domingo, 17 de mayo de 2020

Interpretaciones y ejecuciones "históricamente informadas"


Diversas excusas para tomarnos el pelo... sacándonos la pasta

Una noticia y una escucha en Radio Clásica me han motivado a escribir esto. La primera es que Kent Nagano anuncia que va a dirigir El anillo del nibelungo de Wagner con instrumentos originales (con el Concerto Köln: ¿cuántos componentes tiene? No creo que más de una treintena). Bueno, el asunto me interesa bien poco. Aunque tuviese oportunidad, no pienso escuchar esa Tetralogía, porque estoy bastante harto de que me tomen el pelo intentando venderme otra pócima de Dulcamara. Sea en forma de los tempi auténticos, los verdaderos de verdad, los únicos posibles (todos los que se aparten un segundo son tergiversaciones debidas a la maligna tradición, y bla bla bla) de las Sinfonías de Beethoven. O bien sea para saber cómo tiene que sonar la Sonata op. 111 del mismo para ser genuina, no con estos pianazos de ahora… O bien sea para que de verdad sepamos cómo sonaba la orquesta de Schumann en el tiempo de Schumann, etc., etc.

La escucha a que me refería ha sido hace pocos días en la radio de un disco que tengo en mi colección: algo de música medieval por el Ensemble Organum que dirige Marcel Pérès. El comentarista radiofónico aseguraba muy serio algo así como que “de este modo tenía que sonar en la época de los templarios: es como si los estuviésemos escuchándolos hoy”.

Bien, pues si nos ponemos estrictos, y decidimos que lo único verdadero es cómo se interpretó y se tocó en su momento, la Sinfonía “Heroica” debería hacerse hoy no como la hacen Furtwängler, Klemperer o Barenboim, sino solo y exclusivamente como debió de sonar en el estreno, con una orquesta deficiente y un director que no entendía en absoluto aquella obra interminable e ininteligible que trataba de poner en sonidos, y deseando que acabase cuanto antes (un asistente al estreno, dijo en voz alta tras terminar la Marcha fúnebre: “¡pagaría otra vez la entrada con tal de que terminase ya este bodrio de una vez!”). Cuando tal compositor notable pero pianista no muy ducho estrenaba una obra suya, hoy habría que tocarla igual de mal. ¿O no? También cuando una soprano protagonista de tal ópera en su estreno resultó un fiasco, habría que intentar buscar hoy otra que lo hiciera igual de mal: ¡eso sería ser lo más fieles posible al original!

Parsifal se estrenó en Bayreuth, en presencia de Wagner, de Liszt y de la élite musical de la época en pleno, durante una epidemia de resfriados o de gripe, con lo que el grupo de contrabajos se redujo a un solo instrumentista. La forma más auténtica de hacerlo hoy sería no con diez o doce contrabajos, sino con uno: ¿o no? ¡o no! ¿En qué quedamos? ¿O acaso lo hacemos igual que entonces en lo que a mí me interesa y diferente en lo que no me interesa?...

Todo es poco serio: deja en evidencia a los fundamentalistas del historicismo. Volviendo a Marcel Pérès: los componentes de su grupo suenan como becerros. La justificación es que los que cantaban en la Edad Media, un grupo de monjes de un convento, por ejemplo, no eran profesionales del canto (y, por lo que parece, le daban a base de bien a la bebida...). Por lo cual, lo más históricamente informado es que hoy lo canten (mejor lo berreen) como un rebaño de carneros. ¿Que tenemos hoy un grupo especialista que canta divinamente gregoriano? No, huyamos de él: hay que cantarlo como lo harían en tal o cual iglesia o monasterio, con unos cuantos monjes o monjas que desafinaban. Etc. ¡Venga, hombre, a tomar el pelo a quien se deje!

