sábado, 3 de enero de 2026

Yannick Nézet-Séguin en el Concierto de Año Nuevo 2026: “¿Revolución?”

 

Resultados no tan diferentes de los esperados

Hay quienes han hablado de que el director canadiense ha supuesto una “revolución” en la “casposa” tradición de estos famosísimos conciertos vieneses. No lo veo así: Yannick podría haber sido una sorpresa porque se le desconocía en este repertorio, pero, tras escucharlo, lo cierto es que podía esperarse algo parecido a lo que ha resultado ser.

Por ejemplo: sonoridad orquestal algo liviana, menos densa que Karajan, Barenboim o Muti, y más transparente y de algún modo camerística, como lo fue sobre todo la de Carlos Kleiber.

Y también simpatía, sentido del humor, desenfado, efervescencia, agilidad, chispa, hasta cierto nerviosismo, etc. Estas cualidades, muy bien trabajadas (además dirigió todo el programa de memoria) fueron muy adecuadas para las piezas, generalmente breves, de mayor desenvoltura y ligereza (en varios sentidos), que resultaron muy satisfactorias. Fue, me parece, muy buena idea, la de dirigir la Marcha Radetzky desde el público, y también el valiente hecho de que Yannick besase a la vista de todos a su esposo. Pero llamarle “revolución” a estos gestos me parece excesivo.

Ahora bien, en piezas de mayor envergadura los resultados no fueron tan convincentes, salvo, por ejemplo, en la Fledermaus-Quadrille (sin llegar al nivel de Maazel 1999) y sobre todo, en la obertura de La bella Galatea de Suppé, quizá la cima del concierto. Pero no me convencieron demasiado Rosas del sur (cumbres: Böhm DG 1973, Maazel año nuevo 1981) ni la Marcha egipcia (Barenboim/Chicago Erato 1973 y año nuevo 2014), Palmas para la paz (Barenboim 2014), y no digamos El Danubio azul (Böhm 73, Karajan 87, Mehta 2007, Nelsons 2020, Muti 2018 y 2025…), quizá lo menos logrado del concierto. Suprimir la repetición de ciertas frases creo que no fue buena idea.

En cuanto a las dos tan cacareadas páginas compuestas por mujeres, me gustó (a primera audición) el Vals del arco iris de Florence Price, y mucho menos la insulsa Canciones de sirenas de Josephine Weinlich.

Caso aparte es el de la retransmisión para España realizada por Martín Llade: su incontrolada verborrea, a toda pastilla, le llevó en varias ocasiones a casi “pisar” la música con sus explicaciones (y a que se perpetrase escandalosamente una vez con la Marcha egipcia bastante empezada: inadmisible falta de profesionalidad). Aunque no venga a cuento en absoluto, no pudo reprimir su conocido grito "¡viva Mozart!"; a ver cuándo deban vivir Bach o Beethoven... El ser o creerse muy gracioso resulta cargante: ¡qué buen aspecto el del maestro por su vestimenta; si hubiese calzado zapatillas de deporte sería mi héroe de 2026!, dijo, más o menos, cuando lo vio aparecer: ¡menuda sandez! O su empeño en pedir por enésima vez que este concierto lo dirija una mujer. Creo que RTVE debería relevar a este comentarista de esa labor y destinarlo, por ejemplo, a la retransmisión desde la Puerta del Sol de las doce campanadas… 

Cuando pueda volver a ver y escuchar el concierto (espero al blu-ray) podré hacer alguna puntualización adicional. Y, por cierto, total incertidumbre sobre el de 2027: Tugan Sokhiev. 


34 comentarios:

  1. Dicen que no siempre lo pasado fue mejor, pero en esta ocasión cada día echo de menos a Pérez de Arteaga. Comparto sus apreciaciones tanto musicales como radiofónicas. No acabo de entender la necesidad constante de ponerse en primer lugar desde el micrófono relegando a la música y sus explicaciones la segundo. Ser más o menos gracioso, que puede resultar ser una opinión personal, y por tanto una cuestión discutible. Lo que no es opinable es como bien explica las veces que se inmiscuyó en la propia música entorpeciendo su escucha.

