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lunes, 9 de septiembre de 2013

Un “Requiem” de Verdi con cuarteto y dirección formidables. Y, por fin, una grabación que le hace justicia


      

Ya he escrito varias veces sobre el Requiem de Verdi y siempre he insistido sobre la dificultad extraordinaria de reunir a una batuta de primer orden y a un cuarteto a plena satisfacción. Prácticamente nunca se ha cumplido este reto. Algunos de los Requiem más sobresalientes por su dirección –De Sabata, Giulini I, Solti I, Barbirolli, Karajan I, Solti I, Muti I, Abbado I, Muti II, Giulini II, Abbado II, Barenboim I, Muti III– cojean seriamente por algunos de sus cantantes: Schwarzkopf (inadecuada) en los dos primeros, desenfoque estilístico en dos o tres en las dos grabaciones de Solti, Vickers en el cuarto, Freni (demasiado lírica) y sobre todo Cossutta en el quinto; en el primero de Muti sólo se salva Baltsa, como Quivar (demasiado lírica) en el segundo de Giulini; en el primero de Abbado flojean Ricciarelli y el mismo Ghiaurov, y en el segundo suyo las dos voces masculinas son malas de solemnidad. Etcétera.

La versión de Mehta, de dirección gris, cuenta con la mejor soprano –Caballé– y el mejor tenor –Domingo–, siendo más que aceptables los otros dos, pero la toma de sonido sencillamente no es de recibo. En la de Barenboim I “Alessandra Marc lucía un vozarrón ingobernable”, como escribí en su día. El último de Muti, en Chicago, es fenomenal por su dirección, pero su cuarteto deja mucho que desear. Quizá el cuarteto más equilibrado hasta ahora era el de Pappano, con una Harteros dominadora, una Ganassi y un Villazón espléndidos (aunque demasiado líricos) y un magnífico Pape. Lo único que separaba esta versión de la excelencia era el nivel sólo correcto de coro y orquesta (Santa Cecilia) y una grabación un poco apagada.
Desde la primera versión de Barenboim (en Chicago, Erato 1994) el maestro argentino ha ahondado no poco en la obra (que ya hace 19 años gozaba de un “Lacrimosa” inolvidable) y ahora lo vive con un sentido religioso y dramático (operístico) intensos y muy bien balanceados y, sobre todo, con una tremenda, arrebatada y arrebatadora intensidad expresiva, que ha transmitido a todos los participantes, que parecen cantar (¡y tocar!) con el corazón en la mano. Ningún director, que yo recuerde, ha extraído del coro tal riqueza de matices, y eso que no hablamos del coro más refinado del mundo, aunque sí de uno de voces ideales: carnosas, tan verdianas como el sonido de la orquesta verdiana del primer Muti (Aida, Macbeth, Nabucco, Requiem I).

Hay además unos cuantos detalles originales suyos muy bien traídos: cómo hace decir al coro por primera vez la palabra “requiem”, con un sentido misterioso y hasta sórdido; cómo les pide susurrar más que propiamente cantar ciertas palabras estratégicamente escogidas; la conmoción que produce en el oyente la súplica en los puntos culminantes de “Salvame”; cómo hace subrayar los timbales el “Confutatis” y con qué terrible desesperación reaparece a continuación el tema del “Dies irae” (que suena con carácter diferente cada vez); la inmensa belleza y la inmensa emoción que transmite, de nuevo, al “Lacrimosa”; el canto absolutamente giuliniano en el “Agnus Dei”; los tremendos, tenebrosos pizzicati de la cuerda grave en el minuto 70’20” y ss. de “Lux aeterna”; los funestos presagios con que el coro susurra por vez primera “Libera me” (en el último número), los dos impresionantes clímax de la fuga en este número final...

Asombroso también es el rendimiento de la orquesta, totalmente entregada; violines, cellos, fagotes u oboe alcanzan niveles difícilmente imaginables en una orquesta que no está en la élite mundial (una vez más, ¿cuántas van?... se desmiente que Barenboim sea menos director que músico); en cuanto a la expuestísima trompetería del primer “Dies irae – Tuba mirum”, no sólo no hay desliz alguno, sino que el sonido es electrizante.

