Follow by Email

lunes, 28 de noviembre de 2016

El recital de Barenboim con su nuevo piano en Ibermúsica



El nuevo instrumento, que yo solo había escuchado en disco, es, escuchado en directo, en efecto, una pura maravilla, por su calidez y a la vez su transparencia. Aun así, debo matizar que, estando -como yo anoche- a casi veinte metros de distancia, no se nota tanto la diferencia con un gran piano Steinway como en el disco, que comenté el pasado día 9 de noviembre. Cuya grabación es fidelísima, absolutamente sensacional.

Schubert

En la primera parte, que constó de dos Sonatas del divino Schubert, quedó patente que también a este compositor le sienta de perlas el nuevo piano. La No. 13, D 664, es la que en su reciente integral menos que convenció, pues tratándose, creo, de una de las más amables de su autor, Barenboim la entiende también como bastante tensa y dramática. Ayer volvió a ello, si bien aportó algunos pequeños hallazgos que mejoraron quizá la del disco. Y eso que en el primer movimiento no logró el grado de concentración que sí consiguió en el resto de recital. Tampoco es muy de extrañar, pues durante los dos primeros movimientos hubo un recital paralelo de toses que también afectó a mi concentración como oyente. Al terminar el Andante, el pianista se detuvo, miró al público y se puso un pañuelo delante de la boca; a partir de ese momento, las toses, oh milagro, se redujeron muchísimo y solieron sonar más sofocadas o apagadas.

La Sonata No. 20, D 959 (también, como la anterior, en La mayor) de ayer está entre las interpretaciones más geniales que le he escuchado en mi vida -de cualquier obra- a cualquier pianista. Realmente, no tengo palabras: por referirme a algún fragmento, el Andantino fue absolutamente sublime, y el Allegretto final, todo un redescubrimiento.

Chopin y Liszt

Pero aún no había llegado lo más asombroso y alucinante de la velada: tras una Primera Balada de Chopin de extraordinaria belleza, creo que algo más chopiniana (al menos por su rubato) que la del disco, llegaron unos Funerales rigurosamente históricos. Curiosamente, frente a lo que muchos melómanos piensan, resulta, en mi opinión, que Liszt es el compositor pianístico que -junto a Beethoven- mejor se aviene al temperamento de Barenboim. La imaginación sonora (las campanas del comienzo), la inmensa humanidad del fraseo más doliente, la dolorosa furia, la inmensa elocuencia, el planteamiento de las tensiones hasta alcanzar unos clímax inimaginables, son algo que quedo muy lejos de poder explicar a quienes no estuvieran allí. Para terminar, el endemoniado -en varios sentidos- Vals Mefisto No. 1, una versión algo más furibunda que la del disco, con un clímax también abrumador, cerró el comprometido recital, en el que, por supuesto, no faltaron fallos de dedos (allí estaba Beckmesser, imagino que con su pizarrita y su tiza, anotando y llevando la cuenta de los errores), pero en el que se derrochó arte hasta tal grado que esos quedan en nada. 

El éxito fue inenarrable: parece que el público (que, excepcionalmente, abarrotaba el auditorio, con un montón de niños y jóvenes donde se sitúan el viento y la percusión de las orquestas) fue consciente de haber asistido a un torrente de música de una de las pocas leyendas vivas del piano. Pese a que la megafonía había pedido expresamente que no se hicieran fotos, ni con ni sin flash, no faltaron quienes se saltaron la prohibición. Mientras Barenboim saludaba al final al público puesto en pie, tres personas le deslumbraron con sus cámaras; a la tercera, el pianista se le encaró con aparente mal humor, que terminó -como se verá- diluido: "No deben hacer esto, por tres razones: la primera, que está prohibido; la segunda, porque me molesta en los ojos, y la tercera y más importante, que mientras hacen la foto no pueden aplaudir". Me temo que este hecho pudo decidirlo a no ofrecer propinas (ya le ha ocurrido otras veces: si se enfada no las toca). A continuación, Barenboim firmó discos en el hall durante más de media hora a varios cientos de admiradores, entre los que se encontraba, entusiasmada, Teresa Berganza.   

sábado, 26 de noviembre de 2016

Los 20 principales violonchelistas (tras la segunda guerra mundial)



El orden es, por supuesto, alfabético. ¿Que cuáles son, para mí, los más grandes? Casals, Rostropovich, Tortelier y Du Pré. 

 

Gautier Capuçon

Pablo Casals

Gaspar Cassadó

Jacqueline Du Pré

Pierre Fournier

Maurice Gendron

Lyn Harrell

Gary Hoffman

Yo-Yo Ma

António Meneses

Truls Mork

Daniel Müller-Schott

Boris Pergamenschikov

Gregor Piatigorsky

Jean-Guihen Queyras

Mstislav Rostropovich

Heinrich Schiff

Janos Starker

Paul Tortelier

Alisa Weilerstein

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Estrella Morente y Javier Perianes graban Canciones de Falla y García Lorca



