lunes, 11 de mayo de 2020

Las tres últimas Sinfonías de Bruckner (I)


A menudo se ha descrito a Anton Bruckner como un personaje simple, ingenuo, ignorante incluso -excepto en lo que se refiere a su profesión, en la que llegó a ser una autoridad teórica indiscutible-. Aunque en todo esto hay mucho de exageración -ignorante no lo era en absoluto, si bien tampoco uno de los músicos más cultos de su siglo-, constituye un enigma mayúsculo cómo ese hombre nos ha dejado más de una decena de obras capitales -no ya de su tiempo, sino de toda la historia de la música- que denotan una capacidad y una inventiva constructivo-musical realmente gigantescas, una profundidad de expresión e ideas inmensa, así como una personalidad poderosa creadora de bellezas que anonadan y capaz de bucear en lo más recóndito del alma, conduciéndonos hasta las puertas mismas del insondable “más allá” con una fuerza y una lucidez sobrecogedoras.

A causa de una casi enfermiza inseguridad no empezó a componer sinfonías hasta cumplidos los cuarenta años. Inseguridad que también le llevó a lo largo de años a aceptar consejos de conocidos y amigos bienintencionados que le instaron a introducir numerosos y hasta drásticos cambios en varias de sus Sinfonías, a veces quizá para mejor y otras claramente para peor. Sin embargo es el compositor más característico e inconfundible que pueda imaginarse, ya desde sus Sinfonías “Cero” (de 1864) y Primera, dos años posterior. En evolución prodigiosamente ascendente, puede afirmarse que todas ellas a partir de la Cuarta (la “Romántica”) son composiciones imperecederas en la historia del género.

Aunque en su tiempo tuvo algunos grandes defensores, entre ellos primero Wagner y más adelente Wolf y Mahler, predominaron sin embargo sus detractores: “Bruckner es el mayor peligro musical vivo, un anticristo tonal. El carácter violento de este hombre no está escrito en su rostro, pues su expresión revela el alma minúscula de un kapellmeister vulgar; ahora bien, lo que compone no es sino alta traición, revolución y asesinato. Su música puede desprender la fragancia de rosas celestiales, pero en realidad está envenenada con el azufre del infierno” (crítico musical anónimo, citado por Gabriel Engel en The Life of Anton Bruckner. Nueva York, 1931)

Sinfonía No. 7 en Mi mayor

El estreno de su Séptima Sinfonía -dedicada al Rey Luis II de Baviera, que tuvo lugar en Leipzig el 30 de diciembre de 1884, dirigiendo el gran Arthur Nikisch la Orquesta de la Gewandhaus- proporcionó a Bruckner su primer triunfo de gran resonancia y alcance mundial: en los tres primeros años de su trayectoria fue interpretada en ocho ciudades alemanas y austríacas, en Chicago, Boston, Nueva York, Amsterdam y Londres. Música singular y difícil la de Bruckner, no había obtenido hasta entonces un reconocimiento acorde a sus merecimientos, en parte a causa de la sistemática incomprensión e implacable persecución de que era objeto por uno de los críticos musicales más influyentes de su tiempo, el estéticamente conservador, y por lo tanto antiwagneriano, Eduard Hanslick. Un personaje sin duda sabio que, sin embargo, ha dejado escrita una larga retahíla de despropósitos y sandeces sobre la obra de dos de los compositores más grandes de la historia, entre otros. A regañadientes admitió la altura de la Séptima, pero con las dos siguientes sinfonías volvió a la carga. Una segunda interpretación (el 10 de marzo de 1885 en Múnich, dirigiendo Hermann Levi) obtuvo un triunfo aún más sonado.

Esta Sinfonía es, seguramente, la más bella y perfecta salida hasta entonces de su pluma (Nikisch declaró que "desde Beethoven no hay ninguna que se le aproxime"), y aún hoy sigue siendo la más interpretada de su autor junto a la única que goza de sobrenombe "oficial", la Cuarta, “Romántica”.

