domingo, 17 de febrero de 2019

Óperas de Wagner y Cherubini dirigidas por Barenboim en Berlín


Tristan und Isolde
En febrero de 2018 representaron en la Ópera Estatal de Berlín el enésimo Tristán e Isolda dirigido por Barenboim. En esta ocasión, en lugar de deciros qué me pareció la dirección musical, transcribo las palabras escritas (y publicadas en internet) por Alejandro Martínez, comentario que suscribo: "Daniel Barenboim ha hecho de su orquesta, la Staatskapelle de Berlín, un músculo flexible capaz de adaptarse cada velada a un pathos distinto. Es más, se diría que Barenboim 'improvisa' cada noche un Tristán diverso, fruto de la más pura inspiración, con la seguridad de que su orquesta le sigue y le secunda hasta donde vaya. Eso es hacer música, por descontado, más allá de la pura ejecución mecánica de una partitura. De hecho me atrevería a decir que la representación, en realidad, sucedió en el foso, al margen de la propuesta de Tcherniakov sobre las tablas. Tal fue el grado de narratividad que Barenboim consiguió extraer de su orquesta. Desbordado y desbordante, desolado y desolador, sin refrenarse un ápice, Barenboim exhibió de nuevo su extraordinaria afinidad con esta partitura, que hoy en día dirige como nadie". Solo añado que no solo "hoy dirige como nadie": que más bien nadie la ha dirigido con tanto conocimiento, tan profunda apropiación de la partitura, y que cada vez hace algo diferente (escúchense sus cuatro grabaciones). Esta ha sido, posiblemente, la interpretación más incandescente que le he escuchado hasta ahora. La maleabilidad de la Staatskapelle Berlin es de no dar crédito. 

Barenboim ha contado en esta ópera con varios de los directores de escena más importantes de las últimas décadas: Jean-Pierre Ponnelle, Heiner Müller, Harry Kupfer, Patrice Chéreau y, ahora, Dmitri Tcherniakov (Dieter Dorn fue el responsable de su producción en el Met, que desconozco). Esta de 2018 es la más discutible. Pero el talentoso y desigual régisseur ruso ha arriesgado mucho y ha aportado no menos, aunque pueda ser muy objetable. El amor ha sido des-idealizado, desmitificado de un modo radical: ya cuando los protagonistas beben el filtro, nada más darse cuenta de que no se mueren, sino que se atraen, experimentan un ataque de risa. En coherencia, todo el dúo de amor del Acto II es una muestra de amor sosegado y burgués. Es todo ello muy curioso, pero puede ser -aunque la sublime música lo desmienta- porque desde el punto de vista teatral funciona como una posibilidad, con coherencia. Y, desde luego, la interacción entre los personajes es siempre sutil, matizada y muy verosímil y creíble. Es, me parece, una concepción tan heterodoxa como interesante. Lo que más me ha chirriado, o parecido innecesario, es la aparición en el Acto III de los padres de Tristán. Claro que no es lo único de la propuesta de Tcherniakov que no he comprendido. A saber...

El reparto ha sido casi en todo un gran acierto: Anja Kampe, con una voz lírico-dramática de primera, es una cantante consumada y una gran artista. La verdad es que Barenboim ha encontrado una dignísima sucesora de su Waltraud Meier. Quien más me ha llamado la atención ha sido, sin embargo, Andreas Schager. Es, vocalmente, el mejor Tristán de las últimas seis o siete décadas. Asombrosamente, además, llega intacto al final, sin el menor síntoma de agotamiento... ¡y sin haberse reservado en un solo momento! Si sigue así y profundiza un poco más en los pliegues del personaje, será el Tristán más completo desde hace mucho tiempo (no puedo sino sonreír al recordar que un crítico musical ¡¡muy wagneriano!! escribió, tras escucharle en Madrid un soberbio Acto I de La Walkiria, que no era en absoluto para Siegmund, pues poseía, como mucho, la voz de Mime...). Stephen Milling posee una espléndida voz de bajo y su encarnación del Rey Marke está realmente muy matizada, si bien flaquea algo en los extremos de la tesitura (la ausencia de René Pape ¿se deberá a que no estaba disponible?: es rara). Boaz Daniel, barítono de robusta voz, es un correcto Kurwenal. Pero queda aún una gratísima sorpresa: ¡la mezzo Ekaterina Gubanova es la Brangäne más admirable que he escuchado hasta la fecha! Su intervención, fuera de escena, en el dúo del Acto II advirtiendo a los amantes que se acerca el amanecer, es absolutamente antológica, excelsa. Muy bien Stephan Rügamer como Melot y el muy joven Linard Vrielink como Joven marinero y Pastor: un tenor a seguir. El también jovencísimo corno inglés del Acto III, que actúa en escena, es un fuera de serie: se llama Florian Hanspach-Torkildsen. Grabado el sonido por los Estudios Teldex de la capital alemana y filmado por Andy Sommer, podría ser que fuese publicado por BelAir. ¡Ojalá! Solo tendrán que corregir un estrepitoso fallo de una trompeta, al comienzo del encuentro entre los dos protagonistas. Por cierto, parece que el foso de la orquesta lo han hundido más de como estaba antes de la reforma del teatro; seguramente solo para Wagner, siguiendo el ejemplo de Bayreuth. Así la orquesta no tiene que atenuar su potencia. 