    En cuanto a Florence Price, escucharé la grabación que tiene le director con dos de sus sinfonías. Tiene al menos pinta de interesante la cosa.

    Feliz Año D. Ángel. Le deseo un 2026 cargado de música.

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  2. Hola. Coincido con sus comentarios, aunque también quiero volverlo a escuchar con calma. Hubo un comentario de Martín Llade, que me molestó especalmente, cuando hizo apología de la censura en las redes sociales, disfrazada de "moderación" de las mismas. No creo que lo quiten, aunque a lo mejor lo "promocionan" a dar las campanadas. Buena vista. Un saludo y felíz año.

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    1. Era ironía, caballero. Facebook me quitó mi cuenta por las esvásticas de mi novela sobre los orígenes del concierto y Clemens Krauss.

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    2. Pues si era ironía mis disculpas, señor. La ironía no siempre funciona en la radio ni en la tele. Lamento no haberlo entendido así y reiteró mis disculpas. ¡Viva la libertad de expresión!

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  3. Por cierto, aunque no sea en momento y el lugar, acabo de descubrir una grabación que desconocia de Haitink con Berlin y Silvia Macnair en Decca. Realmente me ha impresionado, sobre todo el poco Adagio. ¿Tenía usted referencia de ella? Gracias...

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    1. Perdón! La 4 de Mahler. Se me pasó decirlo.

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    2. Conozco tres Cuartas de Mahler por Haitink: con Elly Ameling, Roberta Alexander y Christine Schäfer, pero no con Sylvia McNair. En todo caso, no me extraña: Haitink ha sido uno de los mayores mahlerianos de su tiempo.

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    3. Sí, grabada para Philips en 1992 con la Filarmónica de Berlín. Excelente. Saludos. Juan.

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  4. Yo tengo un problema con YNS, lo reconozco, y es que me gusta un cero. Es superficial en extremo y su "fama" no se corresponde con su nivel como profesional. No he visto el concierto porque desde hace años no aguanto a los cursis que lo retransmiten, prefiero esperar a tener el vídeo sin interrupciones. Curiosamente, el mismo día 1, me pasaron un enlace para firmar pidiendo que ese concierto lo dirija una mujer. Al remitente le pregunté qué directora consideraba que debería estar al frente y no supo contestarme. Supongo que la cosa andaría entre Simone Young y Marin Alsop, imagino que la primera tendría más papeletas, pero no hay mucho donde elegir. Si echamos la vista atrás y vemos la cantidad de directores ilustres que nunca dirigieron ese "evento", lo de "obligar" que dirija una mujer por la mera inclusión pues me parece que no. Es lo mismo que la obligación de incluir obras de mujeres compositoras en los programas, tan de moda hoy en día. Y mi argumento no va contra la inclusión, ni mucho menos, pero siempre he defendido que los criterios de paridad me parecen un absurdo. Por ejemplo, si hay posibilidad de tener un gobierno excepcional integrado todo por mujeres ¡adelante!, si es 100% masculino ¡adelante! pero que se tenga que cumplir un ratio por eso de la inclusión, ¡pues no!. Me he salido un poco del tema musical, perdón. En fin, que no me gusta YNS. Saludos. Juan.

