrava la cuestión sobremanera al tratarse de una interpretación (¿?) de una superficialidad de veras horripilante: el primer movimiento es, de lejos, el peor que he escuchado en disco. Convierte una página genial en una nimiedad: rápido, seco, sin la menor belleza melódica, sin el menor dramatismo ni pathos, me parece una tomadura de pelo de primera magnitud. Tras escucharlo ya imaginaba que este (des)arreglo no podría convencerme, pues salía de alguien que no mostraba aprecio por la música de Schubert: dirigirla así lo deja bien claro. Orquesta pequeña -la de Cámara de Basilea-, de tercera clase, de instrumentos modernos pero a la que hace tocar con resabios historicistas. El minuto de este CD cuesta unos 40 céntimos de euro. Para mí no vale ni un céntimo. Un horror.

A propósito de sinfonías inacabadas, a la Novena de Bruckner le ocurre algo parecido. Tampoco da la sensación de que esté incompleta: termina de modo genial con su gran y aterrador Adagio. El cuarto movimiento añadido y enjaretado por Samale, Phillips, Cohrs y Mazzuca (tal y como puede escucharse en la grabación de Rattle, EMI 2012) me parece respetable, pero también innecesario. Sinceramente, después de escuchar el Adagio, no me quedan ganas de seguir. Y tampoco la solución del Te Deum, como se sabe propuesto por el propio Bruckner como coronación de su última Sinfonía, cuando fue consciente de que no podría terminarla

martes, 4 de julio de 2017

"Los maestros cantores" por Jochum, con Fischer-Dieskau y Domingo



Aprovechando que la grabación (Deutsche Grammophon, 1976) estaba reprocesada y a muy buen precio, me he hecho con este álbum que hacía tiempo no escuchaba y me apetecía revisitar. El sonido, en efecto, ha mejorado apreciablemente al pasar a la colección "The Originals" y además no cortan el Acto II, que antes se repartía entre los CDs 2 y 3. Ahora el Acto I ocupa el CD 1 y el comienzo del CD 2, que se completa con todo el Acto II. Y el III, que sobrepasa las dos horas, está repartido entre los CDs 3 y 4.

Ya se sabe que casi todas las óperas, sobre todo las que requieren un elenco vocal amplio -y el de Meistersinger es amplísimo: 17 personajes- tienen casi siempre sus más y sus menos. Aquí los altibajos son particularmente apreciables. Hay, para mi gusto, varios aciertos rotundos -Fischer-Dieskau como Sachs, Domingo como Walther y Roland Hermann como Beckmesser-, algún desacierto palpable -Peter Lagger como Pogner- y algunas elecciones claramente mejorables -Catarina Ligendza como Eva, Horst Laubenthal como David e incluso Christa Ludwig en el rol de Magdalene-. Así que para conocer el memorable Hans Sachs de Fischer-Dieskau o el Walther mejor cantado del que hay constancia hay que hacerse con esta grabación, en la que, como digo, hay algunos elementos escasamente logrados.

Empecemos por la dirección de Eugen Jochum. Creo que le ocurre un poco, o bastante, lo que al Coro y a la Orquesta con los que ha contado aquí: los de la Ópera Alemana de Berlín. Que son buenos y robustos, de una sonoridad adecuada, muy alemana, pero no precisamente muy finos. Jochum, en plan kapellmeister buen conocedor de lo que se trae entre manos, enfoca y acomete Die Mesitersinger de modo voluntarioso y con buen sentido, pero carece de a todas luces de refinamiento en el buen sentido. Así, su Obertura es de trazo un poco grueso, no alcanzando la debida transparencia (lo que aquí es más importante que nunca), algo confusa la escena final del Acto II, la del alboroto callejero; tampoco el maravilloso quinteto con que se cierra el primer cuadro del Acto III es un modelo de equilibrio entre unas y otras voces y entre estas y la orquesta. En el Preludio III se aprecian bastante bien las limitaciones de los vientos de la Orquesta de la antigua Ópera berlinesa del Oeste. En conjunto, me gusta más la dirección en las grabaciones de Rudolf Kempe (1958), de Rafael Kubelik (1967), Herbert von Karajan (1971), Sir Georg Solti (1976 y 1996), Wolfgang Sawallisch (1994) y Daniel Barenboim (2000).

