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miércoles, 31 de diciembre de 2014

Los Conciertos de Richard Strauss: discografía básica con puntuaciones

 

Burlesca para piano y orquesta

1957 RCA Janis/OSinfChicago/Reiner 20’09 7/7

1970 Sony Serkin/OFiladelfia/Ormandy 19'19 7/8

1976 EMI Frager/StaatskapelleDresden/Kempe 19’44 5/7

1987 Sony Barenboim/OFilBerlín/Mehta 19’38 9,5/8

2005 Decca Thibaudet/OGewandhaus/Blomstedt 19’05 8/9

2014 Sony Lang Lang/OFilViena/Eschenbach 22'02 9,5/9

Concierto para oboe

1971 Philips Holliger/ONewPhilharmonia/De Waart 8'21+9'51+8'07 8,5/8

1974 DG Lothar Koch/OFilBerlín/Karajan 8’43+8’42+7’31 7,5/8

1976 EMI Manfred Clement/StaatskDresde/Kempe 8’41+8’02+7’22 5/7

1977 Sony Neil Black/EnglishChOrch/Barenboim 8’32+8’20+7’33 9,5/8

1984 MMG Holliger/OSinfCincinnati/Gielen 8’02+7’53+8’17 9/7

1989 Virgin Ray Still/AcademyLondon/Richard Stamp 7'46+8'43+7'50 8,5/8

1993 Decca Gordon Hunt/OSinfRBerlín/Ashkenazy 8’31+8’52+7’39 8/8,5

1996 Philips Holliger/OCámEuropa/Holliger 8’29+9’26+7’44 10/9

1996 EMI Richard Woodhams/OFiladelfia/Sawallisch 8’40+8’25+7’34 8,5/9

1997 DG Martin Gabriel/OFilViena/Previn 8’12+8’30+7’13 8/9,5

2001 Teldec Alex Klein/OSinfChicago/Barenboim 9’21+9’26+7’26 10/10

Concierto para trompa No. 1

1957 EMI Brain/OPhilharmonia/Sawallisch 5’17+5’01+5’05 7/6

1967 RCA Civil/ORoyalPhilharmonic/Kempe 5’43+6’03+5’17 9/7,5

1976 EMI Peter Damm/StaatskapelleDresden/Kempe 5’42+5’59+5’26 7/7

1984 Philips Baumann/OGewandhaus/Masur 10’55+5’19 9/8

1990 EMI Vlatkovic/EnglishChamberOrchestra/Tate 5’26+5’33+5’06 9/8

1991 Decca Tuckwell/ORoyalPhilharmonic/Ashkenazy 5’52+5’37+5’06 9,5/9

1997 DG Lars-Michael Stransky/OFilViena/Previn 5’17+5’17+5’27 10/9,5

2001 Teldec Clevenger/OSinfChicago/Barenboim 5’28+5’52+5’29 10/10

Concierto para trompa No. 2

1957 EMI Brain/OPhilharmonia/Sawallisch 7’48+5’20+5’17 7,5/6

1976 EMI Peter Damm/StaatskapelleDresden/Kempe 8’31+5’28+5’27 7/7

1984 Philips Baumann/OGewandhaus/Masur 14’31+5’22 8,5/8

1990 EMI Vlatkovic/EnglishChamberOrchestra/Tate 8’45+5’16+5’03 9/8

1991 Decca Tuckwell/ORoyalPhilharmonic/Ashkenazy 9’38+5’25+5’31 9,5/9

1997 DG Ronald Janezic/OFilViena/Previn 8’21+5’06+5’21 9/9,5

Concierto para violín

1976 EMI Ulf Hoelscher/StaatskapelleDresden/Kempe 14’58+6’42+7’48 9/7

1993 Decca Boris Belkin/OSinfRBerlín/Ashkenazy 15’57+7’01+8’15 8/8

1999 EMI Sarah Chang/OSinfRBávara/Sawallisch 14’41+7’17+8’39 9,5/9,5

Dúo-Concertino para clarinete y fagot

1976 EMI Manfred Weise, Wolfgang Liebscher/StaatskDresden/Kempe 6’11+3’01+9’02 9/7

1993 Decca Dimitri Ashkenazy, Kim Walker/OSinfRBerlín/Ashkenazy 6’41+3’08+9’57 7/8

1997 DG Peter Schmidl, Michael Werba/OFilViena/Previn 6’02+3’05+8’38 9/9,5

2001 Teldec Larry Combs, David McGill/OSinfChicago/Barenboim 10’02+9’47 10/10

domingo, 28 de diciembre de 2014

Principales grabaciones de “Vida de héroe”, con duración y puntuaciones

 

Tras la duración, la primera cifra se refiere a la interpretación, y la segunda a la grabación (ambas de cero a diez).

Hay algunas grabaciones que no he podido volver a escuchar: la de Ormandy con Filadelfia (RCA 1960) desde hace muchos años (creo que no está entre las grandes) y la de Mehta con Nueva York (Sony 1981). En cuanto a la de este director con la Filarmónica de Berlín (Sony 1995), la de Previn con la Filarmónica de Viena (Telarc 1989) o la de Dohnányi con Cleveland (Decca 1992), Blomstedt con San Francisco (Decca 1994) y Luisi en Dresde (Sony 2007), las desconozco. Según Fernando López Vargas Machuca ("Ya nos queda un día menos") está última es estupenda; es fácil de creer, teniendo en cuenta el alto nivel de sus restantes Strauss en Dresde.

Es una lástima de no esté publicada en imágenes la colosal interpretación que Andris Nelsons dirigió a la Filarmónica de Berlín el 2 de febrero de 2012 (transmitida por Digital Concert Hall): en mi opinión es merecedora de un rotundo diez. Casi tan lenta como la decepcionante del gran Barbirolli, no resulta pesada ni forzadamente estirada en absoluto.

Repárese en que, esta vez, la versión más veloz no es, como suele ser habitual, cualquiera de las antiguas, sino la de Carlos Kleiber, desbocada (y para mí bastante floja) lectura de 1993.