Igor Stravinsky se quejaba de que los directores, incluso sus grandes defensores y divulgadores Markevitch o Ansermet, lo traicionaban; solo sus propias interpretaciones y sus grabaciones (¡tantas veces preparadas y ensayadas no por él, sino en realidad por Robert Craft! Algo que ocultaba cuidadosamente) de sus obras eran auténticas. Afirmaba que los directores debían limitarse a ser como campaneros, porque solo él sabía exactamente lo que quería. Pero ¿qué pasa cuando, como ocurrió en varias ocasiones, grabó dos veces una misma obra suya, con diez o quince años de diferencia? ¿Eran idénticas ambas interpretaciones? ¡No! ¿En qué quedamos, don Igor? ¿Cuál era la verdadera-verdadera, la primera de los años 50 o la segunda de los 60?

Mucho más sensatos, Hindemith admitió públicamente que Furtwängler interpretaba su música mejor que él mismo; o Bartók, que piropeó a Yehudi Menuhin tras escucharle estrenar su Sonata para violín solo: “¡Yo pensaba que la música no se podría interpretar con tal lucidez hasta por lo menos cincuenta años después de la muerte del compositor!”

Así que estupideces, mientras menos, mejor. A mí, a estas alturas, tan escaldado como estoy, no vuelven a venderme más ciertas burras. Algunos o bien desvarían, o, quizá más frecuentemente, quieren sacarnos la pasta alegando cualquier excusa… “¡Así sonó la Tetralogía en el estreno!” ¡Ah, sí, y aunque fuera así (que no lo va a ser), a mí qué puñetas me importa!

viernes, 15 de mayo de 2020

Las tres últimas Sinfonías de Bruckner (y III)


Sinfonía No. 9 en Re menor

En su Novena Sinfonía Bruckner trabajó desde agosto de 1887 hasta el mismo día de su muerte, el 11 de octubre de 1896. Pero no pudo concluirla, pues entre 1887 y 1891 dedicó mucho tiempo a revisar las Sinfonías Octava, Tercera y Primera, a lo que le habían impulsado las duras críticas recibidas y su propia y casi enfermiza inseguridad. La Novena constituye no solo una culminación, sino también, en cierto modo, un giro en su trayectoria hacia otra dirección, ya que en ella apenas puede hablarse propiamente de belleza en el sentido normalmente aceptado; aunque esta dirección no es enteramente nueva en su obra, sí se reconoce aquí de manera mucho más decidida y consecuente.

Tradicionalmente se ha atribuido a Bruckner una fe católica inconmovible que manifiesta no solo en su música religiosa (litúrgica), sino también en sus Sinfonías (que, al decir de Federico Sopeña, serían por tanto, en buena parte, “música profana en la forma y religiosa en el contenido”). Sin embargo, en sus grandes obras sacras pueden percibirse no pocos signos de dudas angustiosas, atisbos de desesperación -esta nunca puede ser cristiana- y, en sus Sinfonías, desde las primeras, nos encontramos sombras que no hacen sino irse acrecentando en las obras sucesivas. El primer tiempo de la Octava Sinfonía es, con anterioridad a la Novena, el ejemplo más aterrador. Pero en la última Sinfonía estas sombras -por llamarlas de un modo muy suave- se convierten en protagonistas absolutas de de la composición, hasta convertirla quizá en la expresión más pavorosa en toda la historia de la música de la angustia y la incertidumbre ante la muerte. A la vista de esto, la dedicatoria de Bruckner “al Dios amado” puede cobrar un significado más inquietante aún: sus sinfonías anteriores habían sido dedicadas solo al Rey de Baviera, al Emperador austríaco o a Richard Wagner… Todas ellas terminaban de modo triunfal o afirmativo (o al menos eso parece a primera vista: algunos directores las interpretan con ambivalencia entre triunfo y desesperación, con un tono en apariencia victorioso pero a la vez desafiante).

