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miércoles, 2 de marzo de 2016

Enrique Pérez Adrián y sus versiones de "Noche transfigurada"



 
Conozco a EPA desde hace muchos, muchos años, y ya desde el principio me pareció un tipo muy radical y capaz de dar grandes bandazos. Por ejemplo, por entonces su director favorito era Solti, hasta extremos que me parecían a menudo indefendibles, pero años después pasó a detestarlo a más no poder. Aunque no sigo sus críticas más que de vez en cuando, creo que rara vez lo cita, como si no existiese. En cuanto a Barenboim, yo fui uno de los primeros críticos en España que lo puse por las nubes en su faceta como director (antes también me había entusiasmado como pianista), mientras que él, EPA, ha sido uno de los que más tarde lo ha tenido en consideración como maestro orquestal. Y sigue resistiéndose a aceptarlo como grande empuñando la batuta; de vez en cuando lo pone bien, y enseguida parece arrepentirse de ello, volviendo a las andadas, es decir a fustigarlo con saña. No hace falta recordar que algunas de las primeras grabaciones de Barenboim -aparte del sensacional programa Mozart que yo le escuché en el Teatro Real con la English Chamber Orchestra hacia 1967 o 1968- demuestran un talento musical arrollador: ahí están su Tercera Misa y su primer Te Deum de Bruckner, sus Sinfonías y Conciertos para piano de Mozart (tocando y dirigiendo), su Idilio de Sigfrido de Wagner, su Divertimento y Música para cuerda, percusión y celesta de Bartók... o su Noche transfigurada de Schoenberg: interpretaciones todas ellas de primer orden, que revelan a un Músico, con mayúscula, absolutamente excepcional. No hacía falta ser muy listo para darse cuenta de ello, pero él se obstinó ciegamente en considerarlo un "pianista metido a dirigir", opinión de la que no ha conseguido salir nunca (a muchos, críticos lumbreras incluidos, les ha pasado lo mismo, pero terminaron hace años o décadas admitiendo que era también un gran director). Las orquestas que ha dirigido reiteradamente, por no hablar de las que ha sido titular (París o ¡Chicago!) se dieron cuenta mucho antes que estos lumbreras.  

Pues bien, un amigo me acaba de enviar la discografía comparada que ha publicado EPA en el "Scherzo" de febrero de 2016 sobre la Noche transfigurada de Schoenberg, para que me escandalizase, como lo merece. EPA pone por las nubes grabaciones antiguas -algo de lo que gusta especialmente, sean buenas o malas, y si son rarísimas y solo las conoce él, tanto mejor-, entre ellas una de Klemperer de 1955 ¡a la que le falta un trozo de música!, una rara de Mitropoulos de 1958, también en público, más otras no menos raras de Stokowski (1960) y de Horenstein (1964), esta pirata y totalmente inencontrable. Todas ellas son, según él, magníficas. Llegamos por fin a una de sonido que pueda disfrutarse y apreciarse de veras: la primera de Boulez (1973) y a continuación la de Karajan (1982): estas le parecen también admirables. Hasta llegar a la última, que según él vale bien poco. ¿Quién la dirigirá? ¡En efecto, han acertado: la de Barenboim, con la Sinfónica de Chicago, Teldec 1993! Es, mira por dónde, la única decepcionante de las siete. Dice que es una "convencional traducción", con "evidente desgana expresiva, acentuada por la lentitud de tempi impuesta por la batuta, y da la impresión de que la obra está leída sin mucho entusiasmo", "que pasa con absoluta indiferencia por encima de Dehmel, Schoenberg y cualquier transfiguración". "Sin duda, [solo] para incondicionales de Barenboim": esto último, y pese a que le leo poco, se lo he leído a EPA una siete mil ochocientas veces. ¡Ya vale, hombre!...

Quienes conozcan esta versión de Barenboim se darán cuenta de que lo que afirma EPA es totalmente falso, pues se trata simple y llanamente de la interpretación discográfica no ya mejor tocada y mejor grabada (que también) de la docena que conozco, sino que la dirección de Barenboim no tiene ninguno de los defectos que le atribuye EPA, sino más bien lo contrario. Es, con casi toda seguridad, la mejor interpretación de la historia del disco, algo que melómanos amigos míos no precisamente muy entusiastas de Barenboim admiten y reconocen. 

Hace años, en una encuesta de "Ritmo" que preguntaba a varios críticos por su disco favorito, yo escogí, entre los casi cuarenta mil que tengo, justamente este, por sus formidables interpretaciones, por el interés del programa que contiene, por la extraordinaria calidad de la toma sonora y hasta por la preciosa y esmeradísima presentación del CD. Invito a que quienes no lo conozcan escuchen este disco y decidan quién tiene razón, si EPA o yo.  

Y finalmente, otra muestra de la ecuanimidad de EPA: afirma, como he dicho, que los tempi de Barenboim son lentos en esta Noche transfigurada. Pero miren cuáles son las duraciones que da EPA de las versiones que comenta: Klemperer, 28' (y le falta un cacho); Mitropoulos, 31'; Stokowski, 28'; Horenstein, 30'; Boulez, 29'; Karajan, 29'; Barenboim, 29' (¿¡es más lenta que la media!? ¡No, al contrario!) Bien: les voy a dar la duración exacta de las grabaciones de estudio que conozco: Barenboim/English Chamber (EMI 1968): 31'17"; Atherton/London Sinfonietta (Decca 73): 29'29"; Boulez/Filarmónica de Nueva York (Sony 74): 28'35"; Karajan/Filarmónica de Berlín (DG 74): 29'46"; Boulez/Ensemble InterContemporain (Sony 1984): 29'16"; Chailly/Sinfónica Alemana de Berlín (Decca 87): 30'02"; Orpheus Chamber (DG 90): 28'37"; Holliger/Cámara de Lausana (Teldec 90): 32'30"; Sinopoli/Philharmonia (DG 95): 32'55"; Barenboim/Sinfónica de Chicago (Teldec 95): 29'21". Es decir, más rápida que la media, le guste o no a EPA. ¡Vaya rigor!  