Las Siete Canciones Populares Españolas y la suite de El amor brujo

El último disco de Javier Perianes (Harmonia Mundi HMC 902246) ha tardado en llegar a España algunas semanas desde su aparición en Francia. ¡Y eso que su repertorio es enteramente español! Las Siete Canciones populares españolas (1914) de Falla son, como se sabe, el ejemplo supremo en nuestro país de canción de directa raigambre folklórica. El estreno, que tuvo lugar en Madrid el 15 de enero de 1915, corrió a cargo de la soprano Luisa Vela (esposa del barítono Emilio Sagi Barba y madre del también barítono Luis Sagi Vela), con Falla al piano (Luisa Vela sería Salud en el estreno madrileño de La vida breve). En 1930 el compositor las llevó al disco junto a la soprano María Barrientos. Es evidente que fueron pensadas para una voz femenina (que puede ser también una mezzosoprano lírica) de formación clásica. La han grabado también la gran mezzo Conchita Supervía (antes que Barrientos: en 1928), junto a Frank Marshall, discípulo de Granados y maestro de Alicia de Larrocha. Y ya en 1952, Ana María Iriarte (tambien mezzo) y la soprano Victoria de los Ángeles junto a Gerald Moore. En 1959, Teresa Berganza junto a su entonces esposo Félix Lavilla. Un año después la mezzo madrileña la filmó junto a Gerald Moore. De 1962 es el disco con Los Ángeles y Gonzalo Soriano, de 1963 el de Montserrat Caballé y Miguel Zanetti, de 1972 el de Los Ángeles y Larrocha, de 1973 el registro de Marilyn Horne (mezzo, casi contralto) y Martin Katz, de 1977 el de Berganza ahora con la guitarra de Narciso Yepes, y de 1996 el de la también mezzo Olga Borodina con Semyon Skigin. Muestro esta lista para que quede claro que ninguna cantante del mundo flamenco se ha ocupado -que yo sepa- de estas Canciones, que quedan realmente desvirtuadas en la voz y la técnica de Estrella Morente. Es una pena, porque el piano de Perianes es, decididamente, el más extraordinario que he escuchado hasta ahora (seguido, tal vez, de Gonzalo Soriano). 

 

El pianista onubense se encarga de la suite pianística de El amor brujo, en cuya "Canción del fuego fatuo" aparece brevemente la voz de la Morente (por cierto, añade cuatro versos a lo escuchado habitualmente: "Nace en las noches de agosto, / cuando aprieta la calor. / Va corriendo por los campos / en busca de un corazón"); aquí Morente queda mucho mejor, ya que El amor brujo fue pensado para la cantaora y bailaora Antonia Mercé, "La Argentina". Y recordemos además que su mayor intérprete vocal ha sido la en un principio cantaora Rocío Jurado. El piano de Perianes es realmente arrollador y lleno de sugerencias, como en "El círculo mágico" o la "Pantomina". Sin embargo, tengo una reserva: la famosa "Danza ritual del fuego" resulta para mí un poco en exceso rápida, casi atropellada (3'48" frente a 4'05" de Alicia de Larrocha, Decca 1974). Comprendo que es una pieza que se presta a la exhibición... 

 

Canciones Españolas Antiguas

Las doce Canciones españolas antiguas, armonizadas por García Lorca, quien entabló estrecha amistad con Falla -ambos promovieron el Concurso de cante jondo de Granada en 1922-, son menos inadecuadas para una cantante como la Morente; aun así, no me termina de convencer por cierta falta de variedad en la expresión. Esto se aprecia sobre todo comparándolas con la grabación del propio Lorca al piano (1931), con la bailarina y cantante Encarnación López Júlvez "La Argentinita", bastante más jugosa e intencionada. Ahora bien, el piano de Perianes vuelve a ser incomparable, por su extraordinaria capacidad de matización. Por cierto, el resto de las cantantes que han grabado estas canciones (no siempre las doce), han sido de formación clásica: Victoria de los Ángeles (con Zanetti), Pilar Lorengar (con la guitarra de Siegfried Behrend) o Teresa Berganza (con la de Yepes). 

 

Disco con una esmerada y preciosa presentación, grabado en el Auditorio Manuel de Falla de Granada por el equipo técnico de los Estudios Teldex de Berlín, estos formidables profesionales demuestran, una vez más, que la magia sonora de sus tomas no se debe solo a la acústica de aquellos estudios, ya que cuando graban también en el Teatro Schiller de Berlín, en el Colón de Buenos Aires o en el Auditorio granadino, esa magia se mantiene.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Otto Klemperer: su largo viaje a través del tiempo



Dos documentales en sendos DVDs y un doble CD

El sello Arthaus acaba de publicar una preciosa caja de 2 DVDs con sendos reportajes sobre el enorme director (1885-1973) debidos a Philo Bregstein. El primero, de unos 100', se titula así, "Klemperer's long journey through his times", y el segundo, "Su último concierto" (74') que tuvo lugar en el Royal Festival Hall de Londres el 26 de septiembre de 1971, cuando contaba 86 años. Este segundo disco se completa con entrevistas a Ernst Bloch (el filósofo, no el compositor Ernest Bloch) y a Pierre Boulez (otros 35'). Pero la caja no se limita a estos 209 minutos de imágenes, sino que incluye también un doble CD con el audio íntegro de ese concierto final, en el que Klemperer dirigió (ya sentado, por supuesto, y con temblor en la mano izquierda muy avanzado) la Obertura de El rey Esteban y el Cuarto Concierto de Beethoven, así como la Tercera Sinfonía de Brahms. El pianista fue el hoy casi olvidado Daniel Adni (Haifa, 1951), de quien escuché en su día su grabación para EMI de las 48 Romanzas sin palabras de Mendelssohn, que, según mi remoto recuerdo, estaban bastante bien. El cofre contiene también un libro de 180 páginas con textos (en inglés, francés y alemán) y numerosas fotos, muchas de ellas desconocidas hasta ahora.

