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jueves, 22 de mayo de 2014

“Capriccio” de Richard Strauss: la nueva grabación con Fleming y Eschenbach

 

       

De las cuatro destacadas versiones existentes en DVD de la última ópera de Richard Strauss, ésta que ahora ve la luz en el sello C Major es tal vez, en conjunto, la más recomendable. Ninguna de ellas logra reunir los estratosféricos, inexplicables repartos de las dos legendarias grabaciones de audio. Recordémoslas en el siguiente orden de sus principales papeles: la Condesa, el Conde, Flamand, Olivier, La Roche y Clairon: Schwarzkopf, Wächter, Gedda, Fischer-Dieskau, Hotter, Ludwig / Philharmonia / Sawallisch (EMI 1959); Janowitz, Fischer-Dieskau, Schreier, Prey, Ridderbusch, Troyanos / Sinfónica de la Radio Bávara / Böhm (D.G. 1972).

Las versiones en DVD no son tan impactantes, aun dentro, las cuatro, de buen nivel: Te Kanawa, Hagegard, Kuebler, Keenlyside, Victor Braun, Troyanos / Ópera de San Francisco / Runnicles / Lawless (Arthaus 1993); Fleming, Dietrich Henschel, Trost, Finley, Hawlata, Von Otter / Ópera de París / Schirmer / Carsen (TDK/Arthaus 2004) y Fleming, Marten Frank Larsen, Joseph Kaiser, Russell Braun, Peter Rose, Connolly / Metropolitan de Nueva York / A. Davis / Cox (Decca 2011). Todas ellas (¡milagro!) poseen subtítulos en español.

En cuanto a la más reciente, su triunfo se debe a dos factores principales: el primero la dirección de Christoph Eschenbach. Aunque en su etapa como director de la Sinfónica de Houston dirigió allí varias, ésta creo que es su primera grabación de ópera. De un estilo straussiano genuino, inconfundible, Eschenbach obtiene de la Filarmónica de Viena una belleza y propiedad de sonido incomparables (¡cómo son la Introducción y la “Música del claro de luna”! ¿Se han escuchado alguna vez tan maravillosamente bien expuestas? Lo dudo). Esta profunda sintonía con el autor de El caballero de la rosa no me sorprende tras su maravilloso e increíble disco con las Cuatro Últimas Canciones con la Fleming (que me parecen las más bellas desde las justamente míticas de Schwarzkopf y Szell). Con unos tempi lentos, Eschenbach mima, paladea las hermosas y exquisitas melodías del anciano y genial compositor, sin desembocar jamás en el amaneramiento. Pero ello no le lleva a descuidar la teatralidad y la tensión del discurso (en los momentos en que la hay en esta ópera de acción tan estática).

El otro factor no es otro que la gran clase de todos y cada uno de los cantantes principales, incluso cuando –como es el caso de la protagonista– ya no están en su mejor momento de voz. Porque la morbidez, el esmalte y la belleza sensual del timbre, genuinamente straussiano, de Renée Fleming han perdido no poco, sobre todo desde su filmación anterior: o sea, en sólo dos años. La soprano norteamericana, que copa tres de las filmaciones de Capriccio, más o menos capea el temporal a lo largo de la obra, pero en la dilatada y maravillosa escena final (“Kein andres, das mir so im Herzen loht”) no puede ocultar, sobre todo comparada a sí misma, ese declive, que afecta incluso esporádicamente a la afinación. Tal vez este estado ya no óptimo le lleva a exagerar un poco su actuación –escénica y vocal–, a diferencia de los restantes intérpretes, que se muestran en general más contenidos.

