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domingo, 25 de febrero de 2018

Dos discos recientes: Stravinsky por Chailly y Bruckner/Wagner por Nelsons



Stravinsky por Chailly
Lo que vende principalmente el nuevo disco de Decca con la Orquesta del Festival de Lucerna con Riccardo Chailly es la primera grabación mundial del Chant funèbre de Stravinsky, partitura de 1909 que se creía perdida y de la que el autor hablaba como de "su mejor obra juvenil" (supongo que se refería a las anteriores a El pájaro de fuego, de 1910). Es, en efecto, una pieza (de poco más de diez minutos) más que interesante, que anticipa en algunos momentos ese primer ballet suyo que le abrió las puertas de la fama mundial. Pero que también presenta numerosas huellas de su maestro Rimsky-Korsakov, e incluso -lo cual es más infrecuente- de Mussorgsky. Página, pues, algo ecléctica, con destellos de originalidad que, para mí, tiene un título inadecuado: más que fúnebre, me parece sombría. 
 
El disco se ha rellenado con otras tres obras juveniles: El fauno y la pastora (1906), pieza que a mí me gusta bien poco y que canta aquí la excelente pero ya algo declinante Sophie Koch. Las espléndidas Fuegos artificiales y Scherzo fantástico (ambas de 1908) están muy brillante y colorísticamente interpretadas. El complemento y plato fuerte musicalmente hablando del disco es, claro, La consagración de la primavera (1913). Chailly grabó en 1987, también para Decca y con la Orquesta de Cleveland, una interpretación de primera magnitud de esta partitura cumbre de la producción de su autor. Años más tarde se divulgó por alguna televisión extranjera otra magnífica lectura de la misma, con la Orquesta del Concertgebouw. 

Pues bien, en esta de ahora, aun siendo buena, no mantiene esos niveles de excelencia, sino que la versión se resiente de ciertas excentricidades, de colocar aquí y allá en primer plano texturas que no suelen, en detrimento de las que parece deberían estarlo, de algún que otro brusco acelerón que no parece muy justificado y, para mí lo más chocante, de un crescendo y accelerando abortado antes de tiempo en el final mismo de la primera parte. También me ha dejado un poco descolocado que la Orquesta suiza, que siempre ha sonado magníficamente con Abbado y con Nelsons, aparece aquí con unas trompas insuficientes en varios pasajes, y con unas trompetas a veces inseguras, chillonas y desabridas. O sea que la inocultable decadencia de Chailly también se aprecia aquí, aunque lejos, por descontado, de sus fiascos de los últimos años en Beethoven, Brahms o Schumann. (Me he acordado ahora de una anécdota desagradable: en una comida con él en Sevilla, hace años, alguno de los comensales sacó a colación el nombre de Giulini. Y Chailly intervino para decir que era un director sobrevalorado, pues, dijo, "es incapaz, por falta de técnica, de dirigir La consagración de la primavera". ¡Qué fea nos pareció aquella innecesaria salida de tono!). 

Wagner y Bruckner por Nelsons
Siguiendo con su ciclo Bruckner, que añade a sus Sinfonías una página de Wagner (el año pasado salió la Tercera con la Obertura de Tannhäuser), acaba de lanzar ahora Deutsche Grammophon la Cuarta "Romántica" precedida del Preludio I de Lohengrin. Este suena en una interpretación especialmente religiosa, de extraordinaria belleza y perfecta planificación en su largo crescendo, su clímax y su decrescendo final: una maravilla. 

Si hubiese escuchado esta Cuarta Sinfonía sin saber quién dirigía hubiera pensado sin duda en un maestro, un gran maestro, de muchos años de edad, que concibe la partitura con enorme amplitud, serenidad y delectación, extrayendo de ella con calma sus enormes bellezas. Una batuta de vuelta de todo, sin la menor intención de exhibicionismo o de gran brillantez, a quien parecen interesarle menos otros aspectos de esta partitura, como su fuego y su entusiasmo, su fulgor. Sin embargo, es de un director todavía joven; conocemos interpretaciones brucknerianas de algunos maestros que le doblan en edad. Es la de Nelsons una opción muy respetable, porque está defendida con un sonido y un estilo Bruckner genuinos, pero que a mí no es la que más me convence, porque me parece que en la obra hay todas esas cosas, y más. El Andante quasi allegretto (esta última indicación no la tiene muy en cuenta: 17'16") y el trio del scherzo me han parecido maravillosos. Pero hay un instante que creo no ha resuelto bien: la súbita entrada fortísimo en el minuto 14'35" del primer movimiento no está preparada y parece no justificarse. Es solo un detalle para mí fallido en una gran versión, sin duda, que se extiende hasta los 70 minutos de duración (como cinco más de la media, solo superada, con mucho, por Celibidache, claro y por un par de versiones más bastante forzadas). 

Al igual que ocurrió con la Tercera, la toma de sonido, teóricamente "en público" (lo que a veces me parece dudoso, al no oírse el menor murmullo) en la Sala de la Gewandhaus, no me parece del todo lograda para los tiempos que corren: es una toma muy natural, probablemente como se escucharía en un lugar privilegiado de la sala, pero en la que merma algo la claridad entre los distintos grupos de la orquesta: se sacrifica un tanto la transparencia a favor del empaste orquestal. Pero conozco grabaciones recientes en las que se ha conseguido un magnífico equilibrio entre una cosa y la otra. Como la serie va a continuar, yo que DG grabaría las restantes en otro lugar... o de otro modo.

2 comentarios:

  1. Hola Angel...en un par de semanas escucho el canto fúnebre, junto con le sacré de primtemps y el cuarto concierto para violín de Mozart a la osrm con virginia, ya te cuento....siempre es un placer leerte, pasa buen domingo, ciao...

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  2. No creo que alguien capaz de dirigir una excelente, aunque algo aterida, Novena de Mahler fuera incapaz de dirigir la "Consagración": simplemente Giulini tenía unos gustos muy conservadores en lo estético, lo que le llevó a apenas dirigir Stravinski, Bartók o Prokofiev.

    Chailly (seguidor y admirador de Abbado) es más progresista en todos los ámbitos (recordemos sus grabaciones de Varèse...), aparte de un especialista stravinskiano (imbatida su grabación de "El beso del hada" del 86.

    No diría que Giulini está supervalorado, pero sí algo mitificado por algunos ("el mejor Brahms, el mejor Bruckner"... Aseveraciones que me cuesta entender).

    Pero en cuanto a gustos. También dicen algunos que Toscanini era un cafre y no nos rasgamos las vestiduras (Chailly es un "notissimo" toscaniniano, como todos sabemos.

    A mí me gustan los "Rigolettos" de los dos, aunque obviamente Pavarotti está MUCHO mejor que Domingo (otro anatema más).

    Saludos cordiales.

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