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  5. Yo reconozco que, cuando se conoció el nombramiento de Yannick para dirigir el Concierto de Año Nuevo, me mostré escéptico, pero igualmente recuerdo que comenté que, al eu interpretación de Sangre vienesa, cambié de opinión y pensé que podía hacer un Concierto de Año Nuevo de calidad, como de hecho ha ocurrido. Es verdad que tiene margen de mejora en obras como Rosas del Sur y que incluso en algunos de sus mejores momentos (obertura de La bella Galatea) no termina de soltarse tanto como otros directores, Willy Boskovsky a la cabeza. Pero creo que Yannick tiene de partida más afinidad natural con la música de los Strauss que unos cuantos de sus colegas.
    En efecto, es muy recomendable escuchar las sinfonías de Florence Price. Son obras que merecen la difusión reciente que se les está dando y las versiones de Yannick son realmente buenas.
    En cuanto a Tugan Sokhiev, ya existe el precedente del Concierto de Verano que dirigió a la propia Filarmónica de Viena, donde también dirigió Sangre vienesa. Y lo siento, pero en este caso el precedente no me parece positivo: Sokhiev se mostró a mi parecer desubicado en el estilo, envarado con el rubato, demasiado serio en conjunto… Vamos, justo lo contrario que Yannick, pues Sokhiev también intenta escapar como de la peste de la vertiente más decadente del repertorio. En fin, veremos…


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  6. A mi me parece muy bien que Yannick Nézet-Séguin sea homosexual, pero lo que ha hecho en el Concierto de Año Nuevo ha sido de mal gusto. Es un Concierto tradicional y hay unas formas. ¿Qué diríamos si un director heterosexual metiera a su mujer en la orquesta, o la besara como parte del espectáculo? ¿Qué tal si aparece vestido inadecuadamente o con el pelo teñido de verde? Una cosa son las preferencias sexuales y otra montar el numerito woke LGTB+, con colgantes, pintura de uñas y besuqueos. Sinceramente, me parece una falta de respeto. Insisto: me da exactamente igual si el número lo monta un homosexual o un heterosexual, un hombre o una mujer. En cualquiera de los casos: maleducados.

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  7. He grabado el concierto para verlo con tranquilidad. Ya veo que hay mucho señoro por aquí, en fin.

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  8. Coincido con Ángel en su apreciación de la parte musical. Me gustó la transparencia de la textura orquestal y el juego tímbrico, aspectos que dada la calidad de los instrumentistas de esta orquesta me dejaron fascinado. Otra cosa es la musicalidad en general, que estuvo bien, pero sin llegar a la excelencia. El Danubio Azul careció de interés alguno, por lo que hubiese sido mejor que, después de la interrupción de su inicio por parte del público y una vez felicitado el Año Nuevo, lo hubiese dejado correr y pasado directamente al sarao final.
    Los comentarios del Sr. Llade me los ahorré a base de silenciar el sonido mientras verborreaba, pero en una pieza, creo que era la Marcha Egipcia, me encontré con su vozarrón sonando a la vez que la orquesta, lo cual, además de una falta de profesionalidad, como censura Ángel, indica un exceso de morro.
    Por lo demás, ya tardan en poner el Concierto de Año Nuevo en manos de Jordi Savall, para que nos lo sirva en el “sonido original”.

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  9. Hay un aspecto que quisiera remarcar, porque no tiene la consideración que se merece. Parece ser que el feminismo trascendental en que estamos sumergidos conlleva, además de exigir que el concierto lo dirija una mujer, que se programen obras compuestas por mujeres. Muy bien, o muy mal. Depende de las obras que se ejecuten. Este año se ha duplicado la oferta y nos han servido dos, pero se tiene muy poco en cuenta que ambas obras, a igual que la del año pasado, fueron instrumentadas para piano por sus autoras, y que la versión orquestal que se escuchó es fruto del excelente trabajo de Wolfgang Dörner, una labor que se disimula y hasta se esconde cuando se exhibe como un gran logro que se hayan programado obras compuestas por mujeres. A ver que hubiese ocurrido si estos valses “femeninos” se hubiesen interpretado con un piano, que es tal como los concibieron y plasmaron sus autoras.
    El crítico de La Vanguardia, por ejemplo, en su reseña no citó para nada a Wolgang Dörner y calificó el Vals del Arco Iris, de Florence Price, como “de atractivo color”, como si dicho color fuese una creación de la mujer Price, cuando lo es del hombre Dörner. Es decir: ambos valses no son obra a parte entera de las compositoras a quienes se atribuyen. La orquestación, fundamental en un concierto como éste, se debe a otra persona, en este caso un hombre. ¿Será por eso que lo ningunean?