1941 DG Strauss/OEstatalBaviera 39’30" 7/4

1941 Teldec Mengelberg/OConcertgebouw 42’22" 6/4

1941 Naxos Toscanini/OSinfNBC 41’25" 6,5/3

1952 Decca Krauss/OFilViena 42’50" 7/5

1954 RCA Reiner/OSinfChicago 43’37" 8/7

1957 DG Böhm/StaatskapelleDresden 45’43" 8,5

1959 DG Karajan/OFilBerlín 45’39" 8/7

1961 EMI Beecham/ORoyalPhilharmonic 42’59" 7,5/7

1968 Decca Mehta/OFilLosAngeles 45’54" 7,5/7,5

1970 Philips Haitink/OConcertgebouw 47’08" 8,5/7,5

1970 EMI Barbirolli/OSinfLondres 50’32" 7/7,5

1973 EMI Kempe/StaatskapelleDresden 44’12" 7,5/6

1975 EMI Karajan/OFilBerlín 45’19" 9/7

1977 DG Böhm/OFilViena 44’48" 9,5/8

1979 Decca Solti/OFilViena 44’03" 7,5/7,5

1986 DG Karajan/OFilBerlín 46’47" 9/9

1989 Sony Tilson Thomas/OSinfLondres 47’12" 7,5/8

1991 Erato Barenboim/OSinfChicago 47’04" 9/7

1992 DG Sinopoli/StaatskapelleDresden 48’05" 9/9,5

1993 Sony C.Kleiber/OFilViena 38’53" 7/5

1996 EMI Sawallisch/OFiladelfia 43’49" 7,5/8

1999 RCA Maazel/OSinfRadioBávara 46’06" 8,5/9

2000 Decca Ashkenazy/OCleveland 43’35" 6/9

2003 DG Thielemann/OFilViena 47’06" 8/8,5

2005 EMI Rattle/OFilBerlín 47’24" 7,5/9

2010 CSO Haitink/OSinfChicago 47’29" 9,5/10

2011 BIS Nézet-Séguin/OFilRotterdam 46’58" 7/9

2014 DG Barenboim/StaatskapelleBerlin 46’23" 10/10

lunes, 22 de diciembre de 2014

Mis mejores discos de 2014 y un horror

 
Esta lista no pretende ser exhaustiva, puesto que no he escuchado, claro está, todos los discos publicados en 2014. Se trata, únicamente, de destacar los que más me han gustado entre los que han llegado a mis manos. Así que con toda seguridad faltan algunos que también me parecerían muy buenos. Y, tras ellos, sitúo uno que me ha parecido una broma de mal gusto: vamos, un horror por numerosas razones, que trato de explicar.

SCHUBERT: las Sonatas para piano completas. Daniel Barenboim (DG)

R. STRAUSS: Vida de héroe (+4 Últimos Lieder. Anna Netrebko). Staatskapelle Berlin. Daniel Barenboim (DG)

BRUCKNER: Sinfonías Nos. 6, 7 y 8. Staatskapelle Berlin. Daniel Barenboim (DVD y Blu-ray Accentus)

VERDI: Don Carlo. Kaufmann, Harteros, Hampson, Salminen, Semenchuk, Halfvarson. Coro de la Ópera Estatal y Orquesta Filarmónica de Viena. Antonio Pappano. Peter Stein (DVD y Blu-ray Sony)

"SOLO". Obras para violonchelo solo de Kodály, Cassadó, Golijov y Sheng. Alisa Weilerstein (Decca)

MENDELSSOHN: Obras para piano. Javier Perianes (Harmonia Mundi)

R. STRAUSS: Ariadne auf Naxos (versión original). Magee, Kaufmann, Mosuc. Orquesta Filarmónica de Viena. Daniel Harding. Sven-Eric Bechtolf (DVD y Blu-ray Sony)

DVORÁK: las 9 Sinfonías y los tres Conciertos. Garrick Ohlsson, Frank-Peter Zimmermann, Alisa Weilerstein. Orquesta Filarmónica Checa. Jirí Belohlávek (Decca)

ELGAR: Sinfonía No. 2. Staatskapelle Berlin. Daniel Barenboim (Decca)

SCHUBERT: Fantasía Wanderer y otras obras para piano. Bertrand Chamayou (Erato)

R. STRAUSS: Así habló Zaratustra. Don Juan. Till Eulenspiegel. Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham. Andris Nelsons (Orfeo)

HAYDN: Sinfonías Nos. 92, 93, 97, 98 y 99. Orquesta Sinfónica de Londres. Sir Colin Davis (LSO)

SARASATE: Obras para violín y piano. Julia Fischer, Milana Chernyavska (Decca)

PANUFNIK: los tres Cuartetos. LUTOSLAWSKI: Cuarteto. Cuarteto Tippett (Naxos)

VERDI: Falstaff. Maestri, Cedolins, Cavaletti, Buratto, Camarena, Kulman. Coro Philharmonia y Orquesta Filarmónica de Viena. Zubin Mehta (DVD y Blu-ray EuroArts)

R. STRAUSS: Capriccio. Fleming, Skovhus, Schade, Eiche, Kirchschlager, Rydl. Orquesta de la Ópera Estatal de Viena. Christoph Eschenbach. Marco Arturo Marelli (DVD y Blu-ray C Major)

"CONCIERTO DE EUROPA 2014". NICOLAI: Obertura de Las alegres comadres de Windsor. ELGAR: Falstaff. TCHAIKOVSKY: Sinfonía No. 5. Orquesta Filarmónica de Berlín. Daniel Barenboim (DVD y Blu-ray EuroArts)

"CONCIERTO DE VERANO EN SCHÖNBRUNN 2014". Obras de BERLIOZ, LISZT, R. y J. STRAUSS. Lang Lang. Orquesta Filarmónica de Viena. Christoph Eschenbach (CD, DVD y Blu-ray Sony)

"CONCIERTO DE AÑO NUEVO 2014". Obras de la Familia STRAUSS, de LANNER, HELLMESBERGER, DELIBES y R. STRAUSS. Orquesta Filarmónica de Viena. Daniel Barenboim (CD, DVD y Blu-ray Sony)

Y un horror:
 
J. STRAUSS Hijo: Simplicius. Martin Zysset, Michael Volle, Rolf Haunstein, Elizabeth Magnuson, Piotr Beczala, Oliver Widmer, Louise Martini. Coro y Orquesta de la Ópera de Zúrich. Franz Welser-Möst. David Pountney (DVD Arthaus)

Simplicius es una de las obras escénicas menos afortunadas de Johann Strauss II. En primer lugar la llamo obra escénica porque no es exactamente, o no lo parece, una opereta: su argumento, escrito por Victor Léon basándose en una novela de Grimmelshausen dos siglos anterior, de ambiente guerrero y abarrotado de truculencias increíbles, sería si acaso adecuado para una ópera, pero no para una opereta, que era el único género escénico que dominaba el autor del Vals del Emperador. Así que lo de poco afortunada se debe a que no es precisamente un acierto del compositor y a que tampoco ha tenido suerte en su carrera teatral, desde su estreno en 1877 hasta hoy mismo. La mayor parte de las operetas de Strauss tienen justa reputación de estar compuestas sobre libretos malos o malísimos; he aquí el texto del festivo coro inicial del acto II: “El arte del soldado es el más bello del mundo: robos e incendios nos están permitidos, pero en la batalla cada uno es un héroe valeroso [...] A ciudadanos y campesinos el soldado hace siempre sufrir, pero a su señor todo se lo da. El arte del soldado es lo que necesitamos, no quiero otra cosa en este mundo, es lo que nos da alegría, lo que siempre nos proporciona dinero y valentía. ¡Viva el soldado!”. En Simplicius se suma a esa altura literaria (belicosa, machista, estúpida) una total inadecuación entre texto y música. No sé a qué viene que la Ópera de Zúrich montase (en 1999) un espectáculo tan caro y ambicioso de tan poco beneficio artístico.

