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miércoles, 28 de diciembre de 2022

El Concierto para orquesta de Béla Bartók (y II)

 

En 1959 llega la grabación de Rafael Kubelik con la Royal Philharmonic Orchestra para EMI. Versión de nivel variable en la que lo más logrado es el primer movimiento. La Orquesta londinense no estaba por entonces en su mejor momento, en particular el metal.

Dos versiones de altura siguen: la de Leonard Bernstein con la Filarmónica de Nueva York (CBS/Sony 1960), un tanto desequilibrada, y la correctísima pero algo descomprometida de Bernard Haitink con la Concertgebouw de Amsterdam (Philips 1961). 

De 1963 son la notable versión de Antal Dorati con la Sinfónica de Londres para Mercury -un poco gritona, con una rabiosa Elegía- y la espléndida de Erich Leinsdorf con la Sinfónica de Boston (RCA), con una virtuosista respuesta orquestal, soberbiamente grabada y de gran brillantez. Precede en un año a la menos valiosa, más neutra, de Eugene Ormandy con la Orquesta de Filadelfia, para Sony.

Sir Georg Solti, que fue alumno en Budapest del propio Bartók, siempre ha sido un infatigable defensor del compositor y asiduo intérprete de la mayor parte de sus obras orquestales, así como de su única ópera, El castillo de Barbazul.

Además de dos filmaciones, una con la Filarmónica de Londres y otra con la Sinfónica de Chicago, Solti grabó en disco el Concierto para orquesta en 1965 con la Sinfónica de Londres y en 1981 con la de Chicago. Dos interpretaciones modélicas, que respiran autenticidad y sinceridad, de un estilo perfecto por partida doble (como conocedor de Bartók y de la música folklórica húngara, que también se filtra en la partitura, si bien no con la intensidad que en otras obras suyas), sin gangas, directas, sobrias e intensas, con una Elegía desgarradora, nada romántica. Versiones ásperas e incisivas, sin pulimento (lo que no significa, de ningún modo, descuidadas), sino de sonoridades en estado puro.

Tres grandes batutas protagonizan las tres principales interpretaciones que siguen a la primera de Solti: George Szell con la Orquesta de Cleveland (Sony 1966), Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín (DG 1970) y Pierre Boulez con la Filarmónica de Nueva York (Sony 1973). La primera de estas, muy seca, resulta por debajo de las expectativas, y en la última la centuria neoyorkina está por debajo de su nivel habitual por esos años.

Sólo un año más tarde se lanza al mercado la de Rafael Kubelik con la Sinfónica de Boston (DG), versión desigual cuyo mayor acierto vuelve a ser el primer tiempo, de introducción sumamente misteriosa y casi siniestra, y que asombra por su excepcional claridad. Cualidad que se repite en el 2º mov. y en el finale, tras un tercer y un cuarto movimientos extrañamente light. Del mismo año 1974 es la grabación para EMI de Karajan con la Filarmónica de Berlín, interpretación -muy parecida a la suya cuatro años anterior- opulenta y refinada, de sonoridad y orientación -demasiado romántica en la Elegía- probablemente no muy bartokianas.

La importante interpretación de Lorin Maazel con la Filarmónica de Berlín, de finales de los setenta (al parecer no ha sido transferida a CD), contiene una impactante Elegía. Poco después llega la segunda de Solti, en Chicago: una de las más colosales ejecuciones, una de las mejores tomas de sonido y una de las concepciones más convincentes. En definitiva, versión ejemplar, modélica.

Irreprochable, algo impersonal la interpretación de André Previn con la Filarmónica de Los Angeles (Telarc 1989), que culmina en un magnífico finale. La toma de sonido es meridianamente clara.

En cuanto a la de Simon Rattle con la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham (EMI 1992), me resulta un tanto decepcionante, tratándose de uno de los mayores intérpretes de la música del siglo XX.  