La Novena, en cambio, carece de finale, y aunque Bruckner estuvo muy enfermo los últimos años de su vida, no es muy convincente que fuera ello lo que le impidió componerlo. De hecho, los tres primeros movimientos estaban terminados en noviembre de 1894 pese a haber atravesado Bruckner durante su composición períodos de salud muy precaria; sin embargo, los dos restantes años de su vida, en los que rellenó 184 páginas de esbozos a veces en avanzado estado de terminación, no bastaron para concluir el cuarto movimiento. Es muy probable que haya una explicación psicológica a esta imposibilidad de culminar la Sinfonía, que de todos modos -y esto es lo más importante- no parece una obra inconclusa, sino que constituye una obra coherente, unitaria, completa en suma. O sea, que quizá Bruckner no pudo, no supo (¿?) y, lo que es más decisivo, no quiso en lo más hondo de su subconsciente concluir un cuarto movimiento para su Novena Sinfonía -una hipótesis en la que se abunda cada vez más-. Como escribe Andrew Huth, “la inacabada Novena no solo carece de un final afirmativo, sino que su cromatismo agónico, sus atronadores y disonantes clímax introducen una vívida expresión de sufrimiento como nunca antes había sido escuchado”. Barenboim explicó en una ocasión que mientras la Séptima es predominantemente épica y dramática la Novena, la Octava participa de ambas características.

La peregrina ocurrencia de que la “inacabada” Novena podría completarse con el Te Deum casi con seguridad no es de Bruckner, sino de Ferdinand Löwe, discípulo suyo en el Conservatorio de Viena, el cual dirigió en esta ciudad, con gran éxito, el estreno de una Novena (el 11 de feberero de 1903) mutilada y arreglada por él mismo. El estreno de la versión original (esta vez “auténtica” sin sombra de dudas, pues Bruckner no revisó ni una sola nota) no tuvo lugar hasta el 2 de abril de 1932, en Múnich y bajo la dirección de Siegmund von Hausegger.

El imponente primer movimiento, -Feierlich (solemne). Misterioso- transmite en su comienzo al oyente una innegable sensación de inquietud -la indefinición tonal es determinante aquí y en otros pasajes-, preparando de modo genial la llegada del impresionante y aplastante primer tema en un masivo unísono orquestal. El segundo tema, a cargo en primer término de los violines, es lírico y de inmensa ternura, y el tercero, doliente y como hastiado de la vida. En la breve coda sobrecogen los terroríficos gritos de las trompetas. El scherzo es descrito casi siempre como “demoníaco”, además de ser el más original y fantástico de su autor: de un ritmo implacable, martilleante y fieramente aristado, abundan en él los ataques brutales del metal en pleno. El trio, lejos de ser un amable ländler, posee un aire fantasmagórico, “con la sonrisa helada en los labios” (Peter Branscombe).

El Adagio final se asoma aún más al abismo. De una audacia armónica sin precedentes, se basa en dos grupos temáticos y funde aún más que el primer movimiento las secciones de desarrollo y reexposición. Carente del bello y grandioso boato de sus adagios anteriores, es por el contrario áspero y abruptamente descarnado: “Está construido sobre temas que pugnan por su resolución y afirmación, pero los pasajes de gloriosa belleza que emergen son rápidamente sepultados en la oscuridad. El corazón de la sinfonía entera se sitúa en el clímax último, que estalla, contra todo lo esperado, en una espantosa disonancia, enfrentándonos cara a cara con todas las fuerzas de negación y destrucción que Bruckner trató de exorcizar en su música. La coda es profundamente serena, pero de una paz sin certidumbre ni resignación” (Huth), como de abandono impotente tras las terribles y titánicas luchas precedentes, que dejan exhausto al músico. Y al oyente.