En resumen: si sólo escuchamos la música apreciamos que Strauss no estuvo muy inspirado que digamos, salvo en contados momentos; y si además miramos la pantalla, las impresiones son peores aún, tanto por culpa de la obra original (ejemplo: el aria del Eremita al comienzo del acto III, con un texto patético, consiste en un alegre vals) como por la pretenciosa y penosa puesta en escena de Pountney, con una escenografía aparatosa, rancia y fea a rabiar. El rol titular, pensado para una voz femenina, ha sido aquí encomendado a un tenor, que en este caso es el muy endeble, insignificante Martin Zysset. Muy bien están, en cambio, el tenor Piotr Beczala (Arnim) y el bajo Michael Volle (el Eremita), correctos el barítono Haunstein (el General) o las sopranos Magnuson (Hildegarde) y Martini (Schnapslotte), y flojo el barítono Widmer. Justo antes del final se coreografía sin acierto el vals Mujercitas del Danubio, que no se sabe qué pinta ahí, ¡mientras de un árbol cuelgan una docena de ahorcados! Vals dirigido sin gracia ni brillo por Welser-Möst, quien tiene en su haber los peores Conciertos de Año Nuevo desde hace no sé cuánto tiempo; el resto de la obra, pura rutina. La función fue acogida con patente frialdad: ¡comprobarlo es casi un alivio!
























sábado, 13 de diciembre de 2014

“Fidelio” en La Scala: la despedida milanesa de Barenboim

 

La cadena franco-alemana de televisión Arte ha retransmitido la función de apertura de la presente temporada, que tuvo lugar el día de San Ambrosio, patrono de Milán, el 7 de diciembre. La transmisión, hay que decirlo, tiene tal calidad de imagen y de sonido, y una realización tan cuidada que podría servir tal cual para ser publicada en dvd y blu-ray. Ojalá que así sea. Ahora bien: en la función del día 10 (al menos ese día) el intérprete de Florestan, Klaus Florian Vogt, sin duda lo más flojo de la versión, fue sustituido por un tal Jonas Kaufmann. Recemos (aun los no creyentes) para que, de ser así, publiquen la versión con el tenor sustituto (que está espléndido en su grabación dirigida con notorio desenfoque por Abbado: siento disentir de la crítica que la puso por las nubes y la premió).

Porque la fama de Vogt nunca la he entendido: el tenor alemán canta bien y es un buen músico, incluso un muy buen intérprete del dificilísimo papel. Pero ¿qué hace cantando papeles dramáticos con esa voz absolutamente blanca? No, no es posible que no se haya centrado en un repertorio mucho, mucho más lírico. Tal vez es ideal para Tamino o para David. Pero canta por todas partes Lohengrin, Walther, Bacchus, Siegmund... No, no lo entiendo.

La Leonore de Anja Kampe me ha entusiasmado: esta soprano spinto (no del todo dramática, o sea no para Brunilda o Electra) está sencillamente admirable, desde cualquier punto de vista: la voz es espléndida, soberbia la técnica (sin el menor cambio de color entre los extremos de la tesitura) e intérprete capaz de emocionar a fondo (tengo la sensación de que ha estudiado a fondo la Leonore de Waltraud Meier).

Sólido y muy bien cantad, con enorme flexibilidad, el Rocco de Kgwanchul Youn. Impresionante, adecuadamente pavoroso, el Don Pizarro de Falk Struckmann (que ya bordaba este papel con Barenboim y Abbado en sus grabaciones). Don Fernando de lujo en la voz y la presencia de Peter Mattei (también en el disco de Abbado). Impecable la Marzelline de Mojca Erdmann (soprano puramente ligera) y correcto el Jaquino de Florian Hoffman. Estupendos los dos prisioneros (Oreste Cosimo y Devis Longo), papeles que, pese a sus brevísimas intervenciones, dejan muy mal sabor de boca cuando se cantan de trámite.

Espléndido el Coro, e impresionante la Orquesta de La Scala, de sonido genuinamente beethoveniano: otro mérito que no se le podrá discutir a quien ha sido su director musical estos últimos años, desde aquel memorable Tristán con el que debutó como maestro scaligero, exactamente siete años antes.

La escena, a cargo de Deborah Warner, prácticamente tradicional salvo en detalles de la escenografía (que la sitúan en la actualidad), me ha parecido indiscutible, máxime teniendo en cuenta el trabajo a fondo con los actores-cantantes y el coro. Un par de detalles singulares y en mi opinión acertados: tras ser encañonado por Leonore, Pizarro descubre que la pistola era de pega, y cuando el malvado es desenmascarado en la escena final ante el Ministro, sale huyendo y se oye un disparo (es claro que nadie lo asesina: se suicida).

De todas formas, el gran responsable de la gran interpretación es, de lejos, Barenboim, beethoveniano insigne que se ganó una atronadora ovación personal (¡de doce minutos!). Como ocurre a menudo con sus versiones en público de las óperas, son, sobre todo en los últimos años, más teatrales que sus correspondientes grabaciones de audio en estudio: más candentes, dramáticas y calientes. La pasión que recorrió la interpretación fue devoradora, lo que no impidió numerosos momentos de honda introspección, y algo necesario en esta ópera y nada fácil de plasmar: la piedad ante el sufrimiento (sea de Leonore, de Florestan o de los prisioneros). Comenzando con la Obertura Leonora II como es costumbre en él, su labor arrastra al ayente a lo largo de toda la obra por su extraordinaria sinceridad y asombra por su perfección.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Cuatro óperas italianas en el Met: Rigoletto (2005), La Traviata, Don Pasquale (2006) y La fille du régiment (2010)

 

Un buen amigo se descarga (legalmente) grabaciones no editadas comercialmente que el Metropolitan de Nueva York pone a disposición de sus abonados. Me acaba de pasar cuatro títulos, dos de Donizetti y otros dos de Verdi, grabados en público entre 2005 y 2010. Las cuatro óperas cuentan con al menos un par de cantantes-estrella, lo que el Met procura que sea su principal seña de identidad. Otros aspectos, como veremos, no están tan cuidados.

Rigoletto, grabada el 17 de diciembre de 2005, cuenta con una gran baza a su favor: la Gilda de Anna Netrebko, que por entonces se hallaba en un momento vocal ideal para un papel como este, una voz lírica de increíble belleza y capaz de cierta coloratura, la que exige en concreto su aria “Caro nome”. Las pequeñas dificultades que tiene con los trinos de la misma son en mi opinión un inconveniente nimio, pues me parece mucho más importante la expresividad, a menudo patética, que requiere el resto de sus intervenciones. Está increíble en los dúos (con su padre y con el Duque) que preceden a la referida aria, por no hablar de en “Tutte le feste al tempio”, hasta el final del acto II. Y conmovedora hasta las lágrimas en todo el acto III. Pasajes que las sopranos lírico-ligeras (y no digamos las ligeras puras) no pueden atender convenientemente. Rolando Villazón está algo apurado aquí y allá, con algún problema técnico e incluso alguna nota calada, pero convence por su tremendamente valiente y arrojada encarnación del Duque, que resulta apasionado, sensual, insolente, sinvergüenza (caracteres necesarios que apenas atienden más de uno y más de dos venerados intérpretes del papel).

