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sábado, 10 de octubre de 2009

Barenboim en Schönbrunn

El CD y DVD que Deutsche Grammophon acaba de publicar con el concierto que tuvo lugar en los jardines del Palacio vienés de Schönbrunn el 4 de junio de este año 2009 es más interesante que la mayoría de los conciertos multitudinarios de este tipo, y su calidad de sonido es superior a la esperable dadas las difíciles condiciones al aire libre, con la orquesta en un gigantesco "bowl" como de metacrilato. ¡Al parecer, muchos -o quién sabe si todos- los músicos de la Orquesta Filarmónica de Viena llevaban un microfonito encima!


El programa es muy popular -algo obligado-, pero las obras que lo componen son buenas. Comienza con la Serenata K 525, "Eine kleine Nachtmusik", que Barenboim había grabado en sus comienzos para EMI con la English Chamber (espléndida) y, muchos años después en la misma editora con la Orquesta de París (algo plúmbea -demasiadas cuerdas- y decepcionante). La de 2009 me parece muy correcta, sin nada especial (y con algún desajuste al comienzo).


Las Noches en los jardines de España las había dirigido a Martha Argerich con la Orquesta de París en un registro Erato no muy logrado y de sonido deficiente, y las había tocado de modo admirable con la Sinfónica de Chicago y dirección de Plácido Domingo (CD Warner, DVD TDK/Medici): para mí, la dirección más convincente en esta obra de cuanto he escuchado hasta la fecha, y no una versión al uso, sino menos impresionista y más anunciadora de El amor brujo y El sombrero de lo acostumbrado.

Ahora en 2009 se ha atrevido (atrevimiento excesivo) a tocarlas y dirigirlas a la vez: con algún problemilla de dedos pero con gran arte, ha vuelto a una idea más impresionista de la partitura, en la que destaca la maravillosa actuación de la Filarmónica de Viena, de plateado, bellísimo sonido. Pero, en definitiva, Barenboim ha sentado cátedra en las Noches tanto al piano (con Domingo) como dirigiendo aquí en 2009.

Para mí, lo más extraordinario del programa fue la versión original (sin pasar por Rimsky) de la Noche en el Monte Pelado de Mussorgsky: tremenda, arrolladora, arrebatada, fantástica y que "suena" a tope a Mussorgsky: muy superior a la versión, no muy bien grabada por RCA, de Abbado con la LSO.

Y el resto, música de danza, más ligera y de menos pretensiones, pero preciosa: muy bien Las mil y una noches (la noche, como se ha visto, es el leitmotiv del concierto) de J. Strauss II y la polca rápida Im Fluge de su hermano Josef, muy jugoso el gracioso Firulete de Mores/Carli que Barenboim había ya filmado con la Sinfónica de Chicago (el mejor tocado) y con la Filarmónica de Berlín (en la Waldbühne de la capital alemana) y sensacional Sangre vienesa del Rey del vals.

Esto último ya sorprende menos después de conocer su "conversión", súbita, plena y rotunda a la música de danza vienesa, operada, contra todo propósito, a raíz de su último "Concierto de Año Nuevo". Un concierto que recomiendo volver a repasar, porque era materialmente imposible digerirlo por completo en una primera audición, tal es el el cúmulo de hallazgos y genialidades del que está salpicado (a excepción, lástima, de El Danubio azul, que me pareció sólo muy correcto). Por cierto, si pueden hacerse con él en Blu-Ray, se quedarán alucinados de su extraordinaria calidad de sonido, y estratosférica de imagen.

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