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  10. Vamos a dejar las cosas claras. Creo que buena parte de los que hablan sobre las obras de Price y Weinlich no han tenido en cuenta el detalle “menor” de que en el Concierto de Año Nuevo se han presentado en versiones orquestales de Wolfgang Dörner, pero ese asunto no es nuevo. Ya ocurrió cuando se presentó la cuadrilla de Anton Bruckner en el concierto de 2024; pocos comentaristas hicieron referencia entonces a que se trataba de una orquestación que no era de Bruckner.
    Respecto a quién podría ser la primera directora de un Concierto de Año Nuevo, creo que no serían ni Simone Young ni Marin Alsop. De ellas dos, sólo la primera tendría opciones reales, (la otra no tiene apenas historial con la Filarmónica de Viena, ni siquiera en la Staatsoper). Es más probable que fuese, en tal caso, Mirga o Johanna Malwitz. Esta última tiene un Rosenkavalier reciente que ha sido muy valorado; puede ser un signo interesante de cara a un Concierto de Año Nuevo…
    Respecto a lo de Martín Llade, es lo que hay. A algunos les gustará su estilo y a otros no. A mí no me molesta necesariamente mientras no hable por encima de la música, pero yo escuché el concierto en la retransmisión de la BBC, así que sobre los detalles concretos no puedo comentar. Y por cierto, el comentarista de la BBC sí mencionó las orquestaciones de Dörner. Lástima que ahora no se pueda a acceder a esa retransmisión bajo demanda desde fuera del Reino Unido. Al menos hubo oportunidad de oírlo…


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    1. Las cosas claras, por supuesto. Intentaré clarificar. La orquestación de unas obras originales para piano no es un detalle “menor”. Orquestar no es moco de pavo. Basta apreciar el trabajo de Dvorak en la orquestación de sus propias Danzas Eslavas para piano a 4 manos. Reitero: imaginemos lo que hubiese ocurrido si las obras de Weinlich y Price se hubiesen interpretado en el Concierto de Año Nuevo simplemente con un piano…
      Respecto al caso Bruckner, no es comparable la celebración del bicentenario de su nacimiento con los ditirambos impregnados de tópicos feministas que se han proclamado por doquier celebrando que en este concierto de tradición “machista” se programen obras de compositoras. Para que quede bien clara la diferencia de trato, en uno y otro caso, transcribo lo que ha escrito este año el crítico de La Vanguardia (Jorge de Persia) que he citado en mi anterior comentario, y lo que escribió en 2024:

      2026: “Por ello era importante en este programa la presencia de dos compositoras: Josephine Weinlich (1848-1887) de quien escuchamos la sutil y encantadora Canción de Sirenas, y de Florence Price (1887-1953) con su Vals del Arco Iris, de atractivo color y acento americano.”
      (Ninguna referencia a W. Dörner)
      2024: “Y dada la conmemoración estimulada por el director de su admirado Bruckner (…), Thielemann interpretó una versión orquestada por W. Dörner de una cuadrilla para piano a cuatro manos original del gran compositor nacido en Ansfelden hace ahora dos siglos.”

