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miércoles, 3 de diciembre de 2014

“Vida de héroe” y las “Cuatro Últimas Canciones” con Barenboim y Netrebko


         

Grabadas en público en la Philharmonie de Berlín el último día de agosto de este mismo año, Deutsche Grammophon ha puesto ya a la venta el CD con ese programa Strauss en recuerdo del 150º aniversario del nacimiento del autor de El caballero de la rosa. El concierto benéfico fue en ayuda a la reconstrucción de la Staatsoper (Unter den Linden) de la capital alemana. Una vez más llama la atención la asombrosa calidad de grabación alcanzada, pese a la presencia de público, por ingenieros vinculados a los ya famosos Estudios Teldex de Berlín, en esta ocasión Friedemann Engelbrecht (recording producer) y René Möller (sound engineer), nombres que son de la mayor garantía.

Creo que habría sido más lógico situar las Canciones al final, pues tras ellas apenas puede escucharse nada. Pero bueno, el CD nos permite escuchar las obras en el orden que prefiramos. La primera de ellas, Frühling, la he encontrado un poco de trámite, cantada demasiado a plena voz; me gusta en ella algo más piano casi todo el tiempo. A partir de ahí, las tres restantes creo que están estupendamente cantadas por la soprano rusa (sin el menor cambio de color entre registros), que ahora luce una voz plena, ancha y muy timbrada, de una belleza extraordinaria. Su canto es fluido, con un legato espléndido y una notable capacidad para regular el sonido, y su interpretación es bella y sentida, cada vez más conforme avanza la serie. En efecto, como escribe Fernando López Vargas-Machuca en su blog (“Ya nos queda un día menos”), el verso final de la cuarta canción, el bellísimo y conmovedor poema de Eichendorff Im Abendrot, “ist dies etwa der Tod?” “¿es esto, acaso, la muerte?”), está expresado por Netrebko de modo especialmente conmovedor.

La batuta de Barenboim (que había dirigido estas Canciones a Eaglen –voz demasiado voluminosa–, Fleming, Röschmann y a alguna soprano más que no recuerdo, tal vez Anne Schwanewilms) se inclina más hacia la sensualidad (de, por ejemplo, Te Kanawa/Solti, Decca 1991) que hacia la espiritualidad (representada en el más alto grado por mis dos versiones favoritas, Schwarzkopf/Szell, EMI 1966, y Fleming/Eschenbach, RCA 1996). Con la orquesta sonando como algo más que un aura (como ocurre, indebidamente, a veces), hasta ser coprotagonista con la voz, la interpretación orquestal no me convence al comienzo de la última canción, que encuentro apresurada. Precisamente las dos versiones que señalo como favoritas son en las que mejor se desenvuelve esa introducción; por suerte, el extenso postludio orquestal con que concluye la obra sí es admirable en manos de Barenboim: meditativo, teñido de una melancolía infinita y a la vez de una emotiva aceptación de la muerte. En conjunto, una versión de alto nivel que queda claramente por debajo de esas dos referidas, si bien muy por encima de algunos inesperados chascos, como la grabación del estreno (¡Flagstad/Furtwängler, nada menos!: 1950) o las de Della Casa/Böhm (Decca 1953) y Tomowa-Sintow/Karajan (DG 1986) o Hendricks/Sawallisch (EMI 1995).
Como curiosidad: la duración de la colección (entre 31 versiones cronometradas) oscila entre los escuálidos 18’18” de Della Casa/Böhm y los tal vez excesivos 24’49” de Norman/Masur (Philips 1983): una diferencia tremenda. Netrebko/Barenboim dura 21’58”, exactamente igual que Fleming/Thielemann (Decca 2008), y casi igual que Janowitz/Karajan (DG 1974): 22’10”.

Schwarzkopf/Szell, 22’55” y Fleming/Eschenbach, 24’11”, son dos de las versiones más morosas, sin que pesen lo más mínimo, mientras que otras bastante veloces son las de Schwarzkopf/Ackermann (EMI 1953: 19’09”), L.Price/Leinsdorf (RCA 1973: 19’16”), Lott/Järvi (Chandos 87: 20’19”), Kanawa Solti (18’55”), Popp/Tilson Thomas (Sony 94: 20’06”), Voigt/Masur (Teldec 98: 20’20”) o Harteros /Luisi (Sony 2007: 20’16”).