Me sorprende de veras que sobre un director antiguo (¡pero de ninguna manera anticuado, todo lo contrario!) se haya preparado un producto tan completo y tan cuidado. ¡Ojalá que alguien se acuerde de que en 1970 la BBC le filmó las 9 Sinfonías de Beethoven, que siguen sin ser publicadas comercialmente! Solo pudieron verse hace más de una década en emisiones televisivas de la cadena Mezzo. Es vergonzoso e incomprensible que un ciclo así, de uno de los dos o tres más grandes directores del siglo XX, siga inédito. Pues las tomas, en color, poseen además una notable calidad de imagen y de sonido. Superior a la de este su último concierto.

Los documentales, que tuvieron versiones anteriores, han sido actualizados en 2016. Son extremadamente interesantes, pues aportan numerosos testimonios de quienes conocieron al director y una cantidad enorme de material gráfico, desde fechas muy lejanas hasta hoy mismo (entrevista a Ashkenazy, por ejemplo, quien tocó el Segundo Concierto de Brahms con el gran maestro: existe una toma pirata): fotos e imágenes en movimiento, la mayoría de las cuales no había visto anteriormente. La mayor parte de las opiniones son autorizadas y muy certeras; se analizan sus características en oposición a Furtwängler y a Bruno Walter, por ejemplo. Me intriga que aparezcan abundantes imágenes de ensayos y conciertos de Klemperer de la primavera de 1971, con estupenda calidad técnica: de una Sinfonía "Resurrección" de Mahler, de una Sinfonía "Oxford" de Haydn o de la Serenata para viento K 375 de Mozart: ¿acaso estas obras estarán filmadas íntegras? La pinta de lo que aparece de estas tres composiciones es para dejarnos con los dientes bien largos...

Y en cuanto al último concierto, en esos dos CDs, con sonido original de Archiphon monoaural y no muy bueno, la Obertura de El rey Esteban es imponente, muy propia del último Klemperer, mientras el Cuarto de Beethoven está a cargo de un pianista que dista de estar a la altura de la noble y analítica batuta: aunque no escasean las frases muy musicales del solista, el genial Andante, entre otros pasajes, está muy por debajo de las expectativas; lástima. Sin embargo, la Tercera de Brahms, con todas las repeticiones, es impresionante, una de las más geniales que recuerdo; en ella, sin levantar demasiado la voz, el anciano maestro consigue una tensión tremenda, entre otras innumerables virtudes, incluyendo una emocionante cantabilidad que no se le asocia habitualmente; me gusta mucho más que su grabación de estudio. (El segundo DVD, por cierto, ofrece en imágenes su primer movimiento completo). El único reproche para los pobres hispanohablantes es que no hay textos ni subtítulos en castellano.

martes, 15 de noviembre de 2016

Los Conciertos de Tchaikovsky y Sibelius por Batiashvili y Barenboim



Deutsche Grammophon acaba de publicar un disco con estos dos Conciertos a cargo de la violinista georgiana Lisa Batiashvili (Tiflis, 1979), uno de los más fulgurantes descubrimientos violinísticos de los últimos tiempos. Antes de recalar en Deutsche Grammophon, había grabado, ya en 2001, un disco en EMI con Bach (Partita 1), Schubert (Rondó) y Brahms (Sonata 1), un par de ellos en Sony (el Concierto de Beethoven con la Deutsche Kammerphilharmonie Bremen ¡sin director! y los Conciertos de Sibelius y Lindberg con Oramo, 2007). También tiene un CD del sello AVI con los Octetos de cuerda de Mendelssohn y Enescu, junto a solistas como Tetzlaff, Faust o Tamestit.

Tchaikovsky

En DG tiene ya con el presente cuatro CDs: los tres anteriores son un variado programa Bach (lo desconozco), un sensacional Primer Concierto de Shostakovich con Pekka-Salonen y un desastroso, inexplicable, Concierto de Brahms con Thielemann. En junio de 2015 una televisión alemana transmitió un Concierto de Tchaikovsky con los mismos intérpretes de este disco, tocado en Berlín al aire libre, que me dejó pasmado: nunca había escuchado una interpretación tan cautivadora. Por lo que se ve, solista, orquesta y director acudieron a continuación a un estudio berlinés que no conocía, el Funkhaus Nalepastrasse, para registrarlo. La grabación, a cargo de los ingenieros de los Estudios Teldex, claro está, suena mucho mejor -¡de escándalo!- y la ejecución es aún más impecable. ¿En qué se basa esa asombrosa superioridad de Batiashvili? Parece destinada a este Concierto, del que ofrece una versión más lírica que nunca, con momentos de una ternura y una intensidad expresiva casi insoportables; menos exclusivamente viril que los mayores intérpretes -Oistrakh/Ormandy, Perlman/Ormandy, Vengerov/Abbado, incluso Zukerman/Mehta- no es por ello menos apasionada, sino justamente lo contrario. Pero lo que más llama la atención es tal vez la enormidad de detalles, a cuál más feliz, que aporta, pues no hay una sola frase por la que pase de largo, en la que se deje llevar por el mero virtuosismo, a la que no añada algún guiño, algún rubato, alguna variación dinámica, unos trinos jamás mecánicos... Lo alucinante es que estas aportaciones son, siempre, de un acierto musical y un buen gusto que deja boquiabierto. El sonido de su violín es luminoso y de una belleza turbadora, con un agudo sobrenatural y un grave lleno y bellísimamente timbrado, como pocos colegas suyos han tenido hasta ahora. Los tempi levemente más lentos de lo habitual (19'39", 7'06", 10'07") contribuyen en parte a la llamativa transparencia orquestal, como jamás antes: se aprecian no pocas texturas que nunca, en decenas de grabaciones, se habían percibido. Ha sido una enorme suerte que el violín y la batuta más inspirados y competentes coincidan en la misma grabación.