El destacado barítono danés Bo Skovhus, de 51 años en el momento de la grabación, también acusa ya un cierto desgaste, que se aprecia sobre todo en la aparición de trémolo; su intervención, en todo caso, es de alto rango. Tampoco el tenor Michael Schade está ya en su mejor momento, pero sobresale por su excelente línea e impecable gusto. Ninguno de esos inconvenientes aparecen en Markus Eiche, barítono alemán de 44 años en un momento vocal óptimo y que, sin ser Dieskau, redondea una espléndida encarnación del poeta Olivier. Lo que más me ha llamado la atención es la intervención del bajo austríaco Kurt Rydl: a sus 66 años lo he encontrado, pese a su inocultable trémolo, mejor que nunca. El centro de la tesitura es noble y la interpretación que realiza de La Roche, inteligente, inatacable. Bien, aunque algo más sobria de lo deseable la mezzo Angelika Kirchschlager, de la que destacaría su admirable declamación en las partes habladas.

En cuanto a la escena del siempre cabal Marco Arturo Marelli, resulta más sólida que imaginativa, no faltándole toques de humor (que vienen bien en medio de un texto tan serio y profundo, casi pretencioso). Los decorados son bonitos, pero el ambiente resulta un tanto frío. Lo menos acertado me ha parecido el vestuario. La toma de sonido es buena.

Eschenbach, ese director poco conocido

El que fuera en los años 60 y 70 del siglo pasado un destacado pianista (confieso que, aparte los Lieder de Schumann que grabó con Fischer-Dieskau, no recuerdo muchas interpretaciones suyas que me entusiasmasen) se ha convertido en los últimos años en un director que se puede contar, sin duda, entre los más grandes músicos actuales. Pese a haber sido recientemente director titular de dos orquestas tan renombradas como la de Filadelfia y la de París, Eschenbach sigue sin ser uno de los directores más conocidos. Pero varias de sus interpretaciones (grabadas o no) de los últimos tiempos han logrado un nivel artístico altísimo: baste recordar su DVD Bel Air con Harold en Italia de Berlioz (Tabea Zimmermann), el CD Capriccio con la Sinfonía Lírica de Zemlinsky (Schäfer, Goerne) y, también con la Orquesta de París, las Sinfonías de Mahler (que pudieron verse y escucharse en una página de la propia orquesta): un ciclo de altura sostenidamente excepcional, ¡acaso superior al de Bernstein! y con una Novena que es quizá la más emocionante que haya escuchado jamás.

También una Octava Sinfonía de Bruckner con la Filarmónica de Viena en los Proms me pareció sensacional. Con la Orquesta de Filadelfia, destacaría sus grabaciones de la Sexta de Mahler y la Sinfonía “Patética” de Tchaikovsky (Ondine), su programa Hindemith (Concierto para violín, con Midori, Metamorfosis sinfónica y Música de concierto op. 50, Ondine) y, con la Orquesta del Festival de Schleswig-Holstein, su hace poco publicado CD Sony con los Conciertos para violín 3 y 5 de Mozart (Ray Chen). Todavía sigue grabando, con cuentagotas, algunas piezas al piano: entre otros autores, Mozart y Tchaikovsky, para completar discos orquestales.









2 comentarios:

  1. Estimado señor Carrascosa.

    El hecho de que la soprano estadounidense empiece a tener graves problemas con la voz como usted apunta -y no sólo ella, sino el resto del reparto-, hace que me eche para atrás a la hora de adquirir esta versión. Lástima, porque la dirección de Eschenbach debe ser, en efecto, magnífica.
    Por ello, me gustaría, si es tan amable, conocer sus opiniones sobre las versiones "Fleming/Schirmer" y "Fleming/Davis": de las dos, ¿cuál elegiría? Es por tener referencias. Sé que sería entrar en la subjetividad de los gustos individuales pero, aunque estoy familiarizado con las óperas de Strauss, "Capriccio" es la única que desconozco en lo que a interpretaciones se refiere.

    Agradeciendo de antemano su amabilidad, reciba un cordial saludo.
    Alberto.

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    1. Mire, yo creo que es preferible la versión con Schirmer, no tanto por los cantantes -el nivel de conjunto es similar, me parece- ni por el director musical, que me gusta sólo un poco más que Andrew Davis, sino sobre todo por la interesantísima escena de Robert Carsen. También la calidad de imagen y sonido es algo superior.

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