Bruckner empezó a componerla en septiembre de 1881, solo tres semanas después de concluir la Sexta, y la completó 24 meses más tarde (al tiempo que Brahms ultimaba su Tercera, op. 90). Por fortuna, el reconocimiento unánime que obtuvo desde el primer momento evitó que Bruckner hubiese de revisarla, por lo que de hecho existe una sola redacción de la partitura, salvo un detalle del Adagio que señalaremos. La obra comienza con una de las melodías más dilatadas de su autor, un tema que emerge en los violonchelos y las trompas sobre un suave trémolo de los violines. El movimiento (Allegro moderato), que en sus grandes líneas podría dividirse en los tres bloques clásicos de exposición, desarrollo y reexposición (el segundo tema aparece en el oboe y el clarinete, y el tercero en las cuerdas tocando pp), va expandiéndose y contrayéndose, produciendo una creciente tensión armónica y dibujando un enorme arco. Se crea así “un mundo absolutamente original de colores tonales, con una flexibilidad rítmica y de fraseo que suena como casi improvisada, pero que en realidad está controlada por un arquitecto supremo. Desde cualquier ángulo que se observen sus temas, y sea cual sea el aspecto que adquieran, son siempre reconocibles al instante, pero siempre sutilmente diferentes” (Andrew Huth). La coda culmina en un crescendo tan largo que deja al oyente sin respiración.

El Adagio (Sehr feierlich und sehr langsam) (Muy solemne y muy lento), si cabe más bello aún que el movimiento precedente (el gran director Karl Böhm opinaba que es “la música más hermosa jamás escrita”), posee un aire solemne y fúnebre, motivado por la premonición que Bruckner sentía de la inminente muerte de su admiradísimo Richard Wagner. Su desaparición, de la que tuvo noticia el 14 de febrero de 1883 (al día siguiente de producirse), mientras componía este Adagio, llevó a Bruckner a ahondar en su carácter funeral como homenaje al autor de Parsifal. La única discrepancia apreciable entre las ediciones de la partitura de Haas y Nowak es que esta última añade triángulo y un fuerte golpe de platillos en el clímax de este movimiento, que Bruckner dudaba si suprimir o mantener. La gran mayoría de los directores hace esto último. La serena coda, plena de elevación, concede el protagonismo al cuarteto de tubas wagnerianas, que el autor que les ha dado nombre empleó por primera vez en El oro del Rin, lo mismo que Bruckner aquí, con un efecto tímbrico insustituible.

Del Scherzo (Sehr schnell) (Muy rápido), casi monotemático (un insistente dibujo de la trompeta), se desprende, en palabras de Bruno Plantard, “una atmósfera amenazadora, terrible, una especie de desencadenamiento de los elementos”; la tensión solo afloja en el apacible, idílico Trio. El tema principal del Finale (Bewegt, doch nicht schnell) (Movido, pero no demasiado rápido) -movimiento menos ambicioso, con menor peso específico que el de las Sinfonías Cuarta, Quinta u Octava- está claramente emparentado con el correspondiente del movimiento inicial. El segundo tema, un suave y modulante coral expuesto por violines y violas, también guarda relación con uno del Adagio, que cita a su vez la melodía sobre “Non confundar in aeternum” del Te Deum, compuesto al tiempo que la Séptima Sinfonía. En la apoteósica coda luchan por sobresalir los principales temas de los movimientos extremos.                    