Sibelius

¿Tiene el mismo nivel el Sibelius? Tal vez, aunque me atrevería a decir que aquí existen tres grabaciones (o cuatro, si sumamos un DVD) de altísimo nivel, a las que es poco menos que imposible desbancar: Ferras/Karajan, Zukerman/Barenboim (ambas DG) y Vengerov/Barenboim (Teldec en estudio y DVD Arthaus en público). Es curioso que el director argentino, que apenas ha dirigido Sibelius (creo que solo la Quinta Sinfonía, Pelléas et Mélisande, no grabadas, y el Vals triste), haya dado tan en el clavo en ya cuatro ocasiones, y creo que también es ahora cuando ha acertado más claramente, en este Concierto: su lenguaje sonoro está plagado de sugerencias, con esos tintes oscuros y esas atmósferas amenazadoras, incluso terribles y de tremenda dureza que consigue. De la imponente masa orquestal (formidable la Staatskapelle Berlin) emerge un violín de sonido fulgurante, que logra de nuevo un lirismo de intensidad casi agónica y un fuego abrasador. La creatividad y la intuición certeras, la valentía y la seguridad de Batiashvili son de veras insultantes. Y también aquí escuchamos en la orquesta cosas nuevas, en parte -pero no solo- gracias a una toma de sonido rigurosamente incomparable (así como a unos tempi no precisamente atropellados: 17'00", 8'41", 7'34"). Un disco antológico.  

sábado, 12 de noviembre de 2016

Henryk Szeryng: In Concert



Álbum Decca (antes Philips) de 13 CDs

Con este título ha editado Universal Italia, bajo el sello Decca, una caja de 13 CDs con grabaciones para Philips del gran violinista polaco-mexicano (1918-1988), discípulo del mítico Carl Flesch. Álbum que se puede conseguir en internet a un precio muy bajo. Aunque tal vez no es tan conocido como otros colegas suyos, Szeryng fue, sin duda, uno de los más grandes violinistas de su tiempo, y de los más fiables en casi cualquier repertorio, como lo atestiguan las interpretaciones de esta publicación, así como otras realizadas para DG (las Sonatas y Partitas de Bach que muchos siguen considerando las más modélicas e indiscutibles de la discografía) o para RCA (unas magistrales Sonatas de Brahms junto a Rubinstein, por ejemplo). Dotado de un mecanismo portentoso, de una rectitud musical a prueba de bombas y de uno de los sonidos más bellos y ricos de la historia del instrumento, me sorprendió desagradablemente escuchar en una entrevista a Nathan Milstein referirse a él con cierto menosprecio, viniendo a decir que, entre sus grandes contemporáneos, era el violinista menos personal y reconocible. No estoy de acuerdo, y me figuro que se debía, más que a envidia -espero-, a alguna razón de índole personal no muy confesable.  

 

Este álbum, del que han dejado incomprensiblemente fuera sus grabaciones de los Conciertos de Bartók (No. 2, con Haitink y la Concertgebouw, 1970) y de Jean Martinon (Kubelik y la Radio Bávara, DG 1971), dos interpretaciones de bandera, comienza con Bach. Sus Conciertos (Marriner/Academy of St Martin in the Fields, 1976) se hallan entre los más destacados, en particular el de dos violines, con un estupendo Maurice Hasson. Szeryng es de los pocos violinistas estrella que grabaron Las Cuatro Estaciones de Vivaldi (English Chamber Orchestra, sin director, 1969), creo que con fortuna diversa: el nivel medio es muy alto, pero me gustado menos un algo decaído Verano, y mucho el Otoño. Este segundo disco se completa con soberbias versiones de los Conciertos Sexto y Noveno de L'estro armonico (1976, asimismo con la ECO). 

 

Vuelto a escuchar el ciclo de los cinco Conciertos y las tres piezas para violín y orquesta (Adagio K 261 y Rondós K 269 y 373) de Mozart, tengo la impresión de que, en lo que al solista se refiere, no conozco ninguno que me guste más: su sonido, su musicalidad, su lirismo perfectamente en estilo son inmejorables. Por suerte, la ortodoxa batuta de Sir Alexander Gibson al frente de la New Philharmonia (1966-1970) es rigurosamente ejemplar. Incluidos en la Edición Mozart de Philips, deberían encontrarse en un doble CD que pudiera comprarse por separado. 

