Incluso ¡hay buenos programas!
En verano, Radio Clásica
hundió su calidad un poco más aún. Pero ya en octubre no parece estar mejor:
poca música grande, demasiadas ganas de lucirse de algunos comentaristas sin ser
conscientes de su pedantería, y, a la vez, ignorancia e incompetencia muy extendidas.
Y, por supuesto, ningún criterio de calidad para escoger las versiones, cuyos
intérpretes a menudo no anuncian al principio (¡y a veces tampoco al final,
algo intolerable!)...
No gasto mucho tiempo en
escuchar esta emisora pública -no me merece la pena-pero cuando voy en el
coche, la sintonizo y, generalmente en desplazamientos cortos, me encuentro
todo tipo de tropelías.
La otra mañana, nada más
sintonizarla, me asustó una voz que a todo trapo gritaba, desenjacada: “¡¡¡VIVA
ALBACETE!!! ¡¡¡Y VIVA MOZART!!!” Aunque el volumen disparatado de la voz la
hacía poco reconocible, inmediatamente supe de quién se trataba: de Martín
Llade, que, sin que venga a cuento, de vez en cuando da vivas a Mozart. Nunca,
que yo sepa, a otro compositor. Debe de ser el único que se lo merece. Bach,
Haydn, Beethoven, Schubert y compañía ha de ser que no lo merecen. ¡Claro, como Mozart
es poco conocido y su música rara vez aparece en Radio Clásica, es muy necesario
reivindicarlo!
Ayer a primera hora de la
tarde, en el chabacano programa “Clásicos populares”, -que convierte en culto y
refinadísimo el que hacían Fernando Argenta y Araceli González Campa- una chica
(con una voz para mí insufrible: puede ser culpa mía, lo siento) aseguró que el
tercer movimiento del Primer Concierto para violín de Max Bruch se
titulaba “Allegro energético”. Y no fue un desliz: lo repitió, sin que su
compañero la corrigiera. Esa chica se cree muy simpática y muy graciosa, todo
lo cual no oculta su ignorancia y sus frecuentes meteduras de pata.
Para terminar: anteayer
escuché un Otoño de Las cuatro estaciones de Vivaldi con una
orquesta que, como es habitual en los barrocos históricamente informados,
suena colérica, histérica, convulsa, espasmódica. Pero lo peor fueron las morcillas,
monadas y cursilerías con que nos obsequiaba el violín solista. ¿Quiénes eran
los responsables? Me dije: “creo que sé quién va a ser, porque me sonaba que su
grabación contaba con una narradora”: una voz femenina recitaba en italiano (estupendamente
bien, por cierto) los sonetos de Vivaldi, pero ¡pisando sobre la música! Pues
sí, al terminar lo dijeron: Jordi Savall (omnipresente en esta emisora, lo
mismo para una ensalada de Mateo Flecha el Viejo que para una sinfonía de Anton
Bruckner) con Le Concert des Nations y la violinista Alfia Bakieva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario