miércoles, 7 de octubre de 2026

Radio Clásica, tras el largo paréntesis veraniego

 

Incluso ¡hay buenos programas!

En verano, Radio Clásica hundió su calidad un poco más aún. Pero ya en octubre no parece estar mejor: poca música grande, demasiadas ganas de lucirse de algunos comentaristas sin ser conscientes de su pedantería, y, a la vez, ignorancia e incompetencia muy extendidas. Y, por supuesto, ningún criterio de calidad para escoger las versiones, cuyos intérpretes a menudo no anuncian al principio (¡y a veces tampoco al final, algo intolerable!)...

No gasto mucho tiempo en escuchar esta emisora pública -no me merece la pena-pero cuando voy en el coche, la sintonizo y, generalmente en desplazamientos cortos, me encuentro todo tipo de tropelías.

La otra mañana, nada más sintonizarla, me asustó una voz que a todo trapo gritaba, desenjacada: “¡¡¡VIVA ALBACETE!!! ¡¡¡Y VIVA MOZART!!!” Aunque el volumen disparatado de la voz la hacía poco reconocible, inmediatamente supe de quién se trataba: de Martín Llade, que, sin que venga a cuento, de vez en cuando da vivas a Mozart. Nunca, que yo sepa, a otro compositor. Debe de ser el único que se lo merece. Bach, Haydn, Beethoven, Schubert y compañía ha de ser que no lo merecen. ¡Claro, como Mozart es poco conocido y su música rara vez aparece en Radio Clásica, es muy necesario reivindicarlo!

Ayer a primera hora de la tarde, en el chabacano programa “Clásicos populares”, -que convierte en culto y refinadísimo el que hacían Fernando Argenta y Araceli González Campa- una chica (con una voz para mí insufrible: puede ser culpa mía, lo siento) aseguró que el tercer movimiento del Primer Concierto para violín de Max Bruch se titulaba “Allegro energético”. Y no fue un desliz: lo repitió, sin que su compañero la corrigiera. Esa chica se cree muy simpática y muy graciosa, todo lo cual no oculta su ignorancia y sus frecuentes meteduras de pata.

Para terminar: anteayer escuché un Otoño de Las cuatro estaciones de Vivaldi con una orquesta que, como es habitual en los barrocos históricamente informados, suena colérica, histérica, convulsa, espasmódica. Pero lo peor fueron las morcillas, monadas y cursilerías con que nos obsequiaba el violín solista. ¿Quiénes eran los responsables? Me dije: “creo que sé quién va a ser, porque me sonaba que su grabación contaba con una narradora”: una voz femenina recitaba en italiano (estupendamente bien, por cierto) los sonetos de Vivaldi, pero ¡pisando sobre la música! Pues sí, al terminar lo dijeron: Jordi Savall (omnipresente en esta emisora, lo mismo para una ensalada de Mateo Flecha el Viejo que para una sinfonía de Anton Bruckner) con Le Concert des Nations y la violinista Alfia Bakieva.

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