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martes, 20 de febrero de 2018

Evgeny Kissin y el Cuarteto Kopelman en Ibermúsica



Mozart, Fauré y Dvorák

Ayer escuché por primera vez a Kissin haciendo música de cámara; creo que en este campo no tiene una sola grabación, algo infrecuente entre los grandes pianistas. Lo cierto es que se le nota: esta música necesita de la escucha atenta de los demás y del diálogo con los colegas, responderles en la línea de lo que se ha escuchado de ellos, etc. A lo cual Kissin parece estar poco habituado. Se vio incluso que no se miraban él y el cuarteto más que al comienzo de cada movimiento. Así, tuve la sensación en algunos momentos de que había dos bloques: el piano y los tres o cuatro instrumentos de arco. Mozart no me parece terreno natural del gran pianista ruso, a pesar de lo cual no carece de frases maravillosas; pero es significativo que el -tremendo- clímax del primer movimiento del Cuarteto No.1 en Sol menor, K 478, pasó totalmente inadvertido entre sus dedos. Menos aún se avienen con Mozart los miembros del Cuarteto Kopelman, liderado por el famoso tantos años primer violín del Cuarteto Borodin, Mikhail Kopelman (n. 1947), quien además ha perdido parte de su antaño brillante e intenso sonido y su segurísimo mecanismo. En la composición del salzburgués, abiertamente prebeethoveniano su Allegro inicial, tocaron con bastante rigidez. Creo que no fue una buena elección para ellos. 

Las cosas mejoraron notablemente en el Primer Cuarteto con piano, en Do menor, op. 115 de Gabriel Fauré, una de mis obras favoritas de este compositor, probablemente por la perceptible huella que se aprecia en ella de César Franck. Tanto Kissin como los tres componentes del Cuarteto se hallaron más cómodos en ella, lo que no impidió de nuevo cierta descoordinación aquí y allá entre ambas partes. Kopelman no estuvo muy pulcro en el scherzo y Kissin, autor de pasajes admirables, estuvo un tanto desaparecido en algún otro. 

Lo mejor de la velada fue sin duda el magnífico Segundo Quinteto, en La mayor, op. 81 de Antonín Dvorák (al que, a juzgar por las notas, Andrés Ruiz Tarazona no tiene en mucho aprecio). Es cierto que el finale es un poco decepcionante, pero ¡los dos primeros movimientos son extraordinarios! Pianista y Cuarteto se entendieron mucho mejor con esta obra, y en ella sí pudimos admirar al enorme pianista en toda su valía, valiente, brillante, apasionado y capaz de cantar maravillosamente las abundantes e inspiradas melodías, sobre todo en la Dumka (Andante con moto). Los componentes del Kopelman -además de quien le da nombre están el segundo violín Boris Kuschnir, el viola Igor Sulyga y el cello Mikhail Milman- tienen una media de 70 años de edad y, la verdad, no son equiparables en virtuosismo y seguridad a los del Cuarteto Borodin de sus días de gloria, pero todos ellos dejan también bien patente que son grandes músicos.   

Ofrecieron de propina el scherzo del Quinteto de Shostakovich, que, pese a estar tocado con la máxima solvencia e intención, dejó en evidencia que no resiste la comparación con todo lo anteriormente escuchado. El concierto empezaba a las siete y media; a las diez menos cuarto de la noche salí corriendo, pues había quedado a las nueve y media, sin saber que me perdería ¡una segunda propina! No sé qué fue, así que si algún lector lo sabe, dígamelo, por favor.

1 comentario:

  1. Interesantísimos comentarios. Describen lo que a muchos se nos pasaría por alto.

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