Carlo Guelfi es de los pocos barítonos aceptables en papeles verdianos de envergadura de los últimos tiempos. Pero sin duda dista de estar entre los grandes: demasiado lírico, cantante más bien limitado y de encarnación bastante genérica. Para Sparafucile se ha derrochado en un bajo, Eric Halfvarson, que brilla en algunos papeles (el Inquisidor, Hagen) pero que aquí no está acertado ni en su sitio, pese a sus buenas intenciones. Como Maddalena, la canaria Nancy Fabiola Herrera, mezzo lírica de bella voz y pulcra, esmerada línea de canto y convenientemente voluptuosa. El breve pero crucial, crucial, papel de Monterone está desastrosamente encomendado a un tal James Courtney, malo de solemnidad como la mayoría de los papeles menores (norma, al parecer, de la casa).

Algo mejor que correcta la dirección, briosa y eficaz, dramática, de Asher Fisch, al que la orquesta rinde por encima de lo normal; no tanto el coro.

Una función del 11 de febrero de 2006 recoge La Traviata, con un elenco no muy bien escogido: pese a su entrega, mayor que en otras ocasiones, Angela Gheorghiu ya no estaba en su mejor momento para Violetta, sobre todo en el acto I. Lejos queda su interpretación, cuando aún era muy joven, junto a Solti, que constituyó un descubrimiento mayúsculo. Aunque es evidente que conoce muy bien los pliegues del personaje, no consigue convencer plenamente, y menos aún emocionar. Ya entonces, Jonas Kaufmann mostraba una voz demasiado oscura y demasiado robusta para Alfredo, un papel que tal vez nunca debió abordar. Sus virtudes son innegables, sobre todo su temperamento y su sinceridad, pero me parece que no compensan los apuros de una parte que demanda mayor lirismo e italianità. Anthony Michaels-Moore tampoco suena a barítono verdiano: la voz, algo ruda, y el escaso fiato lastran no poco su Germont. Los secundarios oscilan entre lo malo y lo decididamente impresentable. ¿Cómo es que la dirección del teatro lo consiente? El coro también estuvo especialmente desafortunado, como es demasiado habitual allí. En cuanto al ballet en casa de Flora, me temo que debió de ser para echarse a temblar: la españolada se adivina en unos tremendos pisotones sin ton ni son y en unas castañuelas completamente fuera de compás. Lo que tampoco me parece de recibo es la vulgar dirección de Marco Armiliato: todo demasiado fuerte, todo banalizado. Una pena.

¡Qué contraste con la batuta de Maurizio Benini en Don Pasquale (15 de abril de 2006)! Acercándolo más de lo acostumbrado al Rossini bufo, la dirección posee una chispa, una gracia, una imaginación y una retranca que nunca había escuchado en tal profusión. ¡Una delicia! Simone Alaimo no es, ni por asomo, un bajo bufo; es bufo, pero no más allá de un barítono. Aun así, se las apaña bastante bien con un papel que conoce a fondo. Su Pasquale es más divertido que patético (vertiente que, sin olvidar por descontado la anterior, han sabido explotar Raimondi o Corbelli). Sencillamente deliciosa: pícara, sensual, insolente: ideal, en suma, la Norina de la Netrebko. Otro papel que bordaba en aquel momento. ¡Qué habilidad la de esta mujer, extraordinaria Manon o Gilda antes, extraordinaria Leonora del Trovatore ahora! (por no hablar, claro, de sus personajes rusos...) Nada nuevo que decir de Juan Diego Flórez, Ernesto sencillamente de libro. Belleza tímbrica, elegancia, línea de canto impecable, etc. Y Malatesta por encima de la media Mariusz Kwiecien, con hermosa voz lírica de barítono.

Mucho más reciente (13-II-2010) es La fille du régiment, ópera en francés (más que francesa) de un compositor inconfundiblemente italiano. De nuevo la intervención de Juan Diego Flórez es, previsiblemente, impecable, admirable. No hay que cansarse de decir que, desde que existen discos, no se recuerda un tenor lírico-ligero vocalmente tan extraordinario. Lo que sinceramente no me esperaba, y eso que espero siempre mucho de ella, es la arrebatadora Marie de Diana Damrau, que además de ser una de las voces más extraordinarias y una de las cantantes más asombrosas de nuestro tiempo, posee aquí una irresistible vis cómica (¡no sólo el canto: qué parlamentos!). Cualidades que, sumadas todas, hacen de su Fille la mejor que haya escuchado jamás, y a distancia. ¡Alucinante! Esta ópera, que –confieso– no está para mí, ni mucho menos, entre las más destacadas de Donizetti, me ha resultado hasta estimulante gracias a la Damrau.

Discreto el Sulpice de Maurizio Muraro, y graciosa la Duquesa de Kiri Te Kanawa, voz hoy casi irreconocible. La dirección de Marco Armiliato, llevadera (¡esto no es La Traviata!). Secundarios, coro y orquesta, como de costumbre.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

“Vida de héroe” y las “Cuatro Últimas Canciones” con Barenboim y Netrebko


         

Grabadas en público en la Philharmonie de Berlín el último día de agosto de este mismo año, Deutsche Grammophon ha puesto ya a la venta el CD con ese programa Strauss en recuerdo del 150º aniversario del nacimiento del autor de El caballero de la rosa. El concierto benéfico fue en ayuda a la reconstrucción de la Staatsoper (Unter den Linden) de la capital alemana. Una vez más llama la atención la asombrosa calidad de grabación alcanzada, pese a la presencia de público, por ingenieros vinculados a los ya famosos Estudios Teldex de Berlín, en esta ocasión Friedemann Engelbrecht (recording producer) y René Möller (sound engineer), nombres que son de la mayor garantía.

Creo que habría sido más lógico situar las Canciones al final, pues tras ellas apenas puede escucharse nada. Pero bueno, el CD nos permite escuchar las obras en el orden que prefiramos. La primera de ellas, Frühling, la he encontrado un poco de trámite, cantada demasiado a plena voz; me gusta en ella algo más piano casi todo el tiempo. A partir de ahí, las tres restantes creo que están estupendamente cantadas por la soprano rusa (sin el menor cambio de color entre registros), que ahora luce una voz plena, ancha y muy timbrada, de una belleza extraordinaria. Su canto es fluido, con un legato espléndido y una notable capacidad para regular el sonido, y su interpretación es bella y sentida, cada vez más conforme avanza la serie. En efecto, como escribe Fernando López Vargas-Machuca en su blog (“Ya nos queda un día menos”), el verso final de la cuarta canción, el bellísimo y conmovedor poema de Eichendorff Im Abendrot, “ist dies etwa der Tod?” “¿es esto, acaso, la muerte?”), está expresado por Netrebko de modo especialmente conmovedor.