No. 9
1944 DG               Furtwängler/OFilBerlín                  23’37+09’30+25’38          7,5/4
1955 DG               Jochum/OSinfRadioBávara            22’08+09’45+27’09          7/6
1956 Philips         Van Beinum/OConcertgebouw       22’26+09’53+26’28          7/6
1960 Sony            Walter/OSinfColumbia                     23’53+11’32+23’17          7/7
1965 Decca          Mehta/OFilViena                             26’06+10’51+27’15          7,5/7,5
1966 Philips         Haitink/OConcertgebouw                23’16+11’15+24’53          6/7,5
1966 DG               Jochum/OFilBerlín                          23’12+09’44+27’40          7/7,5
1973 EMI             Klemperer/ONewPhilharmonia       26’43+11’23+27’12          9/6
1976 DG               Karajan/OFilBerlín                            24’54+10’37+25’51          7,5/6,5
1976 DG               Barenboim/OSinfChicago                 24’06+11’05+25’25          8,5/8
1976 DG               Karajan/OFilViena                            24’38+10’46+23’33          7,5/7
1977 EMI             Giulini/OSinfChicago                        25’19+11’07+26’48          8,5/8
*1978 DG             Karajan/OFilViena                            22’42+10’07+23’30          7/8
1982 EMI             Jochum/StaatskDresden                   22’58+09’49+27’39          7/8
1982 Philips         Haitink/OConcertgebouw                25’10+10’50+26’26          8,5/8,5
1983 BR               Jochum/OFilMúnich                        24’14+10’54+27’36          7/6
1986 Decca          Solti/OSinfChicago                          23’37+10’22+26’56          9,5/9
1987 Teldec         Inbal/OSinfRadioFrankfurt (1)       23’05+10’24+23’41+20’43  6,5/8
1989 DG               Giulini/OFilViena                            28’02+10’39+29’30          10/9,5
1991 Teldec         Barenboim/OFilBerlín                      25’23+10’29+27’17          9,5/9
1992 DG/*EuA   Bernstein/OFilViena                         26’58+12’14+26’56          8,5/9
1995 EMI             Celibidache/OFilMúnich                 32’26+13’47+30’37          8/9
*1997 Arthaus    Giulini/OSinfRadioStuttgart             25’53+10’35+25’05          9/8
1997 Decca          Chailly/OConcertgebouw                24’44+10’41+27’22          8/9
1999 DG               Sinopoli/StaatskDresden                25’42+10’15+26’16          7,5/9
1999 BR               Maazel/OSinfRadioBávara             31’05+10’48+27’58          5/7
1999 RadioSueca Svetlanov/OSinfRadioSueca         28’46+11’40+25’25          7/7
*2001 TDK          Wand/OSinfNDR                           27’10+10’48+26’02          7,5/8,5
2004 RCA            Harnoncourt/OFilViena (2)             24’17+10’39+23’56+18’00  8/9                    
2008 DG               Dudamel/OSinfGotemburgo          25’29+10’42+28’48          7,5/8
2008 WP               Barenboim/OFilViena                    24’40+10’30+25’20          9/6
*2010 Accent/DG Barenboim/StaatskBerlin               24’27+10’25+24’23          9,5/9,5
2012 EMI             Rattle/OFilBerlín (3)                       23’56+10’45+24’29+22’40  9/9,5
2014 LSO             Haitink/OSinfLondres                    27’31+11’53+27’45          8,5/8
2014 DG               Abbado/OFestLucerna                   26’47+11’03+25’17          8,5/9
2017 CSO             Muti/OSinfChicago                        26’29+10’52+24’59          8/9
2019 DG               Nelsons/OGewandhaus                  23’39+10’44+24’04          8/8

(1) Inbal dirige un 4º movimiento sobre cuya realización nada se explica en el disco.
(2) Harnoncourt se basa para el 4º movimiento en una reconstrucción de John A. Philllips
(3) El 4º movimiento de la grabación de Rattle es una reconstrucción de Samale-Phillips-Cohrs-Mazzuca (1983-2012) en edición conclusiva revisada de 2012.

miércoles, 13 de mayo de 2020

Las tres últimas Sinfonías de Bruckner (II)


