sábado, 19 de agosto de 2017

El Pablo Casals para mí desconocido



Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Mendelssohn y Brahms

Hasta ahora había escuchado muy pocas grabaciones del Casals director (lo fue desde al menos 1920 hasta el final mismo de su vida; es decir a lo largo de más de medio siglo) y, a decir verdad, no me habían gustado gran cosa. Eran sobre todo Brandemburgos y Suites de Bach, que me parecieron anticuadas. Sin embargo, había leído -con cierto escepticismo- que algunos músicos muy importantes hablaban maravillas de él como director.

Sigo sin conocer la mayoría de sus grabaciones, pero el álbum de 3 CDs que acabo de comprarme a precio de risa me ha hecho replantearme a fondo mis inconscientes, provisionales, opiniones sobre él empuñando la batuta. Contiene diez obras, insuficientes para juzgarlo, claro está. Pero hay entre ellas algún prodigio que, francamente, no solo no me esperaba sino que me ha dejado de veras tocado. El álbum, selección de la revista francesa "Diapason" sobre discos de CBS (hoy Sony), comienza con El cant dels ocells, pieza anónima arreglada por Casals en la que toca y dirige en el Festival de Prades de 1950: hermosa y emocionante página recurrente en su carrera, la toca con auténtica devoción. En la Sinfonía No. 95 de Haydn (1967) me recuerda inevitablemente a Klemperer, pero no concretamente al Klemperer del tardío momento en que la grabó (1972), sino a su Haydn de los años 60: vital, enérgica, sólida, clarísimamente expuesta y también muy expresiva y humanista. La Orquesta del Festival de Marlboro, presente en esta y en todas las demás grabaciones, luce una cuerda disciplinada y espléndida, trabajadísima, mientras que algunos solistas del viento (trompetas, sobre todo) son solo discretos. De 1963 es una Sinfonía No. 39 de Mozart tremendamente radical: hiperdramática como jamás haya escuchado. El Andante es punzante, angustioso. Una propuesta discutible pero de enorme fuerza y valentía. Algo similar propone en la Octava Sinfonía de Beethoven (1963), fulgurante, tajante, entusiástica, apasionadísima en su primer movimiento y con finale absolutamente extraordinario: nunca lo he escuchado expuesto con tal vigor y tal limpieza.

El CD 2 se abre con una áspera, dura y dramática Obertura de Egmont (1963). Sigue una Sinfonía "Pastoral" (1969) cuyo primer movimiento no me convence por su rusticidad algo ruda (¿un intento, para mí fallido, de haydnizarla?); el resto nada tiene de particular. En mi opinión es lo menos logrado del álbum. Porque la Sinfonía "Inacabada" de Schubert (1968) que sigue es cuando menos interesante en su enfoque, resultando muy trágica y seca antes que consoladora. Para mí lo ideal es un equilibrio entre ambas.

La Sinfonía "Italiana" (1963) de Mendelssohn del tercer CD es una de las mejores que recuerdo. Vibrante, vigorosa y perfectamente diseccionada, me recuerda de nuevo a Klemperer. Lo que me ha dejado boquiabierto es la, sin duda, más bella Obertura Las Hébridas (1972) que he escuchado en mi vida, Klemperer incluidos (Philharmonia y Radio Bávara). El asombroso modo en que es expuesta y explicada la convierte en todo un descubrimiento. Por no hablar de su belleza melódica y su poesía. Y hablamos de una página genial de la que no abundan las grandes interpretaciones, lo que atribuyo a su especialísima dificultad. Las Variaciones Haydn de Brahms (1969) son excelentes, admirablemte cantadas, sin nada más especial que señalar. Este tercer disco se completa con 17 minutos de ensayo de la "Inacabada" de Schubert en el Festival de Puerto Rico del año 1957.

Un director, pues, a redescubrir, sin la menor duda. Conviene señalar que las interpretaciones que contiene fueron realizadas entre 1950 (cuando Casals tenía 74 años) y 1972 (¡con 96 años!), un año antes de su muerte. Esta última, la de este anciano, es precisamente la que más me ha maravillado. ¡A ver si Sony se anima a publicar una de esas cajas suyas de integrales -blancas y baratas- con todo el Casals director!

1 comentario:

  1. En Spotify tiene usted un disco de Sony que empareja Séptima y Octava de Beethoven. La Séptima es igual de buena o mejor.

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