Discografía de la Séptima Sinfonía de Bruckner
1928 BerlinPhilh  Horenstein/OFilBerlín                       17’29+21’44+09’18+10’34             4/3
1950 EMI             Furtwängler/OFilBerlín                     19’00+20’40+09’35+11’45             8/5
1951 DG               Furtwängler/OFilBerlín                     19’03+22’03+09’42+11’38             8/4
1953 Decca          Beinum/OConcertgebouw                18’30+19’07+09’11+11’46             7/6
1958 Frequenz     Klemperer/OFilBerlín                       19’02+19’07+09’30+12’57             7,5/5
1962 EMI             Klemperer/OPhilharmonia               19’48+21’47+09’35+13’40             8,5/7,5
196...Sony            Walter/OSinfColumbia                     20’49+19’27+10’20+13’52             7,5/7
1967 Supraphon Matacic/OFilCheca                            21’36+23’58+10’45+12’45             8/8
1967 Philips          Haitink/OConcertgebouw                 18’10+21’00+09’19+11’46             5/7
1967 DG               Jochum/OFilBerlín                             20’34+24’56+09’41+12’32             8/7,5
1971 EMI             Karajan/OFilBerlín                            21’49+22’54+10’30+12’50             8/8
1977 DG               Böhm/OFilViena                                19’38+24’04+10’22+12’04             9,5/8
1977 DG               Karajan/OFilBerlín                             20’06+21’55+09’50+12’26             8/8,5
*1978 Decca        Solti/OSinfChicago                            22’03+24’14+10’02+12’20             9,5/7,5
1979 Philips          Haitink/OConcertgebouw                 20’51+22’51+09’51+12’05             8/8,5
1980 EMI             Jochum/StaatskDresde                      20’49+25’43+09’55+12’22             8/8
1980 DG               Barenboim/OSinfChicago                20’34+22’57+10’28+12’37             8,5/8
1985 Testament  Giulini/OFilBerlín                           19’06+21’46+10’42+12’17          8/7,5     
1985 Decca          Chailly/DeutschesSymphBerlin       22’45+22’48+09’58+13’22             8/8,5
1986 NHK            Jochum/OConcertgebouw                22’48+27’51+11’18+13’12             9,5/8
1986 Teldec         Inbal/OSinfRFrankfurt                      19’24+23’31+09’39+10’55             5,5/8
1987 Orfeo           C.Davis/OSinfRadioBávara             21’18+23’59+10’23+12’15             8,5/8
1987 DG               Giulini/OFilViena                              20’22+24’08+10’35+12’31             9/9
1988 Decca          Solti/OSinfChicago                            21’27+25’12+10’10+11’45             9,5/9
1989 EMI             Maazel/OFilBerlín                             23’15+26’44+10’23+13’08             8/9
1990 DG               Karajan/OFilViena                            19’40+23’15+10’11+13'00              9/9
*1990 Sony          Celibidache/OFilMúnich                   24’20+27’27+11’40+13’52             10/8
1992 Decca          Dohnányi/OCleveland                       20’58+21’43+09’18+11’53             7,5/9
*1992 EuroArts   Celibidache/OFilBerlín                      27’33+30’25+12’10+15’35             10/8,5
1993 Teldec         Barenboim/OFilBerlín                       22’00+25’00+10’25+13’30             10/8
1994 EMI             Celibidache/OFilMúnich                  24’17+28’47+11’35+14’31             10/7,5
1999 Hänssler      Sanderling/OSinfRStuttgart             21’43+25’13+10’32+13’12             9/7
1999 BR               Maazel/OSinfRBávara                      20’38+22’26+10’09+12’41             7/8
*1999 TDK          Wand/OSinfNDR                               20’03+21’00+10’15+12’56             8/8,5
2004 HMundi      Herreweghe/OCamposElíseos         18’14+20’19+09’15+11’51             5/8
2006 Atma           Nézet-Séguin/OMetropolMontréal  21’59+25’45+10’20+11’56             8/9
2007 BR               Jansons/OSinfRadioBávara             20’24+22’00+09’48+12’21             7,5/8,5
2007 CSO             Haitink/OSinfChicago                       21’33+22’36+10’30+13’01             9/9
*2010 Accent/DG Barenboim/StaatskBerlin                20’30+21’25+10’17+13’06             9/9,5
2011 Sony            Nagano/OEstatalBaviera                  20’10+21’55+09’43+12’29             8/8,5
2012 DG               Barenboim/StaatskBerlin                  20’54+21’42+10’25+13’06             9/7
2012 Helikon       Mehta/OFilIsrael                                20’44+21’32+09’04+12’11             6/6
2015 Channel      I.Fischer/OFestBudapest                   18’30+18’27+08’55+10’17             4/9
2018 DG               Nelsons/OGewandhaus                     21’41+23’07+09’43+13’04             9/8

sábado, 9 de mayo de 2020

¡Barenboim por un tubo durante el confinamiento!