Vida de héroe es el gran triunfo del disco, aquello por lo que me parece de obligado conocimiento. A estas alturas, con no pocas interpretaciones extraordinarias, ¡aún he podido descubrir texturas nuevas en el complejísimo entramado orquestal de la frondosa partitura! Ello se debe, sin duda, tanto a la labor absolutamente clarificadora de la batuta como a la diáfana grabación. ¿Peculiaridades de la versión? El arranque mismo de la obra no es tan contundente ni tan afirmativo como se suele hacer; parece como si el héroe tardase un poco en ser consciente de su capacidad y de su fogosidad, que se afirma plenamente antes de concluir el primer número. En “Los adversarios del héroe”, las punzantes maderas son más onomatopéyicas que nunca: hay una clara referencia a risas sarcásticas. “La compañera del héroe” es de temperamento más variable que de costumbre, pasando por estados de ánimo tan diversos como el lirismo y la ternura, el capricho y hasta la frivolidad (estupendo el violín solista de Wolfram Brandl). Cerca del final del número hay un pasaje (denominado a veces “Escena de amor”) extremadamente apasionado y envolvente. “El campo de batalla del héroe”, tras una fanfarria fuera de escena en las que las trompetas suenan de escándalo, la entrada del gran tambor redoblante es tremenda, áspera y salvaje, habiéndome traído a la mente “Marte”, de Los Planetas de Holst. La impresionante telaraña motívica está esclarecida de modo asombroso. El final del número es de una elocuencia arrebatadora. En “Las obras de paz del héroe” las citas de otros poemas sinfónicos de Strauss adquieren una nitidez y una relevancia insólitas. Aunque no excede en duración a otras importantes versiones, la sensación que se tiene en el número final (de tan difícil traducción: algo así como “Huida del mundo y plena realización del héroe”) es de una maravillosa dilatación temporal. La transfiguración final pone cierre con una increíble elevación a esta versión excepcional, más personal (más madura pero también más apasionada) que la anterior de Barenboim (Sinfónica de Chicago, Erato 1991, no especialmente bien grabada).

Las mejores orquestas del mundo han grabado una y otra vez esta obra de virtuosismo extremo. Pues bien, no exagero afirmando que la Staatskapelle Berlin se codea con cualquiera de ellas, con una sonoridad de una riqueza y una calidez idóneas en grado sumo: cuerda y trompas, por ejemplo, son una pura maravilla. Böhm con la Filarmónica de Viena (DG 1977), Karajan con la de Berlín (DG 1986) y Haitink/Sinfónica de Chicago (CSO Resound 2010) eran mis versiones favoritas; ésta me gusta aún más.

En Vida de héroe hay mucho mayor consenso en cuanto a los tempi: salvo las grabaciones antiguas, demasiado rápidas vistas desde hoy (Strauss con la Orquesta Estatal de Baviera, DG: 39’30”, y también, algo menos veloces, Mengelberg y Toscanini, las tres de 1941), las principales grabaciones modernas oscilan entre los 44’03” de Solti/Viena (Decca 1978) y los 48’05” de Sinopoli/Dresde (DG 1992). A Barenboim le dura esta última 46’23”.







2 comentarios:

  1. La vida de héroe de Barbirolli es aún más lenta, quizás la que más, sobrepasa los 50 minutos. ¿No estaba la versión de Thielemann entre sus favoritas? Aquí no la cita.
    Jaime R. R.

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    Respuestas
    1. Lleva usted razón, me había olvidado de ella. Dura exactamente 50'32" y es, para mí, gran admirador de Barbirolli, un chasco: es una versión que, con un tempo muy forzadamente lento, se viene abajo.
      La de Thielemann me parece bastante buena, pero tengo algunas reservas, como cierta flema en el primer número, una ejecución algo espesa, sin la debida claridad, sobre todo en la Batalla, y un final algo blando. Me gustan más, por ejemplo, la antigua de Barenboim en Chicago y la de Sinopoli.

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