Pero este Requiem, filmado de modo poco convencional por un Andy Sommer menos preocupado por llamar la atención que otras veces y grabado (¡en público!) con un impacto sin precedentes, gracias a su equilibrio, sutileza y una gama dinámica descomunal, sin que produzca jamás la sensación de artificiosidad (como sí la produce su anterior registro Erato), no sólo es el mejor grabado (al menos en el Blu-ray) de la historia del disco, sino también seguramente el que reúne el cuarteto más sobresaliente y sin altibajos.

Veamos: como escribí a propósito del de Pappano, “la voz de Anja Harteros es capaz de dar respuesta a todos los temibles desafíos de su parte”; aquí vuelve a dominar por completo, pero con una expresividad aún superior. Desde, al menos, Julia Varady (con un sosísimo Michel Plasson), no se escuchaba en esta parte una soprano tan capaz y convincente (¡y aún me encuentro con aficionados que nada saben de esta magnífica soprano alemana, tan grande en Verdi o Puccini como en los Wagner líricos!).

En cuanto a la bellísima Elina Garanca, puede que haya escuchado a alguna mezzo tan extraordinaria y tan adecuada (en el punto medio entre la lírica y la dramática), pero no mejor, desde luego. Jonas Kaufmann no suena, por su peculiar emisión, tan en su sitio como Domingo (para mí el tenor supremo en el Requiem, sobre todo con Abbado I y Mehta), pero es un artista tan absolutamente extraordinario, tan sensible, viril y comunicativo, que lo pongo por encima de cualquier otro tenor que haya escuchado en este Requiem (aparte Domingo, como he dicho, en esas dos ocasiones). Su dificilísimo “Ingemisco” es estremecedor.

Y René Pape, sinceramente, no tiene rival: puede gustar más el timbre de Ghiaurov, pero ni él ni nadie (incluyo a Christoff, una seria decepción con Tullio Serafin) ha cantado esto con tal dominio técnico, cantando con todas sus consecuencias hasta tal punto (¡qué incomparable dominio de la media voz, qué modulación del sonido y del color en pos de la expresión!). Su “Confutatis” o su “Lux aeterna” son ejemplos supremos de cómo cantar y, al mismo tiempo, de cómo transmitir sentimientos.
Para mí, en suma, esta Missa de Requiem verdiana es “el disco del año”; para lo que queda de 2013 lo tiene difícil cualquier otro...

Anja Harteros, Elina Garanca, Jonas Kaufmann, René Pape. Coro y Orquesta del Teatro de La Scala, Milán. Daniel Barenboim (2 CDs, DVD y Blu-ray Decca)







4 comentarios:

  1. Don Ángel, después de crítica tan entusiasta, y, a pesar de tener ya las versiones de Barbirolli y Barenboim-Erato, no tengo duda de que me voy a hacer con este también.

    Alberto

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    1. Seguro que no se arrepentirá.
      Como ya me han comentado algunos amigos, es, probablemente y en conjunto, el Requiem más recomendable. Y, seguro, el mejor grabado (no he escuchado los CDs, hablo del Blu-ray).
      También me han dicho que quizá Pape ha perdido algo de redondez en su magnífica voz. Y probablemente es cierto, pero para mí es mucho importante el canto y la interpretación, que son, también en su caso, excepcionales.

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  2. Yo ya he encargado mi ejemplar.

    Por cierto que en la revista Ritmo hizo usted un excepcional análisis de la obra y su discografía, nº735, octubre 2001, págs, 80-83.

    Alberto Ayas

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    1. Gracias.
      Acaba de llegarme la noticia de que los prestigiosos premios británicos Classic BRIT Awards han escogido a la violonchelista Alisa Weilerstein artista revelación del año por su disco Decca con los Conciertos de Elgar y Carter, y a Daniel Barenboim músico del año por sus grabaciones (también Decca) de "Beethoven for all". Me alegro de haber comentado todas estas grabaciones en este blog muy elogiosamente.

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