Sinfonía No. 8 en Do menor

Tras alcanzar, al fin, el reconocimiento general con la Séptima Sinfonía, estrenada en Leipzig el penúltimo día de 1884, Bruckner recobraba la confianza en sí mismo y se entregaba con ardor y entusiasmo a proseguir con la Octava, que había comenzado a finales de ese verano (al tiempo que Brahms trabajaba en la Cuarta) y le ocuparía hasta 4 de septiembre de 1887, en que completaba su orquestación en Steyr, Austria; ese mismo día le escribía al director de orquesta Hermann Levi, al que Bruckner llamaba su padre artístico: “¡Aleluya!” El día 19 le enviaba la partitura, pero Levi, desconcertado ante la descomunal Sinfonía, no se se decidía a dirigirla y, tras consultarlo con Franz Schalk -discípulo del compositor y que sería primer asistente de Mahler de la Ópera de la Corte de Viena a partir de 1900-, comunicó al compositor sus profundas reservas hacia la nueva obra. Esto produjo en el ánimo de Bruckner un efecto devastador: cayó en tal abatimiento que pensó hasta en el suicidio.

Repuesto en 1889, pero perdida buena parte de su autoestima, comenzó una severa revisión de la partitura (1890) que fue seguida de otra dos años más tarde: esta tercera versión fue la escuchada en el estreno (Viena, 18 de diciembre de 1892), con la Orquesta Filarmónica de esa ciudad bajo la batuta de Hans Richter. Con enorme éxito y casi unánime acogida; la excepción fue, por supuesto, Eduard Hanslick, el más influyente y duro azote de Bruckner: "Interminable, desorganizada y violenta, la Octava Sinfonía de Bruckner tiene una extensión espantosa. Es posible que en el futuro se acepte este estilo de pesadilla en el que predominan los maullidos lastimeros; pues bien, no envidiamos a los oyentes del futuro" (Neue Freie Presse, 23-XII-1892). Realmente, no ha habido un solo gran compositor que fuese un decidido innovador que no haya recibido en su momento críticas adversas; pero estas iban mucho más allá de lo habitual…

La segunda edición, la de 1890, es la que sirvió de base a las futuras ediciones, las hoy seguidas casi siempre: la de Robert Haas (1939), que restituía varios de los cortes hechos por Bruckner, y las de Leopold Nowak (1955 y 1973). La colosal partitura, la más extensa de todas las de Bruckner, requiere también la orquesta más nutrida: maderas a tres, cuatro trompas, dos tubas tenor, dos tubas bajo, tuba contrabajo, tres trombones, tres trompetas, timbales, platillos, tres arpas y un amplio contingente de cuerda.

Llamada a veces “Sinfonía del destino” (tratando así de emparentarla, muy discutiblemente, con la Quinta de Beethoven), Bruckner dio pistas al director Felix Weingartner sobre su significado, datos concretos que hoy, por lo general, se prefiere ignorar. Porque son innecesarios -y hasta pueden estorbar- para el pleno disfrute de esta obra de belleza apabullante, agotadora, casi insoportable si uno se sumerge de lleno en ella, si se entrega plenamente, en cuerpo y alma, a escucharla.

El primer movimiento, Allegro moderato, se construye sobre tres grupos temáticos, el primero de los cuales surge en un ambiente misterioso de clara ambigüedad tonal. El segundo, enunciado por los violines, está indicado “amplio y expresivo”, y sostenido el tercero por incansables pizzicati. El punto culminante de la reexposición, angustiosos gritos de las trompetas que no obtienen respuesta, eran para Bruckner “el anuncio de la muerte”. Tras ello, una conclusión que va muriendo y sumiéndose en un estado anímico de dudosa resignación, no muy confortadora a decir verdad.

Por primera vez sitúa Bruckner el scherzo no en la tercera posición, sino en la segunda (como volvería a hacer en la Novena). Repitiendo la indicación Allegro moderato, no se trata esta vez del episodio de aire campesino próximo al ländler; este es masivo y poderosamente elemental; alguien ha escrito que es como si en él “bailasen las montañas” de su Austria natal. El maravilloso y desesperanzado trío, cuajado de sorpresas armónicas, alarga este scherzo hasta dimensiones sin precedentes.