Como queriendo resarcirse de su pinchazo de veinte años antes, en 1993 volvió Pierre Boulez a llevar al disco el Concierto para orquesta de Bartók, ahora para DG y con la Sinfónica de Chicago (de la que entonces era principal director invitado). Ahora la unanimidad de la crítica ha sido casi completa: premiado con un Grammy, esta interpretación ha sido celebrada como una de las mejores de la historia del disco. La ejecución orquestal es prácticamente insuperable, y la grabación, deslumbrante. La enorme claridad, en la que se aprecian detalles “nuevos”, es mérito tanto del director musical como de los ingenieros de sonido. Diez años después, el logro interpretativo se repetía en la Iglesia del Monasterio de los Jerónimos de Lisboa -de acústica bastante reverberante- con Boulez al frente de la Filarmónica de Berlín (Blu-ray EuroArts).

Pero la lista de grabaciones no se cierra con esta versión, sino que siguen otras bien destacadas: en 1994 la de Hugh Wolff con la Philharmonia de Londres (Teldec), excelente sobre todo en la Elegía, en 1995 la de Herbert Blomstedt con la Sinfónica de San Francisco (Decca), que es excepcional de principio a fin y tan bien grabada como la que más, y en 2001 la de Riccardo Chailly con la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam (Decca), toma de sonido e interpretación memorables que, lástima, flaquea en el último minuto, en una coda inexplicablemente ampulosa. En cuanto a la interpretación de Sergiu Celibidache con la Filarmónica de Múnich (EMI 1995), impresiona el implacable análisis que el genial maestro lleva a cabo de la partitura, pero esta quizá se resiente de unos tempi demasiado morosos, tal vez no muy naturales, sensación de la que se salvan en parte los dos movimientos finales. Esperaba más de la versión de Iván Fischer con la Orquesta del Festival de Budapest (Philips 1997), que me ha parecido un tanto despreocupada, hasta rozar en ocasiones lo banal.  

La lista se completa con varias otras grabaciones recientes, entre ellas tres de notable mérito: las vibrantes de Gustavo Dudamel con la Orquesta Filarmónica de Los Angeles (DG 2007) y Yannick Nézet-Séguin con la Filarmónica de Rotterdam (DG 2016), así como la de Jakub Hrusa al frente de la Sinfónica de Radio Berlín (Pentatone 2018), destacable esta por la pulcra y lúcida disección de los movimientos extremos.

Grabaciones:

