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viernes, 24 de enero de 2014

El “Siegfried” de La Scala con Barenboim y Cassiers en Blu-ray

     

Ya ha salido a la venta la penúltima parte de las cuatro de El anillo del nibelungo representado recientemente en La Scala milanesa: Sigfrido, en concreto, en octubre de 2012. Falta, pues, sólo El ocaso, previsto para dentro de un par de meses.
Las cancelaciones son, como se sabe, el pan nuestro de cada día en las funciones wagnerianas. En esta ocasión afectaron, al menos, al intérprete del papel de Wanderer: lo leí en su día, pero no recuerdo si el cantante previsto era René Pape (Wotan el El oro) o Vitalij Kowaljow (en La walkiria): extraordinario el primero, y capaz el segundo. Lo cierto es que finalmente fue Terje Stensvold, notable bajo-barítono noruego pero que contaba ya 69 años en estas funciones. A esas alturas, la voz había perdido redondez y pastosidad y acusaba un cierto trémolo; aun así, su interpretación es más que aceptable.
Ignoro si Lance Ryan era el Sigfrido previsto desde un principio; en un panorama en el que no abundan precisamente las voces para hacer este endemoniado papel, no es una elección fatal, pero tampoco muy satisfactoria. Comparando con su actuación en Valencia (con Mehta) tres años antes, Ryan matiza ahora mejor su personaje (no quizá en la actuación escénica, aún bastante primaria) y la voz, eminentemente lírica, sigue en buen estado (el trémolo, que no llega a ser molesto, se ha acentuado un poco), con agudos valientes y bien timbrados. Aun así, es un cantante mucho más limitado técnica y musicalmente que Jerusalem (pese a su menor squillo) en la anterior grabación de Barenboim. Lástima que no apareciese antes el que tal vez es en este momento la gran esperanza como heldentenor: Andreas Schager, que gustó mucho en Londres el año pasado en El anillo de Barenboim en los Proms, y que ha vuelto a hacerlo el 19 de enero en el Acto II de Tristán en Sevilla con el mismo director.
Hasta aquí las flaquezas de este reparto escalígero, pues el resto es espléndido, cuando no sensacional, como es el caso, nuevamente, de Nina Stemme, mi Brunilda favorita de cualquier época registrada por los micrófonos. La voz, cálida, noble, bellísima, igual de arriba abajo, llena en el grave y rutilante en el agudo, con una línea de canto sencillamente excelsa y capaz de acentos interpretativos no sólo imponentes, sino también conmovedoramente dulces.
Admirable el Mime de Peter Bronder, con una voz –igual que su predecesor en El oro, Ablinger-Sperrhacke–, nada desagradable como lo eran las de la mayoría de los antiguos Mimes: lo desagradable, como debe ser, es el personaje que Bronder encarna con toda propiedad. Lo mismo puede decirse de Johannes Martin Kränzle, rotundamente, mi Alberich favorito desde que lo escuché en El oro escalígero. Creo que en esto los cambios de gusto están siendo para mucho mejor: ¿por qué los cantantes que hacen estos odiosos personajes han de tener voces ingratas, y hasta, en tantos casos, cantar abiertamente mal?
No conocía a Alexander Tsymbalyuk, un bajo-bajo que hace un impactante Fafner. Tampoco a Rinnat Moriah, voz ligera ideal para el Pájaro del bosque. Y en cuanto a Anna Larsson, ninguna sorpresa: es la gran Erda actual, una auténtica contralto de graves y agudos muy poderosos que, además, canta magistralmente.
La escena, con escasos elementos tridimensionales (lo que sin duda abaratará la producción) y multitud de proyecciones y otros efectos lumínicos, recupera, pero sólo muy brevemente, a unos pocos bailarines, ésos que en El oro desagradaron a algunos y que habían desaparecido en La walkiria. La labor del director de escena Guy Cassiers creo que ha ido mejorando desde el comienzo de la Tetralogía: Walkiria me gustó más que Oro, y Sigfrido más aún. Plásticamente es muy bella y muy rica en sugerencias. En cualquier caso, me parecía más creativa, hasta lo genial, la de Harry Kupfer para la primera grabación, en Bayreuth, de Barenboim. La calidad técnica –imagen y sonido– son ahora muy superiores, pese a la espectacular mejora de la de Bayreuth en blu-ray: realmente están al más alto nivel de cualquier ópera que haya visto y oído.
Barenboim no es que sea hoy el más grande intérprete wagneriano, es que, tras escuchar este Siegfried, queda claro que los demás quedan muy, muy por debajo. En El anillo anterior era precisamente esta penúltima jornada mi predilecta, también por la batuta. Pero ahora el de Buenos Aires se ha superado a sí mismo con esta versión, llena de poesía y de fuego, no sólo de descarnada rudeza sino también de intensísimo lirismo amoroso, con una paleta de colores ilimitada, y obteniendo de la Orquesta de La Scala un partido sencillamente alucinante. La Orquesta de Bayreuth era, evidentemente, más wagneriana: poseía un sonido más robusto, denso y profundo, pero Barenboim ha aprovechado las extraordinarias cualidades que potencialmente poseen los milaneses –una cantabilidad excelsa de las cuerdas– y ha llevado hasta lo impensable su fuerza, su intensidad emocional y su entrega. Una dirección fascinante y genial, estos son los calificativos que mejor le cuadran.






2 comentarios:

  1. Acabo de conocer este "Sigfrido" y me he llevado una sorpresa: el intérprete del Wanderer, el tal Terje Stensvold, al que nunca había oido nombrar, me ha recordado muchísimo a Hans Hotter con Solti, y no crea que me ha gustado menos que el famoso bajo-barítono alemán, que, a propósito, tenía cuando la grabación 53 años, 16 años menos, nada menos, que Stensvold. Juan G.

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  2. He conocido hace poco esta grabación de "Sigfrido" y me he llevado una buena sorpresa: el cantante que hace del Viandante, Terje Stensvold, me ha recordado mucho a Hans Hotter con Solti, y no crea que me ha gustado menos que este famoso bajo-barítono, que tenía 53 años, o sea 16 menos que Stensvold.

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