Del Adagio. Feierlich langsam, doch nicht schleppend (Lentamente solemne, pero sin arrastrarse, en traducción literal), afirmó en una ocasión el compositor que era “el movimiento más importante de mi vida”. Para este Adagio el adjetivo sublime está plenamente justificado, tanto por su atmósfera extática como por su anonadante belleza; es el movimiento más dilatado de cualquier sinfonía de su autor. Música en ocasiones de gravedad casi religiosa y en otras de palpable sensualidad, desarrolla en su sección central -al igual que el Adagio de la Novena Sinfonía de Beethoven- unas oleadas de intensidad creciente que desembocan en un inmenso clímax, que sin embargo no deja la sensación de haber resuelto por completo las tensiones acumuladas, pese a la aparente infinita serenidad de la conclusión.

De similar inmensidad al finale de la Quinta Sinfonía pero cumpliendo una función muy diferente, el cuarto movimiento de la Octava (Feierlich, nicht schnell) (Solemne, sin precipitarse) puede recordar por su carácter épico e impetuoso y por su gran peso dentro de la sinfonía al de la Cuarta, la“Romántica”. Construido sobre tres grupos temáticos, en él se alternan episodios de aires marciales con otros de implacable progresión dramática, solemnemente funerarios, e incluso con remansos de rebosante lirismo. La coda, una impresionante superposición de los cuatro temas básicos de la Sinfonía, corona apoteósicamente esta gigantesca partitura. Aunque las complejas e inmensas estructuras, propiamente catedralicias, de la Octava Sinfonía pueden ser examinadas con detalle -y ese análisis desvelará un asombroso y tremendamente audaz dominio de la forma-, ese estudio no podrá explicar la absoluta genialidad de esta obra. Por lo cual sigue siendo válido el juicio de Hugo Wolf a raíz del estreno: “Su infinita belleza impide toda posibilidad de análisis crítico”.