La batuta de Barenboim (que había dirigido estas Canciones a Eaglen –voz demasiado voluminosa–, Fleming, Röschmann y a alguna soprano más que no recuerdo, tal vez Anne Schwanewilms) se inclina más hacia la sensualidad (de, por ejemplo, Te Kanawa/Solti, Decca 1991) que hacia la espiritualidad (representada en el más alto grado por mis dos versiones favoritas, Schwarzkopf/Szell, EMI 1966, y Fleming/Eschenbach, RCA 1996). Con la orquesta sonando como algo más que un aura (como ocurre, indebidamente, a veces), hasta ser coprotagonista con la voz, la interpretación orquestal no me convence al comienzo de la última canción, que encuentro apresurada. Precisamente las dos versiones que señalo como favoritas son en las que mejor se desenvuelve esa introducción; por suerte, el extenso postludio orquestal con que concluye la obra sí es admirable en manos de Barenboim: meditativo, teñido de una melancolía infinita y a la vez de una emotiva aceptación de la muerte. En conjunto, una versión de alto nivel que queda claramente por debajo de esas dos referidas, si bien muy por encima de algunos inesperados chascos, como la grabación del estreno (¡Flagstad/Furtwängler, nada menos!: 1950) o las de Della Casa/Böhm (Decca 1953) y Tomowa-Sintow/Karajan (DG 1986) o Hendricks/Sawallisch (EMI 1995).
Como curiosidad: la duración de la colección (entre 31 versiones cronometradas) oscila entre los escuálidos 18’18” de Della Casa/Böhm y los tal vez excesivos 24’49” de Norman/Masur (Philips 1983): una diferencia tremenda. Netrebko/Barenboim dura 21’58”, exactamente igual que Fleming/Thielemann (Decca 2008), y casi igual que Janowitz/Karajan (DG 1974): 22’10”.

Schwarzkopf/Szell, 22’55” y Fleming/Eschenbach, 24’11”, son dos de las versiones más morosas, sin que pesen lo más mínimo, mientras que otras bastante veloces son las de Schwarzkopf/Ackermann (EMI 1953: 19’09”), L.Price/Leinsdorf (RCA 1973: 19’16”), Lott/Järvi (Chandos 87: 20’19”), Kanawa Solti (18’55”), Popp/Tilson Thomas (Sony 94: 20’06”), Voigt/Masur (Teldec 98: 20’20”) o Harteros /Luisi (Sony 2007: 20’16”).

Vida de héroe es el gran triunfo del disco, aquello por lo que me parece de obligado conocimiento. A estas alturas, con no pocas interpretaciones extraordinarias, ¡aún he podido descubrir texturas nuevas en el complejísimo entramado orquestal de la frondosa partitura! Ello se debe, sin duda, tanto a la labor absolutamente clarificadora de la batuta como a la diáfana grabación. ¿Peculiaridades de la versión? El arranque mismo de la obra no es tan contundente ni tan afirmativo como se suele hacer; parece como si el héroe tardase un poco en ser consciente de su capacidad y de su fogosidad, que se afirma plenamente antes de concluir el primer número. En “Los adversarios del héroe”, las punzantes maderas son más onomatopéyicas que nunca: hay una clara referencia a risas sarcásticas. “La compañera del héroe” es de temperamento más variable que de costumbre, pasando por estados de ánimo tan diversos como el lirismo y la ternura, el capricho y hasta la frivolidad (estupendo el violín solista de Wolfram Brandl). Cerca del final del número hay un pasaje (denominado a veces “Escena de amor”) extremadamente apasionado y envolvente. “El campo de batalla del héroe”, tras una fanfarria fuera de escena en las que las trompetas suenan de escándalo, la entrada del gran tambor redoblante es tremenda, áspera y salvaje, habiéndome traído a la mente “Marte”, de Los Planetas de Holst. La impresionante telaraña motívica está esclarecida de modo asombroso. El final del número es de una elocuencia arrebatadora. En “Las obras de paz del héroe” las citas de otros poemas sinfónicos de Strauss adquieren una nitidez y una relevancia insólitas. Aunque no excede en duración a otras importantes versiones, la sensación que se tiene en el número final (de tan difícil traducción: algo así como “Huida del mundo y plena realización del héroe”) es de una maravillosa dilatación temporal. La transfiguración final pone cierre con una increíble elevación a esta versión excepcional, más personal (más madura pero también más apasionada) que la anterior de Barenboim (Sinfónica de Chicago, Erato 1991, no especialmente bien grabada).

Las mejores orquestas del mundo han grabado una y otra vez esta obra de virtuosismo extremo. Pues bien, no exagero afirmando que la Staatskapelle Berlin se codea con cualquiera de ellas, con una sonoridad de una riqueza y una calidez idóneas en grado sumo: cuerda y trompas, por ejemplo, son una pura maravilla. Böhm con la Filarmónica de Viena (DG 1977), Karajan con la de Berlín (DG 1986) y Haitink/Sinfónica de Chicago (CSO Resound 2010) eran mis versiones favoritas; ésta me gusta aún más.

En Vida de héroe hay mucho mayor consenso en cuanto a los tempi: salvo las grabaciones antiguas, demasiado rápidas vistas desde hoy (Strauss con la Orquesta Estatal de Baviera, DG: 39’30”, y también, algo menos veloces, Mengelberg y Toscanini, las tres de 1941), las principales grabaciones modernas oscilan entre los 44’03” de Solti/Viena (Decca 1978) y los 48’05” de Sinopoli/Dresde (DG 1992). A Barenboim le dura esta última 46’23”.







viernes, 28 de noviembre de 2014

La música rusa ¿mejor por intérpretes rusos?

 

Aldo Shea contesta a un texto, que colgué en este blog el 6 de febrero de 2010, titulado “Mravinsky: ¿un director sobrevalorado?”. Comentario que he colgado y que dice, entre otras cosas: “Yo soy un convencido de que las composiciones de músicos rusos los que mejor las interpretan son las orquestas y directores rusos”. “De la misma manera para la música alemana o francesa; en ese aspecto Wilhelm Furtwängler manifestaba que ‘los músicos son hijos del paisaje’; es como cuando uno ve bailar el tango por un yanqui o europeo, nada que ver”.

Y me ha recordado de inmediato lo que hace años me dijo otro melómano, casi con las mismas palabras, sobre la música rusa. Al que acababa de decirle que mi versión favorita de la Sinfonía “Patética” era la de Bernstein en DG, que entonces llevaba poco tiempo publicada. Él me dijo que no la conocía, pero aun así sentenció que “solamente un director ruso podía hacer plena justicia a esa obra”. Discutimos largo y tendido, y yo le decía que puede que los directores españoles entiendan mejor que cualquier extranjero la música de Falla, por lo que tiene de inspiración en el folklore, pero que la música universal de Tchaikovsky, a la que sin duda pertenece la última partitura tchaikovskiana (y no estoy diciendo que la de Falla no sea universal, sino que esta suele ser más localista por sus raíces folklóricas), puede ser igualmente bien comprendida por un director alemán, norteamericano o japonés. Aquel amigo se negaba en redondo a que eso pudiera ser así, pero entonces yo le desafié diciéndole: “Te voy a grabar cuatro o cinco versiones, todas buenas, de la ‘Patética’, de las que unas serán rusas y otras no. Por supuesto, tendrás que averiguarme cuáles son rusas y cuáles extranjeras. ¿Qué te parece?” Por supuesto, no se atrevió a someterse a esa prueba.

