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sábado, 13 de diciembre de 2014

“Fidelio” en La Scala: la despedida milanesa de Barenboim

 

La cadena franco-alemana de televisión Arte ha retransmitido la función de apertura de la presente temporada, que tuvo lugar el día de San Ambrosio, patrono de Milán, el 7 de diciembre. La transmisión, hay que decirlo, tiene tal calidad de imagen y de sonido, y una realización tan cuidada que podría servir tal cual para ser publicada en dvd y blu-ray. Ojalá que así sea. Ahora bien: en la función del día 10 (al menos ese día) el intérprete de Florestan, Klaus Florian Vogt, sin duda lo más flojo de la versión, fue sustituido por un tal Jonas Kaufmann. Recemos (aun los no creyentes) para que, de ser así, publiquen la versión con el tenor sustituto (que está espléndido en su grabación dirigida con notorio desenfoque por Abbado: siento disentir de la crítica que la puso por las nubes y la premió).

Porque la fama de Vogt nunca la he entendido: el tenor alemán canta bien y es un buen músico, incluso un muy buen intérprete del dificilísimo papel. Pero ¿qué hace cantando papeles dramáticos con esa voz absolutamente blanca? No, no es posible que no se haya centrado en un repertorio mucho, mucho más lírico. Tal vez es ideal para Tamino o para David. Pero canta por todas partes Lohengrin, Walther, Bacchus, Siegmund... No, no lo entiendo.

La Leonore de Anja Kampe me ha entusiasmado: esta soprano spinto (no del todo dramática, o sea no para Brunilda o Electra) está sencillamente admirable, desde cualquier punto de vista: la voz es espléndida, soberbia la técnica (sin el menor cambio de color entre los extremos de la tesitura) e intérprete capaz de emocionar a fondo (tengo la sensación de que ha estudiado a fondo la Leonore de Waltraud Meier).

Sólido y muy bien cantad, con enorme flexibilidad, el Rocco de Kgwanchul Youn. Impresionante, adecuadamente pavoroso, el Don Pizarro de Falk Struckmann (que ya bordaba este papel con Barenboim y Abbado en sus grabaciones). Don Fernando de lujo en la voz y la presencia de Peter Mattei (también en el disco de Abbado). Impecable la Marzelline de Mojca Erdmann (soprano puramente ligera) y correcto el Jaquino de Florian Hoffman. Estupendos los dos prisioneros (Oreste Cosimo y Devis Longo), papeles que, pese a sus brevísimas intervenciones, dejan muy mal sabor de boca cuando se cantan de trámite.

Espléndido el Coro, e impresionante la Orquesta de La Scala, de sonido genuinamente beethoveniano: otro mérito que no se le podrá discutir a quien ha sido su director musical estos últimos años, desde aquel memorable Tristán con el que debutó como maestro scaligero, exactamente siete años antes.

La escena, a cargo de Deborah Warner, prácticamente tradicional salvo en detalles de la escenografía (que la sitúan en la actualidad), me ha parecido indiscutible, máxime teniendo en cuenta el trabajo a fondo con los actores-cantantes y el coro. Un par de detalles singulares y en mi opinión acertados: tras ser encañonado por Leonore, Pizarro descubre que la pistola era de pega, y cuando el malvado es desenmascarado en la escena final ante el Ministro, sale huyendo y se oye un disparo (es claro que nadie lo asesina: se suicida).

De todas formas, el gran responsable de la gran interpretación es, de lejos, Barenboim, beethoveniano insigne que se ganó una atronadora ovación personal (¡de doce minutos!). Como ocurre a menudo con sus versiones en público de las óperas, son, sobre todo en los últimos años, más teatrales que sus correspondientes grabaciones de audio en estudio: más candentes, dramáticas y calientes. La pasión que recorrió la interpretación fue devoradora, lo que no impidió numerosos momentos de honda introspección, y algo necesario en esta ópera y nada fácil de plasmar: la piedad ante el sufrimiento (sea de Leonore, de Florestan o de los prisioneros). Comenzando con la Obertura Leonora II como es costumbre en él, su labor arrastra al ayente a lo largo de toda la obra por su extraordinaria sinceridad y asombra por su perfección.

1 comentario:

  1. Deseando estoy ver y escuchar ese Fidelio, porque esta obra es quizá la que más me ha gustado verle en directo a Barenboim (exagero un poco, claro, porque le he visto tantas que he perdido ya la cuenta): tanto en Madrid como en Lucerna (en concierto) hizo unas versiones alucinantes, difíciles de olvidar. El clima de humanismo y exaltación que logra roza lo milagroso. Beethoven con Barenboim es "otro mundo". J.S.R.

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