1944       Naxos    Kussevitzky/OSinfBoston                09’52+6’00+06’28+3’44+09’09     7/4

1950       Dante     Van Beinum/OConcertgebouw       09’31+6’43+06’36+4’22+08’57     7,5/5

1953      EMI       Karajan/OPhilharmonia                   09’52+6’50+07’55+4’23+09’07     8/7,5

1956      RCA       Reiner/OSinfChicago                         09’55+5’58+07’54+4’13+08’58     9/8

1957      DG          Fricsay/OSinfRadioBerlín                09’40+6’29+07’09+4’49+08’55     9,5/7,5

1959      EMI       Kubelik/ORoyalPhilharmonic          09’54+6’32+07’04+4’28+09’25     7,5/7

1959      Sony      Bernstein/OFilNuevaYork                10’28+6’52+08’07+4’37+09’27     9/7

1961      Philips    Haitink/ORoyalConcertgebouw      09’19+6’36+06’47+4’12+09’25     8/7,5

1962       RCA       Leinsdorf/OSinfBoston                     09’40+6’25+06’58+4’15+09’13     9,5/8

1963      Mercury Dorati/OSinfLondres                         09’36+6’17+07’14+4’26+09’40     8/7,5

1965      Decca    Solti/OSinfLondres                             09’22+6’50+06’32+4’16+09’22     9/8

1965      Sony      Szell/OdeCleveland                            08’54+6’22+07’18+4’08+07’59     7/7,5

1970      DG          Karajan/OFilBerlín                            10’11+6’49+08’14+4’19+09’24     7,5/7

1970      EMI       Ozawa/OSinfChicago                        09’26+6’38+07’52+4’25+09’20     7/7

1973      Sony      Boulez/OFilNuevaYork                     09’58+6’42+07’27+4’20+08’39     7/7

1974       EMI       Karajan/OFilBerlín                            09’51+6’47+08’07+4’22+09’12     7,5/7,5

1974      DG          Kubelik/OSinfBoston                        10’12+6’38+07’19+4’30+09’42     8/7

1979       RCA       Ormandy/OdeFiladelfia                    10’00+7’03+07’31+4’40+09’59     9,5/8

1981      Decca    Solti/OSinfChicago                            09’03+6’09+06’33+4’04+09’35     10/9

1983      Philips    Dorati/OConcertgebouw                   09’53+6’33+06’50+4’33+09’40     7,5/7,5

*1989    Philips    Solti/OFilLondres                                09’15+5’50+06’10+4’05+09’28     9/8

1989      Telarc    Previn/OFilLosAngeles                      10’03+6’45+07’35+4’25+09’24     8,5/

1990       Decca    Dohnányi/OCleveland                      10’08+6’31+06’59+4’23+09’41     9/8,5

1992       EMI       Rattle/OSinfCBirmingham               10’16+6’38+07’23+4’27+09’20     7/7,5

1993      DG          Boulez/OSinfChicago                        09’30+6’26+07’43+4’02+09’24     10/9,5

1994      Teldec    Hugh Wolff/OPhilharmonia             10’21+6’32+07’59+4’22+09’37     8/9

1995       EMI       Celibidache/OFilMúnich                   12’38+8’23+11’00+4’43+11’08     8/8

1995      Decca    Blomstedt/OSinfSanFrancisco        09’41+6’04+07’06+4’25+09’14     10/9,5

1997      Conifer  Gatti/ORoyalPhilharmonic               10’21+6’16+08’10+4’34+10’19     8/8

1997       Philips    Iván Fischer/OFestivalBudapest     09’44+6’01+07’09+4’16+09’14     7/8,5

2001      Decca    Chailly/ORoyalConcertgebouw      09’56+6’13+08’03+4’36+10’01     9/10

*2003    EuroA    Boulez/OFilBerlín                               09’39+6’27+07’53+4’24+08’47     9,5/8

2007      DG          Dudamel/OFilLosAngeles                 10’33+6’36+07’49+4’27+09’57     9/9

2009      Warner  Oramo/OSinfRadioFinlandia           09’47+6’15+07’30+4’20+10’05     8/8

2016      DG          Nézet-Séguin/OFilRotterdam           10’12+6’45+08’08+4’40+09’45     9/8

2017       Chandos Edward Gardner/OFilBergen           10’31+6’19+07’04+4’16+09’50     8/9,5

2018       HMundi  Heras Casado/OFilMúnich               09’58+6’04+07’33+4’01+09’29     7/9

2018       Pentatone Jakub Hrusa/OSinfRadioBerlín      10’28+6’44+07’36+4’20+09’52     8/9

jueves, 9 de enero de 2020

Mariss Jansons en Chipre y Riccardo Chailly en Lucerna



Weber y Dvorák

Un blu-ray del sello EuroArts recoge el Concierto de Europa de la Filarmónica de Berlín del año 2017 celebrado (el 1º de mayo, como siempre) en Pafos, Chipre. La orquesta está en una carpa al aire libre, con el público en grandes gradas, casi todos los asistentes cubiertos con sombreros y abanicándose. El sonido no es el mejor de los posibles, pero la verdad es que los buenos ingenieros consiguen en los últimos tiempos que las tomas de sonido suenen mucho mejor cuando uno las escucha en su casa que estando en el lugar mismo del concierto.  