Aldo Shea afirma también que “las orquestas profesionales tocan muy bien siguiendo la partitura, pero tomemos el caso de Tchaikovsky: las interpretaciones históricas norteamericanas después de la guerra, cuando surgieron muy buenas orquestas por el receso de Europa, eran un Tchaikovsky meloso, vulgar, poniendo énfasis en la melodía y el romanticismo, pero Tchaikovsky es trágico y lúgubre en ocasiones y aun en su hermosa música de ballet se nota una belleza con un resabio de tristeza”. Pero esto ya es otro asunto: muchos directores extranjeros podrán estar despistados haciendo ese Tchaikovsky empalagoso, etc., como también lo hace algún que otro ruso: eso, creo, tiene poco que ver con su nacionalidad o su origen.

Le podría poner multitud de ejemplos: el hindú Zubin Mehta suele dirigir maravillosamente Verdi y Puccini; el británico Barbirolli borda El Mar de Debussy, Otello de Verdi, Madama Butterfly de Puccini, Peer Gynt de Grieg, las Sinfonías de Sibelius o Pelleas y Melisande de Schoenberg. ¿Quién ha superado, después de Furtwängler el Brahms de Bernstein y de Giulini? ¿Quiénes son los más grandes intérpretes de las Sonatas de Beethoven sino dos hispanoamericanos: Arrau y Barenboim? ¿Qué alemán o austríaco se les acerca? ¡No, desde luego, Backhaus o Kempff! ¿Hacía falta que Celibidache fuese austríaco para dirigir así su excelso Bruckner? ¿Tuvo algún problema el norteamericano Lorin Maazel para hacer un Mahler y un Richard Strauss eminentes? ¿Superan los austríacos el Schubert del ucranio Sviatoslav Richter, de la ciudadana de Tiflis, Georgia, Elisabeth Leonskaja o del argentino Barenboim? ¿Hacía falta que Colin Davis fuese compatriota de Haydn para dirigirlo tan maravillosamente? ¿Quién interpreta mejor los Cuartetos de Beethoven, el Cuarteto Amadeus o el de Tokio? Etcétera, etcétera, etcétera.

No, no puedo estar de acuerdo con esa opinión de Aldo Shea.

sábado, 22 de noviembre de 2014

La “Octava” de Bruckner de Barenboim con la Staatskapelle Berlin: ¿disco orquestal del año?


    
 
Con desesperante lentitud va publicando Accentus en DVD y Blu-ray las seis últimas Sinfonías de Bruckner por la Staatskapelle Berlin y Daniel Barenboim. Por fin le ha tocado el turno a la Octava (¡ya sólo queda la Novena, y tras ella el álbum con las seis, se supone que a un precio mucho más bajo que comprándolas por separado!) y, la verdad, la espera se ha visto muy recompensada. Porque me parece una de las versiones más admirables de cualquier sinfonía de Bruckner que haya escuchado. Por suerte se trata, además, de la edición Haas (segunda versión, 1887-90). En una serie de recreaciones magistrales todas ellas, ésta es, en mi opinión, la más destacada desde que dio comienzo la serie que arrancaba con la “Romántica”. Filmada con público en la Philharmonie de Berlín el 26 de junio de 2010 (¡entre el 20 y el 27 hicieron las seis! ¡Menudo tour de force para la Orquesta y su director!) Me imagino, además, que no ha habido opción a hacer correcciones en caso de que se hubiera producido algún fallo en alguna trompa o trompeta..., puesto que cada una de las sinfonías fue interpretada una sola vez (no debió de producirse ningún error muy perceptible).

¿Cómo es la interpretación? A la vez lírica y trágica, introspectiva y expansiva, inmensamente emocionante y apasionada. Rigurosa (la arquitectura se hace palmariamente visible) y a la vez libre (agógica flexible, tan lógica y motivada, tan sutilmente resuelta que hay que hacer un especial esfuerzo de atención para apreciarla), con una planificación de las tensiones que solo la puede proporcionar una sabiduría y lucidez extraordinarias. Expuesta con asombrosa diafanidad, tocada con enorme concentración y entrega por los músicos, la ejecución orquestal es sencillamente pasmosa. Seguramente la Staatskapelle es inferior a la Filarmónica de Viena, a la de Berlín o a la Sinfónica de Chicago, pero aquí músicos y director consiguen que nos olvidemos de todas ellas y nos dejamos llevar enteramente por una belleza de sonido gloriosa, un pasmoso empaste organístico. No sabe uno qué admirar más, si la cálida, aterciopelada y envolvente cuerda, si las muy destacadas, casi incesantemente audibles maderas, o el robusto metal, de impactante sonoridad. Y sería injusto no citar la impresionante actuación de una jovencísima primera trompa cuyo nombre no he logrado encontrar.

Con respecto a sus anteriores grabaciones (Chicago Symphony, DG 1981 y Berliner Philharmoniker, Teldec 1994), Barenboim parece haber acentuado la tensión en el Adagio, que va cobrando, desde un comienzo reposado, reflexivo y profundo, una intensidad casi insoportable hasta culminar en el clímax más sobrecogedor que recuerdo en cualquier versión grabada o filmada, un clímax muy prolongado que descarga tal tensión que te deja sin resuello (un momento, el de la culminación de este genial movimiento, que muchas veces, incluso en manos de grandes directores, me deja insatisfecho). La coda del finale, a veces criticada en sus versiones de 1981 y 1994 por su excesiva premura (como él mismo ha explicado en alguna ocasión, para huir de la molesta grandilocuencia demagógica de algunas versiones) creo que recobra aquí un justo término medio entre empuje y grandiosidad. Al final, con los músicos visiblemente exhaustos, ¡delirio desatado del público!