Médée con Sonya Yoncheva
Medea, la obra cumbre de Luigi Cherubini, que el mismísimo Beethoven admiraba, es una obra maestra, en la mejor tradición de Gluck, que apenas se representa debido a la dificultad extrema del rol titular, que precisa una soprano dramática vocalmente superdotada y a la vez una espléndida actriz. Desde Maria Callas son muy pocas las cantantes que se han atrevido con este endemoniado y magnífico personaje terriblemente trágico. Barenboim, que fuera de Verdi ha dirigido pocas óperas de autores italianos, ha escogido la versión del estreno, en francés (París, 1797). Hace solo un par de semanas metí la pata, hasta el fondo, en este blog comentando Iolanta de Tchaikovsky protagonizada por Sonya Yoncheva: criticaba que cantase Norma o Medea, como si se creyese Anna Netrebko, cuya evolución vocal ha sido insólita y espectacular. Pues bien: me retracto. Porque me he quedado de piedra al escuchar a Yoncheva en esta Médée, con una voz ya, pocos años después de ser una lírica, absolutamente dramática, timbradísima e impresionante que solo acusa como defecto un cierto trémolo, algo que puede desagradar poco o mucho (a mí, no mucho, en este caso). Pues bien, esta Medea suya es, de lejos, lo mejor que le he escuchado (que tampoco ha sido mucho, entre otras su algo decepcionante Norma en el Covent Garden, 2016). En la ópera de Cherubini su intensidad dramática, vocal, musical y escénicamente, es tremenda: no me lo podía esperar, y me parece digna de la mayor admiración. Sobrecogió con toda razón al público berlinés. Me ha gustado mucho más que Gwyneth Jones o Sylvia Sass, las dos intérpretes discográficas que conozco después de la furibunda Callas (no soy especialmente callista, pero su Leonora de Il Trovatore, su Tosca, su Gioconda, su Santuzza o su Medea me parecen impresionantes). 

Junto a Yoncheva estuvieron Charles Castronovo como Jason: voz interesante de tenor lírico ancho, que canta correctamente pero no siempre proyecta bien. Soberbia la mezzosoprano Marina Prudenskaja como Neris (todo lo que le he escuchado a esta mujer, sea Wagner o Verdi, me ha encantado). En cuanto a Elsa Dreisig como Glauce, me he encontrado con una destacada soprano lírica a la que no conocía: una cantante a seguir. En cambio, el barítono-bajo escocés Iain Paterson (Créon) me ha decepcionado por completo: sin ser muy mayor (55 años), da la impresión de estar acabado, fatigado, sin fuelle. No lo comprendo: es un señor que se dedica a cantar, no hace tiempo sino aún hoy, Wotan o el Holandés: ¡madre mía! ¿Será que tuvo una mala noche en esta Médée? No es eso lo que parece... 

La escena de Andrea Breth, en unos escenarios escuetos, feos, claustrofóbicos, desagradables (la terrible tragedia puede justificarlos) no me parece muy inteligible, aunque creo que tiene más que destellos de gran inteligencia. La dirección musical ha sido, por el contrario, reveladora: lejos de confundir a Cherubini con Verdi, parece acercarlo más a su antecedente Gluck. No hay más que escuchar la estupenda Obertura o el sensacional Preludio del Acto III para apreciar la impresionante creatividad y fuerza expresiva de este director, cuyo repertorio cada vez posee menos límites.  

22 comentarios:

  1. Hola, Ángel:

    Escuché un segundo acto del "Tristán" por Barenboim con la WEDO en el Palacio de Carlos V de Granada, en compañía de Antonio Fuentes, y realmente el argentino no tiene parangón a día de hoy en esta obra... ¿Tienes traducidos libretos de ópera? En Kareol hay lagunas (la operística de Janácek), siendo una página excelente.

    Y sí, Gluck y Cherubini trazan una tradición prerromántica: oyendo "Alcestes" o las "Ifigenias" a veces parece uno escuchar a Beethoven.

    Saludos cordiales.

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    1. Sí, traduje los libretos de algunas óperas: Fidelio, Salomé, Ariadna en Naxos, varios Wagner, sobre todo en los años en que trabajé en el Teatro Real. Saludos.

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  2. Hablando de Wagner, en la biblioteca está la walkiria de Furtwangler, es en la colección de ópera de tapas blancas, larga, que vino con el país, quizá la asesoraste tú...¿qué te parece en general esa colección?..está entera, me he traído el cazador furtivo por Sawalisch...todo lo que he visto tiene una pinta estupenda...

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    1. En esa colección no intervine yo, aunque sí en otras de El País. No recuerdo ya los títulos de las óperas que contiene, pero las dos que citas son más que interesantes.

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    2. Cuáles son las óperas italianas no de Verdi que ha dirigido Barenboim?, no recuerdo ninguna. Carlos J. G.

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  3. Pues en 1976 grabó para D.G. Il matrimonio segreto de Cimarosa (con Varady, Auger, Fischer-Dieskau, Davies, Hamari, Alberto Rinaldi y la English Chamber), una ópera bufa no muy conocida que es una delicia. Y sé que ha dirigido también Il barbiere di Siviglia de Rossini. No sé si alguna otra (podría ser que se me olvide). También ha hecho Orfeo y Eurídice de Gluck, no sé si en italiano o en francés; en cualquier caso, no se la puede considerar una ópera "italiana", ni siquiera si se canta en esa lengua. Lo mismo que las óperas en italiano de Mozart: ¿son óperas italianas? Más bien no... Por supuesto, ha hecho muchas veces las tres de Da Ponte.

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    1. Y ya puestos ¿cuáles son las óperas francesas que ha dirigido?, me gustaría saberlo. Carlos J.G. (Bueno, y si puede ser también las rusas)

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    2. Quiero dejar claro que no estoy al tanto de "todas", es posible por tanto que se me escape alguna.
      Francesas: Sansón y Dalila de Saint-Saëns y Manon de Massenet, ambas grabadas (la primera en CD, la segunda en DVD/Blu-ray), Carmen y Los pescadores de perlas de Bizet y Pelléas et Mélisande de Debussy.
      Rusas: Eugenio Oneguin y La dama de picas de Tchaikovsky (la primera, en DVD), Boris Godunov de Mussorgsky, La novia del zar de Rimsky-Korsakov (grabada en DVD/Blu-ray), El jugador (en DVD/Blu-ray) y Esponsales en el monasterio de Prokofiev. No recuerdo ahora si alguna más.

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    3. Oneguin también está en CD, D.G., en una recopilación de grabaciones en el Festival de Salzburgo.

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    1. A lo mejor hay algún lector que lo entiende (espero que hable de música...)

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    2. ¿Sería posible saber quien es ese crítico "wagneriano" que dijo eso de Schager?. Es para mantenerlo bien lejos. Gonzalo.

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  5. Varios músicos hicieron una selección de los mejores 250 discos, para Gramophone. Barenboim aparece 2 veces. ¿Qué Le parece la selección de grabaciones? Un saludo. https://www.gramophone.co.uk/features/focus/greatest-recordings-of-all-time-chosen-by-leading-musicians

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    1. La crítica británica ha solido ser muy poco comprensiva con Barenboim; hay quien dice que debido a que supuestamente no se ocupó lo suficiente de su esposa Jacqueline Du Pré en su enfermedad final.
      Y gracias, pero no voy a consultar la lista que me envías. Yo trabajé en la industria discográfica bastantes años, y una de las compañías era británica; allí todo el mundo sabía cómo Gramophone era especialmente "comprable". Gracias por enviarme esa lista, pero casi me la sé, no voy a consultarla. ¿Cuántas veces aparece Beecham? Seguro que bastantes más. Y la guía Penguin es útil para estar casi siempre seguro de que los discos que más elogian son malos, y viceversa.
      Aparte de la crítica inglesa, he visto mil veces que muchas personas no están dispuestas a aceptar que alguien sea uno de los mayores pianistas y de los mayores directores de su tiempo. Simplemente, se niegan, sin necesidad de escuchar.

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  6. Efectivamente, una selección algo discutible. En todo caso, Barenboim aparece una vez como director (segundo concierto de Beethoven con Rubinstein), y una como pianista (sonata de Franck con du Pré).

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  7. eso que dices de Barenboim y la Du Pré se ve en la peli Jackie y Hillary, una buena peli, no sé si la has visto, basada en el libro de la hermana de jackeline, a genius in the family...Barenboim sale en ambos muy malparado como persona.....

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    1. Hilary y Jackie es, además de una película mala, un panfleto en toda regla, que levantó indignación en el Reino Unido cuando se estrenó. Cuando yo trabajaba en DG, fui a recoger a Barenboim al aeropuerto de Barajas y, nada más llegar al hotel, en la planta baja del Ritz, lo primero que hizo fue llamar a Jacqueline para ver cómo se encontraba. Permíteme que dude de que no se ocupaba de ella.

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    2. ¿Y qué opina del maltrato sicológico del que algunos músicos están acusando a Barenboim?. Amador.

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    3. Pues parece que es cierto, porque el propio Barenboim ha reconocido que su carácter a veces es malo. Yo lo he visto ensayando muchas veces, y aunque se enfada, a veces muy seriamente, no me pareció que "despreciase" a ningún músico, pero ya se sabe que hay gente que tiene la piel muy fina. En todo caso, es una larga tradición: Toscanini, el supuestamente "paternal" Bruno Walter, Reiner, Celibidache y muchos otros grandes directores podían tener muy mal carácter.

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  8. Señor Carrascosa: ¿cuántas veces ha escuchado a Barenboim en directo? ¿Y a du Pré? Saludos.

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    1. A Barenboim unas cien veces; a Du Pré nunca la escuché en directo, aunque sí la vi y me firmó un autógrafo, en una ocasión en que acompañó a su marido en una visita a Madrid con la English Chamber Orchestra.

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