La Obertura de Oberon de Weber (¿por qué se tocará mucho más a menudo que la no menos excelente de Euryanthe?) muestra ya por dónde iban a ir los tiros: el director letón reciente y tristemente desaparecido, a los 76 años, se hallaba en plena y típica madurez, lo que se traduce en tempi moderadamente lentos, en una acusada y serena cantabilidad, así como en una especial atención a la lógica del devenir de la pieza y procurando una atenta claridad expositiva. Para mi gusto personal, le achacaría solo un cierto sentimentalismo en los pasajes más líricos. El Primer Concierto para clarinete del mismo autor contó con el excepcional solista Andreas Ottensamer, que dio sobrada lección tanto de virtuosismo como de musicalidad; Jansons se entregó sin disimulo a la cierta altisonancia de la propia música, que no me parece entre las mejores de su autor. Hubo una propina para cerrar la primera parte que no me pareció una buena elección, por su superficialidad y exhibicionismo: la Fantasía húngara sobre temas de Weber, de Stephan Koncz, violonchelista desde 2001 de la Filarmónica de Berlín. La intención sería muy loable: tocar una obra de un colega y seguramente amigo…, pero… bueno, seamos comprensivos después de comprobar quién es el autor de la pieza.  

En la segunda parte, Jansons dirigió una de las obras con las que más se ha prodigado, la Octava Sinfonía de Dvorák. El enfoque que le otorgó en esta ocasión es exactamente el que he descrito para la obertura de Weber. Un enfoque que dio buenos resultados, si bien yo lo hubiera preferido revestido además de mayor fuego y de mayor rusticidad. Pensándolo bien, dos de las grabaciones más extraordinarias de esta obra me sirven para la siguiente comparación: esas referidas características -fuego y rusticidad- dominan la grabación de Kubelik con esta misma orquesta (DG 1966), cualidades que sumadas a las aportadas por Jansons darían, más o menos, lugar a mi versión favorita: la de Giulini con la Sinfónica de Chicago (DG 1978). La famosísima Danza húngara No. 5 de Brahms sirvió de propina final. El sonido es globalmente bastante bueno, aunque el timbal no siempre está bien integrado con el resto de la orquesta.

Richard Strauss

Decca ha publicado hace unas semanas un disco de Riccardo Chailly con la Orquesta del Festival de Lucerna dedicado a Richard Strauss, compositor con el que, me apresuro a decirlo, creo que no se entiende muy bien, lo cual no me resulta fácil de explicar, aunque sí de apreciar. Es lo que le ha pasado al director milanés, incluso en sus buenos tiempos (antes de su inocultable declive), con Brahms, y no digamos con Wagner. Sin llegar a tanto con el autor de Así habló Zaratustra, hay algo que realmente no funciona, empezando quizá por una falta de credibilidad, de convicción y quizá de amor hacia su música. Este comienzo, tras una introducción muy apabullante y efectista (mucho menos creíble, en todo caso, que la de Maazel en Viena, DG 1983 o que la versión ofrecida por Dudamel en Berlín con la Filarmónica el año 2013 y difundida por Digital Concert Hall), parece naufragar un tanto. Muerte y transfiguración, expuesta con desusada transparencia, no logra la tensión deseada; incluso, algunos momentos de las secciones tempestuosas no están del todo bien urdidos.

Algo mejor Till Eulenspiegel, en el que el violín solista -sin duda excelente- no me gusta cómo hace su solo, y en el que Chailly introduce unos extraños y arrastrados portamenti para mi gusto tan deplorables como los que últimamente varios directores han incorporado a Mahler. El disco llega ya con estas tres obras a los 75 minutos; sin embargo, aún se incluye la Danza de los siete velos de Salomé -por cierto, una voluptuosa interpretación que me parece lo más logrado del programa-, lo que me lleva a preguntarme a qué juegan las compañías discográficas, que se despachan aquí con un CD que sobrepasa los 85 minutos.

Magnífica la orquesta, pese a ciertos minidesajustes en algunos instantes (¿falta de los necesarios ensayos?), y muy brillante la toma de sonido, aunque a mí no me convence la superposición del órgano, algo estridente y metálico, en la introducción de Zaratustra.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Sobre Haitink y Chailly, directores ambos de la Concertgebouw


Las tres “B” de Haitink

El otro día le oí en Radio Clásica a un comentarista que la base del repertorio donde más ha destacado Bernard Haitink, que acaba de retirarse por motivos de edad y de salud (90 años), eran “las tres B”. Pero no las tradicionales propuestas por Hans von Bülow (Bach, Beethoven, Brahms), sino Beethoven, Brahms y Bruckner. Yo creo que, mientras las aportaciones de Haitink a Brahms y a Bruckner son tan numerosas como magistrales, las de Beethoven lo son mucho menos: sus Sinfonías, Fidelio, Misa Solemne, etc., son correctas, pero distan de entusiasmar. Mejor sus Conciertos, tanto los de piano como el de violín, pero no tanto como para considerar al director holandés uno de los grandes intérpretes beethovenianos. 

