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lunes, 8 de mayo de 2017

Primer jalón del ciclo sinfónico de Bruckner por Nelsons



Sinfonía No. 3 y Obertura de Tannhäuser de su dedicatario

Andris Nelsons debuta en Bruckner con una Tercera Sinfonía dentro del ciclo completo al frente de la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig que anuncia Deutsche Grammophon (¡gran noticia!). Los discos -no sé si todos- serán completados con algunas páginas orquestales de Wagner, el gran ídolo del enorme sinfonista. En esta Tercera (dedicada a Wagner) se añade la Obertura de Tannhäuser. Ya le escuché en Madrid a Nelsons una Séptima de Bruckner que me gustó mucho, mucho, convenciéndome por completo; ahora esta Tercera no lo ha hecho del todo, y solo a causa de un primer movimiento muy dilatado (casi 24'), que encuentro carente de toda la debida tensión en los pasajes en que me parece absolutamente necesaria: resulta algo mortecino en su conjunto. Es una pena, porque todo el resto de la Sinfonía me ha parecido realmente extraordinario, en particular un maravilloso "Adagio", bellísimamente cantado y algo menos conflictivo de lo que aparece en otras interpretaciones. Nada de particular en los dos movimientos finales, salvo tal vez el acentuado aire danzable de ländler en el trío del scherzo. Toda la obra -que escuchamos en la edición Nowak de 1888/89- está extraordinariamente bien analizada y expuesta con enorme claridad, con la mayor musicalidad y sin un solo instante de debilidad o que pudiera molestar. La respuesta de la Orquesta de Leipzig es admirable por su perfección y su hermosa e idónea sonoridad, aunque le falta un punto para equipararse a las cinco o seis más grandes. 

En cuanto a la Obertura, no es precisamente rutinaria, sino personal en determinados detalles, y por supuesto está magníficamente bien realizada. Pero también echo de menos algo más de exaltación en la sección del Venusberg y de grandiosidad y brillantez en la coda. Es curioso comprobar cómo, desde sus primeros años, Nelsons aparece como un director maduro mucho más que juvenil (algo absolutamente infrecuente y que se agradece un montón), pero tal vez a esta Obertura no le venga mal algo más de fuego y de voluptuosidad; cualidades juveniles, sí, pero que no les han faltado en absoluto a directores de edades maduras, como Solti o Barenboim.  

Se afirma que las tomas, de junio de 2016, son live recordings, pero lo cierto es que no se oye ni un murmullo: puede que sean, como en tantas ocasiones, ensayos generales sin público, esta vez en la propia sala de la Gewandhaus. Las grabaciones son muy buenas y equilibradas, si bien tampoco son las mejores hasta hoy; tal vez para esta Sinfonía lo sean la de Maazel con la Filarmónica de Múnich (Sony 2013) y la de Barenboim con la Staatskapelle Berlin (Peral 2014/DG 2017). Seguramente las salas donde se han grabado estas dos -la Philharmonie im Gasteig muniquesa y la Musikverein de Viena, respectivamente- sean más agradecidas.

3 comentarios:

  1. Quizá Celibidache ha tenido una influencia perversa en la interpretación de Bruckner, estimulando versiones demasiado alargadas, un tanto desvaídas. Le pasó sobre todo en sus últimos años, si bien no todos los imitadores, o seguidores, tienen su genio.

    El primer movimiento de la Tercera de Bruckner es especialmente peligroso porque los detalles deben acompañar y no ser el centro de atención. Lo importante es una acumulación de tensión inexorable, que descarga. Una de mis versiones favoritas, para este primer movimiento al menos, es la de Szell, poco apreciada por la crítica en general. Creo que la analiza y expone maravillosamente.

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    1. Te doy, Nemo, completamente la razón en lo que dices. Por ejemplo, Barenboim, enorme admirador (y colaborador en muchas ocasiones) de Celibidache, no lo imita, sino que sigue los dictados de su propia personalidad.

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  2. Cierto. Barenboim ha trabajado con todos los grandes, sin imitarlos nunca. Cooperando siempre de igual a igual, y sigue su camino. Tiene una enorme personalidad musical.

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