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jueves, 28 de abril de 2011

Los “Conciertos” de Chopin por Barenboim y Nelsons en D.G.

Para quienes no admiran gran cosa los Conciertos de Chopin

Ya hablé el año pasado de la gran impresión que me habían producido los dos Conciertos de Chopin que Barenboim tocó en la Philharmonie berlinesa el 4 de octubre de 2009, con la Orquesta Filarmónica de Berlín dirigida por Asher Fisch. Pues bien, ahora Deutsche Grammophon publica un CD (4779520) con ambos Conciertos grabados, también en público, nueve meses después (con sonido fenomenal) en el Festival de Piano del Ruhr, ahora con la Staatskapelle Berlin y dirigiendo Andris Nelsons. Interpretaciones que encuentro incluso superiores a aquéllas. Lo diré ya sin esperar más: por lo que al piano se refiere, son las versiones más fascinantes que he escuchado hasta la fecha. Sólo Claudio Arrau (en Philips con la LPO e Inbal, 1971-72, más aquel memorable Primero en público en Colonia con Klemperer, 1954) ha extraído tal belleza de la escritura chopiniana en estas dos obras juveniles. Pero es que Barenboim no le va a la zaga en esto, ni en belleza puramente sonora (¡!), y le aventaja en expresividad, que es de todo punto incomparable aquí, y lo mismo diría en lo que respecta a la variedad con que expone los temas de unas a otras apariciones.

Porque uno de los posibles defectos de estas partituras es la excesiva reiteración de las (bellísimas) melodías, algo que ni Beethoven ni Brahms habrían cometido. Esto, sumado a la más bien rudimentaria escritura orquestal, más las trazas de banalidad que asoman en el último movimiento del Segundo Concierto, en Fa menor (como se sabe, el más temprano de los dos), hacen que muchos buenos melómanos no aprecien demasiado estas piezas. Pero me parece una apreciación injusta, pues aportan tal cúmulo de bellezas que se comprende que los más grandes pianistas de ayer y hoy los toquen y los graben: en disco, de Rubinstein a Kissin, de Brailowski a Zimerman, de Uninsky a Lang Lang, de Lipatti a Argerich, de Rosenthal a Blechacz, de Cortot a Ax, de Arrau a Thibaudet, Gilels, Richter, Malcuzynski, Perahia, Gulda, Larrocha, Vasáry, Pires, Ashkenazy, Pogorelich, Leonskaja, Weissenberg, Pollini, Biret... ¿No resultaría raro que esta impresionante estela de grandes del teclado hayan coincidido en grabar obras menores? Tampoco es moco de pava que directores como Mengelberg, Barbirolli, Walter, Klemperer, Ormandy, Markevitch, Kondrashin, Dorati, Haitink, Giulini, Previn, Svetlanov, Rostropovich, Dutoit, Abbado, Semkow o Mehta los hayan llevado al disco, pese a su modesta parte orquestal.

Desde luego, lo que sí está claro es que, quienes no tienen en demasiada estima estos Conciertos, esta grabación de Barenboim y Nelsons es ideal para que la acrecienten.

Hace unos meses le oí decir a un conocido crítico (más conocido por sus cotilleos) que Barenboim es, a estas alturas, un pianista deshauciado. La verdad, para estar desahuciado, no está nada mal lo que hace aquí. Está visto que algunos confunden sus deseos con la realidad, y otros (o los mismos) pretenden que sus profecías apocalípticas de hace ya décadas se están cumpliendo... En fin.

Este pianista-metido-a-director-que-ahora-ya-tampoco-es-buen-pianista no sé lo que es, pero me parece que se acerca mucho a lo que entendemos por un genio. Sólo basta escucharle en este CD para apreciar en él una musicalidad apabullante y una arrolladora capacidad de creación –siempre certera– que, para mí, no tienen igual actualmente en el campo de la interpretación. Es impresionante cómo ilumina, con luces y sombras, multitud de frases por las que muchas veces se pasa de largo.

Voy a señalar sólo algunos detalles: tras la introducción orquestal, con ecos de Weber y Mendelssohn en manos de Nelsons (un director también aquí todo menos rutinario: sumamente imaginativo, de expresión noble, muy atento, capaz de finos matices agógicos y dinámicos, haciendo lo posible por sintonizar y dar réplica al solista), las mismas primeras frases del piano dejan claro que estamos ante un pianista asombroso, incomparable: ¡qué forma de presentar frasear los temas principales! De cómo emplea el rubato para la mayor exquisitez expresiva baste reparar en 8’05” del primer movimiento del Concierto núm. 1, en Mi menor; o en 9’55” para lograr un momento de gran tensión emocional. En 16’40” y ss. podrá apreciarse que nadie hasta ahora, que yo haya escuchado, ha tocado esos adornos con tal limpieza (¡y eso que no tenía buena técnica, o sea mecanismo!). En el segundo mov.: aparte de la poesía que derrama de principio a fin, ¡qué moderno, qué original y misterioso hace que suene el pasaje que se extiende entre 7’28” y 7’53”! Suena como algo nuevo y lleno de sugerencias.