P.D.: A ver si EPA se entera de que es blu-ray, y no blue-ray, como escribe reiteradamente, sin ir más lejos en su crítica al último álbum Schubert de Harnoncourt, en el mismo número de "Scherzo".

10 comentarios:

  1. Mire, Carrascosa, lo que escribe este mes en esa misma revista Santiago Martín Bermúdez sobre La novia del zar: "La dirección de Barenboim no sólo es irreprochable, es de detalle al límite. Sorprende una vez más la versatilidad y capacidad de este director de foso o de podio y músico integral. Pero llevamos décadas asombrándonos con él". No todos los críticos de Scherzo son iguales. F.F.F.

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    1. Por supuesto, F.F.F., nunca he escrito ni pensado que todos los críticos de Scherzo fuesen iguales, o, en este caso, "antibarenboimianos".

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  2. "Por ejemplo, por entonces su director favorito era Solti, hasta extremos que me parecían a menudo indefendibles"
    Señor Carrascosa: aplíquese le cuento!

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    1. ¿Qué me quiere decir, que a mí me pasa lo mismo con otro director? Siento decirle que está equivocado, hay cosas suyas que no me gustan. No era aquél el caso, se lo puedo asegurar.

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  3. Vamos a ver, si Pérez Adrián escoge siete versiones muy buenas, ¿por qué añade una octava que le parece mala? A eso le llamo yo vérsele el plumero: es sólo por el placer de ponerla a caer de un burro. XXL

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  4. Yo tuve la suerte de escucharle a Barenboim y la Sinfónica de Chicago una enorme versión de Noche transfigurada en el Festival de Lucerna de 2003. Transcribo lo que dije en RITMO en su día: "No menos admirables fueron las interpretaciones de las dificilísimas Variaciones y de Noche transfigurada, verdadera exhibición de la sección de cuerda de Chicago, que más bien parecía un gigantesco cuarteto de cuerda, y en la que Barenboim no ocultó las indudables influencias
    wagnerianas." J.S.R.

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  5. Me parece ruin dedicarse a criticar a otros colegas desde su blog, señor Carrascosa. Eso dice mucho acerca de su personalidad. Dedíquese a dar su opinión, pues entiendo que es para eso para lo que se tomó la molestia de iniciar este blog, y no critique la opinión de otros. Eso sería mucho más honesto. Si, además, lo hiciera con mucho mejor estilo (ni en cien años escribiendo crítica musical va a aprender usted a escribir), mucho mejor.

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    1. No creo ser ruin, pero en fin no soy yo quien tiene que opinar de mí mismo. Pregunte usted a quienes me conocen bien. Simplemente creo que críticos con mucha audiencia deben ser más razonables, menos tendenciosos, y es bueno que otros críticos destapen estas contradicciones o falta de argumentos, porque encuentro a muchos aficionados que se creen a pie juntillas lo que leen y lo repiten como papagayos. Yo estoy encantado con que me critiquen a mí, siempre que sea con razones. Yo también he cambiado algunas opiniones con el tiempo, pero no pasando de blanco a negro, sino matizando la gama de grises. Ah, y no pretendo ser buen escritor, sino solo orientar dando mi opinión a quienes se fíen de mí.

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  6. Dejé de seguir Scherzo por lo mismo que dejé de seguir Ritmo. La falta de rigor, coherencia y la subsiguiente pérdida de confianza en comentaristas/críticos de cabecera.

    Tengo las versiones de Karajan y Stokowski, y picado por la curiosidad me he hecho con la de Barenboim, que, en efecto, es espléndida. He escuchado otras, claro, y esta está entre lo mejor de lo mejor. Una maravilla. En comparación a Karajan, tan perfecta al menos, pero más cálida, sensual y emocional.

    Como se ha apuntado aquí, ¿qué sentido tiene añadir una versión para ponerla a caldo?

    Y por si fuera poco esa crítica negativa no está razonada (Ángel Carrascosa ha apuntado a al menos una contradicción objetiva: demasiado lenta, cuando en realidad no lo es).

    Pero además, cuando se recomiendan versiones hay que hacerlo con un orden. Para alguien que quiere tener una versión de la obra, y repetir la escucha con ella, o acercarse a ella por primera vez, una versión referencial, si la hay, con buen sonido y fácil de conseguir. Quizás haya dos o tres entre las que elegir, igualmente buenas, y el crítico puede señalar su favorita. Después, separadamente, otras versiones para iniciados, para quienes buscan cosas diferentes, o interesantes por algún motivo, a pesar de ser difíciles de encontrar, o a pesar del sonido, o a pesar de alguna irregularidad o algún "pero".

    La falta de orden en las recomendaciones, la falta de rigor y las incoherencias lo dicen todo del crítico. Y no es la primera de E.P.A. Son muchas ya, durante muchos años. Uno aprende a no fiarse.

    Digo todo esto referido a un apartado detallado de "versiones comparadas". Obviamente, si un crítico está comentando de el disco A, es lógico que mencione de pasada las dos o tres versiones que considera referencias, o comparar con ellas. Lo que no puede ser es "gastar" espacio en el análisis discográfico sistemático (no necesariamente exhaustivo) de una obra y hacerlo de forma desordenada, incoherente y contradictoria, cuando no totalmente arbitraria y contrafactual.

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