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martes, 5 de abril de 2011

La extraña decadencia de Van Cliburn

El DVD con sus Conciertos 2º y de Rachmaninov, dirigidos por Kondrashin

Varias veces había oído hablar de la extraña trayectoria del famoso pianista estadounidense Van Cliburn, nacido en 1934 y desaparecido del mapa prematuramente, en concreto el año 1978, después de una carrera que comenzó de modo fulgurante. Ahora ha caído en mis manos un DVD de Vai en el que se recogen los Conciertos Tercero y Segundo de Rachmaninov, filmados en Moscú los años 1958 y 1972, respectivamente, ambos con la Filarmónica de Moscú y Kyril Kondrashin. El Tercero, grabado nada más obtener el cotizadísimo Premio Tchaikovsky de Moscú (gracias a sus interpretaciones de ese Concierto y del Primero de Tchaikovsky), me ha parecido asombroso: dotado de un mecanismo alucinante, Van Cliburn desgrana el más difícil de todos los grandes conciertos del repertorio con una suficiencia insultante, lo dota de fuerza y pasión (aspectos en los que le superan en disco Gavrilov, con Muti, Askenazy, con Ormandy, Previn o Haitink, y pocos más) y de lirismo y encanto (también en esto esos pianistas han llegado aún más lejos), logrando una pátina de misterio y de tonos pastel de mil matices. La dirección de Kondrashin, sin estar a la altura del pianista, intenta secundarle.

¡Cómo habían cambiado las cosas trece años después! En el famosísimo Segundo Concierto, Van Cliburn, aun conservando en buena parte su mecanismo, ha dejado de tocar nota alguna en piano (todo es de mezzoforte para arriba) y, sobre todo, la expresión se ha vuelto acartonada, falsa, pura afectación: es incapaz de cantar con credibilidad, el lirismo ha sido barrido por completo. Y Kondrashin se contagia de lleno, llevando a cabo una labor insípida y artificiosa. Si el Tercer Concierto podría merecer un 8,5, el Segundo no pasa del 4, o algo así.

Tras fallidos intentos de dedicarse a la dirección orquestal, Van Cliburn se retiró por completo en 1978, si bien reapareció esporádicamente a partir de 1987, actuaciones en las que al parecer no era ni sombra de lo que había sido al principio. ¿Qué le ocurriría? Algún desequilibrio mental severo, probablemente...

Este DVD es, así, prueba ilustrativa de la triste degradación de un pianista que empezó por todo lo alto, creando unas expectativas formidables que no llegaron a cumplirse. Aun así, nos quedan un puñado de discos suyos de mucho interés.

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