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domingo, 5 de julio de 2015

Concierto de Barenboim y la Staatskapelle Berlin para el 60º aniversario de la EOI

 
Wagner, Verdi y Elgar
La Escuela de Organización Industrial tuvo una idea excelente al traer el día 4 de julio al Teatro de la Zarzuela (ni el Teatro Real ni, al parecer, el Auditorio Nacional estaban disponibles) a la Staatskapelle Berlin con su director para un concierto, aprovechando la venida de ambos a Barcelona los días 6 y 7 para sendos conciertos (uno de ellos, coral: con las Cuatro Piezas Sacras de Verdi). El público, en su mayoría invitados, no eran en general melómanos, lo que explica que aplaudieran al terminar el primer movimiento de la Primera Sinfonía de Elgar. Por cierto, llenar la segunda parte del concierto con esta obra constituye una cierta temeridad por parte de Barenboim, pues no es una obra precisamente fácil para un público tan generalista (¿se imaginan una Séptima de Beethoven o una Primera de Brahms en su lugar?).

La primera parte, breve (la mitad de duración que la segunda) sí fue popular: la Obertura de Los maestros cantores, absoluta especialidad de la casa, que, aun así, y aun siendo estupenda, fue quizá lo menos extraordinario de la velada, por algún problema en la ejecución, debido quizá en parte a la extraña acústica del escenario: soberbia para los instrumentos situados delante de la embocadura (toda la cuerda salvo los contrabajos), y con peor proyección del sonido para el resto. Esto hizo que viento y percusión sonasen un poco tímidos o retraídos. Parece que este problema no volvió a presentarse en el resto del programa. La versión careció de toda grandilocuencia, siendo vital, vivaz e incluso con toques de humor, pero lo más llamativo fue que en la franja central, antes de la fuga (inmensamente nítida), hubo espacio para una actitud singularmente reflexiva.

Si Wagner está más que sobradamente reconocido como territorio familiar (y más que eso) para Barenboim, sus reiteradamente magníficas interpretaciones de músicas de Verdi son menos conocidas, pero la verdad es es que suelen ser apenas menos extraordinarias, de Simon Boccanegra y Otello al Requiem. Anoche quedó bien patente: el Preludio I de La Traviata fue memorable por su belleza y su emotividad: me pareció escuchar alusiones no muy veladas a suspiros y hasta algún sollozo. La Obertura de La forza del destino de Barenboim con la West-Eastern Divan Orchestra (CD/DVD Teldec 2005, en público en Ginebra) es la versión más admirable que he escuchado jamás. La de ayer fue algo menos arrebatadora, pero aun así asombrosa. Las melodías líricas fueron cantadas con la vista puesta en el legato de los más grandes cantantes verdianos. Las intervenciones de clarinete, oboe y flauta (Matthias Glander, la jovencísima linarense Cristina Gómez y Claudia Stein) fueron excelsas.

Pese a haberle escuchado a Barenboim el año pasado para Ibermúsica una Segunda Sinfonía de Elgar bastante atípica e impresionante (grabada en CD por Decca), yo no estaba preparado para una Primera tan alucinante. Apartándose bastante de la sacrosanta tradición británica elgariana, Barenboim despojó a la obra de su tejido adiposo y de su pomposidad y la aproximó de modo sorprendente a Bruckner: la sonoridad fue de una transparencia reveladora, y las líneas estructurales quedaron mucho más explícitas. La preparación, la ascensión al gran clímax del primer movimiento fue, en efecto, muy bruckneriana, lo mismo que la coda del finale, en la que jamás había escuchado tantas líneas musicales. El scherzo fue particularmente incisivo y fantástico. Pero la maravilla de las maravillas ocurrió con el Adagio, en el que Barenboim logró una belleza y una emotividad absolutamente insólitas, hasta tal punto que la interpretación de ayer se convirtió en la más creativa y genial que yo haya escuchado nunca, en concierto o en disco, de esta obra (espero con ansiedad la grabación, de nuevo Decca). Y en una de las mejores cosas que le escuchado en años a Barenboim, para mí, sin duda, en el intérprete más grande de nuestro tiempo.

Posdata: Quiero dejar constancia aquí de que, pese a haberle solicitado con un mes de antelación una entrada (no estaban a la venta) a Ibermúsica, y haberles rogado reiteradamente que no se olvidasen de mí, no me consiguieron nada, y ni siquiera me dieron explicaciones: "no ha sido posible", o algo parecido. No me esperaba esto de ellos: llevo tiempo inmemorial como abonado, y creo que todas las temporadas les he escrito las notas para un concierto. Simplemente, esta vez han pasado de mí. ¡Menos mal que logré que Universal (compañía de la que Barenboim es ahora artista) me consiguiese una entrada! Mis más efusivas gracias desde aquí a Maider Múgica: ¡qué concierto me hubiese perdido sin su amabilidad!





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