Discografía de la Sinfonía No. 8 de Bruckner
                       
1944 DG               Furtwängler/OFilViena                      15’11+14’07+25’08+22’20             8/4
1949 DG               Jochum/OFilEstHamburgo               15’06+13’56+30’36+23’01             8/5
1950 EMI             Furtwängler/OFilBerlín                      15’45+14’16+24’56+22’02             8/5
1951 Audite         Knappertsbusch/OFilBerlín                15’05+14’03+26’55+22’35           8/6          
1957 WDR           Klemperer/OSinfRadioColonia       14’19+14’28+22’37+20’38             8/6
1958 EMI             Karajan/OFilBerlín                            17’05+16’01+27’38+26’12             7,5/6
1963 MCA           Knappertsbusch/OFilMúnich           15’56+15’59+27’40+26’02             7/7
1964 EMI             Schuricht/OFilViena                           15’32+14’00+21’44+19’43             7/7
1964 DG               Jochum/OFilBerlín                             13’36+13’54+26’35+19’49             8/7
1967 Decca         Solti/OFilViena                                 15’25+14’48+25’13+21’24             7/7,5
1969 Testament  Böhm/OFilBerlín                                14’54+13’15+24’25+21’43             8/6,5
1969 Philips         Haitink/OConcertgebouw                 13’57+13’33+25’17+20’44             6/7
1970 Sony          Szell/OCleveland                              14’31+16’14+29’04+22’04            8,5/6,5
1973 EMI             Klemperer/ONewPhilharmonia        17’56+19’53+26’57+[19’34] (1)     9/8,5
1976 DG               Karajan/OFilBerlín                            16’45+15’08+26’07+24’06             9/8
1977 BR               Kubelik/OSinfRadioBávara             15’27+15’06+25’29+22’06             8,5/6,5
1977 DG               Böhm/OFilViena                                14’51+14’23+27’47+23’00             9/8,5
1979 EMI             Jochum/StaatskDresden                   13’51+13’52+27’19+20’44             6/8
*1979 DG             Karajan/OFilViena                             15’43+15’22+25’52+24’52             10/8
1981 Testament  Tennstedt/OFilBerlín                         15’04+13’38+26’00+21’40             9/6,5
1981 Philips          Haitink/OConcertgebouw                 16’07+16’10+29’12+23’51             8/8,5
1981 DG               Barenboim/OSinfChicago                15’21+15’09+25’55+23’04             9,5/9,5
1982 NHK            Jochum/OSinfBamberg                    15’23+14’53+27’49+22’08             8/7
1983 BBC            Giulini/OPhilharmonia                       16’43+16’40+27’03+24’34             10/7
1983 EMI             Tennstedt/OFilLondres                      14’16+14’01+26’02+21’03             6,5/7,5
1983 Teldec         Inbal/OSinfRadioFrankfurt              14’01+13’25+26’46+21’08             6/8
1984 Testament  Giulini/OFilBerlín                               16’53+16’32+26’53+24’50             9/7,5
1985 DG            Giulini/OFilViena                                17’07+16’25+29’24+24’36             9,5/9,5
*1987 Arthaus     Mehta/OFilIsrael                                15’08+14’23+29’40+20’50             6/6
*1988 DG           Karajan/OFilViena                            16’53+16’26+25’38+24’00            9,5/8     
1989 DG               Karajan/OFilViena                             17’03+16’34+25’18+24’01             9,5/9
1990 EMI             Maazel/OFilBerlín                              16’19+14’18+26’12+23’39             8/8
*1990 Sony          Celibidache/OFilMúnich                   19’17+16’12+31’17+29’20             10/9
1992 Decca          Solti/OSinfChicago                            15’00+14’25+24’09+20’09             8/9
1993 EMI             Celibidache/OFilMúnich                   19’24+15’47+33’23+31’13             9,5/8
1995 Teldec         Barenboim/OFilBerlín                       14’39+14’16+25’44+22’22             9,5/9
1996 Philips          Haitink/OFilViena                              16’48+15’04+27’26+23’47             9/9
1996 DG               Sinopoli/StaatskDresden                   17’19+15’19+27’53+25’20             8/9
1996 Decca          Dohnányi/OCleveland                      16’16+13’53+29’02+22’59             7,5/9
*1996 TDK          Boulez/OFilViena                               14’58+13’35+24’48+22’05             8/9
1999 BR               Maazel/OSinfRadioBávara              18’07+15’16+28’09+23’32             7,5/7
2000 Teldec         Harnoncourt/OFilBerlín                    16’24+14’18+27’21+24’31             8/8,5
*2000 TDK         Wand/OSinfNDR                              17’30+16’30+28’20+26’40            8,5/8,5  
2001 RCA           Wand/OFilBerlín                                17’03+16’07+27’36+26’21             9/9,5
2002 Decca          Chailly/OConcertgebouw                 16’05+14’59+25’29+22’06             8,5/9,5
2002 StaatskDr   Haitink/StaatskDresden                    16’32+15’27+27’52+24’50             9/8,5
*2006 Arthaus     Nagano/DeutschesSOBerlin             16’55+14’26+29’20+26’43             9/9
2009 Hänssler      Thielemann/StaatskDresden            15’45+15’52+27’09+23’24             8,5/8,5
*2010 Accent/DG Barenboim/StaatskBerlin                14’54+15’20+24’20+22’38             10/9,5
2012 BPO           Mehta/OFilBerlín                               15’45+14’53+27’30+22’35              8/8
2013 Helikon       Mehta/OFilIsrael                                15’05+14’35+24’50+21’48             6,5/6
201? DG                Nézet-Séguin/OFilRotterdam           16’24+16’05+28’10+25’35             8/8
(1) Klemperer introdujo algunos cortes en el finale.