"El Sachs que estábamos esperando, pleno de penetración y de humanidad. Un logro mayúsculo", escribía William Littler a raíz de la aparición de esta grabación en los LPs. No puedo estar más de acuerdo. Además, el insigne barítono berlinés se hallaba en un momento vocal óptimo. Sí, ya estoy oyendo a quienes alegan que la voz no es lo suficientemente dramática o grave. Lo ideal es, sí, un barítono-bajo. Pero ¿sacrificarían a un cantante e intérprete consumado para tener la voz más exacta: es esto acaso lo más importante? Para mí no, desde luego. En cuanto a la opinión de que es "demasiado refinado e intelectual" -me comenta mi amigo Miguel Ángel de las Heras que alguien le acusaba de eso- no estoy en absoluto de acuerdo. (¿Y no habrá nadie que lo acuse, como ha sido tópico manido, de que "parece estar cantando lied"? ¡Qué raro!...) No, no lo cambio por Sachs tan destacados como Thomas Stewart, Theo Adam, Bernd Weikl, José Van Dam, Robert Holl o Falk Struckmann.

El caso de Plácido Domingo no me parece tan sencillo: Maestros cantores fue su primer Wagner en disco, y ello se aprecia en una algo deficiente pronunciación del alemán (que fue mejorando con el tiempo) e incluso en cierto desenfoque estilístico en las partes digamos más recitadas; lo contrario ocurre en las arias o pasajes similares, en las que canta con una línea y una belleza y proyección vocal incomparables (incluso a los más estimables Walther: Sandor Kónya, René Kollo, Siegfried Jerusalem, Ben Heppner, Peter Seiffert o Johan Botha). No hay que olvidar la recomendación del propio Wagner de que cantasen su música más "a la italiana". Y esto nunca es más propio que a propósito de Lohengrin y Walther. Harold Rosenthal escribió sobre esta grabación: "Domingo canta Walther mucho mejor que cualquier tenor alemán que yo recuerde, particularmente en la Canción del premio". Amén.

También me ha gustado mucho como Beckmesser Roland Hermann (n. 1936), un barítono-bajo de carrera discográfica escasa, pero espléndido liederista y que aquí está realmente muy bien, tanto de voz como de intención, sin caer en los excesos de ridículo que son (fueron, sobre todo) norma. Dota al personaje de un cierto sentido trágico que me parece lo más conveniente, en línea con mis otros tres Beckmesser preferidos: Hermann Prey, Andreas Schmidt y Michael Volle.

El timbre de Catarina Ligendza nunca me sedujo; tampoco está libre como Eva de problemas técnicos: me parece una elección poco acertada. Recuérdese que este personaje ha sido encarnado en disco por Elisabeth Schwarzkopf, Elisabeth Grümmer, Gundula Janowitz, Cheryl Studer, Karita Mattila y Emily Magee. Más sorprendente es el caso de Christa Ludwig, cantante a la que he admirado muchísimo y que tiene en su haber varios Wagner sensacionales: Kundry, Ortrud, Venus o Brangäne. Pero aquí, aunque conserva su clase de gran cantante, muestra una voz chillona francamente desagradable ("de rata", tengo anotado. Perdón por la irreverencia). Marga Höffgen, Brigitte Fassbaender, Ruth Hesse, Iris Vermillion o Birgitta Svendén me gustan más.

Horst R. Laubenthal no es un mal David, pero la voz, blanquísima, me parece muy poco atractiva, y además es apenas capaz de extraer de ella algo de variedad cromática. Gerhard Unger, Peter Schreier, Graham Clark, Herbert Lippert y Endrik Wottrich me convencen bastante más. Muy buenos son, en cambio, Gerd Feldhoff como Kothner (el mejor de unos maestros no muy lucidos) y Victor von Halem como el Sereno. (Es curioso que este breve papel lo han grabado varios bajos de altos vuelos: Hermann Prey, Kurt Moll, Matthias Hölle, René Pape o Kwangchul Youn. Como dije al principio, el borrón de este reparto es el Pogner del bajo (¿?) Peter Lagger, que realmente no pasa la ITV (en acertada expresión de un amigo). Nada que ver con los grandes intérpretes de esta parte: Gottlob Frick, Franz Crass, Karl Ridderbusch, Kurt Moll, Matthias Hölle o Matti Salminen. ¡Ahí es nada!