 

Su Concierto de Beethoven con Bernard Haitink y la Concertgebouw (1974) es admirable. Pero es una lástima que no hayan recurrido al que ocho años antes había grabado con Hans Schmidt-Isserstedt y la Sinfónica de Londres, que me parece sencillamente uno de las tres o cuatro interpretaciones más extraordinarias de la discografía. Como curiosidad: ambos contienen las cadenzas de Joseph Joachim, frente a las habituales de Fritz Kreisler. La versión de 1966 solo se encuentra en CD en el álbum con las 9 Sinfonías y los 5 Conciertos (con Backhaus) de Isserstedt, unas y otros con la Filarmónica de Viena. En las dos Romanzas (1971) que completan el 5º CD Szeryng está espléndido (más aún en la Segunda), pero Haitink recurre a un contingente orquestal demasiado nutrido y robusto. El Concierto Triple beethoveniano (1971) cuenta con dos compañeros de excepción: Claudio Arrau y Janos Starker, así como una impecable dirección de Eliahu Inbal y la New Philharmonia. Se trata de una visión más clásica y contenida que intensa según lo que solemos entender por beethoveniano. Más centrado encuentro el Concierto Doble de Brahms, con Starker, la Concertgebouw y Haitink: una de las versiones de referencia, próxima a la de la misma orquesta y el mismo director, con Perlman y Rostropovich (EMI 1980), tal vez la cimera de la discografía.  

 

De Paganini Szeryng llevó al disco tres Conciertos: en 1976 el Primero y el Cuarto, excelentes realizaciones de virtuosismo fulgurante que sin embargo no se convierte en su principal propósito. Cinco años antes, igualmente con la London Symphony estupendamente dirigida por Gibson, Szeryng había llevado a cabo la primera grabación mundial del recién descubierto Tercero, en Mi mayor: versión excepcional que sigue, creo, inalcanzada. Este último se acompaña de la Sinfonía Española de Lalo, que pese a la algo apagada batuta de Édouard van Remoortel al mando de la Orquesta Nacional de la Ópera de Montecarlo (1970), brilla por un violín exultante e insultante. Me parece que Szeryng es el violinista que mejor ha entendido el esquivo Concierto de Schumann, en su grabación de 1964 con Antal Dorati y la London Symphony. Algo menos logrado está el de Mendelssohn, debido a un Dorati en exceso vehemente. Este 9º CD contiene además seis piezas para violín y piano, con Charles Reiner (1964): Bartók, Debussy, Brahms, Sabre, Novácek y Rimsky-Korsakov. Fenomenales, sobre todo, las dos últimas. 

 

El CD 10 agrupa uno de los más formidables Conciertos de Brahms de la historia del disco y uno ejemplar de Mendelssohn (Haitink/Concertgebouw, 1974). CD, obligatorio, que publicó aisladamente el sello de muy bajo precio Newton. El CD 11 vuelve a presentar, innecesariamente (¿cómo es que lo repiten, en lugar de haber incluido el Bartók?) el Concierto de Brahms, esta vez con una batuta muy poco brahmsiana, Dorati, en el podio de la Sinfónica londinense (1962). Intérpretes todos ellos certeros, sin embargo, en el desigual, endeble Concierto de Khachaturian (1965). De nuevo Remoortel en Montecarlo (1970) rebaja el valor de la versión del Tercer Concierto de Saint-Saëns, esta vez más severamente; mucho menos afectados se ven la Habanera y la Introducción y rondó caprichoso. Sin embargo, Tzigane de Ravel es tal vez lo más decepcionante de todo el álbum. 

 

Un modélico Concierto de Tchaikovsky (1977), con Haitink y su Orquesta de Amsterdam -que sin embargo no alcanza las cuatro versiones de referencia- y un muy hermoso y volcado hacia el lirismo casi romántico Concierto de Alban Berg (1971), en origen de DG, con Kubelik y la Sinfónica de la Radio Bávara, cierran este álbum, que recomendaría aun sin tener en cuenta de que se puede comprar por dos euros y pico cada disco. Las tomas de sonido tienen casi siempre muy buen nivel para su momento.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

La madurez, la lucidez absoluta: "En mi nuevo piano", CD DG de Barenboim



Scarlatti, Beethoven, Chopin, Wagner y Liszt

En mayo de 2015, Daniel Barenboim presentó en el Royal Festival de Londres (tocando la "Appassionata") un nuevo piano que se había mandado construir. Un piano inspirado en uno que había pertenecido a Liszt y que Barenboim pudo tocar, restaurado, en Siena. El constructor belga Chris Maene lo realizó, con el apoyo de la firma Steinway & Sons, tras 18 meses y 4000 horas de trabajo.

En palabras del propio Barenboim, que encargó dos ejemplares y es el primero en poseer este nuevo instrumento -cuyas cuerdas se sitúan paralelas, no cruzadas como es lo habitual- "este produce un sonido mucho más transparente, menor mezcla de timbres, ofreciendo al instrumentista la posibilidad de crear él mismo esa mezcla". "Los tonos que percibí en el piano de Liszt me inspiraron para explorar la posibilidad de combinar sus cualidades con el poder, la imagen y la afinación y otros avances técnicos de los pianos modernos". "¡Estoy completamente enamorado de este nuevo piano!", concluía.

