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sábado, 11 de enero de 2014

¡Otro joven gran violinista! Sergey Khachatryan y su hermana interpretan las 3 Sonatas de Brahms


    

En los últimos dos o tres lustros han irrumpido con fuerza en el mundo musical unos cuantos violinistas jóvenes o muy jóvenes de gran talento, desde Renaud Capuçon hasta Ray Chen pasando por Guy Braunstein, Michael Barenboim, Lisa Batiashvili o Nemanja Radulovic, entre otros. Pues bien, no es, en absoluto, el menos dotado de ellos el armenio nacido en 1985 Sergey Khachatryan. Es más, este ganador en 2005 del primer premio en el prestigioso Concurso Reina Elisabeth de Bruselas, se está mojando desde el comienzo de su despegue internacional con varias de las obras musicalmente más comprometidas del repertorio: su debut tuvo lugar en el Avery Fisher Hall neoyorkino con el Concierto de Beethoven, nada menos, y ha grabado obras tan de mero lucimiento virtuosístico como las Sonatas y Partitas de Bach, la Sonata de Franck o el Concierto de Sibelius. Mi amigo Fernando López Vargas Machuca me comentó que su Concierto de Beethoven en Madrid le pareció asombroso.
Lo primero que logro escucharle es su más reciente disco (aparecido a finales de 2013), del sello Naïve, con las tres Sonatas para violín y piano de Brahms, nada menos. Disco que he incluido entre los mejores editados ese año, como habrán podido leer en este blog. En unas Sonatas en las que no abundan precisamente las interpretaciones de veras satisfactorias (ya he hablado aquí de este fenómeno tan extraño, pues es todo lo contrario de lo que ocurre con el Concierto del mismo autor), éstas se erigen, para mi gusto, en las más hermosas, hondas y conmovedoras del último cuarto de siglo. Y estamos hablando de obras de primera magnitud musical, a las que, por eso mismo, no es fácil hacer justicia.
Pues bien, Sergey (¡y su hermana Lusine al piano!) exponen estas obras con parsimonia, paladeándolas en su extrema belleza melódica, con un lirismo de la mejor ley y una asombrosa interiorización. Dulzura y ternura están bien presentes, sin que en mi opinión caigan en ningún momento en la blandura o la dulzonería. No hay rastro de exhibicionismo técnico, sino todo lo contrario: pura interiorización. Caben, por supuesto, versiones más erizadas o más dramáticas, pero éstas están desarrolladas con plena coherencia y son, en definitiva, no sólo muy bellas, sino también, para mí, muy convincentes. El sonido de Lusine, brahmsiano de pura cepa –robusto, pero también capaz de gran finura– es tan idóneo y hermoso como el de Sergey, que toca el Guarneri Ysaye. Ni qué decir tiene que el entendimiento entre ambos es completo. Desde Szeryng/Rubinstein y Oistrakh/Richter, Bauer no conozco un ciclo que me haya gustado tanto, y también cuento con los dedos de una mano las versiones aisladas de este calibre.
Escuché este disco –que trajo mi amigo Juan Ignacio de la Peña a mi casa– sin saber de qué intérpretes se trataba. Quedé un poco desconcertado, porque pensé que serían dos intérpretes maduros, hechos, y creía conocer las grabaciones de los intérpretes importantes de estas obras. Mi sorpresa fue mayúscula al enterarme de que se trataba de dos jóvenes, poco conocidos aún, además.



4 comentarios:

  1. Buenos días.
    Vaya por delante que no he escuchado a estos dos jóvenes intérpretes, ni tampoco su grabación de las Sonatas para violín y piano de Brahms para Naïve. Sus entusiastas palabras han despertado mi curiosidad.
    Pero, por otra parte, me sorprende constatar que, entre sus preferencias mencionadas ahora y las destacadas hace un año (http://angelcarrascosa.blogspot.com.es/2013/05/la-obra-para-violin-y-piano-de-brahms.html), no figura la interpretación de Suk y Katchen (para Decca) que yo tengo por referencial. ¿No comparte usted esta opinión?
    Le saluda cordialmente,
    Antonio Castro.

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  2. Tuve en LP aquellas grabaciones de Suk y Katchen, pero hace muchos años que no las escucho. Puede que tenga usted razón, que estén entre las mejores; intentaré volver a encontrarlas. El recuerdo lejano que tengo es que había en ellas una especie de "reparto de papeles" un tanto discutible: violín "femenino" versus piano "masculino". ¿Me traiciona la memoria?

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  3. Es posible... o no.
    Tampoco sabría qué responderle, pues no comparto los criterios tan subjetivos (y tan poco musicológicos) en que sustenta sus impresiones acerca de la grabación de Suk y Katchen. Sus palabras me han desconcertado.
    En cualquier caso le agradezco su respuesta.
    Le saluda cordialmente,
    Antonio.

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    Respuestas
    1. No se quede desconcertado, por favor: le repito, hace años que no las escucho, le digo que puede que tenga usted razón, y mi recuerdo no tiene la más mínima pretensión de ser "musicológica". ¿No conoce usted, acaso, ninguna interpretación, de esas u otras obras, que dé esa impresión de "reparto de papeles"? Sé que es un tópico, empezando por lo de "masculino" y "femenino", pero dicho entre comillas, ese reparto de caracteres aparece en multitud de obras (no sólo de interpretaciones), por ejemplo de Beethoven, y se lo hemos podido leer a multitud de comentaristas importantes, musicólogos incluidos. Aunque esa apreciación sea, por supuesto, mucho más tópica y subjetiva que "musicológica".

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