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sábado, 17 de diciembre de 2011

Fleming, Eschenbach y la Filarmónica de Londres en Ibermúsica

El concierto de Ibermúsica (Auditorio Nacional, 16 de diciembre de 2011, ¡a las 22,30 h!) con la Filarmónica de Londres dirigida por Christoph Eschenbach contó con Renée Fleming para los Cuatro Últimos Lieder de Strauss. Tengo la grabación de estos intérpretes, con la Sinfónica de Houston (RCA 1996) como mi favorita después de la mítica e incomparable de Schwarzkopf y Szell (EMI 1966). Más recientemente, con Thielemann (Decca 2008), ni la soprano norteamericana ni la batuta alcanzan tal grado de inspiración.

Pues bien, en el concierto, hubo en la voz muchos destellos de la maravilla del disco RCA, pero Fleming estuvo algo resevada en las dos primeras canciones e incluso sobreactuó un poco o recurrió a ciertos tics que asoman en ella de vez en cuando. Por fin en las dos últimas dio rienda suelta no sólo a su espléndido caudal sonoro, sino que además se entregó con voluptuosidad a la excelsa música. Se trata, por supuesto, de una voz –cuya pureza sigue casi intacta– straussiana a más no poder, por belleza, morbidez, maleabilidad, estilo y línea de canto. También se entregó por entero en el precioso bis, Waldseligkeit. En ésta y en las otras canciones, Eschenbach dio lo mejor de sí, combinando felizmente inspiración y emoción. Al final del último de los Cuatro Lieder, aun antes de que la soprano cante las últimas palabras, Eschenbach fue rallentando de modo portentoso, para acabar en un clima de serenidad extática. Toda una experiencia, que deja bien de manifiesto la altísima talla musical del otrora notable pianista y hoy director capaz de auténticas maravillas (como esa hondamente conmovedora Novena de Mahler con la Orquesta de París, disponible en imágenes en la página de la orquesta).

Antes había ofrecido una noble, elegante y confortable, demasiado circunspecta Obertura de Tannhäuser que no me convenció gran cosa, pues está ausente de ella toda exaltación del amor carnal que desborda la página. Algún brusco tirón en el tempo y destacar en excesivo primer plano algunos dibujos que deben percibirse, pero permanecer en segundo, fueron otros aspectos que no me terminaron de gustar.

La segunda parte la ocupó una Séptima de Beethoven muy bien –a mi entender– planteada, pero no tan bien realizada. Robusta, poderosa, densa, apasionada, rítimicamente muy marcada, con un “Allegretto” despacioso (llevado, acertadamente para mí, más bien como un “andante”) y de marcado aire fúnebre, un scherzo algo tumultuoso y no del todo limpio y claro, y un finale absolutamente orgiástico –lo que me parece estupendo–, pero que no resultó. Algo falló, y creo que pudo ser un problema de regulación de la tensión, de pulso y de técnica –que, me parece, no está a la altura de su musicalidad–. La orquesta, además, no está en su mejor momento. A pesar de sus cualidades y de su entrega, tuvo bastantes “más y menos”, como un tremendo y bastante prolongado desajuste (cinco segundos pueden parecer una eternidad) nada más empezar, el referido emborronamiento del scherzo y, salvo el solista, unas trompas de sonido rudo y un poco fuera de control (unas trompas que tiempo atrás fueron la repanocha, sobre todo por su sonoridad “vienesa”). Lo mejor sigue siendo la cuerda, de muy bello, aterciopelado sonido.

3 comentarios:

  1. Sinceramente, esperaba algo más de la Fleming y estoy de acuerdo que fue de menos a más y estuvo sublime en la "propina". Despúes de haber visto a la malograda Lucia Popp hace bastante tiempo en directo y varias veces en internet ultimamente en videos suyos de los 4 últimos lieder,espéraba que me iba a a percibir una mayor emoción en este concierto. La cuerda de la orquesta muy bien , los metales muy mal el viento madera bien, aunque se echaba de menos a nuestro gran Jaime Martín. Enhorabuena por el blog.
    Malevich

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  2. ¡Qué suerte haber escuchado a la malograda Lucia Popp en los Cuatro Últimos Lieder!
    Yo también me llevé un chasco al ver que Jaime Martín, a quien conocí personalmente en su Santander natal el año pasado, no estaba entre los músicos.

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  3. A Lucia Popp además la vi cantar unas Bodas de Figaro, en el Festival Mozart de Madrid, en una función muy particular con marionetas, lo cual causó un gran revuelo en el público, pero acabó en gran éxito.
    A Jaime le conozco personalmente desde que tenía el 17 años y tocaba en la JONDE, que venía regularmente a tocar en la Semana del Románico Palentino que organizaban Peridis y mi padre , el tristemente fallecido crítico de arte y humanista , Santiago Amón.
    Un saludo afectuoso. Estoy en twitter @AbelAmon

    Malevich

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