Contamos ya en DVD con tres interpretaciones mayúsculas de esta obra: la de Karajan con la Filarmónica de Viena para DG (1979) y Celibidache con la de Múnich (Sony 1990). La de Barenboim es la única que se distribuye también en Blu-ray y es, claro está, con diferencia la que mejor se ve y la que mejor suena de las tres, a distancia. La realización, de Andreas Morell (director) y Paul Smaczny (producer), es ejemplar. Escuchar en estas superlativas condiciones técnicas una interpretación maravillosa de una de las sinfonías más admirables de la historia es un disfrute que no tiene nombre.



lunes, 17 de noviembre de 2014

Dos músicos llamados Evgeny Kissin: recital en Ibermúsica

 


Ayer, domingo 16 de noviembre, dio Evgeny Kissin su esperado recital para Ibermúsica. ¿Qué digo: un Kissin? ¡Dos!: el que interpretó (es un decir) la Sonata 21 “Waldstein” de Beethoven y el que interpretó (¡ahora sí!) todo el resto del programa: Prokofiev, Chopin y Liszt. Las Sonatas de Beethoven y la “Waldstein” en particular tienen un largo historial de despropósitos, al verse convertida en pieza de mera exhibición virtuosística cuando es una partitura de una belleza y hondura musical excelsas. Esto fue lo que le ocurrió a Kissin Primero de Moscú: se dejó llevar por la velocidad y convirtió el primer movimiento en un churro. Sólo hubo frases, muy aisladas, que dejaban entrever a un artista. Sí apareció éste en el brevísimo Adagio molto, pero ya el mágico arranque del Rondó resultó romo, sin el menor misterio ni elevación: este movimiento acabó siendo casi tan pedestre como el primero. Ya escuché hace años cómo nada menos que Krystian Zimerman también dejó reducida esta misma Sonata a bien poca cosa, pero lo de Kissin de ayer fue bastante peor, más triste y más inexplicable. Aseguro, y creo que no exagerar, que en el Concurso de Piano de Jaén he escuchado la “Waldstein” varias veces más o menos tan bien tocada y mucho mejor interpretada, a pianistas desconocidos de los que nunca más he vuelto a saber nada. (Creo que si Kissin escuchase esta Sonata a Arrau o a Barenboim no volvería a destrozarla como ayer, o incluso no volvería a abordarla, como hizo Rostropovich con el Concierto de Elgar después de escuchárselo a Du Pré).

Tras este destrozo (¡que fue sólo circunspectamente aplaudido: hasta el más bien ignorante público se dio cuenta!), salió al escenario otro pianista, de aspecto parecidísimo al anterior, que demostró en su interpretación de la Cuarta Sonata (“de viejos cuadernos”) de Prokofiev, una de la menos conocidas de su autor, que no es una partitura menor dentro de sus serie, como se suele opinar, sino una obra de potencia, rebeldía y aire amenazador inesperados: el Andante assai deja de ser un tiempo lento tranquilizador, y en el tercero atiende a la perfección, con dedos de acero, la singular indicación Allegro con brio, ma non leggiero. Kissin Segundo de Moscú hizo una auténtica creación de ella, dejando en evidencia a los pianistas (¡no sé si a todos!) que la han llevado al disco.

El pianista de toda la segunda parte siguió siendo Kissin Segundo. Los tres Nocturnos de Chopin, aun con ciertas leves desigualdades, evidenciaron al Artista: sobrio pero tremendamente poético el Op. 9/1, lo mismo pero algo entregado al virtuosismo en ciertas frases digamos ornamentales el Op. 9/3, y muy potente y dramático el Op. 48/1, si bien el aterrador clímax no estuvo del todo bien preparado, no consiguiendo hacerlo inexorablemente necesario.

La seis Mazurcas que siguieron mantuvieron esa sobriedad marca de la casa que no destierra el amable, encantador aire danzable. Pero las alejó todo lo razonablemente posible de la música de salón en las que, por su apariencia, se las suele encuadrar. Me gustaron especialmente la Op. 7/2 y, sobre todo, la última de las que programó, la Op. 41/1. El programa se cerró con una asombrosa, alucinante ejecución de la Rapsodia húngara No. 15 “Marcha Rakoczy” de Liszt, en la que el virtuosismo inevitable no tuvo nada de “huero o superficial”, sino que se elevó a “trascendental”, como escribía Luis Gago en sus estupendas notas.
Ofreció dos propinas: una maravillosamente melancólica y elegante lectura del Vals Op. 69/2 de Chopin y una fulgurante, increíble, del Segundo Estudio basado en Paganini (Andantino capriccioso) de Liszt. Kissin Segundo es, en suma, no sólo un pianista apabullante, sino también un gran Artista. Así, con mayúscula. (P.D.: Me dicen Luis Gago y Pedro González Mira que me perdí una tercera propina: la Marcha de El amor de las tres naranjas de Prokofiev. Lo siento. Había quedado y llegaba muy tarde a mi cita).





sábado, 15 de noviembre de 2014

Estupendo “Falstaff” en Blu-ray: Mehta con Maestri y la Filarmónica de Viena en Salzburgo


          
 
Representación filmada en la Haus für Mozart de Salzburgo en agosto de 2013, este DVD/Blu-ray del sello EuroArts aporta ¡por fin! una versión de la última ópera de Verdi con alta calidad técnica, además de artística. Desde luego quede claro que la imagen y el sonido son, en el Blu-ray, una vez más, extraordinarias. La versión cuenta además con al menos tres bazas importantísimas: la orquesta, el director y el intérprete del rol titular. El temperamental Zubin Mehta, con 77 años en el momento de la grabación, tiene ahora de la maravillosa partitura una visión más madura y refinada, mostrando sus innúmeras sutilezas, la extraordinaria finura de su orquestación y muchas otras cualidades antes que su incisivo brío (Bernstein en audio, Solti en DVD), su chispa y comicidad (Karajan I) o incluso su amargura (Giulini), aunque por supuesto ninguna de esas características tan destacadas por otros colegas son ignoradas.

El Coro Philharmonia Wien hace un espléndido trabajo, mientras que la actuación de la Orquesta es inmejorable, por su belleza sonora, su tersura, su riqueza de colorido, su extraordinaria precisión. Cuarta grabación por este excelso conjunto, puede afirmarse que ninguna otra, ni siquiera la Philharmonia de Londres o la Filarmónica de Berlín resultan tan satisfactorias: es sin duda uno de los grandes placeres que proporciona la esta escucha de este Falstaff.

El equipo de cantantes es casi redondo: Ambrogio Maestri es el Falstaff de nuestro tiempo. No sólo la voz es hermosa, sino que canta muy bien y con inteligencia, y sobre todo encarna un personaje que conoce muy a fondo y del que obtiene todos los pliegues imaginables. Habría que remontarse a Fischer-Dieskau (en su memorable grabación con Bernstein) para hallar a alguien aún más asombroso. Por si fuera poco, Maestri da a la perfección el tipo de fatuo y simpaticote gordinflón, sin necesidad de rellenos.

Ninguna de las restantes versiones en DVD se libra de alguna debilidad en el reparto, mientras ésta es convincente en todos los papeles principales (sólo podría achacársele que los intérpretes de Cajus –Luca Casalin– y Bardolfo –Gianluca Sorrentino– poseen voces feúchas, lo que tampoco es grave en papeles de dos tipos bastante ridículos): porque Fiorenza Cedolins es una Alice mejor que impecable, Elisabeth Kulman una Quickly a pedir de boca, y otro tanto puede decirse de Stephanie Houtzeel (Meg) y de la deliciosa Eleonora Buratto (Nannetta).

