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lunes, 18 de octubre de 2010

La “Novena” de Mahler por Abbado y Eschenbach

Abbado

El 17 de octubre (y el 18 vuelve a hacerla) ha dirigido Claudio Abbado en Madrid, como apertura de Ibermúsica, la Novena de Mahler. Y ha provocado el lógico revuelo. Las críticas, a lo que llevo leído, han sido delirantes. No cabe duda de que Don Claudio es un director colosal: siempre lo ha sido desde el punto de vista de la técnica, nada vamos a descubrir a estas alturas.

Ahora bien ¿ha sido su interpretación tan genial como se ha dicho? Para mí, no tanto. Intentaré explicarme: no le discuto en absoluto su conocimiento, exhaustivo, de Mahler. Como además es un mago en el dominio de una masa orquestal –y la Orquesta del Festival de Lucerna, aun siendo una amalgama, lo es de músicos extraordinarios: han venido solistas como Kolja Blacher, Wolfram Christ, Clemens Hagen o Sabine Meyer– los resultados han sido, técnicamente, de primerísimo nivel.

Pero tengo mis reparos, si se quiere leves: Abbado ha buscado ante todo la brillantez y el efectismo, y ha abusado un tanto de los fortísimos: tres cuartas partes de los tres primeros movimientos se han producido todo el tiempo en ff, sin distinguir demasiado entre f y ff. Los clímax los debió graduar un poco más, pues el mayor del primer mov. no logró todo su efecto debido a que los anteriores habían sido algo excesivos. Creo, además, que este mov. inicial no fue todo lo sentido que puede ser (escúchense las grabaciones de Giulini, Bernstein o Chailly, entre otras): para mi gusto, la emoción –creo que esencial en este episodio– no fue demasiado tenida en cuenta.

Los dos movs. centrales fueron la pera limonera: qué claridad, qué precisión, qué mordacidad. Sencillamente arrolladores. Sólo dejaron de convencerme algunos detalles aislados sin mayor importancia. El tercero, por cierto, se parece (ahora: no en ocasiones anteriores de Abbado) al de la grabación de Barenboim (Staatskapelle Berlin, Warner, tomada en público el 15-XI-2006) en su desquiciamiento controlado y en su rabia terrible.

El finale ha sido en manos de Abbado lo mejor de la versión: intensísimo, envolvente, más romántico y patético de lo habitual. Me ha recordado mucho a Karajan, con ese sonido opulento y esplendoroso, siempre sensual. Pero creo que es más propio para este episodio “terminal” en la producción mahleriana (algo así como el equivalente al finale de la “Patética” en Tchaikovsky) una atmósfera más desolada y negra, absolutamente desesperanzada. En los tres o cuatro últimos minutos, en esa coda cada vez más pianísimo, en la que Abbado consiguió que las cuerdas de la orquesta tocasen de modo casi inverosímil (y que vuelve a parecerse a esos minutos finales de la grabación de Barenboim), se fueron atenuando cada vez más las luces que iluminaban a la orquesta. Un efecto un tanto teatral y efectista, creo que innecesario.

El éxito fue, por supuesto, apoteósico.

Eschenbach

Miren por dónde, mi buen amigo Fernando López Vargas-Machuca me acaba de pasar una grabación en DVD (no comercial) con una Novena de Mahler dirigida en la Sala Pleyel en febrero de 2009 por Christoph Eschenbach con la Orquesta de París.

Quince horas después del concierto de anoche la he escuchado y debo decir que esta interpretación me parece más auténtica, sincera, honda e íntimamente emocionante; menos preocupada por la brillantez y el efectismo. Tal vez es lo mejor que le escuchado nunca al Eschenbach director. Heredera en cierto modo de la “negrísima” y austera pero aterradora interpretación de Klemperer (New Philharmonia, EMI 1967) está, sin duda, entre las más memorables que recuerdo. También creo que merece señalarse que el “glamour” que acompaña a Abbado no distingue a otros intérpretes de Mahler tan grandes al menos como él. Por ejemplo, quienes escuchen la grabación de Riccardo Chailly (Concertgebouw, Decca 2004) podrán comprobar que el director paisano suyo profundiza más aún que Abbado en esta Novena, seguramente la obra cumbre (junto a La Canción de la Tierra) de su autor.

1 comentario:

  1. Me alegra mucho que la Novena de Eschenbach te haya gustado tanto como a mí.

    Estoy muy de acuerdo con tu valoración de la interpretación de Abbado, salvo en un matiz con respecto a lo de Barenboim. Ayer volviendo en el coche pude escuchar una grabación suya radiofónica (supongo que muy parecida a la del disco oficial de Teldec, que ahora no tengo a mano). Pues bien, es verdad que, como me hiciste ver al salir del concierto, hay algo en común en ambas directores en ese tercer movimiento, yo diría que una especie de "locura organizada" que le sienta muy bien a Mahler. Pero a mí me parece que la visión que el de Buenos Aires tiene de este pasaje es mucho más socarrona y caricaturesca, mientras que el milanés se lo toma todo más en serio y resulta más abiertamente épico. O al menos eso me parece a mí. Un saludo.

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