En cambio, el comentarista ha dejado fuera al tercer compositor en el que Haitink ha tenido mucho y muy bueno que decir: Mahler. Así, que mejor “BBM” que “BBB”. Cuando decía todo esto, dicho comentarista afirmaba que por entonces (por los años en que Haitink grababa sus Sinfonías), “si no dirigías Beethoven no eras nadie”. Y yo le digo que eso era entonces y también lo es ahora, como seguro que lo seguirá siendo, pues todo gran intérprete que se precie (y que no sea un especialista que se limite, por ejemplo, a la música antigua), tiene que retratarse también con Beethoven, por mucho que sepamos que “muchos son los llamados y pocos los escogidos”. Pero yo estoy convencido de que para ser verdaderamente grande es necesario hacer Beethoven, y no de trámite, sino de modo más que competente. Tanto si eres director, pianista (los Conciertos, y sobre todo las Sonatas, resultan imprescindibles) o un cuarteto de cuerda. 
Bueno, tampoco hay que olvidar que Haitink ha sido un gran intérprete de otros compositores, sean Schumann y Mendelssohn, Tchaikovsky, Richard Strauss, Debussy y Ravel. Pero que entre ellos no se hallan -en mi opinión- Mozart, Verdi o Wagner. En todo caso, uno de los más sólidos y fiables directores de los últimos 50 años, un período pródigo en gigantes de la batuta: ¡no es poco mérito el del maestro holandés!

Chailly dirige música de Nino Rota para películas de Fellini 

Decca acaba de lanzar un CD con música para cuatro filmes de Federico Fellini a los que puso música Nino Rota (1911-1979). Dirige Riccardo Chailly a la Filarmonica della Scala. La mayor parte de la música me parece de segunda clase: a menudo el aire burlón no esconde sino vulgaridad y charanga. Lo que más me gusta es, con diferencia, el maravilloso tema principal de Amarcord (1973). Las otras tres suites de películas contenidas por el disco, muy bien grabado, son Otto e mezzo (1962), La dolce vita (1960) e Il Casanova (1976). Es decir, tres filmes admirables, y no tanto, creo, este último. 

Pero antes de escribir estas sucintas líneas me he repasado otros discos que tengo a mano con música de Rota y me ha dado la impresión de que parte de la banalidad que atribuyo a la música es culpa de Chailly, que la acentúa. ¡Lástima: este hombre ha sido un gran director, y últimamente lo es solo de vez en cuando! Ni siquiera hace justicia a estas músicas relativamente menores… 

Porque en la amplia suite de La Strada (1954), tanto Yannick Nézet-Séguin (con la Orquesta Métropolitain de Montreal, Atma 2005) como Josep Pons (con la Orquesta Ciudad de Granada, Harmonia Mundi 2005) sacan mejor partido, musicalmente hablando, de otras partituras de Rota. Nézet también dirige en el citado disco los Conciertos para arpa y para trombón de Rota, y Pons los Ballabili de Il Gattopardo del gran Visconti, así como el Concerto Soirée para piano y orquesta, con Benedetto Lupo. Igualmente I Musici ennoblece no poco el Concerto per archi en su disco Philips de 1986. En cuanto al CD de Riccardo Muti con la Filarmonica della Scala para Sony (1997), con páginas de Otto e mezzo, La dolce vita y Prova d’orchestra (1978), lo tengo extrañamente desaparecido, así que no he podido repasarlo. Pero creo recordar que también hacía más justicia a la música del conocido compositor italiano. Muti añadía también música de Rota para otros realizadores: El Padrino (I y II) de Coppola, Rocco e i suoi fratelli e Il Gattopardo de Visconti.