      Y por aportar otra muestra: diario La Razón, críticas a cargo de Mario Muñoz:

      2026: “Si el año pasado se incorporaba en el programa por primera vez la pieza de una compositora, Constanze Geiger, en esta edición se ha doblado la apuesta, incluyendo la polka-mazurka "Canciones de sirenas, op. 13" de Josephine Weinlich y la más interesante obra de Florence Price, el "Vals del arco iris". (Ninguna referencia a W. Dörner)
      2024: “el homenaje a Anton Bruckner en el segundo centenario de su nacimiento (…) Con una construcción armónica totalmente alejada de lo visto hasta ese momento, «Cuadrilla, WAB 121» (con orquestación de Dörner) supuso una reivindicación de las habilidades de Thielemann en una de sus especialidades”

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  11. Del concierto me gustó más la primera parte que la segunda. Bien la Bella Galatea, pero escuchen a Maazel en 2005. Mejorables Rosas del Sur y Danubio Azul, verdaderas obras maestras del género.
    El director se mostró como un gran profesional, dirigiendo de memoria y con exhaustivo control, un montón de música nueva para él, mucha de ella totalmente intrascendente.
    Sobre indumentaria, complementos, laca de uñas, tintes capilares, actitudes de animador de hotel de playa, sobre meter a tu marido a tocar de tutti, darle un besito en la nuca de la que paso, prefiero no pronunciarme.
    Pero no puedo dejar de decir que la retransmisión de TVE se hace cada año más insufrible. El locutor parece venir directamente del cotillón, y de forma atropellada se esfuerza en colocar al menos dos majaderías y sandeces por minuto. No es novedad que se extienda en explicaciones sobre la obra que no va a sonar a continuación, pero este año se superó olvidando anunciar la marcha egipcia, y decidió suplir la omisión cuando ya sonaba la música.
    Me resulta incomprensible que se le confíe tal responsabilidad por noveno año consecutivo.

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  12. A mí me resulta incomprensible recibir miles de felicitaciones en las redes (pueden verlas en X e instagram), apenas unas decenas de críticas severas en ellas y repudio general en este blog. La autocrítica, por supuesto, es necesaria (y la hice con la marcha egipcia), pero entre un 90% de aprobación y 10 % de rechazo, creo que mi actuación gusta más que disgusta. Y esto no es soberbia, sino estadística. Feliz año a todos.

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    1. Pues adelante, puedes seguir así. Escúchate en la grabación de la retransmisión y tú mismo decides si mereces ese aprobado casi general.
      Por cierto, el 90 o el 95% del personal opina que la mejor cantante española es Rosalía y el 10 o el 5% que Montserrat Caballé. ¿Qué grupo tiene más razón?

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    2. La respuesta tiene trampa porque se refiere a dos personas distintas y aquí hablamos solo de la percepción de mi labor en el concierto.

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    3. Pues yo creo que es muy comprensible. Mucha gente se deja llevar por los comentarios "positivos" de la mayoría. Ejemplo: si alguien dice que hermoso es este cuadro el 90% dirá que es hermoso, no sea cosa de quedar como poco entendido. Y si las críticas y la TV le dicen que es hermoso no dudará en aceptar que lo es. Se llama "sugestión"
      Sin poner nombres, hay personas sin oficio ni beneficio que en redes sociales tienen uno o dos millones de seguidores. Es eso una validación del personaje? o un aspecto de nuestra sociedad? sinceramente no le veo ningún misterio

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  13. A mí me ha parecido el concierto de año nuevo más divertido musicalmente en años. No fue perfecto y hubo interpretaciones mejorables, pero por fin salimos del aburrimiento, la monotonía y la grisura de los últimos años. Me refiero siempre al aspecto musical.

    Lo extra musical tampoco me pareció como para generar el aluvión de comentarios que ha habido, empezando por el vestuario (que a mí me pareció adecuado aunque no fuera lo de siempre) y terminando por una supuesta militancia woke que yo no vi en ningún momento por parte del director.

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  14. Dice Martin Llade " ... mi actuación gusta más que disgusta".
    Pero es que él NO ACTÚA.
    A mi se me hace insoportable: pretende imitar a Arteaga y le sale una parodia.
    Y sobre el 10% de rechazo, en esto del ARTE, recordemos el lema de Juan Ramón Jimenez: "a la inmensa minoría".
    Feliz Año para todos.
    Un saludo. JOSÉ.

