Mostrando entradas con la etiqueta Meyerbeer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Meyerbeer. Mostrar todas las entradas

domingo, 31 de marzo de 2024

Los "otros" compositores (XXXII)

 

GIACOMO MEYERBEER (1791-1864)

Berlinés formado también en París, Viena e Italia, fue uno de los operistas más celebrados de su tiempo. Representante de la llamada grand opéra, hoy se le considera un compositor muy artificial y artificioso, poco sincero. Criticado duramente por Schumann o Berlioz, la reposición de algunos de sus títulos es inevitablemente efímera.

Los Hugonotes (1836)

Joan Sutherland/Anastasios Vrenios/Gabriel Bacquier/Martina Arroyo/Huguette Tourangeau/Nicola Ghiuselev/Coro Ambrosian/Orquesta New Philharmonia/Richard Bonynge (Decca 1970. 217’)

El profeta (1849)

Marilyn Horne/Renata Scotto/James McCracken/Jerome Hines/Coro Ambrosian Opera/Orquesta Royal Philharmonic/Henry Lewis (Sony 1976. 202’)

La Africana (1865) en imágenes

Shirley Verrett/Plácido Domingo/Ruth Ann Swenson/Justino Díaz/Ballet, Coro & Orquesta de la Ópera de San Francisco/Maurizio Arena/Lofti Mansouri (DVDs Arthaus 1988)

 

NICOLAI MIASKOVSKY (1881-1950)

Fue uno de los compositores soviéticos más oficialistas, pero sus obras apenas se interpretan fuera de su país. Destacado pedagogo, entre sus alumnos se cuentan Kabalevski y Khachaturian.

Concierto para violín (1938)

Ilya Grubert/Orquesta Filarmónica Rusa/Dmitry Yablonsky (Naxos 2003. 38’)

Concierto para cello (1945)

Mstislav Rostropovich/Orquesta Philharmonia/Sir Malcolm Sargent (EMI/Warner 1957. 28’)


DARIUS MILHAUD (1892-1974)

Este autor francés fue extraordinariamente prolífico. Incansable melodista, es, sin embargo, a la vez un modernista, con un tratamiento innovador y personal -a menudo politonal- de esas melodías que tan fácilmente brotaban de su pluma.

Carnaval de Aix (1926). Scaramouche (1937). Suite Francesa (1944). Suite Provenzal (1926)

Michel Béroff, piano/Orquesta Filarmónica de Montecarlo/Georges Prêtre (EMI 1972, 1984. 53’)

Concierto para marimba, vibráfono y orquesta (1947). Suite Francesa

Peter Sadlo/Orquesta Filarmónica de Múnich/Sergiu Celibidache (EMI/Warner 1992. 42’)

Sinfonías 1 y 2 (1939, 1944). Suite Provenzal

Orquesta del Capitolio, Toulouse/Michel Plasson (Deutsche G. 1992. 70’)

La creación del mundo (1923). Saudades do Brasil: 4 danzas (1921). El buey sobre el tejado (1920)

Orquesta Nacional de Francia/Leonard Bernstein (EMI/Warner 1978. 44’)

 

FEDERICO MOMPOU (1893-1987)

La obra de este barcelonés que completó en París su formación denota la huella de ese país vecino, pero sin que por ello se vea afectada su originalidad y su acusada personalidad. Con la sencillez como bandera, su música es esencialista y de elevada espiritualidad: con toda razón, sus piezas para piano y sus canciones no cesan de aumentar en consideración. 

La Obra completa para piano

Josep Colom (Mandala/H. Mundi 1993. 280’)

Música callada (1959-1967). Tres variaciones (1921)

Javier Perianes (H. Mundi 2006. 73’)

24 Piezas para piano

Arcadi Volodos (Sony 2013. 63’)

Combat del somni (1948). Comptines (1943). 3 Canciones

Montserrat Caballé/Federico Mompou (Vergara 1964. 45’)

Los improperios (1964, rev. 1968)

Peter Christoph Runge, barítono/Coro y Orquesta Sinfónica de la RTV Española/Igor Markevitch (Philips/Decca 1969. 27’)

 

STANISLAW MONIUSZKO (1819-1872)   

Es el autor de óperas más destacado de Polonia. Con acentos franceses, italianos y alemanes, pero sobre todo arraigada en el folclore de su país, sobresale su feliz inspiración melódica y su frescura. Halka, al menos, merece más atención de la que se le suele dispensar.

