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sábado, 16 de mayo de 2015

Tres publicaciones de Sony: Haydn/Norrington, Scriabin/Horowitz y Chopin/Lang Lang

 

Norrington

Sony España me ha enviado amablemente tres ediciones recientes -dos álbumes de 3 CDs cada uno y un DVD- para que los comente en este blog. Los dos últimos me han gustado mucho, y el primero, bien poco. Este son las 6 Sinfonías "de París" de Haydn por Roger Norrington y la Orquesta de Cámara de Zúrich. Estoy convencido de que el director de Oxford (n. 1934) es un músico de gran talento y capacidad, pero que, por encima de estas cualidades, es un provocador que no quiere dejar indiferente, no quiere que se le confunda con uno más. Estas 6 maravillosas obras maestras no le caben en dos CDs no por que las lleve despacio, sino porque hace todas las repeticiones, una práctica muy inusual. (Bueno, el total no llega a los 165', de tal modo que sí que podrían haberse acomodado en 2 CDs, pues los hay de hasta 83'). Con una orquesta estupenda, que no es de instrumentos originales, tocan como si lo fueran: a la manera barroca, sin apenas vibrato, etc., produciendo, sobre todo los violines, un sonido a menudo gatuno bastante desagradable (hay muchos melómanos que se han acostumbrado a él; yo sigo llevándolo muy mal). Los timbales y el viento suenan bastante mejor, e incluso el oboe solista me parece extraordinario, por su sonoridad y forma de tocar. No, el problema no está en la orquesta suiza.

Norrington cae en casi todas ellas en los mismos defectos: introducciones a los movimientos iniciales rápidas y faltas de hondura, allegros en los que casi invariablemente los staccati (de los arcos sobre todo) se convierten en legati, produciéndose unas muy desagradables gangosidades y la consiguiente pérdida de vitalidad y dinamismo. Los movimientos lentos suelen ser menos lentos (el de la Sinfonía 85 "La Reina de Francia" es un dislate); es un recurso a lo fácil, pues mantener la lentitud sin caer en la falta de tensión o en el aburrimiento es mucho más comprometido para un director. Por suerte, no suele caer en la manía de hacer los minuetos muy rápidos y violentos, como es una moda últimamente extendida. Pero en medio de este panorama tan negativo (desde mi gusto personal, recuerdo), Norrington, me parece, no puede evitar dirigir estupendamente algún episodio, en particular los finales de las Sinfonías 82 "El oso" y 86. Con lo que me reafirma en lo que yo decía al principio: que sabe dirigir bien, pero por lo normal no quiere. Prefiere llevar la contraria, llamar la atención. (Conclusión a la que había llegado yo hace muchos años, pero que también aquí confirmo).

Horowitz

El segundo álbum, también triple, contiene todas las grabaciones con música de Alexander Scriabin llevadas a cabo por Vladimir Horowitz (Ucrania 1903-Nueva York 1989) tanto para RCA como para CBS, en estudio o en público, entre 1950 y 1976. Horowitz, reputado como uno de los mayores pianistas del siglo XX, no goza en general por mi parte de especial aprecio (hasta de sus realizaciones más banales he leído críticas delirantemente elogiosas: por ejemplo de su insípido Concierto 23 de Mozart, ¡rutina de la que contagió nada menos que a Giulini!). Con frecuencia encuentro sus interpretaciones demasiado exhibicionistas de virtuosismo y casi siempre de un sonido muy duro, pero admito que algunas de sus grabaciones me producen gran admiración (de Scarlatti o de Schumann, por ejemplo).

Entre estas últimas están, sin duda, las de Scriabin, compositor muy interesante -mucho menos conocido de lo que merece- del que Horowitz fue gran defensor, pionero intérprete y divulgador, revelando su valía en unos años en los que su música pianística era aún poco cultivaba. Lo sorprendente es que no solo se identifica a las mil maravillas con el primer Scriabin, el más deudor de Chopin y que tiene más en común con Rachmaninov (ahí están sus extraordinarias realizaciones de los Estudios op. 2/1 y op. 8/12, de los Preludios op. 11/1 y op. 16/1 o de la Tercera Sonata), sino también con el mucho más avanzado, como demuestra en la Quinta Sonata -asombrosa versión-, en los Preludios op. 59/2 y 67/1, Vers la flamme op. 72 e incluso en la Sonata nº 9 "Misa Negra", obras de un lenguaje ciertamente muy avanzado, casi sin rastro ya de romanticismo. Por cierto, de esta última se ofrece la nerviosísima versión de 1953 (6'24") y la más asentada de 1965 (9'03": como un 25% más lenta): magníficas ambas, pese a sus diferencias. Las grabaciones han sido cuidadosamente reprocesadas y suenan francamente bien.

Lang Lang

Me temía que este DVD (también editado en Blu-ray) utilizase la banda sonora de grabaciones de Lang Lang; pero no: por suerte el pianista chino está presente en el escenario del Teatro de los Campos Elíseos de París (4-XI-2013) mientras los bailarines se desenvuelven próximos a él. O sea, música en vivo con todas las de la ley. Los bailarines del Houston Ballet realizan con gran profesionalidad y hasta sensibilidad coreografías de Stanton Welch, de corte mayormente clásico que, a decir verdad, uno no siempre asociaría al sentido o trasfondo de la música, pero esto seguramente es una apreciación personal. Ahora bien, la belleza visual de las coreografías y del desempeño de los danzantes es incuestionable, lo mismo que la hermosa y atinada iluminación, en la que predominan las luces rosáceas o doradas, como el arrebol del atardecer.

Las interpretaciones de Lang Lang son de gran altura, sensibles e inspiradas, dando en el clavo tanto en las piezas más optimistas o extrovertidas como en las de algunos valses o de la Polonesa op. 22 y en las más dramáticas, pesimistas o sombrías como son casi todas las restantes. En las Baladas 1ª y hay poesía y vuelo: de fraseo a veces libre, pero sensato, suelen resultar más ensoñadas que apasionadas, mientras que la es particularmente dramática. El Estudio 7 de la Op. 25 es en sus dedos hondo, introspectivo y amargo hasta la desolación. Los Nocturnos op. 15/1 y 55/2 están expuestos con extraordinaria delicadeza, como el Andante spianato, mientras la efervescente Polonesa que le sigue se halla separada de aquel por varias piezas, entre ellas un Estudio op.10/3 cantado en extremo. El Vals 19 se erige en la más noble música de salón. Y de propina, ya sin baile, convierte el Vals "del minuto" en una página de curioso sentido del humor. En definitiva, Lang es un pianista dotado de un mecanismo fulgurante, muy creativo y de ideas casi siempre felices en Chopin.

2 comentarios:

  1. Estimado Ángel,
    Siguiendo tu comentario sobre Scriabin, te pediría que lo tengas en cuenta en tus futuras listas de discos para una isla desierta. Como bien dices es un compositor de gran calidad y que no está todavía lo suficientemente reconocido. Me gustaría saber tus recomendaciones para poder conocerlo mejor.

    Muchas gracias por tu trabajo.

    Ángel.

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    Respuestas
    1. En el Forum de Ritmo de junio espero hacer una sucinta discografía de Rimsky y de Scriabin.

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