En cuanto los dos principales papeles masculinos restantes, dos aciertos plenos: por fin Javier Camarena no es un blando, melifluo o casi femenino Fenton, sino que su voz lírico-ligera es bellísima y canta con gusto irreprochable, calor y vigor: una maravilla, que confirma a este tenor como un fuera de serie. Y el Ford de Massimo Cavalletti (que atrajo mi atención un par de años atrás como Paolo en el Boccanegra de Barenboim en blu-ray) es un barítono lírico, adecuado para varios verdis, de hermoso timbre y extraordinaria seguridad en el agudo (el temible La bemol de su aria).

La escena, a cargo de Damiano Michieletto, que transcurre en un asilo de ancianos de clase alta en dos diferentes momentos temporales, me ha acabado pareciendo muy convincente. Y me parece que, pese a los prejuicios que pueda despertar, disgustará a pocos operófilos. La edición posee ¡menos mal! subtítulos en castellano.





lunes, 10 de noviembre de 2014

“I Masnadieri” de Verdi y “Rienzi” de Wagner en Blu-ray

 
Un espléndido director verdiano: Nicola Luisotti
Hace poco he adquirido sendas filmaciones de estas dos poco frecuentes óperas, primerizas de sus respectivos compositores. Las versiones son suficientemente interesantes en dos títulos en los que hay bien poco donde escoger. Hay que recordar que I Masnadieri, estrenada en Londres el año 1847, a pesar de no hacer justicia a Die Räuber (Los bandidos) de Schiller en la que se basa, y a pesar de sus innegables altibajos musicales, es uno de los títulos más estimables de su primera época. Recordemos que en CD hay una estupenda versión: Caballé, Bergonzi, Cappuccilli, Raimondi, Coro Ambrosian, Orquesta New Philharmonia, Gardelli (Philips 1975).

La presente en imágenes, pese a ser notable, queda ciertamente lejos de ésta: es más bien imposible que otra cosa hallar una Amalia o un Carlo como aquéllos. No obstante, la venezolana Lucrecia García (n. 1986), que perfeccionó su formación en la Escuela Reina Sofía de Madrid, posee una voz importante que la acerca a lo que precisa ese endemoniado papel: una soprano drammatica d’agilità, algo que escasea en extremo. Aunque está un poco verde, resuelve las tremendas dificultades con apreciable solvencia. Aquiles Machado ha adelgazado tanto que está desconocido. Tras un comienzo flojo y tambaleante, se va afirmando conforme avanza la representación (Teatro San Carlo de Nápoles, ¿2011 o 2012?) y casi salva el personaje, cierto que con no pocas deficiencias (ahora, por desgracia, no puede pedirse mucho más: si otros tipos vocales están bien o muy bien servidos, el tenor verdiano casi no existe).

Mejor el bajo Giacomo Prestia, voz robusta y profunda más que bella o noble, como Massimiliano, y destacando quizá por encima de todos el notable Artur Rucinski como Francesco. Habrá que estar atento ante este cantante, pues tampoco abundan precisamente los barítonos verdianos. Correctos Massimiliano Chiarolla como Rolla y Dario Russo como Moser, pero impresentable el Arminio de Walter Omaggio: una elección incomprensible. Discreto el Coro y algo mejor la Orquesta del Teatro San Carlo. La dirección musical de Nicola Luisotti, totalmente en estilo del joven Verdi, encendida y un punto (intencionadamente) ruda, es lo mejor de la función, que goza (es un decir) de una puesta en escena –a cargo de Gabriele Lavia– difícil de calificar. Yo me abstendré de hacerlo, si bien creo que horrenda no es.


          

…Y otro excelente director infravalorado: Pinchas Steinberg
Tampoco, no hay que engañarse, es Rienzi, el último de los tribunos (Dresde, 1842) una ópera importante. El único morbo es el de conocer los comienzos de quien sólo poco después daría el salto hasta una obra maestra: El holandés errante. No sé si alguna vez se habrá interpretado completa (al parecer alcanza las cinco horas), lo cierto es que aquí, en esta representación (Toulouse, 2012) está (convenientemente) cortada hasta quedarse en un poco menos de tres horas. Aun así, y que Wagner me perdone, se hace larga, pues la música, grandilocuente y exaltada sin cesar (casi todo el tiempo forte o fortissimo), muy en el estilo del insufrible Meyerbeer, vale bastante poco, salvo la magnífica obertura, la bella y sentida Plegaria de Rienzi al comienzo del Acto V... y muy poco más.

La presente interpretación (Toulouse 2012) tiene un valor muy llamativo: la sensacional dirección del neoyorkino de origen germano-israelí Pinchas Steinberg (n. 1945), hijo de William (1899-1978) y uno de los directores más infravalorados de nuestro tiempo. Baste lo que voy a afirmar con toda rotundidad: jamás he escuchado obtener un rendimiento tan alto de la Orquesta Sinfónica de Madrid como cuando él dirigió La mujer sin sombra (comprometidísima partitura para la orquesta donde las haya) en el Teatro Real (2005) o cuando, creo que el año siguiente, hizo en el Auditorio Nacional los seis poemas sinfónicos de Mi País de Smetana. Pues bien, aquí ya la obertura es extraordinaria por su riqueza de matices (¡qué introducción!), su firme pulso y su obtención de una calidad inesperada de la sólo notable Orquesta del Capitolio de Toulouse. Y a lo largo de la obra, comprobamos cómo Steinberg la descarga de adherencias adiposas y acentúa su sentido dramático y su juvenil y a menudo desbordante pasión. ¿Cómo es posible que este director tenga tan pocas grabaciones? ¡No lo entiendo! En CD hay al menos un par de versiones de Rienzi con mejores elencos (Hollreiser, EMI 1976, y Sawallisch, Orfeo 1995), pero de ninguna manera tan bien dirigidas.

Sí, porque el reparto vocal no está a la altura: el protagonista, Torsten Kerl, tiene el mérito de aguantar toda la representación sin desfallecer con su robusta voz a prueba de bombas, pero dista de cantar bien. Aunque no sobran tenores wagnerianos, estoy convencido de que no ha sido la mejor elección (Burkhard Fritz, en el Real, estuvo bastante más entonado). Marika Schönberg (Irene) hace lo que puede con otro papel nada fácil, y quizá mejor resulta Daniela Sindram, quien sin embargo no da el tipo del joven Adriano, otra very demanding parte. Los barítonos Marc Heller (Baroncelli), Stefan Heidemann (Orsini) y Leonardo Neiva (Cecco) son aceptables, mientras que los bajos Richard Wiegold (Colonna) y Robert Bork (Orvieto) son un tanto engolados o rudos. Francamente bien, sin embargo, Jennifer O’Loughlin como Mensajero, un papel (lástima) muy breve. La sobria hasta la austeridad escena del reputado director argentino Jorge Lavelli creo que cumple muy bien su función, con una gran economía de medios. Mientras la ópera de Verdi tiene subtítulos en castellano, la de Wagner puede usted seguirla, si lo desea, en coreano. La calidad técnica es buena en ambos casos.