Halka (1848, rev. 1858)

Stefania Woytowicz/Wieslaw Ochman/Bernard Ladysz/Coro de la Radio-Televisión de Cracovia/Orquesta Sinfónica de la Radio Nacional Polaca/Jerzy Semkow (Le Chant du Monde/H. Mundi 1974. 141’)

lunes, 21 de enero de 2019

"Les Huguénots" de Meyerbeer en la Ópera Bastilla


Dos sopranos excepcionales, una de ellas un descubrimiento

Me parece un misterio que Meyerbeer tuviese tanto éxito en su tiempo, mientras otros autores componían óperas espléndidas y desbordantes de inspiración. Por cierto, ¿qué es eso de la inspiración? He leído muchas veces que esta no existe. Entonces, al margen de la sabiduría de los más grandes compositores, ¿a qué se debe que Schubert, Chopin, Verdi, Dvorák o Tchaikovsky hayan parido tal cantidad de hermosísimas melodías? Yo creo que llamarle así a esa capacidad de inventiva no está mal, a falta de otro término que convenza más a todo el mundo. Me ha costado terminar de escuchar esta grand opéra estrenada en París en 1836 (un año después, para situarnos, de Lucia di Lammermoor. Le Prophéte es de 1849, el año de Luisa Miller, y L'Africaine de 1865, el año de Tristan und Isolde). En tres horas y media de música (y parece que ha sido abreviada) y con el concurso de 23 personajes apenas hay quince minutos con algo (¡no mucho!) de inspiración melódica: el aria de Marguerite "O beau pays de la Touraine" y poco más. Hay, en cambio, grandes dosis de efectismo, de innecesario abuso de estruendos, una palpable ausencia de tensión dramática, exhibicionismo vocal desencajado y sin maldita gracia, y un oficio de componer no siempre sólido: me atrevo a decir que hay pasajes abiertamente mal escritos. Pero en el siglo XIX esta ópera y otras de su autor convocaron a muchos de los mejores cantantes de entonces. Hoy apenas se representan; aun así, me parece que más de lo que merecen. ¡Genial el brevísimo comentario -tres letras- de Schumann al estreno de El profeta: "R.I.P."!

Pese a todo esto, la Ópera Bastilla logró reunir el año pasado a varios (varias, en realidad) cantantes de primer orden, en particular a dos sopranos excepcionales: Lisette Oropesa y Ermonela Jaho. La primera, aclamadísima en el Teatro Real como Lucia, me parece un auténtico descubrimiento: a sus 34 años luce una timbradísima y bastante potente voz lírico-ligera y una técnica deslumbrante. Al insípido personaje de Margarita de Valois difícilmente se le puede sacar más partido, desde el punto de vista interpretativo (¿quién dice, pues, que hoy no hay grandes cantantes? Pues lo dicen muchos operófilos que se quedaron anclados en sus épocas...) Ermonela Jaho demostró una vez más sus grandes dotes de cantante y de actriz, y acertó también a transmitir credibilidad, sacando -como quien dice- de donde casi no hay. De todas formas, es el de Valentine un papel, creo, demasiado dramático para ella (es inútil pedirle que no abuse de cantarlo: no creo que vuelva a representarse esta ópera en otro lugar en bastante tiempo).

Raoul de Nangis es uno de los roles de tenor más disparatados de la historia de la ópera: no posee una línea melódica recordable en un solo momento, pero está cuajado de agudos imposibles y tan mal colocados que desafían toda lógica canora; en principio, parece requerirse un tenor dramático... con notas estratosféricas que ninguno que lo sea puede alcanzar. El pobre Yosep Kang, con una voz difícil de precisar pero sin duda no dramática, fue decididamente temerario aceptando cantarlo; cometió multitud de errores de toda índole: gallos, interrupciones de su flujo vocal y apuros innumerables. Casi tan demencial como este papel es el del bajo Marcel, con una escritura que baja a zonas cavernosas que casi nadie puede alcanzar; tampoco pudo Nicolas Testé (el marido de la Damrau), que hizo vanos esfuerzos con su endemoniada parte. Niveles aceptables en los restantes papeles, si bien la mezzo Karine Deshayes merece una mención especial por su asunción de la breve pero también muy difícil parte de Urbain. Michele Mariotti, un director generalmente notable, hizo lo que pudo con la partitura, pero no es dios para poderla salvar. Una escritura orquestal que contiene por cierto algunos solos igualmente dificilísimos, antinaturales. Destacadas las actuaciones de la orquesta y el coro.

La producción de Andreas Kriegenburg me pareció plásticamente muy bella en su desnuda sencillez escenográfica, con un precioso vestuario y una iluminación realmente de chapeau. Otra cuestión es entender lo que ocurre en la escena, lo que no siempre se logra, a no ser que se esté muy atento a los subtítulos.