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    1. Se contradice usted con sus sulfuradas mayúsculas, porque si bien yo no actúo, tampoco hago arte, o sea que su Juan Ramón no aplica. Y lo de que imito al gran José Luis es algo que empieza a hacer que quienes lo suscriben año sí, año también, entre las brumas, también me resulten insoportables a mí.

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    2. Y por cierto, señor listo, a José Luis le hacía gracia que nos confundieran por el timbre (hasta mi madre) y él nunca consideró que le imitase. De hecho, en una transmisión nos teníamos que dar el relevo y él me dijo: hazte pasar por mí y yo por ti. ¡Y nadie se enteró nunca!

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  15. Esta mañana he cogido en Radio Clásica, casi recién empezado, el primer movimiento de una obra que he tardado en reconocer, pues se trataba de una edición de la partitura muy inhabitual, y creo que poco afortunada. Por fin me di cuenta de que se trataba de la Segunda Sinfonía de Bruckner. La interpretación era, en todo caso, muy deshilachada y muy poco bruckneriana. Cuando terminó el movimiento me quedé perplejo: Jordi Savall. El comentarista de Música a la carta (Amaya parece estar de vacaciones) dijo al terminar que había sido una interpretación "magnífica": ¡así nos va! A ver lo que Savall tarda en grabar La mujer sin sombra de Strauss, o San Francisco de Asís de Messiaen. ¡Ánimo!

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  16. De vuelta al Concierto de Año Nuevo, no puedo compartir la opinión de que el de Yannick nos ha sacado del aburrimiento musical en el que nos habían llevado los conciertos de años pasados. El concierto de Muti de 2025 fue brillante, igual que el suyo anterior de 2021 y el de Barenboim de 2022; sin llegar a ese nivel, el de Nelsons de 2020 también fue muy notable. Sí es verdad que el Concierto de Año Nuevo de 2023 con Welser-Möst fue una pesadez y el de Thielemann de 2024 no levantó mucho el vuelo, pero si sólo dos de siete conciertos flojean, la estadística no parece tan mala. Los primeros años 2000, desde esa perspectiva, fueron mucho menos interesantes…
    En cuanto a Martín Llade, yo entiendo que él se debe a su público y que hay muchos melómanos que disfrutan de verdad de la manera en que comenta el Concierto de Año Nuevo y, más allá del asunto puntual de la Marcha egipcia, yo me contaría entre ellos. Si preferí acudir a la versión de BBC Radio 3 es porque ofrecían otros complementos: entrevista con miembros de la Filarmónica de Viena en el descanso, (allí no ponen por la radio la banda sonora del documental televisivo), entrevista a Yannick al comienzo, etc. Como digo, es una lástima que, desde Julio del año pasado, ese contenido no se pueda escuchar a la carta fuera del Reino Unido. Y hay otras opciones: quitar el sonido del televisor durante las pausas, buscarse una retransmisión de fuera, escuchar la versión de Pep Gorgori en catalán para Radio 4 tal vez…


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  17. El Sr Llade critica que no haya habido todavía una mujer directora al frente de la orquesta, pero, en cambio, le parece muy natural que un hombre lleve presentando el concierto nueve ediciones consecutivas...y las que quedan.¿Para cuando una mujer presentando el concierto?
    Obras son amores...

