En su “nuevo piano”
No es que este hombre
no pare, es que por lo visto no puede parar. Por eso ha dado sin público esos recitales
estos días, que hemos podido ver gratis gracias a un acuerdo con Deutsche
Grammophon: las Variaciones Diabelli de Beethoven, dos programas de Sonatas
de violín y piano de Mozart, un minirrecital Chopin y un programa Schumann.
Todo en su “nuevo piano”. Además, la Ópera Estatal de Berlín ha ofrecido,
también en abierto (y sigue haciéndolo):
Obras orquestales y
pianísticas
-las tres primeras Sinfonías
de Bruckner con la Staatskapelle interpretadas en enero de 2017 en París,
-las seis restantes
hechas en 2010 en la Philharmonie de Berlín (estas están publicadas en DVDy
Blu-ray),
-las 32 Sonatas
de Beethoven filmadas a mediados de los años 80 por Jean-Pierre Ponnelle (que
también están publicadas en esos dos soportes),
-las 4 Sinfonías
de Brahms (también con la Staatskapelle) en Buenos Aires en julio de 2018 (que
no había escuchado),
-un precioso
programa camerístico de Debussy (Sala Boulez de Berlín) de abril de 2018 (con
Soltani, Pahud y la mezzo Marianne Crebassa, entre otros solistas),
-las Sonatas
completas de Schubert sobre las que me he extendido en este blog,
-y, ahí es nada, los
6 Tríos para piano, violín y cello más las Variaciones Kakadu de
Beethoven, con su hijo Michael y el cellista Kian Soltani (diciembre de 2019).
Óperas y conciertos
Todo esto además de
varias óperas representadas en los últimos años en Berlín: Tristán e Isolda,
Parsifal (dirigidos ambos
escénicamente por el controvertido Tcherniakov), Wozzeck, Così
fan tutte, Macbeth, Il Trovatore, Falstaff, Manon, Médée de Cherubini… y no
sé si se me olvida alguna otra. De todas estas representaciones he ido escribiendo
en su momento en este blog.
Los Tríos de
Beethoven
Pero, además de los
recientes recitales de estos días referidos al principio y que ya he comentado,
el ciclo sinfónico Brahms ha sido formidable, apabullante; delicioso el programa
Debussy y asombrosos los Tríos de Beethoven, en los que el de Buenos
Aires vuelve a mostrarse en una forma increíble, superándose a sí mismo (con
respecto a su célebre grabación junto a Zukerman y Du Pré) y llevando el
concepto música de cámara a su más alto significado. (Por cierto, quiero dejar
dicho que ya en los 3 Tríos op. 1, de 1793-95, Beethoven sobrepasó en amplitud
y hondura todos los Tríos de Haydn y de Mozart).
Un ejemplo que viene
ni pintado: en 1970, para el segundo centenario de Beethoven, DG juntó a tres
primerísimos espadas: Kempff, Szeryng y Fournier (bueno: DG creía o nos hacía
creer que el primero de ellos lo era) para grabar estos Tríos. ¿Qué ocurrió? Que no se entendieron, que cada uno fue a su
bola... y eso es todo lo opuesto a lo que por esencia es la música de cámara:
el diálogo inteligente y con plena complicidad entre un grupo reducido de
instrumentos. O sea, lo que en grado sumo alcanzaron el pasado diciembre un
Barenboim con una inspiración suprema, su hijo Michael (al que le achaco un
sonido un poco afilado, pero que es un músico cabal) y Kian Soltani, un joven y
excepcional cellista: una auténtica maravilla y todo un ejemplo. Sería una pena
que este ciclo no lo publicasen en CDs o, mejor en DVDs y Blu-rays, pues está
además filmado con alta definición y grabado con un sonido inmejorable
(Estudios Teldex).
“Barenboim on
Beethoven”
Por si todo esto
fuese poco, la cadena Medici TV está reponiendo, actualizados a 2020, unos
documentales (van quince, y no sé si falta alguno más) que Christopher Nupen
hizo en 1970, en los que Barenboim toca, dirige y explica multitud de aspectos
del gran compositor. En estos interesantísimos documentales (hablados en inglés,
sin subtítulos, pero que hace mil años TVE emitió subtitulados) Barentoim toca completos
unas impresionantes “Appassionata” y Op. 111, un Cuarto
Concierto con Sir Adrian Boult y la New Philharmonia -con el Andante
más genial que he escuchado hasta la fecha-, una Tercera Sonata para cello
(Op. 69) con Jacqueline Du Pré (en la que parecen atisbarse sus inminentes
problemas físicos a causa de la esclerosis múltiple que la acechaba), una fenomenal
Leonora III y una imponente Quinta Sinfonía, siempre con
Barenboim y la New Philharmonia, aparte de numerosos fragmentos de obras
pianísticas y orquestales, también de Haydn y Mozart.