Leí estas declaraciones hace año y medio, pero desde entonces no había podido escuchar este nuevo instrumento (con el que ha tocado la integral de las Sonatas de Schubert en Viena, París y Londres). Por fin, en octubre de 2015 Barenboim visitó los famosos Estudios Teldex de Berlín (donde, como he escrito varias veces, es donde mejor graban del mundo, que yo sepa) y registró un programa demostrativo del piano -¡que me ha parecido ciertamente una maravilla!- y, sobre todo, demostrativo del arte excelso de este músico genial que no deja de asombrarme.

Lo primero que llama la atención del disco (Deutsche Grammophon 4796724, "On my new piano") es que todo su repertorio es novedad entre lo -muchísimo- que Barenboim pianista ha llevado al disco hasta la fecha. Puede parecer sorprendente, pero el artista del piano que es no ha dejado de crecer hasta hoy. Su madurez, su lucidez musical alcanza tal grado de belleza, de introspección, de hondura, de imaginación y de la más excelsa musicalidad que me parece que rara vez habían llegado estas cualidades a tales alturas como ahora. Como se encuentra sorprendentemente bien de dedos, incluso en una pieza tan comprometida mecánicamente como el Vals Mefisto No. 1 de Liszt, hay que desear que grabe para la posteridad -si es posible en este nuevo piano- cuanto le dé tiempo antes de que la inevitable decadencia física le afecte. Pues el día 15 de este mes de noviembre cumple 74 años. ¡Ojalá sea tan longevo en buena forma como Rubinstein o Arrau! (el polaco hizo los mejores Beethoven de su vida -los cinco Conciertos y la Sonata No. 18- con 88 y 89 años, y del chileno acabo de reescuchar con pasmo su celestial interpretación de La plus que lente de Debussy grabada a los 88).

El disco comienza con tres Sonatas de Domenico Scarlatti (K 159, 9 y 380) que bastarían para considerar a quien las recrease con tal sensibilidad, libertad bien entendida y belleza un genio del teclado; tal vez no me crean si les digo que es lo que más me ha fascinado del disco. Espero que lo comprueben. En la siguiente dirección (https://www.youtube.com/watch?v=SZNF7BWMUCg) Barenboim habla brevemente sobre el carácter de estas Sonatas y cómo la K 159 imita de algún modo el sonido de las trompetas. Hay algunos pianistas -Horowitz, Lipatti, Haskil, Michelangeli, Gilels, Tipo, Perahia, Pogorelich, Zacharias y otros- que han hecho un Scarlatti admirable. Pues créanme que ninguno de ellos alcanza tal excelencia.
Las 32 Variaciones en Do menor son una de las pocas importantes obras para piano de Beethoven que no había grabado hasta ahora. Su sabiduría y su sentido dramático beethovenianos están bien presente en ellas. La Balada No. 1 de Chopin puede ser lo más discutible del disco, pues siendo hermosísima, es tan personal que puede parecer no del todo chopiniana (sensación que no tiene por qué ocurrir con sus grabaciones de los Conciertos, las Sonatas, los Preludios y hasta los Nocturnos).

No conocía la Solemne Marcha del Santo Grial, del Parsifal wagneriano en transcripción de Liszt. La impresionante página es evidente que ha sido recreada con una enorme elocuencia e imaginación sonora, y es tal vez la pieza en la que mejor se manifiestan las fascinantes posibilidades del nuevo piano. Los Funerales lisztianos son mucho menos efectistas, tremebundos y altisonantes que las versiones al uso (la mejor de las cuales, en esta línea, es seguramente la de Zimerman), hallándose mucho más cerca de la propuesta de Arrau. Es tremendamente introspectiva y doliente, realmente acongojante y hasta sobrecogedora. Genial. Tampoco aprovecha Barenboim el Vals Mefisto para llevar a cabo una exhibición, como es lo habitual en los pianistas virtuosos, sino que logra descubrir en la pieza valores estrictamente musicales que suelen pasar inadvertidos.

Puede que haya escuchado algún disco de piano tan bien grabado; mejor, desde luego que no. Tres nombres bien conocidos son los responsables de las tomas de sonido: Friedemann Engelbrecht (recording producer), Wolfgang Schiefermair (recording engineer) y Julian Schwenkner (edición). (¡Y como executive producer figura mi amiga y excompañera en el Teatro Real Maider Múgica! Enhorabuena, Maider). El día 27 de este mes tocará Barenboim en el Auditorio Nacional para Ibermúsica las Sonatas D 664 y 959 de Schubert y tres obras presentes en este disco: Balada No. 1, Funerales y Vals Mefisto. ¿Será con este piano?...

P.D.: Lamento que este comentario salga a la luz en el día en que sabe que el próximo presidente de EEUU va a ser Donald Trump. Creo que es el día más aciago de lo que llevamos de siglo XXI. Las consecuencias de esta elección, imprevisibles, es seguro que van a ser nefastas. Y van a afectar no solo a los estadounidenses. Me temo que a usted y a mí también nos van a afectar.
"Ha ocurrido lo impensable. Visto desde el resto del planeta tierra, los estadounidenses han sucumbido al suicidio político colectivo [...] Oyeron a los que les rogaban que no lo hicieran, pero no les hicieron caso. Se dio el salto al vacío. El delirio se ha hecho realidad. Trump en el ala oeste de la Casa Blanca será, en el mejor de los casos, un Cantinflas interpretando el papel de Calígula en una versión moderna del declive y caída del Imperio. En el peor, representa una amenaza para la estabilidad mundial [...] Los analfabetos políticos que han votado a Trump han caído en lo que la historia juzgará como un acto criminal irresponsable hacia su propio país, y aunque pocos de ellos lo entenderán, hacia el mundo entero [...] El electorado estadounidense ha preferido un narcisista ignorante, vulgar, racista y descontrolado como presidente a una mujer seria, inteligente y capaz como Hillary Clinton. Ha puesto a un loco a cargo del manicomio: lo cual daría risa si uno no se parara a pensar que el manicomio en cuestión es la potencia nuclear número uno del mundo" (John Carlin, "El País").

lunes, 7 de noviembre de 2016

El "fenómeno" Patricia Kopatchinskaja



Los Conciertos de Mendelssohn y Tchaikovsky

He aquí lo que escribí en este blog en mayo de 2015 tras escucharle a Patricia Kopatchinskaja el Concierto de Mendelssohn con la Philharmonia y Ashkenazy:

"Nada más comenzar el Concierto en Mi menor del mismo compositor se vio que la violinista Patricia Kopatchinskaja es una elección temeraria para esta bellísima partitura, de un romanticismo contenido en la apariencia pero muy intenso y muy profundo. La joven moldava (no tan joven: nació en 1977) posee un sonido raquítico y ratonero, una técnica terriblemente insuficiente -marrullera como ella sola- y una afinación imprecisa cada dos por tres. Pero todo esto dista de ser lo más grave: la musicalidad brilla cegadoramente por su ausencia. Es arbitraria, caprichosa, cursi y relamida hasta lo pimpante -en multitud de frases recurría a pianísimos literalmente inaudibles- e incapaz de escuchar a la orquesta (no ya de dialogar con ella), que la fue siguiendo como pudo (en el finale, sencillamente no pudo: ella, atolondrada y atropellada, iba siempre por delante).

Ashkenazy empezó muy bien, e incluso su primer tutti fue intenso y cálido, pero, por fuerza, fue desentendiéndose progresivamente de la música de la obra. El Concierto, que si dura menos de unos 28' mal asunto, se lo merendaron en 23'30": ni las grabaciones más arcaicas duran tan poco.
En mi opinión, esta mujer, de gusto musical deplorable, incapaz de cantar como dios manda una sola melodía, solo es posible que tenga un cierto nombre -aunque yo no la había oído nombrar- debido a los estragos ocasionados por la moda de los llamados instrumentos originales, refugio de músicos mediocres (sí, ya sé que los hay los también buenos). Lástima no tener una grabación de lo escuchado ayer, porque me vendría de perlas para mis clases. Pero tal vez me sirva su grabación del Concierto de Beethoven (¡qué valor!) con... Herreweghe: me temo lo peor, pero aun así dudo que pueda llegar al grado de perversidad de lo oído ayer. Que es, sin la menor duda, el peor instrumentista (violín o lo que sea) que haya escuchado nunca en años y años de conciertos de Ibermúsica. Lo que más me deprimió fue que, a las caritas, los movimientos danzantes y los gestitos interesantes que hacía la Kopatchinskaja, el público respondió aplaudiendo con fuerza. ¿De qué les han servido a estos aplaudidores años de asistir a conciertos? Aunque no conociesen la obra, saltaba a la vista el disparate total, pero es que además el Concierto de Mendelssohn es uno de los tres o cuatro más tocados y conocidos del repertorio. Aplausos que le permitieron tocar una propina: una disparatada y supuestamente humorística pieza contemporánea para dos violines (se le unió el concertino de la Philharmonia, que, me apuesto el cuello, le dará sopas con honda a esta señorita o señora)".

Fin de la cita. Acabo de escuchar, algunos meses después de que se publicara, un disco de Sony con el Concierto de Tchaikovsky tocado por ella, junto a la orquesta Musica Eterna dirigida por Teodor Currentzis. Pues bien: todo lo que escribí de la violinista hace año y medio es totalmente válido para este desgraciado Tchaikovsky. Así que no voy a repetir nada. El enormemente talentoso Currentzis, al que le he escuchado unas cuantas maravillas, ya sabía yo -por otras cosas suyas- que tiene mucho peligro. Aquí se halla como desconcertado: empieza con sonidos fijos, si vibración, al modo de los instrumentos originales (que son los que conforman su orquesta: ¡los mismos con los que hace música del XVII y del XVIII!) y pronto se ve que la dirección es insípida y fuera de lugar. Pero no consigue ponerse a la altura de su solista, su locura no llega a tanto. Es más, en algunos pasajes le cuesta seguirla (¡no me extraña!).

¿Por qué me extiendo tanto hablando de este disco y esta señora? Porque, señores, si hurgan en internet, podrán encontrar a críticos musicales que no se pronuncian claramente sobre ella, solo destacan su supuesta originalidad (es el caso de Pablo L. Rodríguez, en El País), o incluso que la ensalzan como una intérprete renovadora, una bocanada de aire fresco. ¡¡En manos de estos críticos se hallan multitud de aficionados incautos!! Ellos están forjando sus opiniones.   

viernes, 4 de noviembre de 2016

Los directores más grabados




Hace un mes, en una nota necrológica sobre Sir Neville Marriner, un crítico afirmaba que, probablemente, el director británico que fundó de la Academy of St Martin in the Fields era el que más discos había grabado después de Herbert von Karajan. Afirmación que, casi con seguridad, estimo errada.