En su “nuevo piano”
No es que este hombre no pare, es que por lo visto no puede parar. Por eso ha dado sin público esos recitales estos días, que hemos podido ver gratis gracias a un acuerdo con Deutsche Grammophon: las Variaciones Diabelli de Beethoven, dos programas de Sonatas de violín y piano de Mozart, un minirrecital Chopin y un programa Schumann. Todo en su “nuevo piano”. Además, la Ópera Estatal de Berlín ha ofrecido, también en abierto (y sigue haciéndolo):

Obras orquestales y pianísticas
-las tres primeras Sinfonías de Bruckner con la Staatskapelle interpretadas en enero de 2017 en París,
-las seis restantes hechas en 2010 en la Philharmonie de Berlín (estas están publicadas en DVDy Blu-ray),
-las 32 Sonatas de Beethoven filmadas a mediados de los años 80 por Jean-Pierre Ponnelle (que también están publicadas en esos dos soportes),
-las 4 Sinfonías de Brahms (también con la Staatskapelle) en Buenos Aires en julio de 2018 (que no había escuchado),
-un precioso programa camerístico de Debussy (Sala Boulez de Berlín) de abril de 2018 (con Soltani, Pahud y la mezzo Marianne Crebassa, entre otros solistas),
-las Sonatas completas de Schubert sobre las que me he extendido en este blog,
-y, ahí es nada, los 6 Tríos para piano, violín y cello más las Variaciones Kakadu de Beethoven, con su hijo Michael y el cellista Kian Soltani (diciembre de 2019).

Óperas y conciertos
Todo esto además de varias óperas representadas en los últimos años en Berlín: Tristán e Isolda, Parsifal (dirigidos ambos escénicamente por el controvertido Tcherniakov), Wozzeck, Così fan tutte, Macbeth, Il Trovatore, Falstaff, Manon, Médée de Cherubini… y no sé si se me olvida alguna otra. De todas estas representaciones he ido escribiendo en su momento en este blog.

Los Tríos de Beethoven
Pero, además de los recientes recitales de estos días referidos al principio y que ya he comentado, el ciclo sinfónico Brahms ha sido formidable, apabullante; delicioso el programa Debussy y asombrosos los Tríos de Beethoven, en los que el de Buenos Aires vuelve a mostrarse en una forma increíble, superándose a sí mismo (con respecto a su célebre grabación junto a Zukerman y Du Pré) y llevando el concepto música de cámara a su más alto significado. (Por cierto, quiero dejar dicho que ya en los 3 Tríos op. 1, de 1793-95, Beethoven sobrepasó en amplitud y hondura todos los Tríos de Haydn y de Mozart).

Un ejemplo que viene ni pintado: en 1970, para el segundo centenario de Beethoven, DG juntó a tres primerísimos espadas: Kempff, Szeryng y Fournier (bueno: DG creía o nos hacía creer que el primero de ellos lo era) para grabar estos Tríos. ¿Qué ocurrió? Que no se entendieron, que cada uno fue a su bola... y eso es todo lo opuesto a lo que por esencia es la música de cámara: el diálogo inteligente y con plena complicidad entre un grupo reducido de instrumentos. O sea, lo que en grado sumo alcanzaron el pasado diciembre un Barenboim con una inspiración suprema, su hijo Michael (al que le achaco un sonido un poco afilado, pero que es un músico cabal) y Kian Soltani, un joven y excepcional cellista: una auténtica maravilla y todo un ejemplo. Sería una pena que este ciclo no lo publicasen en CDs o, mejor en DVDs y Blu-rays, pues está además filmado con alta definición y grabado con un sonido inmejorable (Estudios Teldex). 

“Barenboim on Beethoven”
Por si todo esto fuese poco, la cadena Medici TV está reponiendo, actualizados a 2020, unos documentales (van quince, y no sé si falta alguno más) que Christopher Nupen hizo en 1970, en los que Barenboim toca, dirige y explica multitud de aspectos del gran compositor. En estos interesantísimos documentales (hablados en inglés, sin subtítulos, pero que hace mil años TVE emitió subtitulados) Barentoim toca completos unas impresionantes “Appassionata” y Op. 111, un Cuarto Concierto con Sir Adrian Boult y la New Philharmonia -con el Andante más genial que he escuchado hasta la fecha-, una Tercera Sonata para cello (Op. 69) con Jacqueline Du Pré (en la que parecen atisbarse sus inminentes problemas físicos a causa de la esclerosis múltiple que la acechaba), una fenomenal Leonora III y una imponente Quinta Sinfonía, siempre con Barenboim y la New Philharmonia, aparte de numerosos fragmentos de obras pianísticas y orquestales, también de Haydn y Mozart.