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  18. No soy una entendida en música pero sigo el concierto de año nuevo cada año, con ilusión. Son las "vitaminas" de año nuevo. Un concierto bueno te deja alegría y energía en el cuerpo. Y sube una adrenalina muy agradable. Me gustaron mucho las direcciones de Mutti, Barenbohim y aunque aquí no lo hayan nombrado, Mariss Jansons. Porque me hicieron sentir bien. En cambio este concierto me resultó aburrido y soporífero. Lo más divertido fueron las "actuaciones" del director (un "acting" en toda regla) Pero la música me aburrió bastante. Lo se, no es un comentario muy musical. Pero también soy el público. Y contesto desde la sensibilidad y no desde un análisis intelectual. No me llenó de mariposas ni de alegría. No tengo elementos para una crítica musical. Ni puedo explicar las razones musicales de que me guste o no. No puedo decir que sea un exclente director o no. Pero si puedo decir que no me conmovió como otras veces. Y ya... Desde luego el comentador no ayudo gran cosa

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  19. El crítico de El Periódico, Pablo Meléndez-Haddad, es otro más que se deshace en melindres feministas sobre las obras de las dos compositoras sin mencionar para nada las orquestaciones de W. Dörner.
    En cambio, todo hay que decirlo, el crítico de Scherzo, Rafael Ortega, habla de las dos compositoras sin hacer aspavientos de género y cita en ambos casos a Wolgang Dörner como orquestador de las piezas.

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  20. Diario Tribuna (Castilla y León)
    Concierto de Año Nuevo, por Ágreda L.M.

    El concierto soy yo. Fdo.: Yannick Nézet-Séguin. Lo que tiene que aguantar La Filarmónica de Viena. Se nota que este director no ha leído a Byun Chul-Han. Si no sabría que los ritos son acciones simbólicas. Transmiten y representa valores y ordenes que mantienen cohesionada una comunidad. Tampoco lo debe haber leído 'el sabiondo' de Martín Llade, un prospecto del Paracetamol o cualquier otro medicamento es más interesante que todos sus comentarios introducidos a presión. ¡Qué horror, por Dios!

    Y todo el tiempo haciéndose publicidad a él mismo y a su emisora, tápese un poco que me está aburriendo sobremanera. Ya cuando dijo que el director si hubiese llevado playeras le habría hecho un monumento me dieron ganas de apagar la tele y poner una reclamación a TVE. Solo le ha faltado al director llevar la mascota al concierto. Reclamación doble por tener que soportar durante todo el concierto 'la mosca' de Disney anunciando un gran estreno a las cuatro de la tarde. Estos de TVE no saben si matan o espantan, los pobrecillos.

    Entre el color de uñas de Yannick y el beso a su novio el concierto se me hizo eterno. Muecas por allí, muecas por allá, el tío se sabía todas las partituras de memoria, ni Ricardo Muti ha llegado a tanto. Menos mal que desaparecieron director y comentarista y aparecieron los cuadros del Albertina. Por fin Monet, Ravel, Kandinsky, Poulenc subieron el nivel del concierto, que falta hacía.

    La música de Mozart y Haydn venían a reivindicar un asunto que dice Chul-Han en su libro La desaparición de los rituales, que su Allegro, su Finale. Presto liberan a la sociedad de su narcisismo colectivo. Escuchar a Mozart y no a Martín Llade lo que hace es que el tiempo y el espacio se puedan habitar sin ponerte de los nervios.

    Mozart, Strauss y Haydn permiten que el Concierto de Año nuevo se pueda disfrutar, celebrar y festejar porque es reconocible. Reconocer una cosa, dice Han, es captar la permanencia en lo fugitivo. Estas cosas de dirigir por el pasillo y otras excentricidades están bien para salir en Twitter, pero son pan para hoy y hambre para mañana.

    Uno está un poco saturado de oír que hay que cambiar no sé qué para que la gente joven y que la que no es tan joven vaya a los conciertos de música clásica. Hay que tener cuidadito con los cambios, porque lo que no está dispuesto uno es tener como compañero de butaca a alguien que va en chancletas, camiseta de tirantes, mascota y bañador.

    El concierto, pensando estas cosas, y otras parecidas que le voy a horrar al lector y a las lectoras resultó el más aburrido de los últimos años. ¡Si Herbert von Karajan y José Luis Pérez de Arteaga levantaran la cabeza!

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