En cualquier caso, y aunque más abajo trataré de indagar en quiénes han sido los que más discos han grabado, antes de nada quiero explicar por qué me parece imposible determinar con absoluta exactitud quiénes han grabado más, si Leonard Bernstein o Eugene Ormandy, si Charles Munch o Fritz Reiner, etc.

Porque se pueden plantear las siguientes dudas:
-¿Tenemos en cuenta todas las grabaciones, o solo las legales, excluyendo las piratadas? ¿Solo las comerciales o también ciertas tomas semiprivadas?
-¿Cómo contamos juntos, mezclados, LPs, CDs o DVDs? En muchos casos, lo que fueron en su día dos LPs (Quinta y Séptima Sinfonías de Beethoven) ha sido después un solo CD. Un DVD puede durar fácilmente lo que un concierto completo: unas dos horas, mientras un CD no suele pasar de 80'. Y un Blu-ray puede albergar cómodamente cinco horas de música (y si las tomas videográfico-musicales son antiguas y de baja calidad, mucho más).  
-¿Y si contamos tiempo de música: horas, minutos y segundos? Bueno, nos acercamos más a lo exacto, pero seguimos sin alcanzarlo. Porque si un director ha grabado las 9 Sinfonías de Beethoven y le duran en total 330 minutos y a otro le duran 390 minutos, ¿ha grabado el primero menos que el segundo? Menos minutos, pero no menos música.
-Pero hay más: ¿es igual de importante llevar al disco la obra orquestal íntegra de Spohr, de Miaskovsky o de Havergal Brian (un montón de horas) que las seis horas de las Sinfonías de Beethoven o las diez horas de las de Bruckner? ¿Tiene cincuenta veces menos importancia o mérito grabar la Obra completa de Webern que todas las Cantatas de Bach, que pueden durar cincuenta o no sé cuántas veces más?

Es decir, que sin necesidad de entrar en la calidad de las interpretaciones, sí es un factor a considerar la importancia musical de lo grabado por cada uno.

En fin, con todo esto quiero decir que las comparaciones solo pueden ser aproximativas, y hasta subjetivas. Ahora bien, todos tenemos claro que Zubin Mehta ha grabado más que Carlos Kleiber. ¿Veintinueve o treinta y ocho veces más? ¡Que alguien que se atreva haga el cálculo exacto!

Mi buen amigo Ignacio Fernández Bargues tiene en su discoteca la obra completa de Karajan, de Sir Georg Solti, de Karl Böhm, de Otto Klemperer y de Carlo Maria Giulini, y, tras hablarle de mi idea de tratar este asunto, me ha proporcionado la suma de los tiempos de todas las grabaciones de los cinco. Le salen 20,2 días (sí, unas 485 horas) de Karajan; Bernstein parece que habrá sobrepasado los 15 días, Solti alcanza los 13, Böhm casi 9, y Klemperer y Giulini pasan de los 5. En todo caso, es seguro que Mehta, George Szell, Lorin Maazel, Colin Davis, Daniel Barenboim, Marriner y tal vez algunos más superan con creces en esto a los tres últimos.

Volviendo a Marriner: grabó, sí, muchísimo, pero no siempre la música más grande. Y, si hablamos de la calidad de sus interpretaciones grabadas, tal vez habría que decir que una buena parte de esas grabaciones son bastante prescindibles (junto a otras, sí, sobresalientes, desde las Serenatas de Mozart a numerosas Sinfonías de Haydn). Pues como el mismo Juan Ignacio afirma, "la mejor manera de comparar cantidad de obra grabada es ésta, pero, vaya, que ya habrían querido muchos grabar menos cantidad y con más calidad..." En cualquier caso, me permito dudar que Marriner esté entre los diez directores con más discos.

El director más grabado puede que sea Karajan, pero si sumamos a los discos de Barenboim director los que tiene como pianista, es seguro que supera a Karajan (por cierto ¿cómo contabilizamos los Conciertos de Mozart y de Beethoven, en los que toca y dirige? ¿Los contamos dos veces? Pues tiene los 5 Conciertos de Beethoven tocando -con Klemperer-, dirigiendo a Rubinstein, así como dos dos veces tocando y dirigiendo a la vez. (Más dudas metodológicas, por tanto...)

Me parece que muchos lectores podrán compartir la idea de que, por el valor de la música (no ya de las interpretaciones), el que más música de gran calidad ha registrado no es otro que Barenboim: más Mozart que nadie, más Beethoven que nadie (¡muy de lejos!), bastante Schubert y Brahms, más Bruckner y más Wagner que nadie hasta ahora. Por cierto, otro músico -más irregular- que ha grabado un montón en su doble faceta como pianista y director es Vladimir Ashkenazy. Mucho más que otros grandes instrumentistas que también son importantes directores: Yehudi Menuhin, Mstislav Rostropovich o Pinchas Zukerman.

Ahora bien, el músico que más música ha llevado al disco ha sido, sin duda, Dietrich Fischer-Dieskau. No solo ha registrado varios miles de lieder, campo en el que desborda de lejos, de lejísimos, a cualquier otro cantante, sino que ha intervenido en cientos de cantatas, misas, oratorios, óperas, etc. (y, por cierto, también unos cuantos discos batuta en mano). Y yo estoy casi seguro de que, sumando piano y dirección, le sigue Barenboim.