El finale lo hacen particularmente lúdico y con humor, ¡pero en absoluto banal! El juego del piano (y la orquesta no se queda muy atrás) con la dinámica es muy rico en matices y gradaciones (increíble delicadeza en 3’30”). Véase cómo subraya en 5’17” la modulación, que tantas veces pasa casi inadvertida. Finalmente, en la coda (9’40” a 10’), Barenboim asume un fuerte riesgo con sus ágiles cambios de tempo y dinámica. Y sale airoso. Sí, ya lo sé, hay alguna nota falsa, algún desliz de los dedos. Para algunos que yo conozco, esto invalidará de plano las interpretaciones más maravillosas que he escuchado de estos Conciertos. ¡Y aún se creen que les gusta la Música!

No quiero aburrir más al lector señalando más pasajes memorables, pero sería muy injusto dejar de constatar la intensísima expresividad, lacerante en su hondo pero contenido dolor, del excelso “Larghetto” del Concierto núm. 2. Un auténtico hito de la interpretación chopiniana.

5 comentarios:

  1. Apreciado señor Carrascosa.
    Estoy de acuerdo con usted en sus elogios a estas interpretaciones de Barenboim. He tenido la ocasión de escuchar sus 4 primeros discos de su nueva colaboración con Universal y la verdad es que me parece que el comienzo no podía ser mejor. Por cierto, ¿qué le parece el disco con la 6ª de Tchaikovsky?. Para mi gusto, una de las mejores interpretaciones grabadas de la pieza: muchísimo mejor que la anterior versión de Teldec con la CSO, que resultaba bastante sosa para mi gusto.
    Siempre es un placer leerle. Un saludo.
    Antonio

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  2. Gracias por su comentario.
    El disco con la "Patética" de Tchaikovsky y las Variaciones op. 31 de Schönberg lo voy a comentar para la revista Ritmo. Tras una primera audición estoy de acuerdo con usted en que el Tchaikovsky es sensacional, de una sinceridad y fuerza expresiva arrolladoras, claramente superior a su grabación anterior, y que el Schönberg es estratosférico. Pero tengo que volverlas a escuchar con más calma y atención.
    Un cordial saludo y gracias por su tono, que no es el más frecuente en estos tiempos (comprendo que no se esté de acuerdo con mis apreciaciones, pero de vez en cuando recibo anónimos con insultos o descalificaciones puras y duras, que he optado por no publicar).

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  3. Estimado Sr. Carrascosa, yo soy anónimo y no insulto, me limito a señalar que, para mí, su credibilidad cuando habla de Barenboim, gran pianista y gran director en según qué repertorios, está muy mermada.

    No he escuchado estos conciertos, lo haré cuando pueda y con el máximo interés, pero la trayectoria chopiniana de Barenboim no es comparable a la de un Zimerman o una Pires, y me cuesta creer que pueda estar a esas mismas alturas, de igual forma que creo que Zimerman no estaría al nivel de Barenboim, por ejemplo, en las sonatas de Beethoven.

    Son apriorismos, pero no puede ser que lo que hace Barenboim sea siempre lo mejor ya no en la actualidad, sino de toda la historia de la música grabada. Honestamente, no es posible.

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  4. Me importa un bledo si está mermada o no; según para quién, está muy mermada o no lo está, mire usted por dónde.
    Además, es evidente que no es verdad que para mí sea siempre Barenboim el mejor en todo: no hace mucho dejé en este blog larga prueba (y no terminé la enumeración) de bastantes discos suyos que me gustan muy poco, poco o no mucho.
    Por lo que veo, usted al menos le reconoce su Beethoven (algunos, ni eso, nunca, ¡nada!; cuando no profetizaron solemnente que nunca llegaría lejos, y ya ve usted, los hechos están ahí).
    Mejor habría hecho usted, yo creo, en escuchar estos Conciertos antes de haber enviado este comentario suyo. Pero bueno... De todas formas, no es seguro que le vayan a gustar: en las interpretaciones musicales el gusto universal y la unanimidad no existen, por fortuna.
    Y para terminar, un breve apunte: la contribución, hasta el momento, de Barenboim en Chopin puede que no alcance a la de Zimerman, pero, para mí, sin duda, supera a la de Pires (a quien le concedo algunos chopines espléndidos, pero también otros más bien ñoños, relamidos y hasta banales).

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  5. Francisco Meseguer23 de julio de 2011, 4:21

    Bueno, acabo de escuchar los Conciertos (y también el recital de Varsovia) y refrendo la opinión de Ángel Carrascosa. ¡Cómo no hacerlo! Barenboim es otro mundo, y aquí está a gusto, se puede percibir claramente. Después, para gustos los colores. Zimerman, Arrau, Pires, Pogorelich... Hay muchos estilos, y cada uno tendrá su favorito (como debe ser). Pero no entiendo cuestionar la credibilidad de alguien por no compartir sus preferencias. Si este nuevo disco de Barenboim fuera una patata, pues sí podría acusársele a quien lo defendiera de fanatismo o de poca credibilidad. ¡Pero con este nivel, con esta calidad! Llevo leyendo críticas a Barenboim (y ya que estamos, al Sr. Carrascosa) desde hace lustros. Las críticas pasan, los críticos se olvidan, pero gracias a Dios la música permanece. Como permanecerá este disco.

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